27 de julio de 2011

Ausencias

Hay noches, como ésta, en las que noto vacío. Me falta algo, me falta alguien. Me voy a dormir sin despedirme de nadie, sin decir un “hasta mañana”. Es vació, es romper con una rutina cálida que me costó años forjar y con la que estaba muy contenta.
Llega la noche, pero por echar de menos, de sentir la casa vacía, no puedo o no quiero dormir. A veces vuelvo a sentir esa llamita de la literatura que me manda coger un bolígrafo, pero no tengo ideas en la recámara para aprovechar el momento. Sería más frustrante que de costumbre volver a dejar un papel en blanco, o limitarme a escribir en los márgenes “miau, miau, miau” o “cui, cui, cui, cui, cui”; por lo que prefiero no enfrentarme a una hoja en blanco, por lo menos no por el momento.
Entonces es cuando voces pasadas me llaman. Voces que me pusieron voz cuando yo no tenía, voces que me han acompañado a lo largo de los años, siempre latentes aunque no siempre explícitos. Recuerdo cuando la música era una aventura más, y no me había llevado todavía una decepción tan grande como con este último festival. Voces que me dicen que éstas son nuestras noches, que hoy tocarán Hora Zulú otra vez en mi habitación, o Gritando en Silencio, o Sôber, o los recopilatorios de la RockZone con Estirpe, Jacky Trap, Black Rebel Motorcycle Club, My Chemical Romance u otros.
Siento que necesito un abrazo, una cosita viva y calentita trepándome al hombro, pero ya no están aquí. Y me queda más de una semana de irme a dormir sola, de tener la casa vacía, sin despedidas cuando cae la noche.

Noches en las que me siento niña de nuevo, y necesito volver a conectar con ese momento de mi vida. Todo era más sencillo, no echaba de menos, no esperaba.

Sin embargo, con echar la mano a la espalda puedo sentir que todo eso está ahí. Que no estoy sola, sino que llevo eso y mucho más dentro de la piel. Todos estos años en los que me siento de vuelta, toda la trayectoria que he trazado desde mi primera noche en esta habitación hasta hoy, todos los momentos malos que he tenido (algunos bastante peores que éste) los he superado, y en el momento de marcarlos para toda mi vida me sentía feliz. No hubo dolor, hubo una sonrisa.
Poco más de una semana y vuelvo a sentir vuestros besos. Los de los dos.

1 comentario:

La Petite Poupée dijo...

Mucho ánimo, y ya sabes: a empezar a romper folios y a rellenarlos aunque sea con letras de canciones, algo saldrá ;)

Un besazo^^