14 de abril de 2012

Innovando

Tras estas vacaciones largas, vuelvo a sentirme activa como para escribir algo. Y tan largas que han sido, acabé las clases el miércoles 28, el día previo a la huelga, y realmente no he tenido clase hasta hoy viernes 13, entre huelga, Semana Santa y diferentes profesores que no vinieron a la vuelta de vacaciones. Y tanto que estoy escribiendo.
En la mayor parte de “artes” que practico ahora, de momento me las tomo como una técnica, no como algo creativo. Sí tengo mis momentos creativos, pero me estoy centrando sobre todo en la parte técnica, en poder desarrollar lo que yo quiera bien, aunque de manera convencional. Cuando me sienta con la técnica lo suficientemente dominada, la superaré y empezaré a hacer cosas creativas, a innovar o a experimentar. Me refiero sobre todo a la fotografía (mi cámara ya tiene más de un año, pero todavía hay muchos controles que se me escapan, y antes de buscar hacer fotos originales o buscar algo diferente a lo que busca todo el mundo, quiero tenerlos controlados) y al amigurumi. En éste estoy empezando a crear bocetos, a planificar patrones, e incluso tengo un par de ellos diseñados. Cuando domine eso, cuando consiga hacer patrones decentes, y que salgan amigurumis decentes, empezaré entonces a intentar dejar mi huella, hacer mi pequeña marca personal, que sean reconocibles. No me voy a conformar con hacer otro gatito mono, u otro conejito gordito. Aún faltan unos meses y muchas horas de trabajo para poder llegar a este paso.
Pero yo no veía a hablar de eso. Hay otra arte, que hace mucho que no practico, que sí me hace sentirme capacitada para experimentar un poco, y para empezar a crear sin miedo a cagarla en la técnica. Me queda mucho por andar en este paso, pero voy a empezar.
Me refiero a la literatura. Creo que fue a los 12 años cuando me propuse cada día escribir un folio por las dos caras. Ahí empezó mi experimentación formal, sin saber todavía lo que era la forma y la importancia que tenía. Practiqué muchas figuras, simples, claro, y sobre todo expresión. Puntuación, léxico, descripciones, unión de acciones, saltos temporales… desde los 12 hasta los 16 tranquilamente manché muchos folios experimentando y creando, a veces con más éxito que otras. Cuando llegué a Coruña fui dejando la escritura progresivamente, hasta abandonarla durante meses completos, y he pasado más de un año sin hacer más literatura creativa que algún trabajo de clase (y para eso no literatura en el sentido artístico, sino en el sentido crítico).
Ya decía Diego Ameixeiras, que para escribir bien hay que llegar mal a fin de mes. Durante estos casi cuatro años en Coruña he llegado muy bien a fin de mes, y salvo algún momento muy concreto, no he sentido la necesidad de coger un bolígrafo y un papel. Lo que tampoco me ha llevado a poner mi literatura en un paso de madurez más alta, a empezar a planificarla, a extenderla, más allá de la reflexión espontánea o de las necesidades expresivas momentáneas.
Ahora no sé si llego bien a fin de mes (a fin de día a veces bien, y a veces no tan bien), pero me he propuesto corregir todo lo anterior. La decisión no sé si viene del tiempo libre, de la inspiración de ver a Isa escribiendo y avanzando, o de las clases de literatura francesa. Estamos trabajando mucho el relato breve (a veces no tan breve), MI género, y las clases son casi clases de escritura y composición. Leer cuentos de Merimée, de Flaubert, y esta semana pasada de Maupassant (amo y señor a partir de ahora para mí) me han abierto una pequeña herida que me escuece. También, hablando el otro día con un amigo (guiño, guiño) le dije que antes escribía, pero lo había dejado. Y me entró una tristeza por dentro, un “por qué lo hice?” tan grande que me ha motivado muchísimo.
Quería presentarme al concurso literario de mi Facultad este año, pero no voy a tener nada terminado a tiempo. Sin embargo, tengo ideas, tengo sinopsis y estoy viendo series o leyendo libros de los que me salen argumentos solos, como hacía tiempo que no me pasaba.
En serio, estoy trabajando ya en un relato. No sé qué extensión va a tener, pero de momento es lo más largo que he escrito (además del Refugio). Me lo estoy tomando con calma, haciendo esquemas, planificando, dándole vueltas a cada escena, a cómo ir presentando personajes, conflictos, ambientes. A veces todo tiene sentido, y a veces carece de él completamente. Pero ahí estoy, yo, que nunca fui capaz de dejar una narración a medias y luego retomarla, ahí estoy. Empecé con él antes de Semana Santa, y he ido lenta. Primero, las primeras líneas en una clase bastante aburrida. Luego, rehacerlas a ordenador. Pasar un par de días completando el argumento, sabiendo el principio y el final, teniendo claro el conflicto. Me puse a escribir un día, pero tras un párrafo tenía tantas cosas en mente que me puse a hacer los esquemas, y las guías a seguir. Con el paso de los días he ido escribiendo más cosas, pero sobre todo avanzando los esquemas, completándolos. Creo que tengo por encima el desarrollo completo, y voy detallando las escenas siguientes a medida que voy llegando a ellas.
Creo que voy por buen camino. Todavía no tengo la costumbre de sentarme y obligarme a escribir, pero en ello estoy. Hace mucho que no hago nada de esto, y tengo miedo de hacerlo mal y estropear un argumento que ahora mismo, me tiene encantada. Pero por otro lado, y volviendo a Maupassant, en clase estuvimos hablando de las dos versiones de Le Horla, y de cómo rehízo la primera para mejorar mucho en la segunda. Siempre podré rehacerlo, aunque eso me costaba más incluso que retomar un relato dejado a medias. También es cierto que Maupassant fue alumno de Flaubert, y durante 10 años lo tuvo a deberes literarios semanales, y ya solamente por eso debería dejar de intentar compararme con él. Flaubert es Dios y Maupassant su primer discípulo. Juegan en otra liga.

Me estoy permitiendo ser creativa. No he cogido un argumento adaptado, no he cogido un tema clásico, ni siquiera uno que yo hubiese tratado antes. Sé que dentro de la parte de creatividad estoy todavía aprendiendo, y me quedan muchas páginas para hacerlo bien. No estoy preocupada por la expresión, ni por nada así. Tengo miedo, quizás es obsesión ya, por los aspectos técnicos más formales: tiempos verbales, estructuras, uniones de acción, etc. Pero lo hago mucho más segura que cuando cojo la cámara y me voy a hacer fotos. La literatura siempre fue lo mío, y después de haberla estudiado, la teoría la tengo. Me falta la práctica.
Otra cosa que me está dando problemas y que creo que solucioné de nuevo gracias al amigo Guy de Maupassant es el tema del título. Me dio problemas durante un par de días, el primero que le puse no me gustaba ni en el momento de ponérselo, pero tampoco tenía otro para cambiárselo. Creo que he dado con otro que me gusta un poco más, aunque hasta que lo tenga terminado va a pasar un tiempo y no es algo importante o que corra prisa. Pequeños agobios momentáneos tontos.

Y ahí estoy. Motivada. Enganchada a la historia, muy filológica por otra parte, pero sobre todo enganchada al mundo que estoy intentando crear. Como pequeño spoiler, y no voy a adelantar nada más hasta que esté lista y la valla publicando, es un mundo steampunk. Lo que es mi reciente descubrimiento y adicción, fuente inagotable de inspiración.
Todo esto regado por una banda sonora compuesta que jazz, otra nueva adicción. Que además, me deja volar la imaginación en tantos caminos diferentes a la vez en una manera que no creí posible.





PD: El blog Canal Nostalgia vuelve a estar activo. Tiene dos entradas recientes y están programadas para la próxima semana otras dos. También vuelvo a estar activa en el Rincón de la Expresión, donde estoy explorando los microrrelatos gracias a los Relatos Semanales y pronto me pondré con el Retos a la Pluma, del que tengo argumento hace tiempo. Irá todo apareciendo por ese blog de todas maneras.

1 comentario:

La Petite Poupée dijo...

Vengo tarde (ausencias... xD) pero tengo que decirlo: ME ENCANTA verte tan motivada :)

Besos^^