3 de junio de 2012

Semana equilibrada

Se ha acabado la semana, y si hiciera un balance de toda ella, saldría algo irreal. Porque aunque esta semana empezó mal, bastante mal, ha acabado entre risas, compañía, y focas enfadadas. Pero como siempre, por partes:

Tras el Expotaku, me tomé el lunes de descanso obligado. Creo que lo hubiese hecho aún insconscientemente, porque estaba agotada y aunque fui a clase, pasé la tarde como una zombie. Pero el martes había que volver a funcionar como una persona, reintegrarse en las clases tras darme una licencia durante la semana anterior, y volver a poner las cosas en orden. Lo más relevante del día, y que marcó el resto de la semana, fue que antes de las clases de la tarde, Literatura Francesa me sentía algo ansiosa. No me gusta la profesora, me desespera, me provoca la sensación de “qué bonita podía ser esta asignatura y con qué facilidad la tira por la borda”, junto al nerviosismo en general que me provoca el chico de Arquitectura que viene a esa clase. Decidí, sabiendo que tiene un gran efecto depresivo en mí, tomarme una pastilla de valeriana antes de ir a clase. Y funcionó, porque no estuve para nada nerviosa. Pero me hundió en la miseria. Sin ningún pensamiento negativo en general, estaba hundida, triste, como si el mundo se me viniera encima. Era consciente de que lo estaba provocando la valeriana y era lo que tenía que pagar por estar tranquila, pero saberlo no lo hacía mejor.
Además, él tuvo un par de detalles que me hundieron todavía más. Al salir del autobús y despedirme de él me había quedado con la sensación de que a él solamente le intereso porque luego ayudarle con la asignatura, de que solamente me sonríe y sigue viniendo conmigo al salir de clase por interés, no porque le guste yo. Eso me hundió todavía más, porque yo llevo buscando la manera de decirle que me gusta, y mucho, desde hace ya un tiempo. Entonces, yo siento cosas por él, lo busco, intento comunicarme con él, mientras él solamente piensa en mí por interés. Me sentí tonta, utilizada, idiota, y todo mal que podía llegar a sentirme.
Ese estado de ánimo me duró el miércoles, y hasta el jueves. El martes por encima la profesora de francesa nos mandó preparar una exposición oral para el jueves, y cuando llegó ese día (hicimos la clase a las 2 de la tarde en vez de a las 4 y media) estaba todavía tan desganada que me dieron ganas de poner los papeles encima de la mesa y decirle “no me da la gana de hacerlo, vienes y los lees tú si quieres”. Al final expuse, lenta, desganada, sin transmitir siquiera que tenía interés por lo que estaba diciendo.
Y luego le tocó exponer a él. Éramos pocos y estábamos todos sentados en primera fila, así que mientras yo hablaba lo tenía justo delante, pero intenté mirarlo lo menos posible. Pero mientras hablaba él era imposible no hacerlo. Lo intenté, pero estuvo hablando tranquilamente media hora, y no iba a pasarme media hora mirando la mesa. Seguimos luego hablando en el bus, donde consiguió arrancarme alguna sonrisa de las que él mismo me había quitado, y volví al piso sintiéndome diferente.
Las promesas que me hago a mí misma son las que rompo. Dejé de ver claro que quisiera olvidarme de él, que me encanta demasiado y que me hace sentir cosas bonitas. Medio vi que podía romper la promesa que me había hecho y dejar de luchar conmigo misma.

Pero no me dio tiempo a que mi estado de ánimo mejorase por eso. El viernes por la mañana me colaron un examen con el que no contaba (primero era una “práctica”, luego la profesora dijo que era una “prueba”, y el último día se le escapó que era un “examen”; cuando llegamos a clase era un examen con todas las de la lay), por lo que no preparé como si fuese un examen. Dentro de la complejidad de la asignatura, que se llama Literatura Hispanoamericana III, pero en realidad es una comparación interdisciplinar entre diferentes obras de arte vanguardistas, aunque sí damos mucho de literatura hispanoamericana; el examen fue fácil. Se centró en uno de los temas más básicos, y teníamos que explicarlo a partir de los textos teóricos que lo divulgaron en un primer momento, así que fue como dejarnos hacer el examen con una buena selección de los apuntes xD
Durante la tarde vino lo divertido. Tan divertido que compensa y supera con creces todo lo mal que lo pasé durante la semana. Las risas empezaron cuando me enteré de que Sôber, que habían programado dos conciertos de la Morfologira en Venezuela, a pesar de ir en contra de los principios que habían anunciado para dicha gira, estaban retenidos en el aeropuerto y no les dejaban entrar en el país. Cuando me enteré llevaban 18 horas retenidos, y a las 22 decidieron meterse en un avión y volver a España.
Me pareció demasiado bueno para ser verdad. Eso les pasa por ir a ganar fans a otros países cuando algunos de aquí estamos descuidados, a pesar de que no es que no hayamos hecho méritos para ganarnos un concierto o un poco de ateción. Porque por algunas entrevistas que les hicieron me sentí menospreciada e infravalorada por unas personas por las que lo hubiese dado todo. Y el karma dice que ya que la Morfologira pasa por Ibiza, por Mallorca, o por Cartagena, pero no por Galicia, ni de coña van a tocar en Venezuela. Y ahí están, en casa y sin haber tocado, apenas sin haber olido el país.
Me reí, me reí mucho, con maldad y saña. En Galicia decís que no venís a tocar porque no llenáis salas... pero en Galicia siempre os hemos recibido con los brazos abiertos y un montón de botellas de Licor café.
Pero las cosas por la tarde no pararon de mejorar. Por la noche iba a ir con Ana a una clase de ganchillo (para principiantes, pero confiábamos en poder aprender algo), y un rato antes de salir, me fui a planchar el pelo. En el piso solamente tenemos un espejo grande, que está al lado de la habitación de la cerda que tengo como compañera de piso. Mientras encendía las planchas escuché que hablaba por teléfono, con tono de estar llorando. Como las únicas alegrías que ella me puede proporcionar son sus desgracias, aproveché para escuchar mientras me planchaba el pelo. Ya hablé hace un tiempo de su situación sentimental ilegítima, y he dicho otras veces que el tiempo pone a cada uno en su lugar. Pues bien, después de los 10 minutos que me lleva plancharme el pelo, conseguí enterarme de que el novio que tenía en Pontevedra, el novio perfecto, se había enterado de que estaba con el Lelo, y primero le había puesto los cuernos con otras, y luego la había dejado. Pero esto no es suficientemente bueno, porque por encima los padres de ella se habían enterado de todo el rollo, y le daban la razón a él. Entre otras cosas, la tía intentaba justificarse con cosas como “es que yo estoy aquí sola, y es muy duro; él por lo menos tiene a sus padres, yo estoy sola”, a lo que me dieron ganas de soltar una carcajada. También se quejaba de “me decía 'te echo de menos', sí, ya vemos todo lo que me echaba de menos!”, cuando ella lleva como 6 meses con el Lelo y yo escuchaba por teléfono lo bien que le respondía “yo también te echo de menos, cari”.
Como dije, la única cosa buena que puede venir de ella son sus desgracias. Y me encanta ver que lo de “el tiempo pone a cada uno en su lugar” funciona. Paciencia, que todo vuelve a su cauce.
Por la noche, fui a la clase de ganchillo con Ana, que también tiene experiencia, aunque las dos tenemos nuestras lagunas. No fue muy útil la clase en realidad, aunque yo aprendí a hacer flores y ella se estuvo peleando con un collar, que consiguió hacer a pesar de que la profesora no se acordaba de cómo era. Pero nos echamos unas risas, y estuvimos hablando, y me alejé del piso durante un rato.

El sábado por la mañana vino Iris a Coruña. En principio íbamos a ir a un maratón de ciencia ficción, pero se acabaron diversificando las cosas. Comimos en el piso, y luego salimos para allí. Como hay obras, desviaron el autobús de manera inesperada, nos desubicamos un momento, y cuando volvimos a orientarnos, Iris pulsó el botón del autobús aunque nos faltaran varias paradas, y bajamos. Bajamos en la Torre de Hércules, y de camino al sitio donde hacían el maratón pasaríamos por el acuario. Eran las 4 y poco, dan de comer a las focas a las focas a las 5 (nunca habíamos llegado a tiempo para verlo) y tenemos carnets universitarios, por lo que tenemos entrada libre. Ahí fuimos.
Dimos una vuelta por dentro, Iris ligó con un chopo, me dieron miedo las morenas que tienen en las peceras grandes (de cerca de 2 metros de largo y como yo de ancho, no exagero, qué cosas más bestias), y fuimos a ver a las focas. Nos reímos como no me había reído en público. Ellas saben a qué hora les dan de comer, y saben que se acerca la gente unos minutos antes. Así que tan pronto hubo algo de movimiento, empezaron a animarse. Había una que hacía enfadada el gesto de comer, irguiéndose sobre el agua y mordiendo el aire, mirando a la gente. Luego, llegaron los cuidadores, con una nevera para cada una. Algunas de las focas ya los vieron desde lejos y se subieron a la plataforma donde les dan de comer antes de tiempo. Luego, se sentaron, y cada foca acudió a su nevera. Algunas de manera fácil, otras teniendo de reptar durante metros de una manera un tanto cómica, otras resbalando cuando intentaban subirse y cayendo como un saco al agua. Pero lo mejor era la foca enfadada. Se ve que no les dan de comer a todas a la vez, sino que van por turnos. Una de las que les tocaba al final se impacientaba porque estaban curándole un ojo a otra, y le pateaba el suelo de la plataforma como los niños pequeños cuando tienen berrinches, exigiendo que le diesen su comida EN ESE MISMO MOMENTO, HOMBRE YA. Vaya unas risas xD

Luego tiramos para el maratón de ciencia ficción. Estaba organizado por la misma asociación que pone en marcha el Expotaku, así que conocemos aunque sea un poquito a los chavales que lo llevan. No estaban los que más conocemos, pero no éramos extraños los unos a los otros. Cuando llegamos estaba acabando Moon, de la que no había oído hablar y solamente con el final me encantó, y algún día la veré; luego vimos Destino Final, algo completamente diferente a lo que esperaba, y para acabar, Matrix, que vi en 4º de ESO a cachos y de la que no recordaba nada.
Fuimos las únicas chicas. No había pensado en eso, pero las caras de los chicos que había dentro cuando llegamos dijeron bastante claro que no esperaban presencia femenina. Al final, nos quedamos para ver Matrix dos de los chicos que estaban poniendo las películas y nosotras. En confianza, comentando algunas cosas en voz alta y tal.
En general, lo pasamos bien. Nos echamos unas risas sobre todo porque Iris, inexplicablemente, fue perdiendo la voz a lo largo del día. De estar normal a estar ronca, luego a El Padrino, y luego a ser un susurro con gallos xD Voy buena de meterme con ella, de reírnos y ella parecer Pulgoso xD
Luego nos vinimos al piso, cenamos, y no recuerdo mucho más salvo que estaba agotada y nos metimos en cama. Bueno, ella en mi cama y yo en una colchoneta de playa en el suelo. Ahora por la tarde lo pasamos de más risas, viendo vídeos del Expotaku, de frikis, y empezando a mirar pisos.

Así que creo que el fin de semana ha compensado la basura de semana que tuve. Con los exámenes y el ir acabando las clases no creo que esta semana sea muy diferente, en cuando a ansiedad y depresiones. Además se me junta la incertidumbre de si volveré a verlo. Ya no tenemos clase por la tarde, así que en principio no, salvo cuando vayamos a hacer el examen final. Pero al despedirnos en el bus apuró un “tienes que dejarme los apuntes que no tengo”, así que realmente no sé si quedaremos o no.
Esta semana viene densa, a ver si soy capaz de tomármela como tal. El próximo fin de semana en principio tengo que ir a Vigo a ver a Vita Imana, pero todavía no sé cómo, ni si con alguien, o cómo voy a moverme por la ciudad. Y luego el niño queda libre de exámenes y a ver si puedo permitirme perder una tarde con él (que lo voy a agradecer mucho).

En fin. Más en los próximos días. A ver cómo van evolucionando las cosas.

1 comentario:

La Petite Poupée dijo...

Suerte con la semana próxima^^

¡Besos!