13 de marzo de 2012

Profesional de la literatura

El otro día me di cuenta de que me quedan (en principio) 4 meses para licenciarme. A estas alturas de carrera en las carreras normales ya se está con las prácticas. Un amigo lleva dos meses (creo) de prácticas de Sociología. Mi hermano en 2º de Magisterio ha tenido prácticas, y sé que los médicos (por decir una profesión con responsabilidad) llevan ya tiempo tratando con pacientes.
Si mi carrera fuese un poco más pragmática, a estas alturas yo estaría trabajando. De lingüista, de filóloga, de crítica literaria o de algo para lo que me hubiesen preparado. En realidad lo estoy haciendo, estoy preparando mis dos primeras conferencias, una sobre un género literario (haiku, no hemos dado ni una palabra sobre él en clase), y otra sobre un aspecto cultural. Además, estoy preparándole el temario a David para preparar las pruebas de acceso a ciclo superior, dar clase, es decir.
El otro día hablábamos de un chico licenciado en Filosofía que él decía que era filósofo, no licenciado en filosofía. Que ya somos profesionales de lo que hemos estudiado y en lo que hemos invertido horas y perdido neuronas.
A lo que me lleva a pensar, que ya soy profesional de la literatura. No como escritora, que eso está muy lejos, si no como crítica o estudiosa (que en realidad significa lo mismo aunque fuera de la Facultad no).
Es decir, y aquí viene la reflexión que me lleva a escribir todo esto: tengo potestad para decir que el libro X es una mierda o es muy bueno. Me han enseñado a diferenciar (a golpe de aburrimiento) que “bueno” no es lo mismo a “me gusta”, me han enseñado a ver más allá. Y si yo opino que el libro que tanto os gusta es una mierda, que hace agua por todos lados (más allá del argumento, el argumento a veces es lo de menos), tenéis que creerme. Podéis compartir la opinión o no, pero tendréis que recordar que tengo bases sólidas y que ya soy una autoridad en literatura. Que sé de literatura, que me he tragado las Soledades de Góngora y Madera de Boj de Camilo José Cela, que he leído mucho, que he estudiado mucho y probablemente tenga más razón que vosotros para decir que un libro es bueno o malo.

Además, al ser alumna de Literatura Comparada y otros estudios literarios similares, además de la inquietud personal, mis investigaciones por mi cuenta y experiencias; además de ser redactora para una página sobre metal (pronto aparecerá mi primera crítica de un disco, espero), también tengo potestad para decir que X grupo es bueno o malo, o que tal película o serie es buena o mala. Y tendréis que creerme siempre que diga el por qué. Podéis compartirlo o no, pero tendréis que creerme.

Esto me da una sensación de poder increíble. Que pueda decirles a todos los bobos chorreantes que el narrador de Juego de Tronos es un absoluto despropósito y no puedan cuestionarme es la leche. Al igual que puedo decir que Mago de Oz como grupo (no ya como personas) dan vergüenza, y se me puede replicar, pero sabiendo que los voy a callar en 30 segundos, con más razón que ellos. Como puedo decir que Terra Nova estaba muy bien, pero que el guión era para darle de comer a las gallinas, o que Dollhouse es una obra maestra maltratada, y que tenéis que verla para crecer como personas.
Os lo digo, y me debéis el respeto que le debéis a un médico cuando dice que no tenéis la muñeca fracturada, solamente esquinzada, y que con una venda y reposo se curará.

Aunque en realidad esto es un poco chorrada. Los estudios literarios no se consideran ciencia (los propiamente literarios alejados de la comparación de textos físicos, algo empírico), aunque sí tienen unas bases muy asentadas y con mucha tradición (Platón y Aristóteles ya las tenían, por ejemplo). Pero vivimos en un mundo donde las letras igualan, en el imaginario colectivo, a la nada y el vacío; y aunque haya algunos sí considerados ciencia por alguien más que sus propios integrantes, como es la Gramática y la Lingüística en general, la sociedad los rechaza y les quita autoridad. Véase la armada estos días con el lenguaje sexista-no sexista y demás chorradas.
Como si saber hablar un idioma (o leer, en el caso de los párrafos anteriores) les diera la capacidad y los conocimientos sobre ésta para poder opinar, o incluso legislar sobre ella. No sé si hablar un día de esto. De literatura seguiré hablando, por supuesto.

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