11 de enero de 2012

Sevilla, última parada (o cómo salir por los pelos)

Sevilla casi se venga de que hubiera estado días diciendo que no me gustó o quejándome de los ridículos horarios de la catedral, dejándome en tierra. Lo que me pasó en el aeropuerto pensé que pasaba solamente en las películas, y por poco no me quedo frita en el sitio del acojone que me entró.
Pero desde el principio:

Mi vuelo de ida Santiago-Sevilla supuestamente salía a las 6 y 20 de la tarde, aunque luego tuvo cerca de hora y media de retraso. El vuelo de vuelta Sevilla-Santiago tenía casi el mismo horario, salíamos de Sevilla a las 6 y media.
Pero Iris y yo (por suerte Iris también) tenemos la manía de estar en estaciones de tren/bus/aeropuertos mucho antes de la hora prevista. Prefiero estar con mucho tiempo y aburrirme esperando a estar en casa o de camino viendo que falta poco tiempo para que venga el tren/bus/avión agobiada pensando que no voy a llegar a tiempo.
Así que ese día nos levantamos con tiempo (cerca de las 11), salimos con la compañera de piso de Iris a dar una vuelta por un mercadillo, volvimos con tranquilidad, comimos, y aunque aún eran apenas las 3 de la tarde, salimos para el aeropuerto. Queríamos estar con tiempo y tampoco teníamos otra cosa que hacer. Tuvimos suerte con los buses, porque el primero que teníamos que coger llegó a los 30 segundos de estar en la parada, y luego el del aeropuerto, que pasa cada media hora, llegó a los 2 minutos de estar en la parada.
Llegamos al aeropuerto a las 4 de la tarde justas, y por hacer la coña de ver si ya venía retrasado el avión, fuimos a mirar a la pantalla. En un primer momento no entendí nada, mi avión no estaba anunciado. En un segundo momento vi que había otro avión para Santiago a las 16:30, no a las 18:30. Me pareció raro que saliesen juntos. Con el corazón en la boca miré la tarjeta de embarque: ponía 16:30. Cierre de puerta de embarque a las 16:00. Miré el reloj: 16:03.
No es la primera vez que me pasa, leo 16 y pienso en las 6. Y veo las 17, y leo las 7.
La carrera que di hacia el detector de metales fue épica, mientras Iris gritaba por detrás “te espero, cuando subas al avión avísame, mientras me quedo aquíiiiii!”. Me salía el corazón por la boca solamente de tener que llamar a mi padre y decirle que me había equivocado de hora y que no llegaría ese día. Me salté la cola de viejas que estaban esperando para que les revisasen las tarjetas de embarque para poder pasar al detector de metales, y mientras me miraban la mía le pregunté a la chica si se podía pedir que me esperasen (llegaría a tiempo de despegar, hacía nada que habían cerrado las puertas), y me dijo que no me preocupase, que acababan de avisar de que el avión venía un poco retrasado. Dijo Iris que desde la lejanía se escuchó mi “Dios mío, gracias!”.
Todos los detectores de metales estaban ocupados, y me puse detrás de una tía que hablaba inglés a la que le estaba pitando todo. Le robé la bandeja de plástico a una señora y me quité todo lo que llevaba encima tan rápido que no me acuerdo. Ni siquiera el cinturón se me atascó, como en el otro aeropuerto y en el Archivo de Indias. Mientras la guiri se descalzaba pedí a los de seguridad si podía pasar, y me dejaron. Pasé sin que me pitase nada, guardé todo lo de la bandeja en un bolsillo de la maleta menos el DNI y la tarjeta de embarque, y eché a correr.
Mi puerta era la 10, la más alejada de todas. Iba corriendo (literalmente) por el pasillo, con la maleta colgando pero agarrada con una mano para que no me chocase, y en la otra mano aguantando el DNI, la tarjeta de embarque y los pantalones, que se me caían.
Y las puertas no pasaban. Empezaron en la 1, y a lo lejos vi la 2, y a lo lejos la 3... cuando llegué a la 10 no lo creía. Había cola todavía. Comprobé que fuese la puerta y el avión, y saqué el móvil de la maleta para llamar a mi padre.
Le dije lo que me había pasado aún jadeando, y que llegaría una hora antes de lo esperado. Que aunque salíamos dos horas antes, el avión venía con retraso. No me riñó ni nada, casi parecía que ni le importaba el desastre que acababa de montar por medio aeropuerto con tal de que subiese al avión xD
La cola era la que me correspondía, y tras colgarle a mi padre, iba a mandarle un sms a Iris para decirle que me había librado y que podía irse sin preocuparse de mí cuando me llamó. Aún jadeando por la carrera le conté lo que había pasado, y nos quedamos hablando un rato. Mientras, conseguí volver a ponerme el cinturón, a vestirme correctamente y a ordenar los bolsillos de la maleta.
Nos tuvieron un buen rato esperando en la cola, luego nos tuvieron un buen rato esperando en el túnel de camino a la pista, y luego nos tuvieron otro rato en la propia pista esperando para entrar al avión.
Pero conseguí subir al avión a tiempo, que era lo importante.
Quería coger ventanilla, y una de las ideas de llegar tan temprano al aeropuerto era poder entrar pronto para conseguir ventanilla, pero con las prisas supuse que no llegaría. Mi sorpresa cuando por fin subo al avión y la última fila de asientos está sin completar, con la ventanilla vacía. Sin ver si había mejores sitios me colé para allí. Y fue lo mejor que pude haber hecho en todo el día. Mientras me acomodaba le mandé un sms a mi hermano anunciándole que habíamos por fin subido al avión y que en una hora y media llegaríamos a Santiago.
Luego maldije haber apagado el móvil sin haber configurado el modo avión, y maldije tener la cámara encima de mi cabeza, dentro de la maleta. Porque hubiera hecho la foto más bonita que jamás habría hecho.
Desde la última fila de asientos se ve todo el ala en diagonal a través de la ventana, pero no la tapa completamente. Se ve que es un ala de un avión, además tiene hasta una forma bonita, y se veía perfectamente el nombre de Ryanair. Pero dejaba sitio para ver más cosas, no era lo único que se veía. Mientras volábamos hacia el norte, la luna, prácticamente llena (llena estuvo 48h después), se veía un poquito por encima del ala, grande y redonda. Y cuando fue anocheciendo las montañas que había por abajo hacían relieve, mientras las nubes, un poco lejos pero muy bien definidas, se volvían rosas y naranjas. Vi durante tanto tiempo la foto y no pude hacer nada para sacarla que casi me empiezo a dar golpes allí mismo :(
Si algún trabajador de Ryanair me está leyendo y siente mucha pena por mí y me quiere dejar hacer la foto, yo estoy dispuesta a volver a montar en uno de sus aviones solamente para poder sacarla :)

El resto del viaje estuvo muy bien. Pasé el viaje mirando hacia abajo, viendo las lucecitas de las ciudades, intentando adivinar cuál era cuál, pensando que la próxima vez, o me llevo la cámara en la mano, o me llevo un mapa. Me dio mucha pena que cuando pasamos los Ancares era demasiado de noche para poder verlos, porque hubiera sido precioso.
El aterrizaje, pese a ver la pista bajo mis pies antes de tocar suelo, lo llevé muy bien, y diez minutos más tarde estaba encontrándome con mi hermano, que me llevaría a casa en coche.
Me dijo que cuando le llegó mi sms de que estaba en el avión él estaba llegando a Santiago. Pobre.

Pero había conseguido llegar a casa. De verdad, hubo un rato en el que me vi colgada en Sevilla otro día más.

1 comentario:

La Petite Poupée dijo...

Lo que me he reído con la entrada ha sido épico jajajaja pobreta :P

Besazos, y a ver si nos despistamos un poco menos^^