16 de marzo de 2011

Francisco Pillado Mayor

Hace ya dos meses que estoy trabajando en la biblioteca de mi Facultad. Aún hoy, sigo pensando que en realidad mi trabajo es “hacer lo que me manden”, que para eso soy becaria. Hasta ahora, lo que más hice y hago es recolocar los libros devueltos, etiquetar las nuevas entradas, bajar los menos usados al depósito, y lo más horrible y aburrido: reordenar estanterías.
Parece mentira que seamos universitarios. Parece mentira que estemos socialmente aceptados como adultos (alguno todavía no lo es), y que vayamos a una biblioteca. No hay día en el que me toque subir libros y no encuentre alguno mal colocado. Pero mal colocado a propósito. Por ejemplo, hay una sala bastante escondida, la de microfilmes, donde se guardan los libros de Historia y Filosofía (a falta de Facultades propias en Coruña, nos mandan a Filología todos esos libros). Si no sabes que está ahí, no entras. Es decir, tienes que ir a la planta -1, meterte en una sala anexa a la derecha de todo y encontrar las escaleras que suben a esa sala detrás de una estantería. Yo no la conocía hasta que tuve que ir a subir un par de libros que habían devuelto. Pues reordenando esa sala se encontraron hace unas semanas tres libros de Lingüística general y de literatura inglesa (creo), que son de la planta +1. No llegaron de casualidad, hay gente que los esconde a propósito.
O sin ser tan a propósito, la gente no se fija o es tonta. ¿Desde cuándo Fernando de Rojas, autor de la Celestina, es un autor hispanoamericano para ir en la estantería de Literatura Hispanoamericana? ¿O desde cuándo Rubén Darío va con los autores españoles? No es tan difícil, solamente hay que fijarse en la etiqueta de cada libro, que para eso paso mañanas y mañanas etiquetando libros: L6t (España) no es lo mismo que L6At (Hispanoamérica).
Eso sin contar la gente que va a buscar un libro, revuelve el estante en el que está ese libro, también quizás los que están cerca, deja todo, no solamente fuera del orden que marcan las etiquetas, sino libros tumbados, alguno debajo de otro, otros al fondo de la estantería… y se quedan tan panchos. El martes aún tuve que desmontar un estante ENTERO para poder volver a ponerlo porque los libros se habían retorcido y solamente quitando todo y volviendo a ponerlo se podría solucionar.

En un trabajo de esos estaba yo hoy. Tenemos un fondo “privado” dentro de la bibloteca, el fondo Francisco Pillado Mayor, un editor e investigador teatral de Coruña. Tenemos su biblioteca, o parte de ella, en una sala aparte dentro de la biblioteca. Son todo obras de teatro, la mayor parte más que breves (Luces de bohemia de Valle-Inclán es uno de los tomos más gordos que tenemos, junto a antologías de autores o manuales de teatro), algunas incluso son recortes de periódicos. Y es raro ver un libro actual, son todos bastante antiguos. Claro, para cuando te mandan leer un libro de teatro en clase, lo más probable es que allí lo encuentres, aunque no esté en la biblioteca “principal”. Pero tiene una numeración diferente, complicada (en vez de L6t es 860-2-nombre de autor-titulo para teatro español, 820-2-autor-título para gallego, por ejemplo) y evitamos ir siempre que es posible. Pero parece que esa gente que arrasa con todo lo pasa bomba. No hace un mes tuve que ir y ordenarlo todo. Y hoy tuve que volver a empezar, porque fueron a buscar noséqué esta semana y no había manera de encontrarlo.
El caso es que estaba ordenando la primera estantería de teatro español, iba por la B, cuando me fijo que en mitad de todos los libros de Benavente que tenemos, uno se llamaba Historia de una escalera, como el de Buero Vallejo (desde que leí La fundación, un ídolo para mí). Lo saqué de la estantería por curiosidad, y me doy cuenta de que en la cubierta pone que es de Buero Vallejo, aunque la etiqueta marque otra cosa. Y cuando voy a mirarle dentro, donde tiene apuntada a mano la verdadera referencia (la cubierta puede estar mal, aunque sería raro), me encuentro con una dedicatoria escrita a mano. Le tuve que sacar una foto:


Photobucket


Una dedicatoria escrita a mano, personalizada, de Buero Vallejo. Claro, saqué de móvil y con la poca batería que me quedaba tuve que sacarle una foto.

En el fondo soy una sentimental y una friki de los libros.


PD: Bajé el libro y efectivamente, estaba mal etiquetado. Ya debe estar corregido y probablemente mañana lo vuelva a subir, ésta vez para el hueco que le corresponde.

1 comentario:

La Petite Poupée dijo...

La dedicatoria la releo y me encanta, es todo un detalle y una curiosidad fascinante :)

Un besote^^