17 de junio de 2010

Mi segundo día de Selectividad

•8.00: Te despiertas. El día está cubierto, y posiblemente llueva. Tienes el primer examen a las 10 de la mañana: Latín.
•8.30: Llegas al edificio horrible donde vas a hacer el único examen de la mañana. Estás sola hasta las 9.30, cuando llegan algunos de tecnológico. Todo el tiempo lo pasas con los apuntes en la mano, pero sin mirarlos, crees que lo sabes todo.
•9.45: Cuando te estabas empezando a preguntar si no te habrás equivocado de hora, porque allí sólo hay gente de tecnológico, aparecen los de tu clase.
•10.00: Os mandan ir a todos los de latín (al hacer recuento dicen que sois 19) a un aula pequeña. Reparten los exámenes. Como el listo de tu profesor sólo os preparó para hacer una opción, no tienes ni que pararte a escoger. Haces el texto histórico, aunque la fábula tiene pinta de ser fácil. De las preguntas teóricas sólo os preparó para hacer dos, cuando tienes que hacer tres. Escoges Cicerón y la oratoria en la época de Augusto, latinismos (a escoger entre ipso facto, Tu Gaio; ego Gaia, ad kalendas Graecas nasciturus y deo audiviante), y la que tienes que hacer sin tener preparada, pero que es fácil: Cita y explica cinco palabras en castellano que contengan el prefijo sub-. Submarino, subacuático, subrayar, subestimar y subyugar. No se te pasan por la cabeza ni subterráneo, subdesarrollado, subconsciente, subnormal, subsahariano, ni más palabras más fáciles de explicar que subyugar, y que se te vienen a la mente una vez que sales por la puerta.
•11.10: Acabaste el examen, pero te queda un pequeño broche que ponerle: las partes del discurso, y cómo componer un discurso, según Cicerón, para acabar de completar la pregunta teórica. Podrías estrujarte las neuronas y arriesgarte a tener un fallo, pero lo tienes todo apuntado en el diccionario, en la página 77, donde está la entrada de Cicerón. Abres el diccionario, y buscas la página como si fueras a consultar una palabra. En ese momento, el señor de la universidad que os estaba controlando y que estaba paseando por el fondo de la clase se acerca hacia los sitios de delante. Le coge el diccionario a la que está sentada a tu lado, y se pone a ojearlo lentamente. No sabes si es porque tiene curiosidad por cómo son los diccionarios de latín de ahora (por su edad, debió estudiar latín en su época de colegio), o en busca de chuletas. Te pones a temblar como loca. Apuras a escribir todo lo que tienes que decir, para acabar antes de que venga a controlar tu diccionario.
•11.15: Entregas el examen. El texto tiene sentido, aunque más tarde te das cuenta de que civitates=ciudades, no ciudadanos. Un fallo menor. No tendrás los seis puntos que dan por la traducción completos, pero de esta te libras.
•11.30: Bajas a tu instituto, a darle el examen a la profesora (sustituta) de latín, que se lo prometiste. Traduce en el momento el texto y no lo dice muy diferente de cómo lo tienes. Respiras aliviada. Cuando te ibas, llegan dos compañeros que entregaron después de ti, y uno de ellos viene llorando. Dice que metió la pata hasta el fondo, que va todo mal, que va a suspender. Intentáis calmarla.
•12.20: Está lloviendo, así que llamas para que te vengan a buscar. De vuelta a casa paras en el mercado a comprar unas lechugas para ensalada. Al volver al coche te encuentras con uno de los profesores que llevan el concurso te microrrelatos, y te dice que mañana cuando acabes los exámenes te pases por allí que, no puedes decir nada, pero tienes una pequeña sorpresa preparada. Ganaste, fijo.
•13.00: Llegas a casa, preparas la comida, y lista para la tarde.

•15.40: Llegas 20 minutos antes del examen al edificio. Ya están los de sociales, que tienen los dos últimos exámenes esa tarde, y luego ya acaban. Intentas leerte la teoría de griego, pero te vas poniendo cada vez un poco más histérica. Acabas por arrugarlos todos y tirarlos a la papelera sin remordimientos. Arrancas los poemas griegos (las traducciones) del cuaderno, y los guardas. Cuando todos los apuntes de griego y de latín se vayan a la hoguera en San Juan esos poemas serán lo único que salves.
•16.00: Os hacen entrar en el salón de actos. Como los asientos para zurdos están todos cogidos, te vas para uno de diestros, después de todo llevas toda tu vida escribiendo en los asientos que no te corresponden. Reparten los exámenes. De nuevo, por la inteligencia de tu profesor, sólo puedes hacer una opción. Lees el texto y no identificas ni una palabra, y el título no te dice nada. Las preguntas teóricas apenas valen tres puntos, pero pueden ayudar a aprobar, y griego no es tu fuerte. Hay una de analizar morfológicamente (ni siquiera te planteas hacerla), una sobre las obras de Jenofonte, otra que dice algo de ¿de qué guerra se ocupó de historiar Jenofonte?. Todavía hay ruido en el salón de actos y le preguntas a tu compañera de delante. Peloponeso, es toda respuesta cuanta necesitas. La siguiente son palabras derivadas de “presbís” (viejo, anciano, sabio, embajador) y “acúo” (escuchar, oír). Tienes que elegir, y te quedas con las dos últimas. Y después, tienes que elegir otra pregunta para desarrollar, o Temas y ambientes en la poesía de Alceo, o Características principales del héroe homérico. Como le tienes manía a la pregunta del héroe homérico, no te queda otro remedio que hacer la de Alceo.
•16.05: Se hace el silencio en el salón de actos. Silencio relativo, porque las dos profesoras que tienes detrás no paran de hablar. Por delante, los encargados de las universidades también parlotean. Empiezas a escribir. Cuando uno de los de la CiUGa dando paseos pasa por cerca de ti, la profesora que no paraba de hablar que está detrás tuya le dice que tú eres zurda, y que estás en un sitio para diestros. El tío libra de chaquetas una silla de brazo izquierdo, te coge del hombro y te arrastra a ese sitio, aunque tú le digas que estás acostumbrada a escribir al revés y que estás bien en tu sitio. Las dos primeras frases que escribes por primera vez en un sitio para zurdos te cuestan muchísimo.
•16.10: Tras los primeros sustos con el texto, te empiezas a enfadar. Tienes ganas de entregar el examen con las preguntas teóricas hechas, y dejar el resto en blanco. Te estás empezando a poner histérica, aunque las palabras van apareciendo en el diccionario. Pero a la hora de traducir, no tienen demasiado sentido. Sobre todo una frase, que empieza por un verbo pasivo, sigue por un posible sujeto activo, un complemento directo que no casa ahí ni a tiros y luego dos conjunciones causales seguidas. Decides que colocarás los elementos como quieras, ordenándolos como quieras, y sin más problema. Si no te hubieras presentado tendrías un 0, todo lo que hagas tiene posibilidades de subir nota.
•17.00: Entregas sin repasar. Estás harta de griego, llevas mucho tiempo harta de griego, y éste es tu último examen de griego de tu vida, no quieres alargar la tortura. Entregas de primera en todo el salón de actos (compartido con CTMA, dibujo técnico y economía) y sales a la calle. No pasa un minuto y sale la primera de tus compañeras de clase. Os cagáis en el texto sin sentido que pusieron, con el jaiper que no aparecía (y que, después de miles de vueltas, encontraste como “jeiper” –buscando una preposición viste que “per” es una partícula enclítica, entonces buscaste “jai” solo, que te llevó a “jei”, y buscando por “jeiper” sí apareció-) y te pregunta si hiciste la pregunta de Alceo o del héroe homérico. Vas a responder que Alceo, cuando te das cuenta de que no la hiciste.
Sí, señor, con las prisas que tenías por irte, dejaste una pregunta de la que podrías haber sacado tranquilamente medio punto más en blanco. Qué más da, con lo mal que está el examen, medio punto no habría significado nada.
•17.20: Te vas a casa, tienes que estudiar los contextos históricos del examen de mañana, Historia del Arte, Vas haciendo notas mentalmente, y en griego cuentas con un 2, más sería un éxito. Pero un 2 en griego cuenta como dos exámenes normales, así que sería lo mismo que sacar dos exámenes de castellano con un 2. Acabas de cargarte toda selectividad.
•17.30: Vas a la biblioteca, a conectarte cinco minutos para descansar la cabeza. Te toca un ordenador que no podía ser peor. No funciona el msn, y tarda demasiado en abrir cualquier página. Te vas a las 18.00, harta.
•18.10: Intentas estudiar. Al ir a rescatar los apuntes de las catedrales de la 2ªevaluación topas con todas las fichas de griego y de latín que os dio el profesor durante todo el curso. Que le den a las catedrales, te pones a romper con sadismo las fichas de griego. Cuando acabas, le sacas un par de fotos para recordar el momento en el que te libraste de griego para siempre, las metes en una bolsa, la cierras a conciencia, y la tiras muy lejos en tu habitación. A la otra esquina.
•19.00: Te rindes. Recopilaste todos los apuntes que necesitas para estudiar el examen de mañana, pero te niegas a estudiarlo ahora. Estás harta. Además, después de la cagada de griego, no remontas.
No tendrás esa media de 8.5 en selectividad que querías sacar, bajará mucho. No importa ni el 10 en filo ni el 10 en inglés, porque te lo cargaste todo en griego. Estaría bien un 10 en Arte, o algo parecido, pero el año pasado pusieron para comentar el Arco de Triunfo de Tito, no sería raro que pusieran cosas extrañas también este año.
•00.00: Te metes en cama. Poco a poco, te fuiste cabreando con el mundo. Con los que ponen los exámenes, por haberse cebado tanto con las palabras derivadas (tenían “polis” –de la que deriva todo lo que sea “político”, “política” y así; y “autós” –automóvil, automático, autómata, autocracia…- y escogieron dos complicadas). Piensas en que a lo mejor ni te presentas al examen de Arte. Después de lo de griego no vas a remontar, todo se fue a la mierda, no tiene sentido seguir gastando neuronas si no va a servir de nada.

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1 comentario:

Mayma dijo...

Es duro, un extres, y un asko la selectividad... pero aun puedes aprovexar la oportunidad, esta pagada ya.. q mas da un poko d perdida de neuronas?? sigue duro y acabala... SUERTE!