4 de noviembre de 2011

Fe de erratas

Hace unos días escribí, entre enfurecida y un mal día (lo que no quiere decir que aún apoye todas y cada una de las palabras que puse) una entrada rabiosa, poco documentada, dirigida a dos personas, aunque a una más que a otra. Han pasado los días, he visto el resultado de ese “trabajo” del que hablaba, y tengo que admitir que me he equivocado.
Escribí basada en suposiciones. Intuía que con mucha seguridad alguien había hecho un trabajo que quería hacer yo, pero no sabía exactamente quién. Quise tirar de la buena fe de mis “amigos” y supuse que una persona, esa “pedazo de attention whore” lo había hecho sin preguntar.
Bueno, hoy podría volver a repetir la entrada cambiándole un par de cosas, porque ella no ha tenido nada que ver. Ha sido uno de esos “amigos”, alguien que estaba avisado de que yo quería ese trabajo, quien, con toda la cara del mundo, lo ha hecho. Es una de esas personas que puse en la otra entrada cuando me refería a “Que he hecho que gente haga sacrificios para poder vivir yo esa experiencia y vas de lista y te la agencias tú”. Bueno, parece que no se habían hecho tantos sacrificios.
Como se puede intuir por las mayúsculas de Twitter al enterarme (hablé de él como “mono del carallo”) me enfadé mucho. Y es cierto. Pero pasadas las horas, examinado su trabajo, estoy entre desconcertada, traicionada, decepcionada y esa sensación de ver a un niño tonto hacer algo que no puede y decirle “ay, pobriño”.
Entonces, digo públicamente que me equivoqué en esa entrada pasada, especialmente en el párrafo que empieza con “Así que tú, puta inútil”, y termina con “Porque de donde no hay no se puede sacar, y en el fondo tienes que sufrirte a ti misma todos los días”. El parrafito que le sigue lo mantengo.

Me siento traicionada. Sé que mi actitud de no dejar que nadie más hiciese ese trabajo es una actitud egoísta, pero me parece también mucho más egoísta saber que yo quería hacerlo, que es importante para mí, y a las putas y a las callando, él lo haya hecho. Es más, preguntó si alguien más lo iba a hacer, se le respondió “se lo estamos dejando a Anxo”, y lo hizo sin decir nada. Y porque a veces me siento una acosadora y parece que tengo cuatro ojos y me entero de todo y estaba preparada para lo que vi hoy, porque me hubiera caído completamente de sorpresa.
Cuando sabía que alguien lo había hecho pero no exactamente quién, pensé que si lo hacía él, por lo menos lo haría bien. Pero ésa es la parte que me tiene desconcertada: lo mal que lo ha hecho. No hablemos de la parte gráfica del trabajo, que ya sabía que iba a dejar mucho que desear (esa parte gráfica son mis borradores, lo que hago y descarto porque me daría vergüenza ajena enseñar), si no de la parte escrita. Es una persona que considero que sabe mucho más que yo, que tiene mucho más rodaje que yo, y que podría escribirlo mucho mejor que yo, aunque nuestras opiniones sean diferentes (que lo son, y mucho). Pero lo que me ha chocado es que no solamente la parte gráfica ha ido como el CULO, si no que la redacción se podría corresponder a la de un niño de 2º de ESO.
Y me duele porque sé que es una persona universitaria. Una persona con título enfocado a la enseñanza, y que supongo que en un futuro querrá dedicarse a dar clase. Me decepciona tantísimo como persona que es, como futuro profesional, y como producto de la Universidad española que alguien de su nivel de estudios redacte de esa manera que creo que no puedo explicarlo. Por eso no monto en cólera como la semana pasada. Este desconcierto de que alguien que haya acabado una carrera no sepa usar el punto y coma, de que tenga una sintaxis de risa, de que no sepa redactar nada con sentido más allá de dos subordinadas consecutivas... y sobre todo, que al repasar lo que ha escrito no se dé cuenta de que tiene frases-párrafo que no tienen ninguna clase de sentido, o no sepa corregirlas.
No estoy de acuerdo en la mayor parte de las cosas que ha dicho en su trabajo, pero estoy tan desconcertada por cómo lo ha dicho que no sé qué concepción voy a tener de él en el futuro. Antes lo respetaba como una persona que sabía más que yo, alguien de quien aprender. Pero es que se me acaba de caer el “mito” y acabo de perder un montón de fe en la humanidad, así, en cinco minutos.
Sabía que era una persona con pocas aptitudes sociales, que a veces tiene comportamientos completamente inexplicables, más propios de un niño de 12 años que de alguien de su edad. Pero pensaba que dentro de su cabeza las cosas funcionaban de otra manera. No quiero repetirme demasiado, pero tengo que volver al “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo” de Wittgenstein. Le dimos muchas vueltas a esta frase en Filosofía de 1º de bachillerato, tantas que no recuerdo todas las conclusiones. Pero la básica es que, más allá de lo que no puedes pensar, para ti, no existe. Una persona que no tenga ninguna clase de lenguaje (organizado o no) sobre un ámbito concreto, ese ámbito no existirá para él, tendrá su conocimiento, su mente y su mundo, cercados. Yo le doy otra vuelta y creo que quien no tenga un lenguaje organizado, siempre tendrá su mundo cercado. Alguien que no es capaz de enlazar tres frases, dos conceptos, u organizarlos de manera clara, no puede tener las cosas en paz dentro de su cabeza, algo falla. Por eso le doy tanta importancia al lenguaje y a todo lo que tiene que ver con él: dice mucho de cómo somos, de cómo pensamos, de nuestras capacidades. Y en el fondo hacer un trabajo del estilo que hizo él no es difícil sin tener tantos errores y problemas.
Pero pasan las horas, y tras pensar en todo lo que sé de él, casi me extraña que no haya caído en esto antes. El desconcierto y la decepción están dando paso a ganas de venganza, de revancha. La más clara la tendré dentro de unos meses, cuando se vuelva a presentar la oportunidad de hacer ese trabajo, y yo lo vaya a hacer. Porque esto no es una sola oportunidad en la vida, si no que, si sale todo bien y no hay ninguna desgracia por el medio, será algo que se pueda repetir. Y ahí estaré. Y el mayor zasca será hacerlo mejor, sin necesitar aprender de él. Pero hay muchas más cosas que puedo hacer en estos meses que quedan por el medio. Ya iré pensando poco a poco, pero es que estoy volviendo a la rabia, a las ganas de morder y de gritar por la ventana.
Me da muchísima pena ver que una persona demuestra ser algo completamente diferente a como pensaba que era. Pero también me duele haber perdido esta figura de referencia, el haber hecho el “kill your idols” de esta manera. El sentir que quería aprender de alguien que en el fondo, nunca tuvo nada que enseñar.

La entrada de mañana va a ser un poco más alegre.

1 comentario:

La Petite Poupée dijo...

Ánimo guapa :) Eso sí, me agencio la parte de "puta" y "attention whore" para una que yo me sé xDDD

Un beso^^