26 de octubre de 2011

Sin agua caliente, y dar gracias

Odisea es lo que está pasando estos días en mi piso. El calentador venía fallando desde hace un tiempo, y el lunes a media tarde, decidió dejar de fallar para no ir. Desde entonces mi piso parece que está en puertas abiertas, con gente yendo y viniendo. Pero es un poco más complicado de eso.
Desde hace un mes, el calentador hacía cosas “raras”. Empezó como dando golpes como si entrase aire a la llama y se apagase para volver a encenderse. Luego, lo encendíamos y a los... 5 minutos se encendía como si hubiese un grifo abierto, cuando estaba todo cerrado. Y luego empezaron a fallar las temperaturas. Estando en la ducha, tan pronto te salía fría como te salía hirviendo. No era como la ducha del año pasado, si no que mientras mantenías los grifos abiertos salía en la misma temperatura, pero si cerrabas y volvías a abrir, no sabías qué te podía salir. Lo más probable es que agua para escaldar tomates.
Luego el tiempo ese de 5 minutos desde que lo encendíamos hasta que se activaba empezó a reducirse hasta ser encenderlo, esperar dos segundos y activarse. Cuando empezó a hacer estas cosas llamamos a la casera. Si el problema lo tuviese un grifo o una puerta no pasaría nada, pero es el calentador, va a gas, y no queremos explotar. La casera pasó de todo. Que sí, que llamaría a alguien a que viniese a verlo y tal. Esto fue antes o mientras le pagábamos el mes, es decir, en la primera semana de octubre. Nunca vino nadie. Incluso las siguientes veces que llamó una de mis compañeras de piso a lo largo del mes.
Y el lunes estaba fregando los platos a media tarde, con David sentado en la terraza fumando, y soy incapaz de fregar todo con el grifo siempre abierto. Abro y cierro, abro y cierro. Y como estos días empieza a hacer frío, encendí el calentador y el agua caliente. Tras quemarme varias veces por los cambios de temperatura que da, hubo un momento que lo cerré y me acerqué a David, que seguía en la terraza. Y cuando me pongo a hablar con él, escuchamos un estruendo, miro para el calentador y me encuentro con unas llamas amarillas (no las de gas, que son azules) enormes dentro del calentador. Sin pensarlo, apagué el gas desde la bombona. Se fue el fuego, pero un ruido bastante grande seguía saliendo de él. Se acercó David al calentador, lo cerró en la rueda que tiene, y se dio cuenta de que sonaba como agua corriendo. Mucha agua corriendo. Cuando la encontramos, cerró la llave de paso general de agua a la casa. Y el ruido paró.
Tenía que haberse reventado una tubería. Y desde luego, no iba a volver a encender el calentador o abrir la llave del agua.
Llamé a la casera. Le dije que se había acabado de estropear el calentador, que estábamos sin agua, que tenía pinta de haber roto una tubería en algún sitio. Que viniese a verlo ella, y que llamase a un fontanero o a quien lleve el tema de los calentadores para que lo arreglase. Con ruido de voces de fondo, dijo que estaba ocupada y en ese momento no podía ir, pero que intentaría ponerse en contacto con alguien que lo arreglase. Y para acabar la faena, me dijo que hoy no lo iban a arreglar y posiblemente antes de la noche no podrían enviar a nadie. Yo juraría que estaba en una cafetería con unas amigas y que simplemente pasaba del tema. Como me dijo que si no había encontrado a nadie sobre las 8 me avisaba, lo dejé estar.
A las 8 y media no había llamado y no había venido nadie. Y sin agua no es que solamente hubiesen quedado los platos a medio fregar, es que no tenemos agua para beber, para lavarnos la cara por la mañana, o simplemente para tirar de la cisterna. A las 9 menos cuarto llamó una de mis compañeras. Que si no quería llamar ella a nadie, que nos diese el número de alguien que supiera y lo avisábamos nosotras. A los 2 minutos su marido un amigo manitas-fontanero estaban timbrando a nuestra puerta.
Como pensábamos, el amigo manitas comprobó que tenía que estar una tubería rota, y que en ese momento no podía hacer nada. Pero la tubería rota solamente era del agua caliente. Cerró la llave del agua caliente y pudimos volver a abrir la de la fría. Algo es algo.
La tubería llevaba perdiendo un mes, por eso el calentador se activaba cuando no había ningún grifo abierto: al perder agua, para él sí hay algo abierto, y calentaba ese agua.
Quedó que al día siguiente volvería a arreglarlo. Habló conmigo, porque el marido de la casera, a estas alturas, todavía no se había enterado de que el problema no estaba en el calentador, y que el bajo que hay en nuestro piso debía ser una piscina a estas alturas. Seguía preguntando si tendría que cambiar el calentador. Quedamos en que él vendría por la mañana, aunque no estuviéramos. Podemos cerrar nuestras habitaciones con llave, y él entrar con el marido de la casera o con ella misma, y hacer lo que necesitase hacer.
Cuando llegó la tercera de mis compañeras, que vuelve cerca de las 10 de la noche de trabajar, le contamos lo que había pasado. O más o menos, porque se había encontrado en el portal con el que tiene el bajo. Es carpintero. Sí, aquello es una piscina. Sí, tiene un montón de madera estropeada.

A pesar de haber quedado ya con el marido y con el fontanero, a las 9 de la mañana, cuando estaba a punto de salir para clase, me llamó la casera. Que el fontanero se pasaría sobre las 11, si alguna íbamos a estar en casa. Le repetí que quedáramos en que él entraba y nosotras cerrábamos las habitaciones, sin ningún problema.
Entonces me acordé de que la última vez que hubo “obras” en casa la cobaya casi muere de un infarto. Sin coñas, mi padre pensó que le quedaba en el sitio la cobaya. No le gustan los ruidos fuertes, pero los taladros acaban con ella. En mi casa este verano vino un tío para arreglar no sé qué cosa de internet y tuvo que hacer dos agujeros en la pared. La cobaya se empezó a golpear contra los barrotes de la jaula, y acabó refugiándose en mi padre, y pensaron que se mataba o moría de un infarto. Si se puso así con un agujero de taladro, no quería pensar si tenían que abrir una pared y cortar la tubería. Decidí quedarme en casa, y cuando viniese el fontanero, preguntarle si iba a abrir algo. Si iba a dar golpes, taladrar, martillar o algo así, me llevaría la cobaya a dar un paseo por algún lado.
Con la puntualidad típica de los fontaneros, apareció a las 12. Pero no era el Manolo y Benito de la noche anterior, sino otro con chaqueta de Mapfre. Le conté por encima qué había pasado y qué nos habían hecho, y se puso a mirar cosas. Dijo que estaría bien poder hablar con los del bajo para ver por dónde tenían la fuga, pero no teníamos manera de ponernos en contacto con ellos. Llegó el casero. Llegó para molestarle, porque no hizo otra cosa.
El fontanero primero repitió lo que había hecho el otro el día anterior. Abrió la llave del agua caliente para ver cómo corría el agua sin tener ningún grifo abierto, mientras el casero le rosmaba por detrás “con eso no vas a arreglar nada”. Luego se puso a mirar las tuberías por el patio, a ver si había pistas de que alguna perdiese. Porque, como dijo, sin saber dónde está la fuga, o se abre todo, o para fallar, no vale la pena abrir. Debió encontrar por dónde fallaba, porque lo siguiente que escuchamos era que el casero no le dejaba abrir la pared, y él que debió pasar de él porque empezó a picar.
La cobaya solamente hizo ruidos de tener miedo, los normales, nada más.
El casero iba y venía, el fontanero iba y venía. Le escuché decirle al casero que tenía que venir un técnico a mirar el calentador, porque las tuberías no revientan porque sí. El calentador probablemente estuviera dando demasiado calor, potencia, o lo que fuera, que desgastó la tubería. Y poco después, cerca de la 1 y media, se fue. Minutos después se fue el casero. Le pregunté si teníamos agua, fría, caliente o ambas, y lo único que me respondió es “yo ya no sé de qué va el tema”. Y se fue.
De allí a media hora, vuelven a llamar al timbre. El primer fontanero, que quiere ver qué hizo el otro. Revisó todo lo que estuvo tocando el segundo, le quitó la carcasa al calentador, encendió todo, y descubrimos que ya teníamos agua caliente. Llamó al casero para que viniera a traerle herramientas, y estuvo fozando un rato por allá. Volvió el casero. Tras, no sé, otra media hora de mirar y remirar en la cocina, llegó a la misma conclusión que el segundo fontanero: el agua caliente ya va, pero tiene que venir a mirar el calentador un técnico, porque sigue activándose solo y no es normal. Escuchamos que le decía algo de “llama a Fulanito, que él sabe de calentadores. Si no puede venir, en último caso llama a los técnicos de Fagor, que el calentador es de esa marca”. ¿Perdona? ¿En último caso? Si mañana no viene un técnico de Fagor, o alguien que parezca medianamente profesional y si no nos mira el calentador de arriba abajo y por fin nos dice algo claro, o lo deja completamente arreglado, o lo llamamos nosotros. Y la factura la paga la casera, por no hacernos caso la primera vez y andarse con cutreces de esperar a que reviente todo antes de aceptar que algo va mal.

De momento, hemos puesto una lavadora con agua fría, y no estamos inundados. Pero hasta que alguien nos dé una garantía en serio de que no vamos a explotar y que ya va todo bien, no vamos a volver a encenderlo para tener agua caliente. Por lo menos mis compañeras están apuntadas a un gimnasio y pueden ducharse allí con agua caliente, pero yo no. Me niego a ducharme con el frío que hay en agua fría. La cabeza no me importa, porque de 1º tengo práctica en lavarla por separado, pero me niego a lavarme el cuerpo con agua fría. Lo que se me ocurre es calentar agua en el microondas y lavarme en plan palangana como en los cuadros renacentistas, o ir a casa de David una tarde xD

Eso si no explotamos y nos vamos todos a tomar por culo antes. Nosotras y todo el edificio. Porque tiene huevos que por ser la tía una rácana que no quiere pagar un fontanero cuando la avisamos por primera vez hayamos pasado el susto, el tener que faltar a clase (cuando debería haber ido más que de costumbre, tenía que hablar con una profesora sobre una asignatura) y ahora vaya a tener que pagar toda la obra. Que se aguante y aprenda para la próxima vez que le avisemos que de algo va mal. Porque todavía no se lo hemos dicho con el follón que se montó y tal, pero la cisterna pierde. Lo dejo caer por si acaso.

1 comentario:

La Petite Poupée dijo...

Es que es peligrosísimo, no es una cisterna que pierde, es que podríais haber reventado. Qué tía ¬¬

Un beso y suerte con todo^^