21 de octubre de 2011

Zumo

Un domingo como éste, a las nueve de la mañana, volvió a crearse el mundo cuando se oyó una voz femenina que decía: hoy te toca a ti traerme el desayuno a la cama (1). En el espacio reinaba ese silencio neumático que precedió al Génesis. Aún no había sido hecha la luz ni el espíritu flotaba sobre las aguas ni había manzana en el paraíso, pero en ese momento todo el universo fue ocupado por un sonido que salía de la cocina. El exprimidor de naranjas había entrado en acción impulsado por el compañero y el zumo comenzó a existir. Poco después la casa se inundó con el aroma del café. Mientras el hombre preparaba el desayuno, ella leyó un verso en el libro que tenía en la mesilla: A través de una noche en pleno día/vagamente he conocido la muerte (2). Entonces él entró en la habitación con la bandeja y en ella llevaba mermelada, tostadas, café, zumo y algunas cápsulas de vitaminas y minerales. Depositó el desayuno en el regazo de la mujer y a continuación subió la persiana y descorrió las cortinas. Fuera de la habitación no existía nada porque el mundo no había sido creado todavía, pero aquella mujer ya se llamaba Eva y el hombre era Adán. El horizonte de la ventana lo formaba la sensación de plomo, aunque ahora la habitación estaba iluminada por el zumo de naranja y cuando ella elevó el vaso a los labios como una lámpara en la oscuridad exterior comenzó a vibrar una luz iridiscente sobre la cual se extendió el concepto del tiempo y de la memoria. Esta pareja de amantes ignoraba su pasado. No recordaba haber sido expulsada del paraíso ni sabía que la muerte les acogería un día a causa del placer. Después del zumo tomaron café, tostadas y algunas vitaminas (3). Un domingo como éste sin darse cuenta la pareja sentada en la cama estaba creando un mundo a su imagen y semejanza. Pásame la mermelada, dijo Eva. ¿Quieres un poco de más de café?, preguntó Adán. Y entonces por primera vez en su vida saludaron al sol que iluminaba las sábanas revueltas por el amor y las cortinas se inflaron con una brisa que traía un perfume de protozoos y algas. La mujer recitó el verso que había leído, pero el hombre le dijo que era un mal sueño, que la muerte no existía. Adán y Eva, después del desayuno, se pusieron el chándal, cogieron las bicicletas y salieron a pasear. (4) A medida que avanzaban se iban creando los caminos, el paisaje, los ríos azules, los valles, los bosques, los animales. Por la tarde crearon también la música de jazz y el güisqui y así hasta la mañana siguiente que fue lunes y ya intervino Dios.

Zumo
Manuel Vicent, 2002

(1): División de mi grupo para finalizar la presentación
(2): Final del trabajo del primer grupo. El verso es de Cernuda, pongo lo que he encontrado sobre él aquí abajo.
(2)-(3): Fragmento que corresponde al trabajo de nuestro grupo
(4): División de mi grupo para finalizar el nudo y empezar el desenlace.



Habitación de al lado, Luis Cernuda.
A través de una noche en pleno día
Vagamente he conocido a la muerte.
No la acompaña ningún lebrel;
Vive entre los estanques disecados,
Fantasmas grises de piedra nebulosa.
¿Por qué soñando al deslizarse con miedo,
Ese miedo imprevisto estremece al durmiente?
Mirad vencido olvido y miedo a tantas sombras
blancas
Por las pálidas dunas de la vida,
No redonda ni azul, sino lunática,
Con sus blancas lagunas, con sus bosques
En donde el cazador si quiere da caza al terciopelo.
Pero ningún lebrel acompaña a la muerte.
Ella con gran amor sólo ama los pájaros,
Pájaros siempre mudos, como lo es el secreto,
Con sus grandes colores formando un torbellino
En torno a la mirada fijamente metálica.
Y los durmientes desfilan como nubes
Por un cielo engañoso donde chocan las manos,
Las manos aburridas que cazan terciopelos o
nubes descuidadas.
Sin vida está viviendo solo profundamente.

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