4 de febrero de 2011

Primera visita al veterinario

Sally, en pleno cumpleaños, me dio uno de los grandes sustos de su vida. Y tocó la primera visita al veterinario.

El fin de semana pasado, jugando con Sally, escuché que hacía como una especie de pitidito a veces al respirar profundamente. No lo volví a escuchar y no le di más importancia, pero un par de días después lo volví a escuchar. La examiné y vi que tenía como agüilla en la nariz, como mocos.
Pocos días después, empezó a comportarse raro. No quería entrar a su casita, dormía fuera, sin manta ni nada (a veces cuando duerme fuera se lleva su manta y se tumba encima), y apenas hacía ruido o pedía comida, aunque cuando se la acercaba corría y pitaba. Estaba desganada, estática, sin vitalidad, cuando esta cobaya suele ser todo lo contrario. Ahí fue cuando empecé a preocuparme. He leído mucho sobre cobayas resfriadas que acaban muriendo; lo primero son los mocos, luego la falta de actividad, luego dejan de comer y a las pocas horas mueren. Todo por un pequeño resfriado.

Todas las noches la saco a correr por mi cama mientras estoy delante, y esas dos noches fueron normales. Una vez fuera de su jaula, corría, intentaba comerse cosas que tenía encima de la cama (la funda de la almohada le encanta), e incluso hacía popcorning (lo hacen cuando están contentas, y si se encontraba mal no creo que estuviese contenta). Pero a la noche siguiente ya no. No dejaba que la tocase, escapaba corriendo cuando quería acariciarla y se quedaba quieta en sitios calentitos, como entre la funda de la almohada y la propia almohada, debajo de la manta que tengo encima de la cama... Y me empecé a preocupar mucho.
Entonces llamé a Iris, que tiene un conejo y que había estado resfriado, para que me diese el número de su veterinario, porque me había dicho que la habían atendido muy bien y estaba contenta con ellos. Lo último que quería era perder un día (y el dinero de la consulta) en un a un sitio que no me daba ninguna confianza o del que no tenía referencias. Llamé, y pedí cita para ayer por la tarde.

Sally por suerte, no dejó de comer en ningún momento, pero se quedaba tumbada en una esquina de la jaula, desprotegida al frío (en mi habitación hace bastante), y no se movía más que para coger comida y volver a comerla a su esquina. Le eché un poco de pienso, que le encanta, en el comedero y para eso sí se movió, pero no para mucho más. Para pasar la noche cubrí la parte de la jaula donde se ponía a dormir con la sábana que corté para hacerle las mantitas, para que estuviese un poco más refugiada, por lo menos.

Entonces, fui al veterinario. Me atendieron genial. El sitio bien cuidado, amables, atentos... no vi una sola cosa mala. La veterinaria la miró, y como era su primera revisión comprobó que estaba todo bien. Al final me dio un desparasitante interno, por precaución, y un antibiótico para el catarrito que tenía.
Durante todo el viaje, tanto de ida como de vuelta, Sally no se movió dentro de su trasportín. Yo estaba más que preocupada, claro. Y tenía mucho cargo de conciencia porque sabía que tenía que haber ido al veterinario desde el primer momento que escuché el sonido que hacía al respirar, y no esperar a que se encontrase mal.

Para acabar, llegamos a casa, la solté, no quiso correr y la puse en su jaula. Cuando dio la hora del medicamento, no luché mucho para que se lo tomase (es un antibiótico de niños, huele y debe saber como los antibióticos infantiles, con lo mal que saben, pobre...), y casi tres horas después, estaba saltando y haciendo ruido como siempre. Después de la segunda toma del antibiótico ya no estaba como siempre, sino que incluso más revoltosa y rebelde que nunca. De estos días que cree que todo se come y que toma posesión de ciertas cosas de la cama y no me deja tocarlas.

Aún tengo algo de remordimientos por no haberla llevado antes, pero mucho alivio por ver que el antibiótico funcionó tan rápido y tan bien. Ahora solo quedan 4 días más antes de la próxima revisión, pero confío en que va a estar perfectamente para ese día. El susto no se me quita, y ni el remordimiento aunque ella posiblemente ya no se acuerde.

1 comentario:

La Petite Poupée dijo...

Ains mamá, que de los errores se aprende. Alégrate de que la pequeña salta y corre, eh?

Un besote^^