30 de mayo de 2012

Relatos de horror - Me siento ofendida

Me han ofendido. Me siento ofendida. Y por eso me pongo a escribir una entrada que no entraba en mis planes a estas horas de la noche, cuando aún tengo fotos que subir. Pero me han ofendido y hoy no ha sido un buen día para ofenderme.

Hace unas semanas, creo que durante Semana Santa, mi hermano me dijo que quería que le escribiese un relato para un concurso de su Facultad. Él no iba a escribirlo, y era una especie de trabajo. Escribirlo era el trabajo y luego la profesora lo presentaría a concurso, o algo así. Pero me dijo que no escribiese nada bueno, porque no quería ganar, solamente presentar el trabajo. La razón por la que no le interesaba ganar era que en el acto de entrega del premio (un lote de libros) había que leer el relato en alto, cosa que le daba vergüenza, además de estar expuesto a que le hiciesen preguntas sobre él.
Lo único que me dijo mi hermano sobre las bases del concurso era que el relato tenía que ocupar una hoja, y tenía que tratar la relación de un personaje con un libro. Nada más. Entonces, yo, que no puedo hacer las cosas fáciles, me puse a pensar en cómo hacer destacar mi relato (aunque mi hermano no quisiera ganar, una tiene orgullo e iba a competir contra alumnos de Magisterio, con hacerlo un poquito bien estaría chupado). Pensé que todo el mundo iba a escribir algo bonito que habían sentido con algún libro de su infancia, todo muy puke rainbows, con unas relaciones espaciales y temporales muy simples, además de una narración probablemente infantil y un final cerradito y bien apañado. Quizás hubiese alguien con un poco más de habilidad que hiciese algo diferente, pero veía perfectamente sus relatos lineales tratando a un solo libro. Entonces, tiré de todo lo que pude para escribir ese relato sin tener el libro que escogí delante e hice todo lo que pude para haberlo escrito de una sentada.
Hice que mi personaje primero presentase diferentes libros con los que había “disfrutado”, y luego hacer que su acción corriese paralela a la del libro que leía, haciendo saltos de una acción a otra. Y así me salió un apasionado de la literatura de terror al que impresionan mucho esos libros (como a mí), que en medio de la lectura de Drácula tiene un incidente en la cocina. Preparé el ambiente, introduje los mejores relatos de horror (no terror) que leí durante este curso en Literatura Francesa, además del bagaje que ya tenía antes de esa asignatura, y me salió un texto que, yo creo, está bastante decente. Por lo menos estoy orgullosa de él.
Cuando se lo pasé le dije que lo sentía mucho, pero que iba a ganar el concurso.

Pues bien, hoy me ha dicho que no solo no he ganado, sino que no he quedado ni entre los 10 primeros. Indignada y con mucha curiosidad (¿qué clase de cosas habían superado a mi relato?) le pregunté si los relatos ganadores se podían leer en algún sitio. Y se pueden. Y por eso estoy escribiendo esto.
No me gustó que mi relato no ganase, no voy a mentir. Llevo tiempo guardándolo con ilusión pensando en que estaba muy bien, y me llevé un palo cuando me dijo que no es que no hubiese ganado, es que había quedado bastante mal. Pero no es por eso por lo que estoy escribiendo. Es porque estoy ofendida e indignada por la clase de relatos que han ganado.
De primeras, creo que no he ganado porque mi hermano no leyó bien las bases del concurso y escribí algo diferente a lo que pedían. Todos los relatos son de niños a los que un libro les hace felices. Todo es muy cursi, todo es muy bonito. Hay incluso reencuentros con los esos libros cuando son mayores y vuelven a sentir el calor de la infancia. Oh, puke rainbows, muchos rainbows.
Creo que mi estómago no hubiese dado para escribir algo así. Estoy intentando crecer en el género del terror o la ciencia ficción, mis épocas de escribir sobre niños melosos han pasado (el último que escribí fue en 1º de ESO, en un concurso sobre el Prestige). Bueno, creo que podría aceptar sin indignarme que me hubiesen ganado por no haberme ceñido a las bases, o por tocar un género en el que no me hubiese desenvuelto. Pero es que hay más.
Porque mi curiosidad es insaciable, y me puse a leer a los relatos ganadores. Tras leer 5 de los 10 que están seleccionados hice un descanso, porque como siguiera leyendo me iba a tirar tanto de los pelos que me iba a quedar calva. En general, son relatos insulsos, con una estructura que brilla por su ausencia, y unas transiciones entre acciones, en el mejor de los casos, confusas. Pero más allá de la narración, me ha llamado la atención la cantidad de FALTAS DE ORTOGRAFÍA que hay en los escritos. Puedo pasar algún fallo tipográfico, algún error al escribir el relato a ordenador (no sé si se podría llegar a pasar teniendo en cuenta que se supone que antes de presentar algo a concurso hay que revisarlo), y en alguno se ve que hay alguna tilde descolocada sin querer. Lo que no puedo aceptar es que hayan presentado, y atención, PREMIADO, un relato en un CONCURSO UNIVERSITARIO que escribe “porque” en vez de “por qué” (“Reflexionando ahora, no tengo muy claro porque fue tan especial”, de “Una puerta a otra existencia”), otro relato que no pone un solo acento diacrítico (“se” en vez de “sé”, “mi” en vez de “mí”, como uno sin título sobre Matilda), y otro que se come tildes como si fueran el postre. Me parece indignante por dos razones principales: la primera, esa gente que presenta el relato es universitaria. Es decir, tiene la ESO, tiene Bachillerato, ha pasado Selectividad y está estudiando en una Facultad. Y no sabe poner las tildes donde corresponde. ¿Una persona culta que quiere escribir literatura y no conoce las reglas ortográficas básicas?
La segunda, es que el jurado los haya premiado. No puedes permitir que se le dé un premio, de un concurso universitario, a alguien que escribe “porque” en vez de “por qué”. Me parece de una absoluta falta de seriedad, responsabilidad o conciencia. No se puede premiar a alguien que ha hecho algo mal, y aunque haya que dar diez premios y solamente diez relatos se ajusten a la cursilada de los niños con libros bonitos, no puedes elogiar a alguien que no sabe escribir y se está presentando a un concurso de literatura. Lo que habría que hacer sería colgar una nota de “premios desiertos por demasiada ignorancia”, porque si yo fuese la organizadora de ese concurso, me daría vergüenza que alguien pudiese leer lo que estoy leyendo yo ahora.

Dejando la ortografía aparte, cada relato me da para comentarlo extensamente, quizás alguno para comentarlo con una extensión mayor al propio relato. Pero ya llevo tres páginas a Word y no puedo extenderme mucho si quiero que alguien me lea. Solo digo que en líneas generales, narratológicamente dan penita. Como me imaginaba, la gente se ha centrado en una sola obra, en un solo espacio, y aunque algunos hacen saltos temporales, son todos lineales y cronológicos. Simple y fácil como un vaso de agua. Nadie ha arriesgado, nadie ha hecho nada mínimamente complicado o elaborado. Apostaría a que unos 8 de los 10 relatos fueron escritos de una sentada y sin reflexión previa ni borradores. Eso no es serio, señores.
En algunos de los relatos parece que por encima los autores no tienen muy claras las características propias de los relatos cortos o de los cuentos. Se trata de ir al grano, de contar en pocas palabras algo, por lo que no se puede desperdiciar espacio en otras cosas que no sean relevantes. Si lo entienden y han añadido párrafos para rellenar y cubrir la extensión mínima deberían plantarse sus capacidades como narradores, o como creadores de historias. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que un párrafo siempre puede dar para más, aunque cueste esfuerzo ver dónde y cómo. Siempre se puede extender en cosas relevantes, y en último caso, un relato nunca puede contener datos irrelevantes. Es contraproducente.
Además, la parte de la expresión (la que podría salvar un relato que fallase en todo lo anterior) es... nefasta. No se me ocurre otra palabra. Es una escritura inmadura con fallos propios de principiantes y de gente que no ha escrito ni leído en la vida. Es quizás casi una escritura infantil, que es algo muy diferente a una literatura infantil. Creo que bastantes han intentado dar una voz infantil, y han acabado escribiendo como un niño. Es un error pasable cuando estás en la ESO, no es algo aceptable en un concurso literario universitario. Y si un tipo de voz te viene grande, no la emplees. Así de fácil. Para hacer algo mal, no lo hagas.

Y ahora, voy a pasar a ejemplificar todo esto con los propios relatos. Aquí solamente voy a escribir los títulos y copiar alguna frase puntual, sin escribir el nombre de los autores, pero se pueden leer los textos íntegros (faltas de ortografía incluidas) en: http://bibedu.blogaliza.org/2012/05/29/felicidade-clandestina-faio-do-concurso-e-exposicion-dos-textos/

El primer texto, un relato sin título sobre Matilda, tiene un fallo horrible propio de un principante, absurdo y en principio fácil de corregir así que tenga algo de experiencia. Lo que no se puede permitir es que esté en la lista de premiados. Hay un cambio de tiempos verbales completamente injustificado. El narrador empieza el relato interpelando al lector con una segunda persona: “oyes la puerta de casa”; pero tras un par de párrafos, sin nada que justifique el cambio, cambia a la primera persona: “sostenía el libro con mis dos manos”. Un narrador no puede ser tan inconsistente, no puede implicar al lector para luego abandonarlo. O lo implica durante todo el relato, o no lo implica nunca. Si el autor quiere hacerlo así, bueno... lo hará mal.

El segundo relato, “Una puerta a otra existencia” me plantea problemas. Me los plantea porque no sé por dónde empezar. Principalmente, me llama la atención el completo descontrol de la puntuación. Tiene una puntuación de chiste, aunque está provocada por una técnica narrativa nula. Apostaría a que esta chica hizo como mi hermano y le encargó a alguien que escribiese por ella el relato; lo que pasa es que mi hermano se lo encargó a alguien de 4º de Filología y esta chica debió escoger a su vecino de 2º de ESO. La narración es infantiloide y está en general mal expresada. Los párrafos no están correctamente segmentados, usa demasiadas frases cortas y simples, sin ninguna profundidad. Se limita a usar puntos y comas cuando algunas frases piden los dos puntos e incluso el punto y coma.
En cuanto a su contenido... tampoco sé muy bien por dónde empezar. El personaje es arquetípico y casi hiperbólico (“Mientras los demás niños jugaban, yo solía sentarme tranquilamente a leer algún libro”), inverosímil salvo que se trate de una niña repelente bastante hostiable. Luego la autora confunde el género de aventuras con el de la fantasía, otro fallo que considero imperdonable. Y si lo conoce pero no ha sabido expresarse bien, es más imperdonable todavía. Tiene un final irrelevante para el desarrollo del resto del relato, al que está conectado por un párrafo que no está cogido con pinzas porque no hay por dónde cogerlo. Igualmente, el principio es irrelevante para el resto, y la estructura en general está desordenada. Tan desordenada que habría que rehacerlo por completo para que pudiese ser mínimamente aceptable. Sobran anécdotas irrelevantes por todos lados, algunas frases no tienen sentido, y faltan conexiones entre las pocas que lo tienen. No voy a comentar la absoluta falta de relación entre el título y el contenido del relato.
Ortográficamente, es el relato que confunde “porque” con “por qué” (“no tengo muy claro porque fue tan especial). y algunas tildes brillan por su ausencia (“quien sabe”, “de donde estaba”).
Sinceramente, me parece de vergüenza que hayan premiado este relato. A la autora podría darle vergüenza haberlo presentado, pero puedo pensar que lo hizo por compromiso y no se esforzó, aunque hay que tener en cuenta que si lo entregó por compromiso lo hizo como trabajo de clase. Un trabajo de clase vergonzoso, que debería estar suspenso por vagancia o por ignorancia. Vamos, yo presento un trabajo tan poco cuidado y no solo me suspenden la asignatura, sino que también la matrícula y me devuelven con una patada en el culo a Primaria.

El tercero se titula “El tesoro de las palabras” es de los que menos pegas tiene. Son sobre todo en cuanto a la expresión y la verosimilitud. Al principio del relato quiere acelerar el tiempo, dejándose frases sueltas, sin conexiones o relevancia. Me llama la atención la frase “Pero el cielo aun estaba encapotado, como si un trueno quisiera aplastarnos a todos allí mismo”, porque los truenos son sonido, no pueden aplastar. Además, solamente había llovido y el cielo estaba encapotado, no había nombrado antes nada de una tormenta. También tiene expresiones coloquiales que están fuera de lugar, como “tal cual”, o la que demuestra que es uno de los primeros relatos que esta chica escribe: “En aquel momento no entendí muy bien las palabras de mi madre, pero la verdad es que estaba muy orgullosa de habérmelo comprado yo misma”. Ese “pero la verdad es que” no pega en un relato serio. Nunca. Es una expresión familiar, que no suele aportar nada y que queda feísima. En este caso, además, une dos frases que no son consecuentes, no hay nada que relacione que no entienda lo que decía su madre con estar orgullosa de su compra. Pueden estar relacionados, pero ahí está mal expresado.
Donde más falla es en la verosimilitud: una niña descubre un libro que quiere comprar en una tienda que le llama la atención (pero este dato no vuelve a ser relevante nunca más), pero su madre le dice que tiene que trabajarse el dinero para conseguirlo. No rechista, y trabaja duramente en casa. Cuando consigue el dinero va a comprar el libro, y la madre le sonríe y le dice que se lo ha ganado con su esfuerzo. Entonces la niña se siente feliz con su libro y todos son felices.
Además, algo que me parece básico, y que se ha cargado completamente, es el formato estándar para representar los diálogos. Los introduce con guiones, sí, pero dentro de los párrafos, sin ninguna clase de división visual o tipográfica del resto de la narración. Hay momentos en los que no sabes si estás leyendo la voz de un personaje o la voz del narrador. Si hay unas convenciones, es por algo.

El cuarto es uno de los dos relatos ganadores. Así que lo dejo para más tarde.
El quinto tampoco está mal del todo. Tiene un principio confuso, porque se tarda en identificar la persona en la que está hablando el narrador. Abusa de los puntos suspensivos en la voz del narrador, que por encima es vago y cambia de focalización con el paso de los párrafos. En la presentación del personaje es omnisciente y además comparte el punto de vista con la protagonista, expresa claramente sus sentimientos; pero luego se aleja de éstos y se limita a ser un narrador omnisciente más. Incluso me atrevería a decir que cambia de tono la narración, de más próximo a la niña a un tono casi neutral. Y al final vuelve a implicarse con los sentimientos de la niña.
Tiene una narración ágil, que quizás se podría haber desarrollado de otra manera. Está fragmentada, poco cohesionada entre párrafos; le falta fluidez.
Lo que se le puede reprochar a este relato son pocas cosas, comparado con las aberraciones que cometieron otros autores. Es mejorable y demuestra poco conocimiento de los tipos de narradores, pero eso se soluciona con práctica y algo de teoría.

El sexto es otro de los dos ganadores y aquí tengo que decir que, de verdad, el jurado se ha cubierto de gloria. Lo dejaré para más tarde, pero es que llego a formar parte del jurado, leo la primera frase, arrugo el papel e intento hacer canasta en la papelera más cercana.

En cuanto el séptimo relato, voy a ser piadosa porque imagino que quien haya escrito eso, o está en una clase de 1º de ESO (para lo cual estaría muy bien) o tiene cierto retraso en el aprendizaje y también está muy bien. De nuevo, frases sin cohesionar, una acción hiperbólica y por lo tanto inverosímil, y una mezcla de registros aberrante, en la que conviven expresiones como “Esto es debido a un grato recuerdo cargado de un sentimiento nuevo que nació en mi persona” con “un niño alto pero esmirriado” o “bien amantado”.
Sin embargo, la historia está bien conducida. La expresión y la voz narrativa no hay por dónde cogerlas, pero sorprendemente, la acción avanza fluida y bien llevada.

Sobre los tres últimos no tengo nada malo que decir. Comparados con los otros son la gloria, aunque cambiaría un par de palabras que me parecen que están descolgadas, o alguna digresión que no viene a cuento, no tengo ninguna queja. Sabiendo que se han presentado estos relatos, no me explico cómo el sexto ha ganado. Salvo por el enchufe, como explicaré ahora.

Vamos a por el premio gordo, los dos relatos ganadores.
El relato sobre “20.000 leguas de viaje submarino” no me explico cómo ha podido ganar. Tiene una expresión sencillísima que roza la tontería, y que ni siquiera maneja bien, porque se le escapan cosas. La estructura está desequilibrada, y lo que pone en marcha todo el texto aparece solamente al final, apenas descrito, de manera que mientras lo lees no atrae lo más mínimo, ni sabes adónde se dirige, y es tan breve que no se le da importancia. Sobran cosas irrelevantes por todos lados. En realidad, toda la primera mitad es irrelevante.
Por encima, el formato de diálogo se lo salta a la torera, mezclando dos voces de personajes y una intervención del narrador en el mismo párrafo. Antes decía que con leer la primera frase de este relato lo hubiese arrugado y tirado a la papelera:
“1 de Abril. Se despierta con un “felicidades” y un beso de su madre. Sin quitarse las legañas de sus ojos comienza a vestirse.”
Para empezar, ese “1 de abril” queda desgajado, no es importante, no localiza temporalmente porque no se le da ninguna explicación. La madre lo saluda con un “felicidades”, que imagino que el autor querrá que interpretemos como que es su cumpleaños. Un problema que se solucionaría con unir las dos frases con dos puntos, en vez de separarlas con uno. Ya había mencionado las carencias ortográficas de estos relatos.
Además, algo que hace que quiera arrancarme los míos, es una de los errores gramaticales más aberrantes que me he encontrado, solamente superado por el laísmo y el leísmo: “las legañas de sus ojos”. Ponerle un pronombre posesivo a una parte del cuerpo en español es un calco del inglés, descarado, horrible. Probablemente el autor también dirá cosas como “marcar la diferencia” o “¿cuál es tu punto?”, adquiridos a base de tragar series mal subtituladas sin conciencia de que esos traductores son pésimos, y admitiendo esa clase de expresiones aberrantes en su lengua natal. “Las legañas de los ojos”. Se da por supuesto que se saca las legañas a él mismo, y que no tiene ojos de otras personas guardados en su habitación; el posesivo es incorrectísimo.

El otro relato ganador va sobre “O manual das bruxas”. Mientras lo leía no era capaz de explicarme por qué había ganado nada, pero al final me lo expliqué: por simple y llanamente, peloteo. La autora de este cuento prefirió jugar a lo rastrero, a la simpatía y egocentrismo de los organizadores para ganar, independientemente de lo bueno que pudiese ser su relato. Porque por el propio relato no habría ganado nada, por lo menos participando en el mismo concurso que el décimo.
Hay algo que me choca muchísimo, y que me destroza el relato completamente: el narrador está en primera persona, es la niña protagonista, desde la perspectiva de ese momento de la niña. Sin embargo, hacia la mitad, la niña protesta, diciendo que le va a ser más útil ser una bruja que aprender las fracciones. Yo me pregunto, ¿cómo una niña que todavía no sabe las fracciones ya las conoce? Es decir, no puede saber algo que todavía no sabe. Sin embargo, el narrador se traiciona a sí mismo, en lo que la autora debió pensar que era un final de párrafo muy ocurrente, adelantando cosas que la niña todavía no puede saber. Ese párrafo se carga la credibilidad del resto del relato. Queda feo y descuidado por parte de quien haya creado el narrador, como si el relato se le hubiese ido de las manos.
Por el resto, me parece vomitivo el lameculismo y el peloteo que es el relato en sí. Formalmente es normalito, da lo que se espera de alguien que tiene un poco de experiencia escribiendo. No arriesga, no juega con el tiempo o el espacio como hice yo, es lineal y todos los saltos temporales siguen el orden cronológico esperable. Lo único que lo hace destacar es que al final del relato, se localiza espacialmente en una biblioteca de una Facultad de Ciencias de la Comunicación (la biblioteca que organizó este concurso está en una Facultad así), en la sección de Lengua Castellana (la asignatura para que tuvieron que hacer los cuentos, además de que la profesora que organiza todo es la que la imparte), y acaba con un párrafo PUKE RAINBOWS declarándose profesora de niños, cuando la asignatura para la que tuvieron que hacer el relato es de Magisterio.

A todo esto, solamente tengo que decir que no me quiero demasiado. Soy muy insegura con lo que hago y conmigo en general; siempre me veo demasiados defectos y nunca me acabo de gustar. Pero tengo que decir que mi relato es mejor que cualquiera de esos 10 que acabo de nombrar. Puede que no se ajuste a las bases del concurso y por eso no esté ahí, pero le doy mil patadas a cualquiera de esos, especialmente a los que van demostrando por qué el sistema educativo español es un fracaso. Sin unas bases tan cerradas, podría haber ganado el concurso habiendo escrito el mío en una tarde, tirada en el sofá con el portátil en las piernas, y sin ni tener un ejemplar de Drácula delante.
Por si creéis que estoy pecando de soberbia, lleva ya un rato publicado en mi otro blog, CanalNostalgia, y se pueden leer los 11 textos (10 del concurso y el mío) en un ratito, que son cortos: http://canalnostalgia.blogspot.com.es/2012/05/relatos-de-horror.html

Si alguien tiene algo que añadir o replicar a esto, los comentarios están abiertos. Si alguien cree que soy una imbécil destructiva y quiere decírmelo a la cara, podemos quedar algún día y tomar un agua en algún sitio.
Y que me repliquen que mi relato no es mejor, ni que no tengo razón en alguna de las cosas que he dicho ahí arriba. Pero bueno, esta clase de desacuerdos siempre los ha habido. Si estuviésemos a principios del siglo XX, algunos seríamos André Breton y Vicente Huidobro, y ellos se quedarían en Jacques Prévert.

Oh, que no saben quiénes son... :(

2 comentarios:

La Petite Poupée dijo...

Al principio te dije que pensé que no había ganado tu relato porque cantaba que no era de tu hermano, que era demasiado bueno... Viendo lo visto casi podría firmarlo, porque duele leer esas faltas de ortografías (no digamos ya el resto) de futuros profesores. Duele MUCHO.

Besos :)

Sandra dijo...

Me he leído antes tu relato que esta entrada y venía con la intención de decirte que habías conseguido que me inquietara, que si hubiera sido de noche me hubiera puesto a temblar (peloteo cero, así lo siento).
Ahora me voy con esa misma sensación y la rabia de ver cómo pueden premiar cosas así. Luego que nadie se extrañe si los críos de Primaria no saben escribir...

Mi más sincera enhorabuena hacia tu texto y gracias por analizar los demás, he aprendido cosas ;)

¡Besos!

PD: Suscribo el comentario de Isi. Estoy segura de que fliparon al leer tu relato.