1 de junio de 2011

Ô

Estoy a cerca de 24 horas de llevar conmigo para siempre la Ô. No tengo miedo como pensé que tendría, o como tenía cuando me hicieron la prueba de la alergia. No estoy nerviosa, no pienso que me va a doler; y si me duele me da igual.
Tengo ganas, tengo expectación por hacerlo. Estoy emocionada, casi tanto o más que cuando fui a cerrar la cita para hacérmelo. No me da corrido el tiempo, por mí me pueden empezar a pintar ya.
No estoy pensando en si me va a doler, en las semanas se curas y picores que me esperan, y hasta ahora ni se me había ocurrido que voy a sangrar. Quiero hacérmelo, y estoy más segura de que lo quiero hacer que cuando Iris empezó a decirme “o lo haces ahora o durante el verano ya no lo haces”. Ahí sí tenía miedo, pensaba en muchas cosas, y sobre todo la aguja me daba miedo. Ahora ya no.

He pensado mucho en por qué quiero tanto este tatuaje. Sabía que lo quería, mucho, pero no sabía por qué, qué razones tenía inconscientemente para desearlo tanto. Es cierto que la idea se me vino justo después del concierto de Sôber en octubre, con la emoción. Pero no me pasó como normalmente me pasa: estoy unos días emocionada con una idea, y luego llega otra cosa que me acapara la atención y me olvido de ella. Pasaron muchas cosas, pasó el tiempo, pero esas ganas seguían ahí como cuando estábamos en el TNT con ellos rondando por el pub.
Y ahora solo tengo ganas de tenerlo ya hecho. De mirarme en el espejo gra y verlos ahí para siempre, en mi espalda. Con papel film o sin él, ya tendrá tiempo de curar, eso no es importante.

Tras tiempo de pensar en por qué quiero hacérmelo, creo que he llegado a varias razones fundamentales, pero que en el fondo acaban siendo una sola. Las diré solamente una vez, y aquí, donde cualquiera, si tiene el interés suficiente, podrá leerlo. Si alguien me pregunta después de publicar esto, lo más probable es que le responda “no me acuerdo, iba muy borracha”. Creo que hay gente que debería aprender a no preguntar qué significan los tatuajes; son por cosas tan personales que no lo vas a entender.

La primera razón es que gracias a Sôber entré en el metal. Y mi yo de hoy en día (y de estos años pasados, y espero que futuros) no se puede entender sin el metal. O por lo menos no se puede entender bien. Es cierto que ya escuchaba algo de metal antes de conocerlos, pero nunca había encontrado un grupo que me motivase tanto y del que nunca me cansase. Mucho menos, un grupo que me gustase tanto que me llevase a buscar otros grupos parecidos. Había escuchado un poco de Slipknot, de System of a down, de Ska-p, pero nunca había sentido nada parecido.
La segunda es que no me cansan nunca. Puedo tener una tarde entera un solo disco sonando, que no me cansaré de él. Nunca me ha pasado con ninguna otra cosa. Siempre me acababa cansando, acababa cambiando de disco, de color, de fotos, de compañías, de sitio... nunca aguanté algo que durase mucho tiempo; salvo ellos.
La tercera,la descubrí cuando me ponía a escucharlos sin cambiar canciones o de disco durante horas. La escribí, creo que en el fotolog, hace mucho. Era algo de “porque no sé si tu música me ha enseñado a pensar como tú, o es que pensamos igual”. Conecto totalmente con las letras. Los llevo escuchando tanto tiempo que realmente no sé si el tempus fugit que veo que predomina en muchas de sus letras ya lo tenía asimilado de antes, o lo asimilé a base de escucharlas. Por ejemplo, hay más cosas.
La tercera, es Lejos. Punto.
La cuarta, quinta y sexta y muchas más, no sé si cuentan como una sola. Porque en el fondo son muchas. Sôber sonaban en mi habitación la primera vez que me dijeron “te quiero”. Sôber estuvieron a mi lado muchas noches en las que solo necesitaba una voz cálida a mi lado; y ahí estuvieron ellos. Sôber me acompañaron muchas horas de soledad, cuando quería desaparecer o estar en cualquier otro sitio. Sôber rompieron siempre el silencio que me oprimía. Las veces que no tenía ganas ni de respirar, los elegí a ellos para empezar a remontar. Sus canciones siempre estuvieron en mis listas de “musicoterapia”, siempre fueron imprescindibles para cambiar mi estado de ánimo.
Y la razón definitiva por la que me lancé a hacerme el tatuaje es porque cuando más los necesitaba, cuando estaba a punto de renunciar a la carrera y a mi vida en Coruña, cuando creí que todo lo que tenía estructurado para mi futuro se venía abajo, cuando no quería hacer nada con mi vida, mi futuro ni mi presente, me ayudaron a levantarme. No con su música, esta vez en persona. Fue una coincidencia o no, pero cuando más bajo llegué a estar, ellos se encargaron de levantarme:
Tras meses de soportar con resignación una ansiedad que no me dejaba a veces ni dormir, me decido a no volver a resignarme y a empezar una lucha que me da mucho miedo, pero que quiero llevar a cabo. Fui a ver al psicólogo por primera vez, hundida, muy hundida. Él mismo me vio jodida, y me dijo que para empezar a luchar tenía primero que recuperar la ilusión. Que hiciese cosas que me gustasen, que me motivasen. Y se anuncia la salida de Superbia. Tras una pequeña sonrisa, por primera vez durante meses, vi un futuro al que no le tenía miedo. Una anticipación positiva, una “luz”. Días después nos dejaron escuchar por primera vez Fantasma, luego Umbilical. Cada día de espera, cada día de levantarse y pensar “a lo mejor hoy vuelven a poner una canción”, o pensar que cada día faltaba menos para el nuevo disco, para volver a ser el grupo que realmente yo no llegué a conocer, porque me sumergí en ellos después de haber anunciado su parón, me daban ganas de levantarme de cama y hacer cosas. Volver a ser como era antes.
Ellos, inocentemente, me libraron de acabar de caer en una depresión. Me dieron motivos para volver a sonreír, para esperar con ganas algo. Los días que pasé escuchando las nuevas canciones, o esperando a que cargase el vídeo de Tic Tac de la página de MSN no pensé en que la ansiedad atacaba de nuevo, en que mi carrera es una mierda. Solo quería volver a pulsar el play.

Sôber siempre me han dado un pedacito de esperanza, cuando lo necesitaba o cuando no. Siempre han estado ahí para confortarme, para cantarme al oído, para acompañarme cuando me sentía sola. Pero también han estado para celebrar, para saltar por mi habitación, para llevar a dar un paseo, para celebrar que se acaban las clases y empiezan tres meses de rascarse la barriga.

Y aunque se me pueda decir (que ya me lo han dicho) “pero a lo mejor cuando tengas 40 años no te gustan... te vas a hacer el tatuaje igual?”: aunque en un futuro no me gusten, me desligue del metal, o me pase cualquier cosa... será el recordatorio de todos esos momentos en los que estuvieron conmigo. O el recordatorio de que siempre puede haber algo que te levante cuando lo necesitas.

Y porqueque considero que son tan importantes para mí que voy a hacer el sacrificio de ponerme bajo una aguja durante el tiempo que sea necesario. Y no solo no me importa hacerlo, sino que quiero que llegue ya.

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1 comentario:

La Petite Poupée dijo...

Creo que es uno de los tatuajes más bonitos y emotivos que podrías hacerte, sin duda :) Lo importante es el significado tuyo, los demás pueden pensar lo que quieran y decir misa ;)

Por cierto... Quiero miles de fotos, ¿eh? :D

Besazos^^