24 de mayo de 2011

A segunda, y a la mierda.

Cuando yo era pequeña jugaba al fútbol. Lo dejé porque me cansé de ser tan buena o mejor que algunos chicos y que nunca contasen conmigo para los partidos. Lo hiciese bien o mal, nunca me convocaban y me cansé. Años después, hablando con el padre de uno de los chavales de mi edad, pero de otro equipo, me dijo que me había visto jugar un par de veces y que era bastante buena, no entendía por qué lo había dejado.

Cuando era pequeña era bastante futbolera. Cuando dejé de jugar me dediqué más a mirar. Además, coincidió con la gran época del Depor: una liga, una Copa del Rey que en realidad fue un Centenariazo, semifinales de Champios, 0-4 al Milán... me gustaba verlos jugar.
Dejé de seguir el fútbol todos los fines de semana cuando dejé de disfrutarlo. Cuando recibía más disgustos que alegrías ya no me compensó verlos jugar. Cuando los partidos se hacían eternos y en todo el rato solamente tiraban dos veces a puerta, cuando el Mallorca cogió la costumbre de meterles los goles de 8 en 8... dejé de seguirlos. Preguntaba de vez en cuando cómo iban las cosas, y me desvinculé.
Irureta se fue de la peor manera posible, un poco por la puerta de atrás, y llegó Caparrós. Más o menos aguantó el tipo, y tras un par de temporadas, llegó Lotina. Recuerdo el comentario de mi padre: “Éste me da miedo. En la primera temporada mantiene al equipo, en la segunda lo desciende y luego se va”.
Y bueno, en vez de una temporada manteniendo al equipo, son dos.

Yo no estoy decepcionada con el equipo. Yo estoy cabreada e indignada. Llevan la mitad de la temporada haciendo el imbécil, perdiendo por no correr y no esforzarse. Saben que tienen a una ciudad entera detrás de ellos. Una ciudad que cuando el equipo empezaba a estar en serios problemas de descenso, se juntó masivamente a la entrada de un entrenamiento para animarlos. No se han parado a pensar en que hay un montón de gente que sacrifica su tiempo libre todas las semanas para ir a verlos, para ilusionarse, y luego ver cómo no les da la gana de trabajar.
Recuerdo cuando a más o menos mitad de temporada iban muy bien en puntos, en victorias y en la clasificación general. Me parece demasiado sospechoso que cuando llegaron a los 43/45 puntos que en teoría aseguran la permanencia empezasen a perder como animales. Porque si el Depor está ahora mismo en segunda es porque han querido. Porque llevan la mitad de la temporada tirados a la bartola, sin querer correr y sin querer esforzarse. No están descendidos, como dice el simpático del Lotina porque “ha habido arbitrajes difíciles de entender y resultados rarísimos”, si no porque no les ha dado la gana de ganar. Quizás no tenían equipo para entrar en Champions o UEFA, pero sí para mantenerse con dignidad en Primera. Pero no han querido, y ahora les queda un año de de ser de Segunda.

Y tú, Lotina, listo do carallo. No deberías irte. No vale de nada que sigas poniendo cara de triste, de ser una víctima de los árbitros y de las circunstancias. No has trabajado para suplir los errores y las carencias del equipo, no has hecho nada por él. Pensarás que queda muy bonito con la prensa decir que asumes la responsabilidad (que solo jodería que le echases la culpa a otro), pero lo que de verdad tendrías que hacer es quedarte hasta volver a subir. Tú hundes el equipo, tú lo levantas. Aceptar que es culpa tuya no soluciona nada, tienes que arreglar el problema.
Ahora lo que tienes que hacer es tener los huevos de pasar una temporada en Segunda cobrando 500€ al mes, lo que mereces es ir paseando por la calle y la gente te mire mal, te grite, y te escupa en la cara. Por hundir a un equipo que podía dar mucho más de sí, por decepcionar a una ciudad entera. No huyas de la ciudad, queremos verte la cara y decirte lo que pensamos cara a cara.
Pero no, es más fácil decir que lo sientes mucho, e irte a joder a otro equipo el próximo año.

No lo siento por Lotina. No lo siento por los jugadores, o por lo menos la mayor parte de ellos. Yo lo siento por toda la gente que ahora mismo tiene banderas colgadas de los balcones, el señor de mi calle que llenó el escaparate vacío de camisetas, fotos, bufandas y banderas. Lo siento por los que nos visitaron en el Expotaku con las camisetas puestas, pensando que una hora después de cerrar se jugaría el último partido. Lo siento por toda la gente que en los bares salía a gritar a la calle cuando le marcaban a otro de los equipos que luchaban por la plaza de Segunda.
Y lo siento sobre todo por Valerón y por Manuel Pablo. Porque gracias a ellos llegamos a semifinales de Champions, ganamos una Liga, y le dimos el Centenariazo al Madrid en su casa.

Pronto fotos y cosas del Expotaku. Quería reventar un poco antes.

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