16 de abril de 2012

Peluqueras hijas de puta

Hace bastantes años, durante Bachillerato, tenía el pelo bastante largo. No le daba la importancia/cariño que le doy ahora, y antes de que estuviera realmente largo me empezó a molestar. Para comer, para escribir en clase, y sobre todo, para dormir. Me picaba en la cara, me daba mucho calor y como lo tenía que atar para estar mínimamente cómoda, se me rompía y se me hacían unos nudos muy grandes.
Un día me cansé, y aprovechando que ya había pedido cita en la peluquería (en principio para cortar las puntas solo) le dije que me lo cortase mucho. Que lo quería corto y de punta. La peluquera, con algo de miedo por si luego me arrepentía, me lo cortó como le dije. Durante uno o dos años lo llevé cortito, con flequillo y patillas grandes, pero el resto de la cabeza de punta.

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Era un gustazo salir de la ducha, sacudir la cabeza y tener el pelo casi seco; el no tener que peinarse, el no ir dejando pelos por todos lados, el no tener nudos, y no tener que andar atando y desatando el pelo.
Pero cuando llegué a Coruña y empecé con David, me dijo que a él le gustaba el pelo más largo. Y entre su petición y las ganas que tenía de cambiar un poco, empecé a dejarlo largo. Han sido desde entonces tres años y algunos meses de no cortarlo para nada. A los dos años una amiga que estaba estudiando peluquería me cortó un poco las puntas, y nada más. Lo fui dejando crecer, y últimamente ya lo tenía muy largo y muy estropeado por las puntas.
Mientras crecía me fui acostumbrando a él y aprendí un poco a manejarlo. Así como lo tuve un poco largo Iris me regaló unas planchas que me ayudaron mucho, y fui probando champús que me ayudasen a tenerlo desliado. Cuando me di cuenta, este septiembre pasado, lo tenía muy largo ya:

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Con Sôber en el Rock in Way en septiembre


A estas alturas yo ya llevaba dos veces teñido el pelo, y las puntas las llevaba planchando dos o tres veces a la semana durante algo más de dos años. Sin decir que el flequillo me lo corto yo y el filo de una sierra es más regular. El estado del pelo era bastante malo, con las puntas abiertas, y estas nuevas puntas, vueltas a romper. Empecé a pensar que tenía que cortarme el pelo, que aunque no fuese mucho, tendría que arreglar esas puntas.
Pero lo pensaba más que lo decía. Empecé a mirar peluquerías en Coruña, luego pensé en ir a la de mi pueblo, pero como hay confianza, pensé en la bronca que me iba a echar por tener el pelo así. Antes de ir a Sevilla en Navidades pensé en hacerlo, en serio, para que Iris me pudiera teñir allí, con el largo y las puntas arreglados. Lo dejé pasar. Luego dije que antes de empezar las clases, luego antes de Semana Santa… y pasó el tiempo. Tras las vacaciones de Semana Santa, aprovechando que el miércoles no tenía clase por la mañana, fui a una peluquería de todas las que hay cerca de mi piso.
Me desenredé bien el pelo antes de ir, y le dije que me lo cortase. Y no debería haberlo hecho. Me lió el pelo mientras me lo lavaba, me dijo tantas veces que si le echaba tal cosa que acabé por decirle que hiciera lo que quisiera. No sé por qué se decidió, porque me dijo que para hidratarlo le iba a dar calor, y me sentó en la nave espacial esta de las viejas para fijar los rulos mientras ella salía a algo, imagino que a tomar un café o algo así. Luego fue a cortarme, y me dijo que por dónde lo quería. Inocente de mí (y por falta de práctica de ir a peluquerías) le dije que “las puntas y un poco más, lo necesita”.
El problema no es por dónde lo ha cortado. Vale, sí, el gran problema lo tengo ahí. La otra parte del problema es cómo lo hizo. La tía eligió un largo, cortó un mechón, y fue cortando el resto a la misma altura. No a lo largo de mi cabeza, si no estirándolos por encima de ella, de manera que yo no pude ver el largo real que estaban teniendo (sin gafas y con la bata del mismo color del pelo no pude distinguir) hasta que me puso el secador. El flequillo no debe formar parte del pelo porque volvía a casa con él cómo salió. Sin capas (que tenía), recto por todos lados, menos por la parte más cercana a la cara, que lo rebajó. Y más alto de los hombros.

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Como resumen, se cargo en 10 minutos (no tardó más en cortarlo, y para la manera en la que lo hizo, lo puedo hacer yo en el baño con unas tijeras) dos años de crecimiento de pelo. Hace unas semanas pensaba en renovar la foto que tengo en la parte de staff de the drink tim porque estaba cambiada, y la foto esa es de 2º de carrera; ya no me hace falta porque vuelvo a tener el pelo de ese largo.
Lo peor no es eso. Lo peor es la manera en la que está cortado. Con la cantidad de volumen y de pelo que tengo necesito las capas para no parecer una seta, tenga el largo que tenga. No tengo capas. Voy a esperar a que me crezca un poco y tendré que volver a una peluquería (me da igual la bronca, iré a la de mi pueblo) y pidiéndole por Dios que no me toque el largo, que me haga capas y me arregle el flequillo. Y cuando vuelva a crecer, igualar la parte que tengo más corta delante de la cara, porque me pica, coge formar raras y no me gusta nada nada nada nada nada nada.

Y lo que más me jode de todo. Con este largo, y con las cosas estas más cortas vuelvo a tener cara de niña, muy niña. Ya no aparento muchos años, ahora parece que fuerzo aparentar menos. Se acabó la comodidad de las trenzas, y si me hago coletas me quedan de punta como las de las niñas de 5 años.

Adiós a mi pelo largo, que tanto me gustaba, aunque fuese un poco incómodo y tardase hasta 10 horas en secar después de la ducha. A pesar de los nudos, de tener que atarlo, de ganchillarlo sin querer, de escribirle por encima en clase, de tener que plancharlo a veces hasta dos veces para que no fuese una locura… lo echo de menos.
Ahora tengo que esperar, hasta volver a tenerlo largo. Y luego con cuidado, mucho cuidado, para que otra peluquera hija de puta no vuelva a timarme y a joderme así.

1 comentario:

La Petite Poupée dijo...

Mucho ánimo con el crecimiento, que sea leve ;)

Besos^^