5 de abril de 2011

Adiós a los 20 años

Mis 20 años se fueron más o menos como llegaron, pero quizás apuntando a un remonte en la recta final, cuando empezaron descendiendo en picado.
Para resumir, no ha sido un buen año, aunque puede hacer servido como preparación para mejorar durante los 21. Por fin me he rebelado contra mí misma y he decidido cambiar la manera de hacer las cosas. Si funciona o no lo dirá el tiempo. Aunque actualmente está todo un poco mal, estoy haciendo cosas que espero que mejoren mi día a día en unos pocos meses.

Mis 20 años empezaron en una convivencia que cada día se hacía más rancia y opresiva, y no me di cuenta de todo lo que los odiaba hasta que estuve lejos y libre de ellos. Viví encerrada en clase o en mi habitación, y aunque la razón que despertó la ansiedad después de un año ya no estaba, ésta no se iba. Aún a veces siento restos de esa sensación de “tengo hambre, pero estoy oyendo ruido en la cocina, seguro que son ellos; espero a que se vayan”. El escapar de gente que vive en tu propia casa, el intentar no cruzarte con ellos simplemente por no querer verlos. Aún a veces lo hago en el piso en el que estoy, sin recordar que cuando salga no hay hostiles caminando por el pasillo. Ya no son hostiles, son simplemente compañeros de piso.
Siguieron en un verano en el que mentalmente me hice esclava de las asignaturas dejadas para septiembre. No es que estudiara seguido, pero no pude apartar la mente de los exámenes, los apuntes y el deber de estudiar. Estudié lo que la desconcentración me dejó, que quizás no fue lo suficiente, aunque después de todo aprobé las asignaturas a las que me presenté.
Con la vuelta a clase las cosas cambiaron. Me sentía libre e el piso y en la convivencia (aunque todavía ando con miedo y cuidado), pero me sentía atrapada en la Facultad. Demasiadas horas, que pensé que podría sobrellevar, pero 3º no es 1º. La ansiedad, el nerviosismo y la sensación de “no tengo tiempo, no tengo tiempo” crecieron y se hicieron un hueco bastante grande en mi mente. Planeo las cosas con semanas de plazo, porque siento que no tengo tiempo para llevarlas a cabo en menos días. Tengo clase todas las tardes, muchas horas, y cuando llego al piso solamente quiero tumbarme en cama y pelearme un rato con Sally, o hacerle mimos. Busco huecos para hacer trabajos que llevan tardes, nunca estoy contenta con el resultado. Me siento como si nada de lo que estuviese haciendo estuviese bien hecho, como si lo entendiese todo al revés. Tenía que presentarme a diciembre a alguna asignatura, y por ansiedad y malestar cuando intentaba ponerme a estudiar, lo dejé. Ahora es otra para septiembre.

Sin embargo, llegaron a mi vida Sally el amigurumi. Y parece que ambos están creciendo sin control. El amigurumi me da respiros dentro del “no tengo tiempo”. No importa si tengo 5 minutos o 3 horas, puedo cogerlo y dejarlo cuando quiera. No es como la pintura, que necesito proteger la mesa, el agua para los pinceles, los trapos... pintar, y luego recoger. Cojo la bolsa con las lanas, me pongo el patrón delante, y hago hasta dónde llegue. No hay prisas, no hay obligaciones. Es un respiro.
Estoy también empezando a pensar que cargarme de asignaturas este año para estar más libre el próximo no fue una idea realista, y me estoy planteando la posibilidad de repartirlas, y no me duele abandonarlas, no lo siento un fracaso. Simplemente el año está siendo más duro de lo que esperaba, y las horas libres con las que contaba las estoy consumiendo con la biblioteca. No sé cuáles dejaría porque todas tienen un horario un poco malo, pero si en un momento me siento a explotar, dejaré alguna sin remordimientos.
En diciembre, antes de los exámenes extraordinarios, la ansiedad volvió más fuerte que nunca. Los ejercicios de respiración que había hecho hasta entonces dejaron de hacer efecto, las noches sin dormir se multiplicaron, y los remordimientos después de comer se convirtieron casi en remordimientos por tener que comer. Tras meses de valeriana y ejercicios de respiración me decidí a pedir ayuda al psicólogo. Con dos sesiones no se ha ido (va a tardar unos meses), pero ya no dependo de la valeriana para hacer vida normal. Voy a seguir con él, hacer terapia (aunque a mí me suene demasiado serio), me va a enseñar cómo manejarme en situaciones de ansiedad, y esperemos que estos problemas, con el paso del tiempo y esfuerzo, se vayan pasando. Ya me advirtió que no va a ser cosa de dos días, sino de meses. Y ya le dije que si se va a ir, no me importa esperar. Solo quiero no tener que volver a pasar unos meses como de diciembre hasta aquí.
Entre alguna de las tareas que me ha encomendado el psicólogo está el divertirme, hacer cosas que me motiven y me alejen la mente de cosas menos agradables. Las estoy haciendo ya, y las estaba intentando hacer desde antes de que él me lo dijese. Llevo unos meses apuntándome a todo lo que me encuentro, con ganas de hacer cosas nuevas y aprender cosas nuevas. Creo que en el fondo me sentía atascada de alguna manera en el día a día y quería salir de él. Me he apuntado a cursos de fotografía, he intentado la defensa personal, me he puesto más en serio con el amigurumi, descubrí que sé cortar fieltro, por lo que a lo mejor me pongo pronto con él, etc. Entre todas esas cosas también he elegido la música. Quería hacer algo diferente, comprometerme con algo que me gustase, y me decidí a aprender a fotografiar conciertos en serio. Tras una pequeña búsqueda, un día me sentí con el morro suficiente de pedir colaborar con The Drink Tim. Y ahí estoy, dentro, aprendiendo poco a poco cómo moverme por la página y por las noticias y fuentes. Ahora espero que dure tiempo y que todo salga bien, para todos :)
Otra de las buenas noticias en estos últimos meses fue la concesión de la beca en la biblioteca. Es mi primer trabajo serio, y me siento bien trabajando. Me gusta la sensación de estar ganándome mi dinero para poder mantener a una cobaya tragona. No voy a decir que estoy aprendiendo mucho, porque salvo los cuatro conocimientos básicos del funcionamiento de la biblioteca no hace falta saber mucho más, pero es un trabajo que me gusta. No sé si sería un trabajo que podría pasar el resto de mi vida haciendo, pero desde luego es mucho más cómodo que muchos otros posibles.

Para no alargar esto mucho más, este año fue bastante lineal, marcado por las clases, los exámenes, las asignaturas abandonadas y la presión de remontarlas. Sin embargo, con Sally, el amigurumi y el psicólogo espero hacer que los 21 sean mejores. Un poco más activos, marcados por la música, la literatura y el ganchillo, no por las asignaturas suspensas.
Y otro año más de blog, leyendo mis tochos enormes y mis pocas fotos :)


PD: He sido tan tonta como para no nombrar a David, que me da un poquito de felicidad cada momento que está a mi lado, Iris, Silvia, Iria, Isa… todos los que hacen que aunque diga que fue un año malo, en realidad no lo haya sido cuando estaba acompañada de vosotros. Más o menos tiempo, más o menos cerca.

2 comentarios:

Sandra dijo...

Buena crónica y espero que mejor augurio de unos grandes 21 :)
La verdad es que leyéndote se nota que Sally y el amigurumi te han animado, al igual que también el hecho de no tener a los otros "compañeros" de piso.

Espero que todo te vaya genial de aquí en adelante =)

Joni billy dijo...

tu experiencia con tus compañeros de piso, se puede decir que es como igualita a la mia con mi padre, es siniestro xD yo tambien esperaba a que se fuera del salon o de la cocina para ir yo y no verle ... en fin me alegro que tu ya no los tengas y tal ...
respecto a el psicologo, te dice muchas cosas que ya sabes, pero que muchas veces no quieres ver o simplemente si quieres ver pero que no te atreves a llevar a cabo, con un psicologo es como si fuera que tuvieras una obligacion a mejorar a demostrar que puedes mejorar, lo malo es que el psicologo demuestre desinteres y no sepa ayudar ... peor creo que tu psicologo es competente
y bueno solo tengo que decir que cambiamos continuamente, asi que si te propones cambiar por ti misma mejor. Por ultimo solo decir que espero que te vaya mejor con los 21 años ^^