3 de mayo de 2012

Lo mismo de cada mayo

Abrí este blog en 1º de carrera, allá por marzo-abril. Supuestamente este es mi último año, y creo que durante estos tres fines de curso que he ido teniendo, cada mayo repetí lo mismo: estoy agobiada.
Los exámenes se me vienen encima sin haberme dado cuenta. Tengo cientos de libros para leer, cuando estoy atascada con uno, mientras otros, que no son de clase, me tientan desde la biblioteca, desde la estantería o desde donde sea. Acaba de empezar mayo, y aunque hasta junio no tengo ningún examen (incluso no sé si la primera semana la tengo libre) ya siento que me falta el tiempo.
Pero este curso es como si fuese peor. No recuerdo ninguno otro en el que tuviera tantos trabajos, o por lo menos tan gordos, que terminar antes de los exámenes. Me preocupan sobre todo dos de literatura del siglo XVII (con lo que me gusta! ¬¬') que funcionan como examen, y si los hago, me libro de él. Estoy luchando a diario con el Guzmán de Alfarache para hacer un trabajo final, y, culpa mía, elegí un trabajo que me obliga a leer detenidamente el libro, no leer cuatro partes, redactar el trabajo y librarme del resto. Ahora por impulsiva y por mi manía de querer hacer cosas diferentes tengo que tragarlo entero, como si fuese corto o fácil de leer. El otro, también ya me vale, es sobre un poema de Jáuregui (hasta este año tampoco lo conocía) sobre el mito de Orfeo. Lo elegí sin saber muy bien cómo era el poema, esperando pocos versos, pero mi sorpresa cuando ocupa 30 páginas el poemita. Y no solamente tengo que leerlo y analizarlo, sino que para poder trabajar con él tengo que copiarlo a ordenador, porque no lo di encontrado ya transcrito. Así de chachi es todo.
Además, en cuanto a libros para leer... estoy cagada. Tengo el Guzmán que me consume el tiempo de lectura habitual. Tengo bastantes de Hispanoamericana atrasados (El señor presidente lo di por perdido, pero como recientes debería leer Altazor, Trilce, y vamos a empezar con Octavio Paz, así que también él; además de la prosa de Bolaño, las Inmensas novelas de Huidobro y algo más que tengo pendiente). Pero es que para literatura del siglo XX tengo también bastantes (que yo sepa ya leyeron La Voluntad de Azorín y están empezando con unas comedias de Valle-Inclán, ¿no podían haber cogido algún libro de Valle que ya hubiera leído?). Y para francesa tengo que encontrar el Hui-clos de Sartre. Que la profesora es así y no nos dijo cómo está traducido. Pero creo que es teatro, así que en una tarde me lo leo, le hago el resumen-trabajo que quiere y lo dejo listo.

Que esa es otra. Cambiamos de profesora en lite francesa. Con lo encantada que estaba con la anterior, la parte del siglo XX viene a darla una profesora nueva. Así que los siguientes párrafos van dedicados a los profesores, en activo, o los que lo vayan a estar:
Una asignatura la hace el profesor. La actitud del profesor, más concretamente. Desde febrero hasta hace dos semanas me encantaba esta asignatura. Aunque no era una época fácil de entender, con los románticos y los escritores anti-románticos, leímos y disfrutamos los textos. Y yo me llevaba los textos leídos de casa, cosa que nunca hice.
Ahora, me da una pereza indescriptible ir a clase. De un día para otro perdí el interés por la materia, por lo que pasaba en Francia en aquella época, por la literatura y por, en general, todo lo que la profesora tenga que decir. Si hasta ahora había atendido en clase dentro de lo que mis pájaros en la cabeza me habían permitido (una es débil), siempre hice esfuerzos por seguir la clase. Ahora lo que intento es dejar de escuchar y hacer otras cosas, como dibujar gatitos en los apuntes.
La diferencia entre las dos situaciones es la profesora. La primera vivía los textos. Nos contaba cosas de los autores personalizándolos, casi como si fuesen personajes. Le dimos poca importancia a las biografías salvo que fuesen relevantes para los textos, y nos centramos en los textos. Descubrimos una época, una Historia, gracias a los textos y a lo que contaban. La profesora eligió todos los que quiso (y no fueron pocos, aunque alguno quedó sin tiempo para darse) y los explicó como ella creía que había que explicarlos. Es una señora bastante teatral, vive los textos, les da vida a los personajes, incitaba a que le hiciésemos preguntas, gesticula, se pasea por la clase... da vida.
La segunda profesora, la que me aburre, se sienta en la silla detrás de la mesa. No demuestra interés por la asignatura. No para de suspirar. No deja de repetirnos que cada años exige menos, y que cada año somos peores y sacamos peores notas. Que hace años pedía dos trabajos grandes escritos y dos exposiciones orales, pero que fue rebajando el nivel poco a poco y ahora solamente pide un resumen del libro de Sartre y una exposición oral (que imagino que será de unos 5 minutos). Que cada año los alumnos somos peores. Pero bueno, no pasa nada porque esta asignatura no se volverá a dar. Se sienta, lee sus apuntes, nos recuerda que tenemos que leer el libro para hacerle el trabajo. Habla, recuerda, suspira, se toca el pelo. Nos dio un lote de fotocopias con poemas, pero nos dice que no servirá de nada porque están en francés y total, cada vez sabemos menos francés. A veces se da la vuelta en la silla y escribe algún nombre en la pizarra. Apoya los codos en la mesa. Se aburre, nos abure. La otra profesora aprovechaba hasta el último minuto de clase y solamente un par de veces se nos hizo la clase larga, esta nos echa a más de media hora de que acabe la clase, y ya llevaba un tiempo rezando para poder irme.
La asignatura es la misma. La diferencia son las profesoras. La primera nos ayuda a que nos guste, la segunda hace que no quiera volver por clase nunca más. Voy a clase por otras razones, no por ella ni por la materia.
Así que si me lee algún día algún profesor, por favor, que tenga en cuenta esto. La actitud del profesor es la asignatura, y las ganas y resultados de los alumnos. Si no os gusta la asignatura que impartís disimuladlo, que es solamente una hora de clase, un par de veces a la semana. Si aún así no podéis, no os gusta enseñar ni tenéis ganas de que os guste, dedicaos a la investigación o a lo que sea, pero los alumnos estamos cansados de profesores que no le ponen ganas. Y para vosotros es una asignatura y un trabajo, pero para mí son 4 años de profesores cansados, que se quejan de los alumnos pasados (cuando yo no tengo culpa de lo que hayan hecho otros alumnos, en esta asignatura voy a por la Matrícula, no valgo como ejemplo), que no quieren dar clase. Y todo lo que dejo de aprender, las asignaturas a las que les cojo manía, las ganas que tengo de dejar la carrera... es por culpa de los profesores.

No sabía muy bien qué escribir hoy. Me ha salido esto, y aunque experiencia como docente no tengo ninguna (más que las clases particulares que di algún verano, no sé si incluso se está gestado ya darle clase a alguien más), como alumna tengo mucha experiencia. Imagino que un día que esté alta de autoestima me permitiré la cara dura de escribir más sobre esto. De decirle a los profesores cómo tienen que trabajar sin haberlo hecho nunca xD
Mientras, estamos en mayo. La recta final del ExpOtaku, cuando tengo que preparar toda la mesa y acabar algunos muñecos, además de ultimas las actividades que voy a impartir. Y los trabajos de clase, y luego los exámenes. Y los conciertos que tengo por el medio (Vita imana y Simple Plan).
Vamos, que si me aburro es porque quiero.

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