30 de septiembre de 2011

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Quizás estos días no estén pasando cosas interesantes, pero hace un año sí. Este septiembre hace un año desde que cambié mi vida (queriéndolo o sin quererlo) de una manera un tanto radical. Mi día a día de agosto de 2010 a agosto de 2011 cambió casi radicalmente, sobre todo por cosas que hice durante ese septiembre que queda en medio de esos dos meses.
Lo primero, y aunque en agosto ya celebré su cumpleaños, hace ya un año que Sally está conmigo. Como se puede leer en las entradas de esos días, fue una decisión en ese momento casi irresponsable, que no pensaba en las consecuencias de tener a una ratita a mi cuidado. Una ratita que no se puede apagar, que siempre va a estar conmigo, y que tengo que dar de comer todos los días mil veces. Nunca me he arrepentido, sin embargo, de habérmela traído. Ni las noches en las que chilla sin dejarme dormir, ni cuando pasaron de mí en uno de los mejores pisos que pude encontrar porque tenía una cobaya de mascota (pasaron de una forma un tanto... no cruel, pero tampoco humana y decente). Esta bolita de pelo me hace compañía siempre, siempre agradece todo lo que hago por ella, y estuvo a mi lado mirándome preocupada tras mi primera visita al psicólogo, mientras yo solo quería abrazarla y que el mundo me tragase de una vez.
Aunque pensaba que sí, no sabía todas las vueltas que acabaría dando por ella, todos los esfuerzos que hice para poder mantenerla conmigo, para hacerla feliz. Y no hay mayor recompensa que cuando la suelto por mi cama se ponga a correr de contento, a pedirme mimos y, como hace últimamente, a tumbarse a mi lado para que la acaricie.
En agosto de 2010 no tenía ni idea de que Sally estaba recién nacida en un piso en Coruña, y que tras toda la gente que dijo que se haría cargo de ella, yo sería la única que realmente lo haría. Y ahora me cuesta imaginar un presente sin ella. Sin despertarme media hora antes todos los días para poder dejarle la comida lista antes de ir a clase, o para darle de comer. Sin pasar por la sección de verduras del supermercado para comprarle para comer, a veces incluso bajar solamente a por comida para ella. Y sé que en un futuro, cuando no estemos juntas, me va a costar estar sola de nuevo.

También, hace un año, tal día como hoy, y quizás a la hora de escribir esto, estaba con Iris, cenando juntas, empezando a ganchillar. Lo que empezó como una tontería para pasar los días en los que no teníamos nada que hacer antes de que empezase el curso se ha convertido en algo diario, y que es importante para mí. Siempre me gustaron las manualidades, pero nunca me había dado por tejer. Sí intenté coser, de pequeña quise aprender a calcetar, pero nunca llegó a nada. Y ahora tengo un alijo de decenas de metros de lanas en mi habitación, cerca de 10 colores diferentes, un juego de 14 ganchillos diferentes, además del pase del ExpOtaku colgado cerca de mi mesa de estudio. Estoy planeando abrir con Iris una tienda en Artesanio (¿alguien tiene cuenta allí, y tiene invitaciones, por favor?), y repetir en el ExpOtaku es la meta más baja para este próximo año.
El ganchillo se ha convertido en algo normal para mí, en algo que me relaja y que me satisface. A veces tejo solamente por tejer, sin tener una idea en mente. Hace un año pasé dos días delante de un vídeo de youtube intentando aprender por mí misma cómo hacer un anillo mágico, y ahora mismo tengo a mi derecha unos esquemas de lo que será mi segundo patrón completamente mío. Parece que no ha pasado el tiempo, que no he consumido lana, que no he avanzado nada, pero ahí está: como no me gustan los patrones de gatos que hay, voy a hacerme el mío propio. No tengo grandes expectativas, pero por lo menos lo estoy intentando.
Como metas para este próximo año, además de volver al ExpOtaku Coruña e intentar llevar mejor el blog y lo de Artesanio, estamos planeando más cosas. No me refiero a meterme en otras cosas de ganchillo como gorros, bufandas o mantas, si no a buscar algún salón del manga por el sur, aprovechando que Iris está por ahí, y viajar un poco. Quizás, y solamente quizás porque no sé si estoy preparada para ello, montar algún pequeño taller de amigurumi en Coruña, aunque está todavía demasiado en el aire.
Tengo varias bolsas de tela en mi habitación llenas con muñecos hechos, tengo como unos 50 patrones que quiero probar y para los que no tengo tiempo, y mis reservas de lana van bajando, a veces parece que muy rápido. Y no me puedo imaginar una noche sin ganchillos y lanas. Ayer me aburría y quería despejar la mente, y me puse a probar un patrón y ahora tengo dos lápices kawaii de amigurumi, con caritas bordadas y todo.
En un año el ganchillo ha pasado de ser puntillas y tapetes a ser algo que no quiero dejar nunca. Realmente en menos tiempo, porque hace ya meses que lo tengo claro.

Hace un año, además, empezaba la convivencia con una gente que podría acabar llamando amigos. Lo que fue una convivencia traumática (lejos en el tiempo lo veo mejor) el curso anterior se empezó a curar en septiembre de 2010, aunque pasé aún varios meses con miedo a recibir alguna bronca, algún reproche o tener algún problema. Este año parece que vamos bien, aunque estoy viendo que habrá problemas tarde o temprano, de momento vamos encajando, pese a lo diferentes que somos las tres. Pero por lo menos he entrado confiada y tranquila en este piso. He entrado abierta y sin miedos, dispuesta a escuchar pero también a hacerme escuchar. Siento que me conocen mejor en este mes que llevamos viviendo aquí que en todo el curso de 2º. También son mejores personas, mejor dicho, son personas directamente. Escuchan, hablan, comparten. No coincidimos en todo, por supuesto, pero tenemos una relación un tanto normal.

Pronto, hará un año que habré visto en directo a Sôber por primera vez. Pronto, hará un año de haber sentido esa sensación de “son ellos de verdad, están aquí y son ellos”. Horas después decidiré que si alguna vez me tatúo algo, sería la Ô. Y al momento de escribir esto, estoy en plena fase de curación de su repaso. Y no hace falta que vuelva a postear la foto de mi tatuaje con ellos, ya sería abusar del blog.
El tatuaje es otra cosa de la que no me arrepiento. Quizás me arrepentí durante la curación, cuando picaba o cuando molestaba. Pero siempre ha sido importante para mí, y lo sigue siendo. No ha parado de darme alegrías (salvo en los períodos de curación, cuando solamente toca las narices) o consuelo cuando lo necesitaba.
Hace entonces un año del que cambió mi percepción de Sôber. Siempre fueron especiales para mí, siempre destacaron de una manera diferente frente a los otros grupos que escuchaba, pero los dejaba para las “ocasiones especiales”. Una noche concreta en la que me sentía más sola que de costumbre, un día que estaba nerviosa por algo... Lejos siempre estuvo dentro de mi mp3, pero casi más por respeto que porque quisiera escucharla. Siempre fueron tan especiales que cuando me preguntaban qué grupos eran mis favoritos, siempre me olvidaba de nombrarlos porque estaban en una órbita diferente al resto.
Tras su concierto en Santiago en octubre del año pasado, y sobre todo, tras la salida de Superbia, ha cambiado esto. Sí son especiales, sí son con muchísima diferencia los que más me llegan y los músicos a los que más respeto les tengo, pero ya no son para las ocasiones especiales. Escucho su música día a día, me la llevo en el mp3 y cuando me apetece escuchar una canción suya, la busco y la escucho. He dejado de verlos como a maestros incorpóreos a las personas que me sonrieron cuando les enseñé el tatuaje. Las personas que me pidieron una segunda foto cuando en Santiago la primera salió borrosa, las personas que se vieron acorraladas a la salida de la Capitol y huyeron hacia el backstage a los cinco minutos, las personas que aguantaron a las del club de fans histéricas gritando su nombre toda la tarde y toda la noche. La misma personas que en el 2008 me dedicó una canción, aunque no era puramente Sôber.
El recuerdo de sus abrazos, de sus conciertos y de las nuevas letras de Superbia me ayudan en mi día a día a mejorar un poco la cara, a seguir combatiendo la ansiedad con pensamientos y actitudes positivas. Siento que nunca podré cansarme de ellos o de sus directos, y que siempre podré contar con alguna de sus canciones para intentar remontar un mal día. Que siempre quedarán directos por los que ilusionarse, fotos que sacar y charlas por tener. Me permiten soñar.

Y todavía está algo lejos, pero pronto hará un año desde que cogí mi cámara réflex por primera vez. En agosto de 2010 tenía muy claro que la compacta se me estaba quedando pequeña, y que me encantaría poder subir de nivel. En Navidades lo hice, y poco a poco, mi día a día fue cambiando. Primero, todas las horas invertidas en aprender a saber qué era cada botón de esa cámara, luego las rutas por Coruña y alrededores de mi pueblo para practicar. Todas las horas de photoshop, mis cajas de luz caseras e improvisadas, y más tarde, el recuerdo de ese sueño que una vez tuve de poder trabajar la música. Mi incursión en The Drink Tim, el compromiso que he adquirido con ellos, todas las horas invertidas, y la dedicación que le tengo que poner cada día que tengo internet. Las horas tras los conciertos, las horas de preparación de los conciertos, todos los “me están volviendo loca” de antes de un concierto, todos los trenes, pensiones, mapas y setlists previsibles. Son ya parte de mí. Mis compañeras de piso lo sufrieron especialmente con la traca Rock in Way e In Flames con tres días de separación.
Estar en la posición en la que estoy ahora mismo, hace un año me parecía impensable, algo muy lejano. Pero aquí estoy, y estoy dispuesta a seguir hasta que se haga imposible. Ellos son otra de las razones que me ayudan a cambiar un mal día y volverme contra la ansiedad. La música que me han dado (así a voz de pronto, Hamlet, Dinero, In Flames, Twisted Sister, A new heaven arise, Habeas Corpus y me han devuelto a Gritando en Silencio), las anticipaciones a un concierto, la emoción al publicar una buena noticia, el contacto con los grupos, el ver nacer festivales y conciertos. Las fotos, las horas invertidas en la redacción de las crónicas, y la satisfacción del trabajo hecho. Distribuir los links de las noticias y crónicas entre grupos y fans, el recibir sonrisas, el ponerse hablar con algunos grupos y verles contentos. El conocer gente que quiere lo mismo que tú, que tenemos todos las mismas pasiones, y que nos gusta trabajar la música.
A veces se hace duro, sobre todo económicamente, cuando hay que desplazarse o pagar entradas cuando tengo presupuesto de estudiante. Cuando hay que luchar con el personal de seguridad porque no te dejan sacar fotos, cuando te tratan como si te estuvieran haciendo un favor y no estuvieras trabajando, cuando quieres publicar algo y la web se revela y no hay manera, cuando el correo no va bien, cuando quieres sacar una foto en un concierto y cada codazo que recibe el objetivo es como si te lo dieran en la boca del estómago. Cuando recibes la noticia de que un grupo se ha peleado, y tienes que publicarlo tú. Cuando recibes la noticia de que a otro grupo le han saqueado el local de ensayo y los amigos les van a organizar un festival benéfico para poder comprarle otro equipo nuevo. Cuando te trabajas unas acreditaciones impresionantes y no recibes respuesta por parte de la organización del concierto o festival.
Pero estar dentro de una sala o de un recinto, saltando, cámara en mano, con el cuerpo retumbando, y la libreta en el suelo protegida, vale la pena. Vale la pena el cansancio del día después, esos “me da una pereza ponerme con la crónica ahora” que son siempre mentira, porque estoy deseando ponerme a ello. Vale la pena abrir las fotos en el ordenador y descubrir las que salieron bien, y una vez acabado y publicado el trabajo, sentirse orgullosa del esfuerzo invertido. Vale la pena esperar a que acabe el concierto para acercarse a los músicos, presentarte y decirles que en unos días les pasarás el link y las fotos que quieran.
Nunca pensé que este trabajo sería así. Pensé que sería sobre todo trabajo en casa, procesar fotos, mejorar fotos, texto, y leer a mucha gente que hace lo mismo para cogerle soltura a la narrativa. Nunca pensé en el trabajo diario, en el esfuerzo previo a un concierto para conocer las canciones antes de que suenen, el ir preparada en caso de necesitar alguna información imprescindible de un grupo del que nunca has oído hablar. Nunca pensé en que hablaría con los grupos al terminar los conciertos y se sentirían felices con el trabajo que estoy haciendo, que les haría ilusión recibir mis fotos (un ejemplo Dinero en mayo, ¡cuando meses después telonearon a Foo Fighters en Madrid!), o que algunos grupos se pondrían en contacto conmigo para pedirnos promoción o facilidades para conciertos (como Pito de Pikasso, o Familia Caamagno, dos grupos de los que tengo pendientes directos). No sabría que acabaría conociendo a gente de las promotoras (apenas sabía qué era una promotora), ni cómo funcionan. No sabía el trabajo diario que traía, aunque me hubiera apuntado igual.

Porque, después de todo, vas a SU concierto, suena Umbilical, y el resto del mundo deja de existir. Solamente existen la canción, ellos, el tatuaje, la burbuja y yo. No hay problemas con las acreditaciones, no hay una cola de 20 mails pendientes de leer, no hay noticias que refrescar, no hay conciertos que prepararse, ni hay que volver a dormir en una pensión mientras Sally se ha tenido que queda sola una noche. No hay codazos en la cámara, no hay libretas indescifrables y no hay fotos borrosas.
Porque, después de todo, la música me hace feliz. Todos los cambios que he introducido en mi vida durante este año pasado han estado encaminados a hacerme un poco más feliz. La mayor parte del tiempo lo han conseguido.

28 de septiembre de 2011

Sacred Peak: Sentinel Wardrobe

El domingo pasado tuve la suerte de poder presenciar en directo la primera presentación del macroevento que quieren planificar Sentinel Wardrobe para 2012. De los creadores de Imperial Stormtrooper y L’Extraordinaire Uchronie, el próximo año llegará Sacred Peak.
Pero primero, un poco de historia. ¿Qué es Sentinel Wardrobe?
Son una asociación, un grupo de amigos, que, desde Santiago de Compostela, llevan unos años organizando macroeventos participativos en los que todos podemos participar de mil maneras diferentes. El primero que celebraron, por ejemplo, fue el Imperial Stormtroopers, donde tropas imperiales del universo de Star Wars tomaron la ciudad de Santiago de Compostela. Organizaron un desfile por la zona vieja de Santiago, con personas caracterizadas como los personajes de la saga, además de talleres para crear los disfraces. Luego hicieron una cena para los participantes en el desfile, aparecieron en radios y televisiones, y casi toda España se enteró de que en Santiago de Compostela Darth Vader había dado un discurso al proclamar la ciudad aliada suya.
El trabajo que hubo para organizar ese día fue enorme, sobre todo sin la experiencia de organizar algo así, o sin la colaboración del ayuntamiento. Consiguieron, entre otras cosas increíbles, que Constantino Romero (doblador de Darth Vader al español) les grabase el discurso que pronunciaron luego en la plaza del Obradoiro. Consiguieron movilizar a personas de toda España para ir a asistir o participar en el desfile.
Este año pasado, organizando L’Extraordinarie Uchronie. Los habituales del blog ya la conocerán, porque estuve escribiendo cosas sobre ella. Una reunión steampunk, no sé si la primera en Galicia, con diferentes actividades. Caracterizados, cada uno con nuestro personaje, comimos todos juntos, hicimos fotos, pudimos presenciar un ciclo de cortometrajes de temática steampunk (algunos preciosos), y tuvimos una exhibición de esgrima. La lluvia nos lo chafó un poco y tuvimos que dar algunas vueltas más de las previstas para poder comer y así, pero nosotros lo pasamos bien, y le dimos un toque diferente a la ciudad durante unas horas. Además, conocimos a gente como el Matrimonio Espectro, que llevan mucho tiempo dentro del steampunk, y que acabaron de convencerme de que es un movimiento que me gusta, que tiene mucho de donde sacar y mucho que explorar. Aún tengo pendiente crearme un par de artilugios a lo steampunk, incluso pensé en hacer amigurumi ambientado en eso, pero sigo pensando en ello. L’Extraordinarie Uchronie fue algo más que hacer el friki un día. No sé si volveré a caracterizarme como tal, pero me gusta el movimiento.
Y este año que viene, llegará Sacred Peak.

Siempre intentan que el evento organizado esté justificado de alguna manera, y relacionado con la ciudad de Santiago (y con la historia que tiene hay muchas cosas de las que tirar). El Imperial Stormtroopers se hizo para celebrar el 30 aniversario del estreno de la primera película de Star Wars. La relación con Santiago viene porque la ciudad es el final del camino de Santiago, es el final del camino dictado por las estrellas. Era una ciudad que tenía que entrar dentro del Imperio.
L’Extraordinarie Uchronie vino porque encontraron pruebas que decían que Julio Verne pasó por Santiago, tuvo amigos en Santiago, e incluso encontraron un relato o una primera edición (ahora mismo no me acuerdo, como filóloga a veces doy pena xD) de Julio Verne ambientado/editada en Santiago. Todo el mundo que se haya metido un poco dentro del steampunk sabe que Julio Verne es uno de los grandes inspiradores del movimiento.
Y ahora, ¿por qué el Sacred Peak?

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Dice la leyenda que en el Pico Sacro, cerca de Santiago, dentro de una cueva, vive un dragón que le provoca ictus a quien pasa bajo su sombra. Necesitamos un caballero que termine con ese dragón. Además, cerca de ese lugar murió Domingo Montoya, ilustre padre del ilustre Íñigo Montoya (“Soy Íñigo Montoya y tú has matado a mi padre, prepárate para morir”), y también hemos de vengar su muerte. Coincide todo esto con el 30 aniversario del estreno de la película de Conan el Bárbaro y con el 25 aniversario del estreno de La Princesa Prometida, es decir, el género de fantasía épica está cumpliendo años. Lo que nos proponen es acudir a Santiago un día todavía no fijado, caracterizados como personajes de fantasía épica, encontrar a nuestro mejor Íñigo Montoya, y vengar a su padre y darle muerte al dragón. Además, como todavía está naciendo el proyecto, es posible que haya representaciones de fragmentos de películas, caracterizaciones de personajes conocidos y muchas cosas más que irán surgiendo con el paso del tiempo. De momento la organización está abierta a propuestas, mientras van organizando un concurso para encontrar a nuestro Íñigo.

A mí el proyecto me gusta. Estamos hablando de películas previas a mi nacimiento, películas que no llegué a ver por lo que fuera, pero desde pequeña estuve metida en libros de fantasía épica y es un tema que me gusta mucho (a mí Juego de Tronos no me gusta porque son una serie de libros que no me parecen originales de todas las veces que he leído las mismas historias, o parecidas). Además, este año me gustaría poder colaborar con el evento con algo más que presentarme en Santiago vestida de bruja mala, pero todavía estoy planeando cosas, viendo qué hacen en la organización, qué quieren hacer y qué no quieren hacer, antes de pronunciarme. Además, tengo que pensar en algo que sea factible y que pueda realizar. Tengo un par de ideas, una de ellas bastante clara, pero de momento no voy a decir nada.

Ese día podemos aprovechar y teñir Santiago con la magia, color, el honor, la venganza (bueno, eso no es bueno ni bonito xD) y la fantasía. Podemos crear algo muy bonito, y, como estos eventos, algo único. Quedan muchos meses por andar, y hay muchas cosas que organizar, pero de momento tiene todo muy buena pinta.

27 de septiembre de 2011

Muerto para el mundo

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Me costó, pero como prometí esperé a que terminase la temporada de True Blood para ponerme a leer el libro. Y me ha durado más que los anteriores, pero igualmente se me ha hecho corto. Aquí va lo que me pareció Muerto para el mundo, de Charlaine Harris.
En Twitter, así como pude, escribí una de las frases del season finale que más me llegaron. Es un capítulo muy triste con muchas muertes, y una de las despedidas era:
-How can I live without you?
-Just keep breathing, baby.
En el twit dije que Alan Ball (el creador de la serie, el señor que leyó los libros y dijo que quería hacer una serie con eso) era un hijo de puta. Es cruel cargarse a ese personaje, en ese momento y de esa manera. Pero en realidad Alan Ball no es tan hijo de puta, porque, en lo que respecta al libro, ha creado una temporada de la nada y la ha hecho mil veces mejor que el libro.
Vista la temporada, leído el libro, sería más fácil nombrar los cuatro puntos que tienen en común que señalar las diferencias. Si los anteriores libros y las anteriores temporadas eran diferentes, ni siquiera el capítulo inicial se corresponde de una cosa a otra. Lo han cambiado prácticamente todo, incluso el fondo del libro está cambiado. El argumento se parece en poquito, muy poquito. Y para mí, sale ganando la temporada.

Sinopsis
Volvemos a retomar la historia donde la habíamos dejado en el anterior libro. Sookie acaba de recibir varias palizas por intentar ayudar a los vampiros, y está decidida a alejarse de ese mundo. Bill, su novio o exnovio, porque están bastante peleados (se pelean continuamente) tiene que irse a hacer unos encargos a Perú y estará fuera un tiempo. Pero un día, al volver del trabajo, Sookie se encuentra con un vikingo corriendo desnudo por la carretera. Es Eric, pero él mismo no sabe quién es ni cómo llegó allí. Sookie, que en el fondo se muere por el vikingo como hacemos el resto, lo acoge en su casa hasta que descubran qué le pasó.
Y la culpa la tienen las brujas. Un grupo de brujas-hombreslobo-bebedores de sangre de vampiro han llegado a su zona, y querían hacer negocios con Eric. Eric se negó, y esa es parte de su castigo.

Valoración
Vista así la sinopsis, la trama de la serie y el libro parecen muy parecidas. En la serie Bill no se va, y las brujas piden venganza por todo el maltrato recibido de los vampiros desde hace siglos, pero nada más lejos de la realidad. Sookie, eso sí, sigue igual de pesada que siempre, con sus tonterías y con esas ganas que te dan de que le aplasten la cabeza de verdad de una vez. Por ejemplo, Jason, el hermano de Sookie, pasa el libro desaparecido, y ella se dedica a decir que está muy triste y a llamar por teléfono a cada media hora a las oficinas de la policía por si saben algo. Cuando finalmente lo encuentran con es gracias a ella, es gracias a Sam, y ella se limita a seguir calentando a la gente para que hagan lo que quiera.
Eric desmemoriado me gustó más en la serie que en el libro. En el libro se limita a llamar a Sookie “amante” y a tirársela. No hay rastro de ese Eric tímido y dulce pero vikingo que vemos en la serie. No sé si eso es culpa de Sookie o de Charlaine Harris por no ahondar demasiado en él, limitarse a decir que tiene miedo en ciertos momentos, pero Eric está muy desaprovechado.
Bill en la serie... no me parece un error lo que han hecho con él en las últimas temporadas, pero tampoco es que me caiga bien. En la primera y segunda temporada es un pasteloso, pero en el resto es simplemente insufrible. No lo van a matar porque es Bill, y parte de True Blood es él, pero que durante esta temporada se hubiese ausentado a Perú cambiaría las cosas, pero nos daría un respiro de él.
Por el resto, en general me gustó más la temporada que el libro. Sobre todo porque el argumento tiene más chicha. El tema de las posesiones, de la venganza a través de los siglos, de la lucha entre Marnie y Antonia, el círculo de wiccanos, para mí es mejor que limitarse a hablar con unos, hablar con otros para hacer una batalla final en la que hay muy pocas bajas por la parte con la que simpatizamos, mientras Sookie llora por su hermano. Duele el final de temporada porque mueren personajes a los que le tienes cariño, cuando en el libro solamente te libras de uno de tantos personajes indeseables, pero en líneas generales me pareció más interesante la serie. Sin embargo, en la serie no tienes cinco páginas detalladas de sexo entre Sookie y Eric. Aunque en la serie los encuentros entre ellos dos son más poéticos y bonitos.
Una cosa que me descoloca de la serie es reutilizar nombres y personajes muy secundarios de los libros para incluirlos en los capítulos. Me refiero sobre todo a Crystal Norris y a Felton, uno de los ejes importantes en la serie, sobre todo en los primeros capítulos, pero que en el libro tienen una presencia casi anecdótica. Son casi personajes de usar y tirar. Desaparece el hermano de Sookie, se le vio con Crystal, hablan con ella. Y finalmente, ella sabía dónde estaba. Su presencia está limitada a hacer desaparecer y aparecer a Jason. Odio esta clase de personajes, como la tipa en la última temporada emitida de Dexter. Llega, cumple un papel para el que está diseñada, y cuando no tiene más que hacer, se va. En la serie tanto Crystal como Felton tienen mucha más importancia, están mejor formados como personajes. Ya no hay esa sensación de que fueron creados solamente para poder dar juego durante un rato, si no que son personajes plenos.

Valoración
5 de 10. Muy por debajo de los anteriores libros.

No sé qué voy a leer a continuación. El otro día vi en la Primera Harry Potter y el Cáliz de Fuego, y tengo ganas de volver a leerlo. Pero no estoy segura de hacerlo, tengo libros que volver a empezar. Esta serie de libros la dejo para cuando acabe la próxima temporada, prefiero ver antes de leer. No creo que os haga descansar de vampiros durante demasiado rato, sobre todo porque dejé Drácula a medias el curso pasado (me da miedo, ¿vale?) y tendré que acabarlo en algún momento. Junto a tantos otros que tengo que leer también de temática vampírica (volvería a leer Crepúsculo solo para poder escribir qué me parece el libro xDD), o no vampírica. A ver qué libros encuentro al llegar a casa, y por cuál me decanto.

26 de septiembre de 2011

No hay título para esto

Ayer fue un día raro, de contrastes, de vacío, de mentes en blanco, de no saber qué pensar ni saber qué estoy sintiendo.
Como le pasa a tanta otra gente, estaba apenas empezando el día cuando me llamaron por teléfono y me dieron la noticia que lo cambió todo. La llamada prototípica pero que cada vez es diferente, la llamada que todos hemos cogido alguna vez y en la que pensamos “no puede ser, tiene que ser una equivocación, dentro de un rato me llamarán para decir que no era real”, pero pasan las horas y nadie se retracta. Solo hay pésames, recuerdos y más mentes en blanco. Mientras sigues pensando que eso no puede estar pasando.
Al contrario que en 1º de carrera, no me lo esperaba. La llamada que me dieron en 1º de carrera fue más devastadora, pero quizás más esperada. Promesas, locuras, irresponsabilidad y una sensación aplastante de “a mí no me va a pasar” culminaron con esa llamada de diciembre. Pero esta no me la esperaba, es injusta, dolorosa y nuevamente injusta.
Si hay algo en lo que llevo pensando todo el día es que no importa que seas bueno, seas malo, vago, esforzado, inteligente o tonto. Que seas ingenioso, alegre, participativo, bromista, agradable... como eran ellos. Todos somos igual de frágiles y no hay nadie que diga “tú te lo mereces y tú no”, y que todos podemos desvanecernos por igual. Sin una razón, sin esperárselo, y, sobre todo, sin merecérselo.
No importa el tiempo que pases intentando hacer con tu vida lo mejor que puedas, no importa que estés llevándola bien, que luches por lo que quieres, que disfrutes de tus días; no importa el esfuerzo invertido en construir tu día a día, porque en dos segundos se puede desvanecer. No importa, nada va a hacer que te quedes un día más. Nada va a impedir que seas igual de frágil que el resto de nosotros. Nada va a sujetarte.

Egoístamente, no me da igual, pero no me duele. Quizás he perdido a tanta gente que ya no es tan fácil que me duela. Pero quizás por eso mismo pienso en esos dos hijos únicos, en esas dos familias y en ese grupo de amigos donde ahora habrá dos huecos para siempre. Pienso en amigos míos que eran amigos suyos, y aunque estuviera ahí no sabría qué decirles. Pienso en la gente a la que sí le está doliendo y me siento inútil. Pienso en ese tercer ocupante y los recuerdos que le quedarán para siempre de estas fiestas. Y ahí es dónde me duele. Porque he estado ahí muchas veces, pero sigo sin saber qué decir. Pienso en la gente cercana a esos dos hijos únicos y necesito un abrazo.
Y aquí estoy. Frágil, a 100 o casi 1000km, y habiendo compartido momentos y amigos con ellos, pero no confianza. Pensando en que no importa qué seas ni lo que hagas en tu día a día, porque eres igual de fácil de romper que el resto. Que no es necesario que lo merezcas o que se viera venir, porque nadie es impermeable, nadie es inmortal. Nadie es intocable.
Y eso es lo que me asusta ahora.

No voy a escribir “están en un lugar mejor” porque no hay mejor lugar para ellos que sus casas, sus carreras, sus amigos, sus pueblos. No lo merecían porque éste es su lugar.

21 de septiembre de 2011

Las fotos prometidas (Rock in Way e In Flames)

Tras varias entradas programadas antes de saber que estaban publicadas mis crónicas, prometiendo fotos cuando eso se hubiera cumplido y, sin embargo, haberlo dejado para otro día, por fin traigo otra entrada fotográfica. Esta vez es un poco monotemática, me ciño al Rock in Way (no voy a mentir, a Sôber y un par de ellas sueltas del resto del Rock in Way) y al concierto de Noctiferia e In Flames, además de alguna sacada al ambiente de esos conciertos.

No voy a ser pesada con cómo saqué las fotos, exif ni nada así (o lo haré en la mayor medida). Para eso iré subiendo la mayor parte a Flickr y para eso está la opción de “ver datos exif”. Solamente recuerdo que las fotos están sacadas con una Nikon D5000 y un objetivo Sigma 28-200 5.6/3.2 sin motor interno, por lo que todas ellas están enfocadas a mano.
Primero, por eso de que gracias a ellos consigo entrar a los conciertos y sacar la cámara, mis fotos publicadas en The Drink Tim:

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Igloo fueron uno de los grupos que más me gustaron. Y les saqué una de las fotos que más me gustaron del festival. Teniendo en cuenta que mi tarjeta de memoria me permitía sacar un máximo de 10 fotos por grupo si quería llegar con espacio a la noche del sábado, tenía pocos intentos. Y aquí está uno de los aciertos que tuve durante el fin de semana :D

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Una foto de la que estoy muy orgullosa. Nos pusimos del lado de Jorge esta vez, y con la Ô detrás, hasta que conseguí la foto no paré. Es la foto principal de la crónica del Rock in Way y todo.

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Una de las pocas veces que pude pillarlos juntos.

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También estoy enamorada de esta foto. Manu durante Fama, Fortuna o Placer, tocando a su estilo salvaje. Le saqué varias durante esa canción aprovechando que por una vez en todo el concierto tenía luz, pero ésta es la que más me gusta de todas.

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Y estas dos porque soy una pesada y quiero ponerlas en todos lados.

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Vocalista de Noctiferia. Me encanta esta foto y en general casi todas las que le saqué. Los pobres apenas tenían sitio en el escenario para moverse y por eso no hubo mucho problema para cazarlos. El problema era que tenía que hacerlo esquivando gente que sí estaba saltando. De este concierto tengo muchas fotos que no me valen porque aparecen cabezas, brazos o pelos por el medio.

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Cuando disparé no esperaba que en ese momento los focos se encendiesen. No me la creía cuando la vi en la pantalla.

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Sacando las de Noctiferia, la foto que más me gusta de todo el concierto. Me costó un montón conseguirla sin brazos, cabezas, pelos u otras cosas en medio, además de estar enfocada y con un encuadre aceptable. Aunque la iluminación durante In Flames fue increíble (pude disparar a f/5.3 y 1/320 e ISO 2500 durante mucho rato, algo impensable normalmente en un concierto) los focos que daban toda esa claridad también me quemaban las fotos, o me las dejaban casi monocromáticas (que luego descubrí que para pasar a blanco y negro estaban perfectas). Conseguir esta, que apenas está retocada, me dio la alegría de la noche.

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Lo que decía de las fotos en blanco y negro. Ésta era completamente roja, por ejemplo. Y en blanco y negro me encanta.


Y ahora el material “inédito”.
Por orden cronológico, toca primero el Rock in Way.

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Durante el concierto de Riff Raff, en el escenario que tenía el cartel del festival por detrás. Vi la oportunidad de sacar batería, guitarrista y el nombre completo, y a bastante distancia del escenario, conseguí esta foto.

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Pasamos a las de Sôber. Mientras David hablaba con unos amigos suyos que nos encontramos en las primeras filas, probaban las luces de la Ô. Foto sin pensarlo. Lo de abajo es una bombilla. Creo que está para ambientar durante Náufrago, pero no llegaron a tocarla por falta de tiempo :__ (y hubieran sido demasiados lloros en un solo concierto).

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Una de mis fotos favoritas de todos los tiempos, la preparé a conciencia para poder imprimirla a tamaño póster y pegarla en mi habitación. Cuando la saqué y la previsualicé dije que la quería para mi habitación, y la tendré. Si estoy algo loca y no me importa cargar con ella enrollada a algún concierto, quizás (mucho quizás) consiga tenerla dedicada.

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Muchos problemas me dio esta foto. Me encanta, y las que saqué en la misma ráfaga. Pero, si le intento dar un poco más de definición, deja de haber Jorge Escobedo para ser un montón de ruido rosa. Me hubiera gustado haberla mandado a The Drink Tim, pero por todo ese ruido no me acabé de decidir.

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Mítica foto que saco en cada concierto al que voy; detalle de la guitarra (Jorge Escobedo en este caso). Tengo en Flickr también el detalle de la guitarra de uno de La Guardia (la subieron a su Facebook oficial :D)

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Apenas tengo fotos de Carlos. Entre que estaba algo lejos y era difícil de enfocar, o cuando se acercaba no paraba, tengo pocas. Pero por encima, en todas sus fotos me sale un halo negro extraño a su alrededor que me las fastidia. Estoy algo acojonada porque este halo sale en todas las fotos le que saqué a él, alrededor de todo su cuerpo y bajo, pero no le sale a nadie más. Espero que no sea nada raro, simplemente una coincidencia sin gracia.

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Y la última no publicada de Sôber, una foto bastante defectuosa de Antonio Bernardini, otro al que me costó sacar en foto. Pero me encanta, y que esté desenfocada hace que me guste aún más. No sé qué tiene, si la expresión, las sombras, el fondo liso... pero me encanta.

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Cambiamos a In Flames y Noctiferia. Acabé el concierto enamorada de este hombre. Es eslovaco, me da miedo mirar cómo se llama por si es impronunciable xD Tengo ganas de volver a verlo en directo, tiene una presencia aplastante sobre el escenario. Y es fotogénico.

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Un par de fotos del ambiente. Ésa es mi perspectiva, desde abajo, siempre veo cabezas y brazos, es raro que pueda ver el escenario al completo o con comodidad salvo que esté en primera fila. Cada foto me gusta por diferentes cosas, cada una a su manera. En el momento de sacar la segunda me fastidiaron los brazos porque quería sacar al vocalista solo, pero al llegar a casa y ver el efecto final me gustó.


Y de regalo, mientras estábamos esperando en la estación de vuelta a casa, derivada de mi obsesión con los puntos de fuga: trenes.

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Y creo que con esto se acabó la racha pesada que me acaba de entrar con In Flames, aunque su música seguirá sonando en mi ordenador y los recomendaré a quien pueda verlos en directo. Con Sôber sabéis que nunca pararé, soy así.

20 de septiembre de 2011

In Flames en Santiago de Compostela

In Flames era un grupo que yo solo conocía de oídas. Sabía más o menos qué tocaban, pero nunca me había puesto a escucharlos, sobre todo porque escuché demasiado eso de “hace demasiado tiempo que no sacan nada bueno”. Pero cuando confirmaron su concierto en Santiago, no lo pensé dos veces, y empecé a preparar el terreno para las acreditaciones.
Me dijeron que la cosa estaba difícil, porque los traía una promotora que no suele dar muchas acreditaciones, pero me lo seguí currando igual. Tras ver el silencio obtenido por el Brincadeira, la negativa del Sonisphere y cuando pensaba que no me iban a dejar ir al Rock in Way, pensé que pediría las de In Flames sobre todo para que a la promotora se les fuese quedando el nombre de la web y que nos estábamos moviendo por Santiago, es decir, preparar el camino para conciertos futuros más que para este mismo.
El fin de semana del 2 al 4 pongo las últimas noticias relacionadas con el concierto y mi jefe pide las acreditaciones. Pasó toda la semana y no tenía respuesta, así que pensé que no había suerte. Pero el lunes 12 recibo un correo electrónico que dice que sí, que me dan acreditación como redactora y que esperan poder ver nuestra crónica cuando la tengamos. De un día a otro me tengo que preparar el concierto de dos grupos que no conozco y buscar alojamiento y transporte en Santiago. Cambiamos de pensión porque la señora está muy cara últimamente, y nos fuimos para una casa del terror que podría servir, con un par de telarañas y focos, para el videoclip de una banda de black metal. Noctiferia mismamente.
Sin darme aún tiempo a asimilarlo del todo, después de comer el miércoles, salimos para Santiago (¿Quién organiza un concierto un miércoles?). Pensaba que la sala iba a estar vacía por el día que era, pero no contaba con que el concierto empezaría a las 8 de la tarde para acabar a las 10 y media. Se llenó, no hubo excusa para madrugar.
No me pusieron problemas en la puerta. Cuando me tocaba enseñar la entrada dije que venía como prensa, me llevaron con una señora que tenía una lista, me tachó, y me dejaron entrar. Me preguntó si venía como redacción o fotografía, y le respondí (que se note que somos gallegos): “si me dejas hacer fotos por toda la sala me doy por contenta”. Me dijo que sin problema, pero no molestando a los de la primera fila, ni al grupo, ni a los fotógrafos acreditados como tales, y sin flash. Lo de siempre. Ahí entramos mi cámara y yo.
Una vez dentro, fuimos a coger el sitio que cogemos siempre en la Capitol, pero esta vez no llegamos a primera fila. A nuestro lado había un segurata que no le quitaba ojo a mi cámara, y yo estaba segura de que estaba esperando el momento de que la sacase para decirme algo, así que cuando empezó el concierto me fui al otro lado de la sala para empezar a disparar por allí. Había poca gente, apenas la mitad de la sala, y se podía pasar sin problemas. Había un par de réflex más entre el público, una de ellas ya la comenté en una entrada anterior, y a nadie le dijeron nada.
Volví a donde estábamos, y aunque el tío seguía mirándome, tras pasar el concierto entero sacando fotos, sacando el zoom para hacer primeros planos, moviéndome para un lado y para otro, creo que me miraba porque le parecía curiosa mi cámara, le gustaba o algo. No me dijo nada en ningún momento, también es cierto que me ceñí a lo de no usar flash (no lo hubiera usado aunque me dejasen, odio los flashes) y a no molestar a la gente. Incluso hubo un momento, entre acabar el concierto de Noctiferia (acabé encantada con ellos, como músicos, y como personas; para ser blackmetaleros son amables y simpáticos) y no empezar In Flames, que el tío que tenía delante de mí en el público me preguntó si estaba acreditada. Le dije que tenía solamente la mitad de la acreditación, es decir, sin privilegios para fotos, y no solamente me dejó pasar delante de él (casi tocando las vallas), si no que tenía un amigo sí acreditado como fotógrafo y le pidió su tarjeta para prestármela. No me la dio y el de seguridad no me hubiera dejado sacar las fotos aunque me la hubiera dado, pero fue todo un detalle.
El concierto de In Flames fue largo pero se me hizo corto. No los conocía más que de 24 horas antes bajarme las canciones que esperaba que tocasen para que me fueran sonando un poco, pero en directo me han convencido (EY ALEJANDRO SANZ, MIRA QUÉ PASA CON LOS MÚSICOS QUE TOCAN EN DIRECTO EN VEZ DE DEDICARSE A SOLO VENDER DISCOS) y llevo desde el concierto escuchándolos una y otra vez. Tengo la crónica y las fotos listas, creo que va a llegar a The Drink Tim antes que la del Rock in Way. También estoy encantada con su música y con su trato.
Mientras veíamos a In Flames y nos acababan contagiando para saltar y cantar con el resto, los de Noctiferia habían salido del backstage y veían el concierto a nuestra izquierda, separados por las vallas. El cantante sacó luego una réflex como la mía (si no es el mismo modelo es uno muy similar) se puso a hacerme la competencia sacándole fotos al grupo y al público. Y luego tenía esa expresión emocionada de decirle a los amigos “mira lo que me acaba de salir!”.
Acabaron los conciertos a las 10 y media más o menos, pero ya estábamos agotados. Dimos un paseo hasta la pensión-casa-del-terror, cogimos algo de comer por el camino, llegamos, cenamos, y al poco tiempo nos quedamos dormidos.

Como estoy algo atascada en la crónica del Rock in Way, tenía miedo de no saber cómo hacer para el concierto de In Flames, o de atascarme también. ¿Solución? Me desperté inspirada, tenía un par de frases pensadas, le di un pequeño toque o estilo literario, y salió sola. Pondré link en todos los sitios cuando esté publicada.

Quiero más conciertos para poder seguir sacando fotos. Pero, salvo que aparezca alguno de repente, el próximo será el 29 de octubre. Aún queda un poquito para que llegue. Tengo muchísimas ganas de que estén publicadas las fotos para poder traerlas al blog, lo que he mejorado en cuatro conciertos (o menos desde Unicornibot, cuando estrené el objetivo nuevo) no me parece real. No fui capaz de enfocar a una modernilla quieta, tocando la batería, y sin embargo, acabo de sacarle un primer plano que me deja loca al vocalista de In Flames, que no paraba de saltar. O tengo una de Manu Reyes que parece preparada aposta.
A ver si pronto puedo traer muchas fotos todas juntas.

Añado: la crónica y las fotos ya están publicadas en http://thedrinktim.es/index.php/cronicas/4766-in-flames

19 de septiembre de 2011

Rock in Way - Tras las cámaras

Tengo cosas pendientes que colgar, y un montón de fotos que seguro que os morís por ver (seguro, ya xD).
Como ya hace una semana y no voy a ponerme a contar qué tal fue el Rock in Way minuto a minuto, así que creo que solamente destacaré mis problemas con la organización y mi impresión general del festival. No voy a contar banda por banda, para eso está The Drink Tim, donde también habrá fotos.

Yo no esperaba que me dijesen de ir al Rock in Way. Me curré las acreditaciones como hice con el Brincadeira (incluso menos) y creí que estaba recibiendo el silencio que me dieron en Ordes. Estuve siguiendo el nacimiento de la nueva edición del Brincadeira desde el momento que vi el primer cartel en la calle, y tras varios meses de ir poniendo todas las novedades así como me iba enterando de ellas, cuando pedimos las acreditaciones, recibimos una bandeja de entrada vacía. Tras repetir el mail el jefe como unas 4 veces y yo otra traducida al gallego (no fueran a ser un poco maniáticos) aún hoy no tuvimos una sola respuesta que dijese “no, lo sentimos, no podemos/queremos acreditarte”. Creí que con el Rock in Way iba a ser algo parecido.
Con la diferencia de que los del Rock in Way dijeron que comunicarían a todo el mundo por escrito que sí se las daban o no se las daban el día 2 de septiembre. Llega el 2, llega el 3, y no tengo ningún mail, ni confirmando ni negando. Las doy por perdidas y me enfado porque pensé que iban a pasar tanto de mí como con el Brincadeira. Pero, sorpresa, el 5 tengo un mail que me dice que sí, estoy acreditada, pero solo como redactora. Puedo entrar y tengo acceso a una carpa de prensa con mesas, wifi y diferentes comodidades, pero no puedo acceder a los fosos para sacar fotos.
Pero parte de mi trabajo es sacar fotos, así que tendría que currármelo un poco más.
Organizamos todo para ir casi el día antes, David compró la entrada en taquilla en el momento de llegar porque no dio tiempo a comprarla anticipada. Llegamos a Santiago temprano, comimos allí, dejamos todo en la pensión a la que vamos siempre (no volveremos en un tiempo, la tía se subió a la parra con el precio un montón) y a las 4 y media estábamos llegando al recinto en el Monte do Gozo, cuando empezaban los conciertos. En la caseta donde daban las pulseras a los acreditados pregunté por dónde entrar. Me dijeron que por la puerta como todo el mundo. En la puerta me dijeron que esa era la pulsera del camping y necesitaba también la de entrada. Les dije que era de prensa; me dijeron que los de prensa entraban por detrás.
El bus nos había dejado bajo una cuesta antes del recinto, y para llegar, tuvimos que subir caminando esa cuesta. Ahora me tocaba subir otra. Salí del recinto, con mi bolso y mi cámara de 2kg al hombro, y seguí subiendo cuestas. En la primera entrada, donde había seguratas, pregunté si podía entrar por allí. Me dijeron que no, que era un poco más arriba. Seguí subiendo, hasta dar con el siguiente. Me dijo que sin la tarjeta no me podía dejar pasar. Necesitaba pulsera y tarjeta, y solo tenía tarjeta. Me dijo que volviese con los seguratas de abajo, que tenían walkies y podían llamar a alguien a ver qué hacían conmigo sin hacerme bajar para luego volver a subir. No llamaron a nadie, me mandaron de vuelta para taquilla.
Llego a taquilla, les comento que no me dejan entrar, y me dicen que no me corresponde tarjeta, que entre por la puerta normal. Voy por la puerta normal (otra vez) y me dicen de nuevo los seguratas que es la pulsera del camping. Les digo que es de prensa y que los de taquilla me dicen que entre por allí. Paso el primer control sin cacheos. Llego al segundo control y me dicen que qué clase de pulsera esa esa xD Les digo que de prensa y me vuelven a dejar pasar, sin cacheos.
Cámara dentro del recinto.
Como no tengo internet en el móvil ni en el piso, quiero entrar a la zona de prensa a comunicarme con el jefe, decirle que estoy dentro y que tengo la cámara. Pero ¿dónde está la zona de prensa? Tras varios conciertos formados por grupos casi desconocidos y un público que no llega a las 200 personas de lejos, decido ponerme a buscarla. No tengo ningún plano ni clase de información para saber dónde está, así que voy a una zona un poco apartada, que está vallada y parece que tiene mesitas, sombrillas y sillas dentro. Le pregunto al de la puerta y me dice que esa es la zona VIP, que no sabe donde está la zona de prensa, pero que cree que está bajo el escenario 1, se entra por la izquierda. Voy para allí, y a la izquierda del escenario 1 hay un segurata.
Le pregunto si la zona de prensa es allí, y me dice que sí. Pero que sin tarjeta no me puede dejar pasar. Le explico que no quiero ir al foso, solamente a la zona de prensa que está bajo el escenario, y que no tengo tarjeta porque no puedo hacer fotos en los fosos. Me dice que sin tarjeta no puede dejar pasar a nadie.
Vuelvo a taquillas. Les digo que quiero ir a la zona de prensa pero que sin tarjeta el segurata no me deja pasar. Lo llaman por walkie y le dicen que deje pasar a la niña, que si no va al foso puede pasar.
Vuelvo al escenario 1. Ahora suena fácil, pero para llegar al escenario 1 hay que subr medio monte, no es una coña andar subiendo y bajando ese recinto a cada poco. Voy a ver al segurata y le pregunto si le llamaron para que me dejase pasar. Me dice que no, que no le llamó nadie. Habla con un tío que andaba por allí al que acababan de llamar. Dice que no le llamaron, pero que la zona de prensa sí está allí, pero sin tarjeta no puedo pasar. Se me empiezan a subir los calores.
Pasa un cámara de televisión por allí, con tarjeta y pulsera. Le preguntamos entre los seguratas y yo dónde está la zona de prensa, y dice que sí, que bajo el escenario, con wifi, mesas y sillas y así. Pero me dicen que sin tarjeta no puedo pasar. Pasa una de la organización por allí. “A ver, qué problema hay”. Le cuentan por encima, dice que sin tarjeta por allí no puedo pasar, y cuando vuelvo a decir por milésima vez que no quiero ir al foso, que solamente quiero ir a la zona de prensa, dice secamente “es que la zona de prensa no está ahí”. Que la zona de prensa está a la izquierda del escenario 2. Pues no, mona, a la izquierda del escenario 2 hay una carpa de Gadis donde te regalan una camiseta si posas con una gaita. Les digo que lo dejen, que da igual, que ya no quiero ir, y me doy la vuelta.
Agotada me dejaron. Sobra decir que nunca llegué a pisar esa supuesta zona de prensa. Cuando twittée al día siguiente fue gracias a que comimos en un Burguer King con wifi, porque el festival no colaboró conmigo en ningún momento.

Cuando volvía a conectarme a internet, el lunes o martes desde la Facultad, vi que tenía un mail de la organización del día 8 por la tarde, es decir, horas antes de que empezase el festival, con “información útil.” Cómo acceder a esa zona de prensa, e instrucciones para los que iban acreditados como fotógrafos, que, por lo que estuve leyendo, los putearon más a que mí (tener el móvil siempre disponible para convocarlos a reuniones previas a conciertos para instrucciones con 10 minutos de antelación y cosas así). Mirando el plano con el dibujo, el sitio por el que dice que se va a la zona de prensa no había ninguna puerta. Está en mitad de la valla del primer escenario, y donde señala la flecha que luego se mete al camino por el que quería ir yo había un cartel enorme de salida de emergencia.
Por lo que acabé deduciendo que con la acreditación de redactora puedo ir a la zona de prensa, pero no cruzar la puerta que me lleva al camino que me lleva a la zona. A lo mejor esperaba que supiera volar para llegar justamente a la puerta de la zona de prensa sin pasar por la puerta del escenario 1, pero la verdad es que no lo sé.

Qué no decir del resto del primer día que no haya dicho ya. De ahí a un rato fuimos a ver a los de Sôber, luego tuvimos el concierto... luego llamé a Isa durante The Offspring, vimos un cacho de Bad Manners, hicimos una cola kilométrica para conseguir una hamburguesa cara como el oro, vimos otro cacho de Bad Manners y nos fuimos a dormir.
Sigo soñando con el concierto, se me va pasando la tontería que me entró, pero sigo pensando en él, y en ellos, y cuando estoy en mi escritorio sigo sacando la púa de la bolsa de las púas para volver a mirarla.

El segundo día sí que fue de risa. Llegamos cuando los primeros estaban acabando de tocar (hip hop made in santiago y no eran Dios ke te crew, así que no me interesaban mucho), yo sigo con mi libreta, mi cámara, mis paseos para hacer las fotos esquivando cabezas y lo que estuve haciendo el día anterior. Empieza el concierto de Las Pelotas, falta un poco para Siniestro Total, y el sitio por fin parece que va teniendo algo de gente, imagino que sobre todo argentinos o hijos de argentinos que hayan escuchado Las Pelotas en casa. Hago mi ronda de fotos cuando el concierto está mediado, y estoy acabando de sacar las fotos que quería, cuando uno de los seguratas me llama al frente de las vallas. Me dice que no puedo sacar fotos. Le digo que tengo pulsera de prensa, pero no tarjeta. Es decir, no puedo sacar fotos desde el foso, pero nadie me dijo que no podía sacar fotos desde otros sitios. Me dice que solo se pueden sacar fotos a los conciertos desde el foso y solamente las 3 primeras canciones de cada grupo. Lo mando a la mierda mentalmente y me voy a sacar fotos desde la grada pero con el tele. Seguí sacando fotos lo que quedaba de festival, pero como el tío ya me conocía de la movida de la puerta, tuve que ir escondiendo la cámara o hacerlas desde la grada. Justo cuando empezaba a cogerle el punto al autoenfoque.

Que recuerde ahora, mis desencuentros con los del festival por el tema de prensa se acabaron ahí. Podría haber seguido intentando entrar en la zona de prensa (luego me enteré de que tenían bebidas frías dentro, además de sitios donde tipo Last Tour, porque en el Sonisphere también te clavaban eso).

La organización dice que hubo allí dentro 14.000 personas cada noche. Me río yo de las 14.000 personas. Creo que 14.000 personas eran las que estaban abajo en Santiago. Durante toda la tarde del viernes estuvimos casi solos allí arriba. La gente que veías pasar tenía pulseras de prensa, VIP, músico o trabajador del festival. Poca gente había hasta por lo menos las 7 de la tarde (puertas abiertas desde las 4) que llevase la pulsera del bono. Antes de Sôber tocaron Riff Raff y empezaba a haber ambientillo (solamente ambientillo), durante el concierto de Sôber estaba yo en segunda fila (había una tía con un tío en primera fila guardando sitio para The Offspring desde las 5 de la tarde), pero por detrás tenía un hueco increíble. Durante y tras Sôber sí se empezó a ver gente, y cuando empezaron The Offspring aquello ya estaba lleno. Pero Sôber empezaron a las 9 de la noche, y para llevar 4 horas abierto el festival, a mí me parece un poco triste.
El día siguiente se libraron porque pusieron a Siniestro Total a las 6 de la tarde, y hubo gente (la conozco) que fue solamente a ver a Las Pelotas y a Siniestro Total, que tocaron uno casi detrás del otro. Siniestro Total llenaron el escenario 1 y gran parte de la grada, y la gente ya se quedó. Pero no se veía a la gente viendo los conciertos, estaban tirados en la hierba, en plan “ya que estoy aquí...”. Sí hubo lleno para ver a The Specials y dicen, porque nosotros nos fuimos antes, agotados, que también hubo lleno para ver a The Toy Dolls. Dicen que hubo más gente que el primer día, pero yo noté alguna menos.
Yo no veo este festival como un éxito. Veo que la han cagado con la elección de algunos de los grupos, y que “apostar por el rock gallego” no es poner todos los grupos gallegos de 4 a 9 de la noche y a partir de ahí a los llamativos. Porque pasa lo que pasó el viernes, que la gente llegó para ver a The Offspring y pasaron completamente de Dirty Socks (que pese a que no me gusta de qué van, tienen pinta de tener buen futuro), Los Chavales, Niño y Pistola o Igloo (éstos sí me gustaron mucho). Novedades Carminha el segundo día tuvieron algo de público, pero quizás no todo el que merecían, y para el festival que era, The Blows podían haber dado un conciertazo, y estaban casi solos.
La entrada final se puede haber acercado a las 14.000 (yo diría 10.000 como mucho), pero es una entrada falsa, porque esas “14.000” personas fueron a ver a The Offspring, no a asistir al festival.

Como resultado, estoy todavía más cabreada con Last Tour, ZircoZine (la otra promotora que organizó aquello, quien llevó el tema entradas y acreditaciones) están agotando oportunidades antes de que les declare la guerra como a Last Tour, tengo algunas fotos decentes, muy poca práctica más sacando fotos, y tengo un par de fotazas de Sôber esperando para ser impresas. Además de la púa, de estar todavía en las nubes por haber estado hablando con ellos y así.
Y bueno, me llevo el convencimiento de que no quiero volver a ningún festival organizado por Last Tour. No como público (eso lo decidí así como entré en el Sonisphere), pero tampoco como prensa.

Por cierto! Tras el concierto de In Flames, y viendo lo que pasó en el Rock in Way, quiero que me regaléis (alguien o entre varios) una tarjeta por Navidades. Quiero, por una vez, tener una tarjeta. Me da igual qué ponga, solo quiero que tenga forma de tarjeta, esté plastificada y tenga un agujero para colgar. El colgador ya me lo buscaré yo. Quiero que alguien me confíe una tarjeta por una vez.


Añado: la crónica y las fotos ya están publicadas en: http://www.thedrinktim.es/index.php/cronicas/4752-rock-in-way Espero que os guste (sobre todo las fotos xD)

16 de septiembre de 2011

Inesperados In Flames

No puedo intentar adelantar acontecimientos en una entrada de blog porque, lo que me dice la experiencia de todos estos años, es que la mayor parte de las veces que digo que va a pasar algo, acaba siendo algo totalmente diferente. Para tarotista no sirvo.
Primero preparo una entrada que dice que bueno, no tenía muchas cosas que contar, pero como me iba al Rock in Way, seguro que algo tenía que decir. Y me encuentro con Sôber. Y luego la publico diciendo que me quedan unos días de ganchillar y tal, y me dan una noticia que me cambia por completo el resto de la semana.
Me dieron acreditaciones para un concierto de In Flames como día y medio antes de que se produjese.
Llevaba meses esperando ese concierto. Me enteré de él en mayo o algo así, y aunque nunca me fijé en In Flames, son un grupo importante, esto es Galicia y no se va a repetir. Era una oportunidad histórica de verlos.
Empecé a preparar el camino para unas acreditaciones seguras, pero me dijeron que el tema estaba complicado, luego vi que se iba a celebrar un miércoles, cuando esa misma mañana tenía uno de los exámenes pesados de septiembre, y dije que pasaba de ir. Acababa de ir a Santiago al Rock in Way, y si no hubiera ido, a los dos días hubiera tirado para Oviedo para ver a Sôber y poco después a Breed77, así que apunté la fecha en el calendario pero estaba un poco como curiosidad.
Y a la mañana anterior a hacerse el concierto, resulta que la promotora que los trae a Santiago me acepta las acreditaciones y de nuevo me dan pase de redacción. Mi reacción fue la de siempre: bloqueo, sudores, y querer preparar mil cosas a la vez mientras me olvido de otras tantas. Una de las dos más remarcables de las que me olvidé esta vez fue, una, avisar en el blog, y la otra, mirar si traían teloneros. Que ole por mí.
Así como lo supe empecé a preparar el concierto de In Flames en cuanto a sonido, costumbres, setlists, canciones y tal todavía sin acabar un poco de creérmelo. Cuando pude, llamé a David, y cuando pudimos, nos buscamos alojamiento en Santiago (la pensión a la que solemos ir durante el Rock in Way nos clavó con el precio del fin de semana, vamos a pasar un tiempo sin volver) y dejamos todo listo antes de la noche. En un principio, como In Flames no nos llamaba mucho a ninguno de los dos, dijimos que él no tenía que entrar en la sala, que iría yo y que él quedaría por Santiago. Pero le picó el gusanillo, sobre todo el de los teloneros (descubrió él que eran Noctiferia, yo ni idea), y acabó entrando conmigo. No se arrepintió, adelanto.

Entonces lo de “me quedan unos días de ganchillar y algo de tranquilidad” se acaba de ir al garete. Ahora mismo, tengo, de trabajo atrasado, rematar con la crónica del Rock in Way para enviarla cuanto antes y ponerme con la crónica de In Flames para que también esté pronto (mi primera gran oportunidad para lucirme, tanto en la cámara como en la redacción). Además, tengo un pedido de amigurumi que tengo que acabar YA, y aunque no cuento con que me lleve mucho, tengo que acabarlo cuanto antes, y ya sabemos cómo son las cosas con prisa y los imprevistos.
Me estoy muriendo de las ganas de subir las fotos del Rock in Way, y ahora que las tengo, las de Noctiferia y las de In Flames también, pero esperaré a que estén en The Drink Tim para ponerlas por aquí o por Facebook (vale, no lo pude resistir con esas dos de Sôber... xD). Entonces llevaremos una racha bastante cómoda de posts fotográficos xD

Tengo todavía que contar el mareo que me dieron en el Rock in Way con la acreditación, como si yo no estuviese trabajando igualmente, y no se esperasen unos resultados de mí... Estoy todavía cabreada con ellos, al igual que todavía sigo atontada con los de Sôber. Sin embargo, dándose las mismas situaciones en la Capitol con In Flames, la reacción de la organización y de los seguratas ha sido completamente diferente. Sin contar que en la Capitol todo suena mil veces mejor, se ve mil veces mejor, se siente como una masa, no como tú en un concierto, y ahora puedo descubrirlo, salen las fotos mil veces mejor. Por si alguien que me lee ha intentado sacar fotos en un concierto, solamente diré que la mayor parte de las fotos de In Flames están sacadas a una ISO 2500, f/5.3 y 1/200 o a incluso 1/320. Algo nunca visto y con lo que todavía estoy flipando. Sin flash, claro (hasta ahora mi experiencia con las cámaras me dice que odio el flash).

Inciso: a mi lado había una chica con una réflex (no pude ver modelo, la cinta decía que eran Canon pero nada más) sacando fotos todo el concierto (debía tener unos 1000gb de capacidad en la tarjeta de memoria xD) a modo automático y con flash. El flash lo sé porque se veía, y el modo automático porque se le veía en la pantalla cómo se le cambiaban los valores ellos solos. Una vez intenté usar el automático durante un concierto, y digo sin prepotencia que no sirve. Espero que por lo menos lo haya pasado bien intentándolo y que se atreva pronto a cambiar los ajustes a mano, o por lo menos si le gustan los conciertos. Yo me pregunto si previsualizó en algún momento alguna de las fotos que debía estar sacando, porque por más que lo pienso no me tiene sentido.

Así que aquí os dejo esta entrada “escribo muchas cosas pero realmente no digo nada”, a la espera de poder sacar un hueco, acabar las crónicas y dejarlas enviadas. Entonces volveré a hablar de mis cosas habituales, qué me pasó con Rayuela, además de resumen del Rock in Way, el concierto de In Flames sin tantos formalismos y lo que me vaya pasando estos días. Además, tengo que subir fotos de mi púa de Carlos, y de mi libreta de conciertos, que me la firmaron todos. Ahora voy bien acompañada a los conciertos :D

Pero como In Flames aún tienen algún concierto en Madrid por hacer cuando yo publique esto, añado: quien pueda ir, que vaya. Yo fui sin ilusionarme por todas las críticas que escucho sobre ellos, pero el directo es el directo y acabé saltando como el resto de la sala (llenaron la Capitol, unas 800 personas, decían). Si ya los conoces o no, si vas sin prejuicios y pasar una tarde-noche de metal, ve.

14 de septiembre de 2011

Eólicos

Mi rutina estos días, sin internet ni televisión y en pleno septiembre, es estudiar, estudiar, hablar con mis compañeras de piso, darle de comer a la cobaya y poco más. Por lo que, pese a que hace más de una semana que estoy en Coruña, no haya demasiado que contar. Únicamente me dieron acreditaciones para el Rock in Way de Santiago y al momento de escribir esto (viernes a las 12 y media del mediodía) todavía no he ido, así que supongo que cuando vuelva haré una entrada con las fotos y cosas que tenga. Posiblemente la deje programada para publicarse unas horas después de esta.. Esa frase la había escrito antes de ir al Rock in Way. Una vez vivido ese fin de semana, y vista la entrada anterior, la tengo que tachar, para decir: dejo esta entrada programada y otra contando las partes que menos me tocaron del Rock in Way para el día siguiente.
En medio del aburrimiento, me di cuenta de que tenía editadas algunas fotos listas para subir, pero que por lo que sea, todavía no están por aquí.

Las fotos son de una ruta con moto que hice con mi padre. Uno de los últimos días de agosto, cuando todavía no había empezado a llover, me dijo de irnos al monte de Muros, arriba de todo, junto a los eólicos. Dijo que nunca había ido hasta allí arriba pero sabía cómo se llegaba y así, y nos apuntamos mi cámara y yo. El sitio era espectacular y por tener poco cuidado me cargué la mayor parte de las fotos, pero estoy contenta con cómo quedaron las que se salvan.

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Luego bajamos hasta Muros, por el otro lado del monte, dimos un paseo, y como allí empieza a hacer frío, quisimos llegar a la puesta de sol en Ézaro. Llegamos justitos, pero unas nubes llegaron 10 minutos antes que nosotros y la acapararon toda, así que no tengo ni fotos, ni apenas nos quedamos a verla. Para otro día será, porque mi padre tiene curiosidad por ver cómo es la puesta de sol desde allí y seguro que vamos otro día. Y tras esta entrada atrasada, me pongo a pensar en la entrada sobre el Rock in Way y el sentirme ignorada, casi despreciada por la organización del festival, los conciertos aburridos, los concierto WTF y esas otras cosas que pasaron más allá de Sôber, que las hubo.

Más fotos la próxima entrada :D

12 de septiembre de 2011

Sôber en el Rock in Way

Ahora mismo tengo tres documentos de Word abiertos. Uno, con el borrador de la crónica del Rock in Way de este fin de semana pasado, otro con un artículo que estoy preparando para The Drink Tim que todavía no sé qué puede llegar a ser, y este, en el que vengo a intentar descargar la adrenalina que llevo juntando desde el viernes, y que no se quiere ir.
Antes de marchar para Santiago escribí una entrada de blog con fotitos del monte que decía algo de “me dieron acreditaciones para el Rock in Way de Santiago y al momento de escribir esto (viernes a las 12 y media del mediodía) todavía no he ido, así que supongo que cuando vuelva haré una entrada con las fotos y cosas que tenga. Posiblemente la deje programada para publicarse unas horas después de esta”. No me he podido aguantar y modificaré esa parte, porque sí han pasado cosas con el Rock in Way, y no puedo hacerlas esperar.
El festival en sí no fue demasiado. Grupos que no conocía y que a día de hoy sigo sin conocer o siguen sin interesarme. Choques con la promotora que hacen que tenga ese segundo Word abierto, frío y aburrimiento en general hicieron que, si no tuviera que trabajar, me hubiera venido para Coruña el viernes a la noche, porque más allá de los conciertos de Sôber, The Offspring, y las patatas de Gadis, casi todo el resto fuese prescindible.
Pero vamos por el principo.

El viernes, hasta poco antes del concierto de Sôber, aquello estuvo muerto. Y quien diga lo contrario es que miente o necesita un oculista. Hasta que empezaron Riff Raff (tributo a AC/DC) aquello estaba vacío. Tan vacío que estuvimos de charla con Sôber sin que nadie molestase (sí, has leído bien, pero eso viene más tarde).
Es decir, de las 4 y media de la tarde hasta cerca de las 9 y pico, casi 8, no llegábamos a las 500 personas allí dentro, a ojo. Es cierto que el recinto es grande y estábamos desperdigadas, pero frente al escenario y en las gradas tampoco se llegaba a las 200. Luego con The Offspring sí se petó.
Mientras algunos de los primeros grupos tocaban, o mientras acababan unos y no empezaban otros (que algunas veces no te daba tiempo ni a cambiar de escenario de lo rápido que iban) David y yo nos pasamos por los puestos de merchandising. Ya los conocíamos porque eran las mismas personas que habían estado en el Brincadeira hace unas semanas, y no les dimos muchas vueltas. Cerca de una carpa de Gadis donde podías posar con una gaita a cambio de una camiseta de Maloserá estaba el puesto de merch oficial. Tenían camisetas del festival, de Sôber, de algunos otros grupos, el Superbia a vender (en 3D también) y esas cosas. Pero vimos unos carteles que nos llamaron la atención “Firma de discos de Sôber el viernes de 19 a 20)”. Ojojojojo. Sabía que la iban a hacer en Getafe en el En Vivo al día siguiente, pero no había visto nada de Santiago. Ojojojojo.
Seguimos viendo los grupos hasta que llegaron al puesto, abrigados con manga larga y gorros (no los culpo xD). Alguna gente se acercaba a que les firmaran cosas, y mientras David compraba una camiseta que luego le firmaron, yo debí quedarme con cara de boba mirándolos durante un buen rato. Finalmente, nos acercamos a hablar con ellos y a sacar un par de fotos. Me daba vergüenza, pero acabé enseñándoles el tatuaje (no se lo esperaban xD), nos sacamos fotos con el tatuaje xD

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Esta está firmada porque va para el facebook de The Drink Tim :D

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Tras firmarme la libreta en la apunto las cosas de los conciertos para hacer las crónicas (ahora voy a ir bien acompañada muahaha) les dije algo de “me da algo de vergüenza, pero tengo que enseñarlo”, y me retiré el pelo. Hablaron todos a la vez, recuerdo haber escuchado algo de “¿pero por qué vergüenza?” y algo más, pero no sé más, la primera laguna del día. Luego dijimos de sacar una foto con el tatuaje a la vista, así que me coloco de frente a ellos, de espaldas a la cámara, escucho un “mujer, así no se ve” y noto como unas cinco manos que me cogen de los hombros y me giran. Yo me dejé hacer, me apoyé en la caseta para notar tierra firme, y de ahí hasta que le saqué las fotos a David tengo lagunas xD
Por no ser pesada luego nos fuimos a ver cómo acababan Riff Raff y bajar cerca de las 8 y pico al frente del escenario grande para poder ver bien su concierto. Había ya gente guardándose sitio para The Offspring (qué rabia me da la gente que no deja ver conciertos por otros que van a ser 3 o 6 horas después, como en el Sonisphere, que no disfruté de Gojira, Sôber y Arch Enemy por los pesados que querían ver a Slash), y no llegamos a primera fila, pero sí a pisar los hierros de las vallas en segunda, holgados. No tuvimos demasiada gente por detrás, o por lo menos yo no noté agobio, porque no miré para atrás.
No sé a qué hora empezaron porque estaba demasiado ocupada preparando la cámara (no me habrán dado la acreditación, pero por mis huevos que sacaba fotos), pero de nuevo, con el sonido de los carillones y la intro de Superbia salieron a escenario. Saltar, cantar, y pensar “la tía que tengo delante me va a odiar, pero que se joda”. Hicieron un setlist raro, que no esperaba para nada. Tocaron Diez Años, Paradÿsso y Oxígeno, pero no Fantasmas, Sombras o Tic Tac, por ejemplo. Acabaron con Loco, por ejemplo. Pero mi momento llegó a casi el principio del concierto. Sería la tercera canción, yo todavía tenía la cámara en la mano, y escucho que Carlos dice que van a tocar Umbilical. Solo fui capaz de pensar “la tocan, la tocan”, mientras dejaba de ver y guardaba la cámara todo lo recta que podía para empezar a saltar. No había empezado la canción, y sentí como una burbuja enorme me crecía dentro del pecho, hasta no caber y explotarme dentro, salirme por los ojos y no ser capaz de hablar. Lloré como una tonta durante todo Umbilical, sintiendo cada palabra como solamente se sienten las canciones en directo, preocupándome de que nadie me viera porque tenía que estar pareciendo muy tonta, y tampoco quería que nadie me interrumpiese. Es mi canción, es mi tatuaje, y aquella era mi burbuja.
Acabé la canción bastante recompuesta, pero como si hubiera durado 30 segundos. No recuerdo gran cosa de ella, salvo la sensación de burbuja, de estar botándome todo por dentro y de, irónico, querer que durase siempre.
Seguimos emocionados con el concierto, saltando, gritando, y dándoles golpes colaterales a los de delante. Al ver que colocaban los tambores para Manu, y como sabíamos lo que iba a pasar, saqué la cámara compacta y se la di a David, mientras preparaba la mía para sacar las que al final fueron las mejores fotos de todo el fin de semana. No digo nada más porque hay gente que los va a ver en unas semanas, y quiero que, si todavía es posible, se lleven la sorpresa. A lo mejor sube David el vídeo a Youtube, yo recomiendo que quien vaya a verlos en directo no lo vea todavía. Es mejor sentirlo sin conocerlo.
El concierto se acabó demasiado pronto, como siempre. Cumplieron, se lo pasaron bien (se les veía, aunque también se notó que estaban pensando en el concierto del día siguiente y no se cansaron demasiado) y me dejaron agotada pero a la vez recuperada. De algo. No sé lo qué.
Mientras saludaban a la gente, repartieron las pocas púas del día. No llegué a coger la de Jorge (de Antonio ya tengo dos, aunque no de esta gira), y cuando se acercó Carlos no fui capaz de controlarme y me lancé contra el huequito de valla que tenía al lado, apartando, posiblemente con dolor, a la chica que tenía a la derecha. Le estiré la mano a pedirle la púa, y tiró algunas hacia mi zona, pero no llegaron hasta nosotros y las recogió un segurata. Estiramos varios la mano, entre ellos la chica que a esas horas debería estar odiándome, y para mi sorpresa, el segurata esquiva la mano del tío que tengo a la izquierda, mientras la chica le dice “a ella, a ella”, y el tío me la coloca en la mano. Tuve que abrazarla. No la quería porque su pelo se había colado en varias de mis fotos y no me había dejado valla, pero me acababa de poner en la mano una púa de Carlos. Tuve que abrazarla mientras le decía varias veces “gracias, gracias”.
Triángulo de amor bizarro empezaban en el escenario de abajo, y mientras iba poniéndome la cabeza en el sitio dimos un par de vueltas a ver cómo estaba el tema comida y decidíamos sentarnos en las gradas para ver a The Offspring, los siguientes.

Llegamos a la pensión donde dormimos unas horas después, cerca de las 2 de la mañana. Recuerdo que mientras David iba al baño saqué la púa para hacerle un par de fotos, y no sé cómo describir la sensación de tocarla allí, con tranquilidad. Verla, saber que estuvimos con ellos casi en familia, que ahora van en mi libreta de conciertos, que les gustó el tatuaje y no me trataron como la loca que a lo mejor soy, que me tocaron, que volví a verlos en concierto, que tocaron Umbilical y que esa canción me llega mucho más de lo que pensaba.

El viernes, antes de ir a Santiago, me levanté con la misma cara que cuando me desperté antes de salir para el Sonisphere, o el octubre pasado. Esa cara de “hoy los vuelvo a ver”. El sábado me desperté con la sensación de estar muy contenta, de haber vuelto a soñar con ellos (esto ya a lo loca perdida), de haberlo pasado genial y que el sábado iba a ser aburrido y seguiría peleándome con Last Tour por ponerme todas las complicaciones que pudieran, pero había valido la pena por el concierto, por verlos, por estar con ellos y por tener la púa.
Ahora a esperar a que las fechas que van confirmando en la gira pasen de nuevo por Galicia. Y volver a tener esa sensación de que el mundo se acaba en los laterales del escenario, que más allá de las puertas, de las verjas, no hay nada más.

5 de septiembre de 2011

Desaparecida llamando a Tierra

Aquí sigo, incomunicada temporalmente. Como avancé en Twitter cuando me pasé por la Facultad a buscar unos libros, mis vecinos no tienen internet que robar. En realidad sí hay, pero no sé si valdrá la pena, porque a mi habitación llega poca cobertura, cuando llega, y de solo una línea. Todavía falta una chica por llegar al piso (somos 3 este año), pero le vamos a proponer contratar una línea básica, posiblemente con R, que tiende a ser barato. Si no, me veo como en 1º de carrera, que no tuve internet más que en la Facultad. Y hasta ahora fueron mis mejores notas, así que no sé si me compensará en ese aspecto. Además, este año tengo bastantes horas libres entre clases, que podría aprovechar para cubrir los “compromisos” que tengo con internet (The Drink Tim, los blogs, etc.). Todavía no tengo nada claro, primero tendremos que hablar con esta chica, a ver qué le parece. Y si sabe si este piso tiene instalación de teléfono, cosa que dudo.

El piso es más o menos como esperaba, según lo que vi cuando vine a alquilarlo. Es viejo, pequeño, incómodo. Como ya dije cuando lo alquilé, me conformé con este piso, no lo elegí. No voy a decir que es el peor piso en el que viví porque el de 1º debería estar calificado como “no-habitable”, pero hay mucha diferencia entre los pisos de estos dos últimos años. La cocina es tan pequeña que en el fregadero, de ancho, cabe un plato. Y tenemos suerte, porque al lado hay un pequeño espacio, justo para un escurreplatos. Pegado a ese pequeño hueco, hay un mueble de fogones, con un horno (todo de gas, voy a pasar hambre este año xD). A su lado, otro pequeño espacio, que tiene el hueco justo para apoyar un plato, y sobra un poco para tener los botes con las especias (no especiEs, estoy cansada de escuchar lo de especiEs).
El baño es más o menos lo mismo. Tiene una bañera justita de tamaño, pegada a ella el lavabo, tan pequeño que cabe un vaso con cepillos de dientes, una pastilla de jabón y nada más. Aún la casera se las apañó para poner una estantería esquinera detrás de la puerta y ahí le ganamos un poco de espacio, pero es todo muy justito.
Sin embargo, mi habitación es de las más grandes que tuve hasta ahora. Tengo una cama de 90, un mueble con armario, cajones y una pequeña estantería; y aún tengo sitio para traer mi estantería, mi mesa de estudio (también hay una aquí), y sitio de sobra para la cobaya y todas las cosas que trae (las bolsas con comida, sobre todo).
Una cosa que me preocupa a largo plazo, es que el salón es una habitación interior, sin ventanas. Mi habitación y la cocina dan al patio de luces (estoy en un 1º, el patio es nuestro), y las habitaciones de las dos chicas dan a la calle. Es decir, o invado sus habitaciones, o no voy a ver la calle desde la ventana en todo el curso. Espero no sentirme encerrada y acabar agobiándome, aunque de momento solo me afecta en el sentido de que escucho llover en el patio y no puedo asomarme a ver si está lloviendo de verdad, ni sé qué día hace para vestirme por la mañana.
Los vecinos son una caja de sorpresas. Llevo aquí tres días, y no sé si he visto de todo, pero espero que con el paso de los meses no empeoren o paren de hacer cosas raras. De principio, el patio nos divide el siguiente patio por un murito de medio metro de altura. Es decir, cuando el vecino sale a su patio, parce que está dentro del nuestro. En la cocina no tenemos campana, por lo que cocinamos con la puerta de la terraza abierta... y vemos de cocina en cocina, nos escuchamos de cocina en cocina. Ya nos saludamos y todo.
El otro vecino que me dio una sorpresa (creo que en realidad es vecina) es un flautista. Empieza a tocar la flauta a las 4 de la tarde y acaba entre las 10 y las 11 de la noche. El viernes pasó la tarde practicando la escala. El sábado estuvo con otra cosa un poco menos rayante, pero escuchar las mismas notas durante 6 horas acaba cansando. Es un vecino del 2º, probablemente toca la gaita y en casa practica con la flauta. Y ya le vale xD
Y los otros vecinos que hacen cosas raras son unos con los que también compartimos patio, pero son de otro edificio, por lo que nos quedan un poco lejos, aunque igualmente los escuchamos hablar si tienen la puerta abierta o están en la calle. Estos son también musicales, pero en el sentido de tener la música puesta alta, dentro de casa, y escuchar nosotros lo que tienen puesto. El sábado a la hora de comer tenían puestas rancheradas. Creo que no hace falta describir mucho más.

Mis compañeras de piso... creo que va a ser un curso muy largo. De momento solamente conozco a una, pero creo que la conozco lo suficiente como para saber de qué va. Todavía no puedo aventurar mucho, pero su rasgo más característico es que habla, habla, habla, habla, habla. Conozco gente que habla mucho, pero lo de esta mujer es exagerado. En tres días que llevo compartiendo vida con ella sé cómo es su familia entera, sus perros, su hermana, los animales que tuvo, cómo es su trabajo (durante el verano trabaja), cómo son sus profesores, cómo era cuando era pequeña, cómo son sus amigas, cómo es el gimnasio al que va... todo. Por ejemplo, el otro día llegó de trabajar cerca de las 10 y media de la noche, estaba haciendo un descanso de estudiar, entró en mi habitación, me iba a contar una cosa rápida y acabamos yéndonos a dormir a la 1 y pico de lo que se había enrollado. Además, me jode, por lo que estoy viendo, que habla por hablar muchas veces. Te empieza contando una cosa, salta a otra, y nunca te acaba de contar lo primero. Que si buscas compañía no importa, pero si la conversación empezó en una pregunta que le hice yo, porque me interesaba la respuesta, voy jodida.
Además, creo que es una mujer de mucha fachada. Tanto me dio tiempo a conocerla en tres días de todo lo que me cuenta. Cosas que casi se contradicen, cosas que dice pero que no hace, y sobre todo, lo que calla. Manías de filóloga de analizar el lenguaje y la expresión, pero es la impresión que me da.
A ver cómo es cuando llegue la otra chica, si podemos repartirnos para que desahogue sus verborrea toda, porque, apenas van tres días, y a mí ya me tiene agotada. No exagero, es demasiado.
Por ejemplo, el sábado vino David a comer. Ella se preparó la comida antes de que llegase él, y cuando llegó, ella ya estaba comiendo. Pues David vino, se acomodó, hizo la comida, nos pusimos a comer, acabamos de comer, estábamos con el postre, y ella seguía con el plato a medias, no le había dado tiempo a comer.
Y de lo que es todo fachada, estoy casi segura, pero necesito un par de días más para comprobarlo. Va a influir sobre todo la otra chica, lo que diga ella, lo que haga ella.

Por el resto, no tenemos internet, pero tampoco televisión. La otra chica la dejó dentro de su habitación antes de marchar sin darse cuenta, y la cerró con llave. El martes o miércoles llega, entonces la sacará. Mientras, Sims, libros (acabé Dime algo sucio, como estaba previsto, y empecé Rayuela, que, tengo que darle a otra oportunidad, pero creo que fue un error xD)... y ni siquiera ganchillo, porque me traje las lanas y todo, pero me dejé los ganchillos en casa. Hoy domingo creo que viene mi hermano a Coruña y le encargué que me los trajese, a ver qué pasa.

Vosotros sed buenos en mi ausencia, y no traigáis muchas novedades, que luego no me doy puesto al corriente de todo.

3 de septiembre de 2011

Dime algo sucio

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Mi historia con Diego Ameixeiras se remonta a 1º de bachillerato y creo que ya la conté suficientes veces, así que no voy a entrar en detalles.
Hace unos meses fui a La Casa del Libro a por el pack de los libros de Charlaine Harris (los tres últimos con los que hice entrada sobre literatura, más dos que están esperando a que terminen las temporadas de True Blood >.<), y no los tenían. Sin embargo, sí tenían Dime algo sucio, de Diego Ameixeiras. Acostumbrada a las tiendas de libros de 2ª mano, me pareció un poco caro, sobre todo para haberlo leído ya gracias a la biblioteca, pero supe que iba a valer la pena, y me lo traje para casa.
Tras saciar momentáneamente la sed de vampiros, me puse a releerlo. Como se puede ver en la barra que tengo a la izquierda en el blog, es la segunda vez este año que me lo leo. Y no me cansa. A la hora de escribir esto no he acabado de leerlo completamente por segunda vez, pero me es igual.

Sinopsis
Dime algo sucio nos presenta un mosaico de vidas corrientes. Una quinceañera, un taxista, un hombre negro, una mujer que sufre una ruptura... a lo largo de 100 capítulos cortos, dispuestos sin un orden aparente, el libro te adentra dentro de las rutinas, de momentos de cada vida, de cada personaje. Aparentemente no tienen nada que ver, pero sus vidas se cruzan, a veces con más repercusión que otras. Con cada flash, de cada personaje, vamos conociéndolos un poco más, en sus momentos más íntimos, violentos, agresivos, relajados, y a veces, pervertidos.
No es una novela al estilo de las de Horacio Dopico, pero la prosa de Diego Ameixeiras no se pierde. Hay momentos relajados, momentos tensos, momentos intrascendentes, y sobre todo, momentos de pasajes preciosos, melancólicos, momentos de “demoliciones interiores”.

Valoración
No voy a decir nada nuevo si digo que amo los libros de Diego Ameixeiras. Como no iba a ser una excepción, este me ha encantado (además, lo estoy leyendo por segunda vez, no es una sorpresa). Cambia totalmente en lo que era Tres segundos de memoria, y también bastante respecto a los de Horacio Dopico (Diego me perdone, no he tenido oportunidad de leer Asasinato todavía xD), aunque mantiene un poquito ese tono de novela negra.
Cambia la temática, cambian los personajes, y cambian, eso sí, las tramas. Sin embargo, esa prosa poética sucia desencantada que tiene, y es lo que me enamora de él, se mantiene. Copié un par de fragmentos en la entrada de ayer (si alguien se atreve a leer en gallego xD), que, si bien no es continua esa clase de expresión, tampoco son los dos únicos aislados de ese estilo que hay en Dime algo sucio, ni en el resto de su obra.
En algunos otros momentos se recrudece un poco, respecto a lo que había leído antes de él. Las escenas de violencia y sexo son muy explícitas (copiaría algo, pero blogger me cerraría el blog por contenido inapropiado xD), algo que no me esperaba, pero que encajan en el libro, ayudan a caracterizar a los personajes, y, especialmente las que tratan sobre violencia, le dan forma al libro, a que tenga ese punto de novela negra que decía antes. Sin esos capítulos sangrientos y desgarradores el libro tiene otro color.
La manera de disponer los pequeños momentos relatados también me gustan. Es más, creo que no se puede entender este libro sin esta clase de disposición. Se desvirtuaría, tendría que narrarse de otra manera, cruzar a los personajes de otra manera, y se perdería lo que lo hace tan diferente. Además de tener que poner a funcionar la cabeza para, en cuatro líneas, ser capaz de ubicar en la línea cronológica el fragmento que estás leyendo.
Para resumir, me ha encantado. Por todo. ¿Algo que no me gusta? Un par de personajes no los encuentro tan interesantes como al resto, pero eso es todo.

Valoración
9 de 10.

2 de septiembre de 2011

63

Silencio e inquietude. Desconfiar da claridade absoluta. Iso fixo o home da cicatriz anos atrás. Mais tamén entende que, en ocasións, non é un mal exercicio lembrar con frialdade de forense. Observarse dende unha longa distancia, vivindo tantas vidas estrañas, interpretándose a si mesmo con pouca convicción, como un mal aprendiz. Volve entón sobre os seus pasos mentre observa a Chazz Palmiteri, volve sobre a súa biografía e regresa a ese días amargos en que un evita pisar certas rúas, certos bares, evita respirar porque todo se vén abaixo. Canto todo recorda a alguén. Cando un asoma ao seu interior como a unha fiestra ardendo e entende a palabra expolio. Cando un esperta pola mañá e, ao abrir os ollos, ten a sensación de estar asistindo a unha desas demolicións de edificios que ás veces pasan por televisión. Eses días en que as cidades teñen ollos por todos lados e están cheas de feridas e sombras. Eses días en que o tempo se detén e viste a atmosfera coa densidade dunha ausencia.
Na pantalla, Sonny/Chazz Palminteri dá marcha atrás co seu coche e dille a Calogero/Lillo Brancato:
-Un home só pode ter tres grandes amores na súa vida. Aparecen como os grandes boxeadores, un cada dez anos. Rocky Marciano, Sugar Ray Robinson, Joe Lewis. Ou poden aparecerche todos á vez, como a min. Eu tiven os meus tres grandes amores aos dezaseis anos. E que lle vas facer. A vida é así.
O home da cicatriz érguese e deixa a pistola sobre o sofá. É hora de comer.


40
Xa nin lembra a primeira vez que unha tarde de chuvia se converteu nunha metáfora, nin a primera vez que rompeu unha fotografía, nin a primeira vez que paseou pola cidade pozo como unha somnámbula. Tampouco lembra a primeira vez que observou a súa cara reflectida no espello, pintada para saír, alguén agardando no portal, e adiviñou aterrorizada o sorriso do rostro orixinado.
Puxo música cando profetizou a chegada do terremoto. Shake some action. Ánxela xira cada vez máis rápido sobre o colchón, cada vez máis rápido. Non quere parar, sente o tacto vicoso dun réptil na planta dos pés e berra con todas as súas forzas. As paredes do cuarto tranfórmanse nunha masa informe, bretemosa. Coma un filme que pasa a toda velocidade. Cada vez máis rápido, máis rápido. Maréase. Ánxela precipítase ao chan como a carga pesada dun saco roto. A música segue soando. O impacto foi forte, un estoupido seco. Querería seguir bailando ata ficar exhausta, mais só consegue pechar os ollos e provocarse unha pequena fenda na cabeza que non necesitará sutura. Ánxela xa non está pensando en nada, e parece consciente desa marabilla que leva desexando dende a adolescencia, cando alguén lle dixo que levaba impreso na cara o sufrimento de quen se busca demasaido. Shake some action.

Quién no se enamora de esto.