11 de marzo de 2012

La experiencia en el Joana’s Market

Hace un par de semanas me enteré de pasada por un blog de la próxima celebración de un mercadillo de artesanías y segunda mano en un bar de Coruña. Luego me enteré de que los dueños de ese blog son los organizadores, así que tampoco fue tan de pasada xD
Dentro de un bar donde ponen música (me tenía pinta de jazz, blues y algo de soul, pero luego resultó que ponían de todo –desde cumbia a música pop árabe, todo es TODO), el segundo sábado de cada mes organizan este mercadillo. Artesanos, gente con cosas de segunda mano (sobre todo ropa), algo de comida, música de fondo y en directo hacia el final del día, y servicio de bar normal, todo junto. Pensamos que era buena idea ir, que no perderíamos nada, y nos apuntamos.
Sería un maratón de horas allí dentro, pero pensamos que conoceríamos gente, y era una manera diferente de pasar un sábado. Además de la última oportunidad de ir a algún sitio antes de centrarnos completamente en el ExpOtaku.
Había que llegar a las 11 de la mañana para montar, y tener todo listo para abrir oficialmente a las 12. Como nosotras no tenemos mucho montaje más que la propia mesa, nos permitimos ser un poco flexibles con el horario y llegamos a las 11 y media. Montamos en menos de un cuarto de hora, y aún así no fuimos las últimas en llegar, aunque por poquito.
De allí hasta que dieron las 9 de la noche y empezamos a recoger no pasaron muchas cosas. Esperar, mirar, saludar a la gente, hablar entre nosotras, y volver a esperar. Teníamos por lo menos un sofá cómodo para estar sentadas, pero en serio, lo más entretenido que pasó en todo el día, para mí fue ir a coger comida e intentar no pringarse con la mayonesa del bocata luego, y para Iris ir en busca del baño, que estaba escondido y tenía un cartel confuso.
Realmente, no vendimos nada. Yo vendó una zanahoria y nada más. Iris por lo menos un par de pares de pendientes y un anillo. Eso en 10 horas de gente desfilando por delante. Pero el no vender es lo de menos. Es la sensación general del día lo que me lleva a pensar que fue un fracaso, que me lleva a estar desanimada y a darme cuenta de todo el dinero, tiempo e ilusión que vierto en esto. Y no me siento nada gratificada. Sé que no siempre va a ser así, pero eso no deja de fastidiarme.
Lo que más me molestaba, estando allí, era que nuestra mesa estaba al lado de la puerta, de lado. Como estábamos tan cerca y de lado, la mitad de la mesa más cercana a la puerta la cogió Iris, y la mitad más alejada yo. Principalmente porque el amigurumi es más gordo que el fimo, y si lo poníamos al revés yo taparía completamente lo suyo. Continuando con nuestra mesa estaba la de otra chica, ilustradora, con broches, horquillas y allí (muy maja, una de las pocas impresiones positivas del día). Pues la gente, por lo general, lo hacía, era entrar por la puerta, mirar el fimo de Iris, pasar los ojos por él, seguir el recorrido hacia el amigurumi, mirar los primeros que tenía expuestos, y luego saltar directamente a la mesa de la otra chica. Ni se molestaban en mirar. Así, todo el día. Solamente los niños pequeños se pararon a mirarlos, dos personas tocaron alguno de los llaveros que tenía, y una chica de nuestra edad señaló al gato grande que llevé y dijo “mira, qué mono”. El resto, indiferencia total.
Lo que más me dolió, fueron las señoras que miraron a los peluches y dijeron “mira, ganchillo, ¡eso lo puedes hacer tú!” y se rieron. Sé que no se reían de ellos, ni de todas las horas que paso haciéndolos, sé que se reían de la tontería de “ay, qué ocurrencia, como ganchillo, también puedo hacerlos”. A ver, señora de mierda. Me da igual, voy a llamarla señora de mierda. Tras ese osito de un solo color, de apenas 10cm de alto y con una cara bordada simple, hay cientos de horas de esfuerzo. Si tan fácil parece, señora de mierda, empiece por rastrear youtube buscando un vídeo que le enseñe a hacer el anillo mágico, luego pase horas practicándolo. Luego, investigue qué aguja se le da mejor, qué lana se ajusta a esa aguja, al precio que puede gastar, a los materiales que se adaptan mejor a un peluche, y luego que haya variedad de colores. Rastree blogs, páginas web, libros, links, tiendas en etsy, perfiles en deviantart, en busca de un patrón que le guste. Aprenda a leer el patrón. Rastree aún más profundamente blogs, google, etsy, ebay y todo sitio imaginable para encontrar unos ojos que no vayan a precio de oro. Busque una tienda o lugar donde le vendan el relleno. Aunque para eso, primero tendría que saber de qué van rellenos. Abra un blog, una página de Facebook, una tienda online (a veces más de una), un correo propio para la tienda. Pase las 3-4 horas necesarias para tejer el propio peluche (si es que a estas alturas “amigurumi” sigue siendo una palabra muy complicada). Luego, suscríbase a decenas de blogs y páginas de la zona de Coruña, artesanos, tiendas y demás gente y busque un mercadillo al que asistir. Consiga mantel, caballetes, un tablero para la mesa, tarjetas de visita, tarjetas de precios, bolsas, etc. Y en el momento que esté sentada en el mismo sitio donde estoy yo sentada, entonces A LO MEJOR permito que se ría delante de mi trabajo.
VIEJAS DE MIERDA, COÑO.
Horas, horas y horas semanales empleadas en el amigurumi. Haciéndolo propiamente, como actualizando Facebook, el blog, manteniendo contacto con más gente; como caminando de ida y vuelta a comprar lana o materiales; como buscando patrones o adaptándolos. Y luego, el rastreo de mercadillos, exposiciones, salones del manga, y las decepciones de ver sitios a los que ir y no poder moverse, por lo que sea. Y cuando por fin encuentro un sitio al que puedo ir, me reciben así. Para eso me quedaba en mi casa y ponían en mi hueco otra tía con ropa suya de segunda mano, que seguro que les gustaba más.
Tengo en cuenta la clase de público que se acercó hasta allí. Según las estadísticas de Facebook y de mi experiencia, el amigurumi gusta a la gente de entre 15-30 años, es raro que gente mayor se fije, aunque hay casos. Lo que más vimos durante todo el día, sacando los amigos perroflautas de los artesanos perroflautas que se apuntaron también, fueron señoronas. Y lo de señoronas solamente se puede entender si has estado en Coruña y las has visto. Señorona, dentro de Coruña, significa una señora de entre 50-80 años, repintada como una Barbie de los 90 (labios rosas, ojos azules), pelo con permanente de peluquería, normalmente teñida de castaño claro, uñas grandes y pintadas, vestidas de marca, con collares gordos de oro, pendientes del tamaño de almejas de oro, gafas de sol si hace algo de sol (o no), y grandes abrigos de pieles. Que a lo mejor viven con una pensión de 600€ al mes, o viven de sus hijos, pero el aparentar no se lo quita nadie. Qué se puede esperar de ellas, de todas maneras.

De bueno, el día solamente tuvo el estar hablando con la chica de la tienda de al lado, muy maja, y el conocer a la chica de V de Vegetal. Iris se apuntó a un curso suyo de cocina natural y tal, y ya me contará qué tal, pero la chica muy maja. Nada más empezar el día, así como tuvo un hueco (es lo que tiene estar sirviendo comida, te acapara la gente), se nos acercó y nos dijo “os gusta el rock, verdad?”, y ya nos pusimos a hablar. Que está en un grupo de rock, que si nosotras somos redactoras… e intercambiamos direcciones y tal. Luego nos dejaron probar algo de su tarta de algarroba, algo muy curioso xD
Y poco más nos ofreció el día. Los organizadores, gente ganchilladora de Coruña, ni se acercaron a saludar ni nada, se dedicaron a estar en su mesa, y solamente pasaron para cobrar la participación. El resto de artesanos, salvo las dos chicas con las que compartíamos los inmediatos 3 metros cuadrados, ni hola.

Me voy decepcionada de allí. No sabía si iba a vender, ni siquiera si quería vender (reponer para el Expotaku, además de desprenderme de algunos muñecos a los que les tengo cariño), pero lo que quería era pasar un día entretenido y hablar con la gente. Necesitaba un golpe de ánimo y de autoestima, algo que me ayudase a afrontar los 3 restantes meses hacia el Expotaku con todo lo que hay que trabajar con una sonrisa y con más ganas aún. No lo he conseguido. Como mucho, me llevo las nulas ganas de volver a un sitio así, y empezar a dedicarme, aunque salga más caro, a ir de salón del manga en salón del manga. Seguir con la venta por internet aunque cueste más y sea más lenta, y salones del manga o cosas así.
10 horas que no se pasaron como una eternidad, pero que tampoco fueron rápido. Un sábado completamente perdido, que me dejó físicamente agotada, por lo que el domingo también lo perdí. Como error de novata, no me llevé el ganchillo ni nada, así que ni siquiera tengo cuadrados nuevos para la manta ni nada así.

Ahora, otros 15 días de actividad “normal”, acabar el pedido para la tienda de Barcelona, y nos ponemos en serio con el ExpOtaku :D

1 comentario:

La Petite Poupée dijo...

Por buscarle el lado positivo: seguro que en el Expotaku lo pasáis de muerte, y más material para esos días ;)

Besos y ánimo^^