26 de septiembre de 2011

No hay título para esto

Ayer fue un día raro, de contrastes, de vacío, de mentes en blanco, de no saber qué pensar ni saber qué estoy sintiendo.
Como le pasa a tanta otra gente, estaba apenas empezando el día cuando me llamaron por teléfono y me dieron la noticia que lo cambió todo. La llamada prototípica pero que cada vez es diferente, la llamada que todos hemos cogido alguna vez y en la que pensamos “no puede ser, tiene que ser una equivocación, dentro de un rato me llamarán para decir que no era real”, pero pasan las horas y nadie se retracta. Solo hay pésames, recuerdos y más mentes en blanco. Mientras sigues pensando que eso no puede estar pasando.
Al contrario que en 1º de carrera, no me lo esperaba. La llamada que me dieron en 1º de carrera fue más devastadora, pero quizás más esperada. Promesas, locuras, irresponsabilidad y una sensación aplastante de “a mí no me va a pasar” culminaron con esa llamada de diciembre. Pero esta no me la esperaba, es injusta, dolorosa y nuevamente injusta.
Si hay algo en lo que llevo pensando todo el día es que no importa que seas bueno, seas malo, vago, esforzado, inteligente o tonto. Que seas ingenioso, alegre, participativo, bromista, agradable... como eran ellos. Todos somos igual de frágiles y no hay nadie que diga “tú te lo mereces y tú no”, y que todos podemos desvanecernos por igual. Sin una razón, sin esperárselo, y, sobre todo, sin merecérselo.
No importa el tiempo que pases intentando hacer con tu vida lo mejor que puedas, no importa que estés llevándola bien, que luches por lo que quieres, que disfrutes de tus días; no importa el esfuerzo invertido en construir tu día a día, porque en dos segundos se puede desvanecer. No importa, nada va a hacer que te quedes un día más. Nada va a impedir que seas igual de frágil que el resto de nosotros. Nada va a sujetarte.

Egoístamente, no me da igual, pero no me duele. Quizás he perdido a tanta gente que ya no es tan fácil que me duela. Pero quizás por eso mismo pienso en esos dos hijos únicos, en esas dos familias y en ese grupo de amigos donde ahora habrá dos huecos para siempre. Pienso en amigos míos que eran amigos suyos, y aunque estuviera ahí no sabría qué decirles. Pienso en la gente a la que sí le está doliendo y me siento inútil. Pienso en ese tercer ocupante y los recuerdos que le quedarán para siempre de estas fiestas. Y ahí es dónde me duele. Porque he estado ahí muchas veces, pero sigo sin saber qué decir. Pienso en la gente cercana a esos dos hijos únicos y necesito un abrazo.
Y aquí estoy. Frágil, a 100 o casi 1000km, y habiendo compartido momentos y amigos con ellos, pero no confianza. Pensando en que no importa qué seas ni lo que hagas en tu día a día, porque eres igual de fácil de romper que el resto. Que no es necesario que lo merezcas o que se viera venir, porque nadie es impermeable, nadie es inmortal. Nadie es intocable.
Y eso es lo que me asusta ahora.

No voy a escribir “están en un lugar mejor” porque no hay mejor lugar para ellos que sus casas, sus carreras, sus amigos, sus pueblos. No lo merecían porque éste es su lugar.

2 comentarios:

((*natsi*)) dijo...

vaya lo siento mucho siempre es duro perder a alguien cercano, así que mucho animo guapa y a seguir adelante u.u

La Petite Poupée dijo...

Lo siento mucho, Anxo.

Es muy duro, pero hay que seguir adelante, apoyarte en quienes te rodean y continuar.

Un abrazo muy muy fuerte y muchísimo ánimo, preciosa!!! Besotes!!!