8 de enero de 2011

Volviendo a primeros año

Ya hacía un tiempo que no me pasaba por aquí. Tampoco tuve nada realmente que contar, aparte de la beca. No quiero hacer propósitos para el nuevo año, ni un resumen de lo que fue el 2010 (para eso llevo un año escribiendo en el blog, quien quiera cotillearme así tiene que esforzarse un poco más). Los Reyes tampoco hubo que mencionarlos demasiado, sobre todo porque voy a parecer una desagradable desagradecida, y lo que va a pasar después de Reyes también me va a hacer quedar así. No sé si es mejor callarme o explotar, aunque ya tengo una edad para intentar hacerme escuchar (aunque para el mundo en general siga siendo una niña que tiene que obedecer a los padres y hacer lo que los mayores le dicen sin seguir un criterio o intereses propios).
Pero bueno, empiezo a explicarme y a hacer un resumen de lo que fueron las vacaciones, porque a partir de hoy, y aunque haya dos días sin clase, para mí ya no estoy en vacaciones.
No hice gran cosa. Lo que me había dicho de que iba a leer no lo cumplí en absoluto. Leí algo, sí, pero no lo que tenía que leer para clase. Creo que el Libro de Buen Amor y yo no nos caemos demasiado bien (y menos con la edición deprimente que tengo) y solo intenté una página un día. Leí cosas que me apetecían, pero poco tenían que ver con lo que debería. En un par de noches devoré una antología del cuento gallego que tuvimos que leer durante Bachillerato y otro día empecé otra vez con la trilogía de Aquasilva. Leerla entera me puede llevar cerca de dos meses a buen ritmo (son casi 2.000 páginas), solamente quería volver a entrar en contacto con los personajes.
También descubrí que tengo que añadirle matices a la “operación amigurumi” que me marqué hace unas semanas: estas Navidades tejí mucho más de lo que esperaba tejer, y aún así tuve tiempo para hacer y deshacer mil veces, y pasar horas y horas enganchada a los Sims. Cuando esté asentada en Coruña otra vez les haré fotos a los muñecos, pero me llevo unos cuantos bichos nuevos, y una nueva necesidad de lana y algo para rellenarlos. Queda para la próxima entrada :D
La lana blanca que compré antes de venirme a casa por vacaciones está casi acabada, la violeta con la que hice los guantes también está para acabarse, y una azul gorda que compré sin darme cuenta de que era tan gorda (normalmente tejo con un ganchillo del nº4, esta la tejo con uno del nº9) también casi está para necesitar repuesto. Además, para poder acabar los muñecos necesito lana amarilla.
Cuando empecé a probar la calceta le dije a mi hermano de broma que si quería una bufanda. Y me dijo que sí. Yo no sabía que una de sus compañeras de piso le había hecho una bufanda a otro compañero de piso, y no se la daba hecho a mi hermano. Cuando lleguemos a Coruña y tengamos una tarde libre, quedamos en ir a una tienda de lanas de verdad y le compro los colores que quiera para ganchillarle una (intentar hacer algo a calceta es destrozar la lana todavía xD).
En general, estas vacaciones fueron tranquilas. Con la cantidad de lluvia y frío que hubo tampoco es que tuviéramos mucha opción. Fueron contados los días en los que me saqué el pijama, y normalmente fue para recados puntuales: o comprarle verduras a la cobaya para comer, o salir un momento a buscar algo. Mi padre compró una moto (una motaza custom) y un día fui a verla al taller antes de que se la trajese a casa. Otro día me escapé con mi hermano a comprarle el regalo de Reyes, y poco más. Y un domingo me acerqué al mercado a dar un paseo. Tenía intención de salir otra noche a aprovechar las cabalgatas de Reyes con la cámara, pero hubo una tarde tan fría y lloviendo que pasé.
Por suerte, tampoco tuvimos que hacer viajes, como antes hacíamos en Nochebuena y Fin de Año. Nochebuena la pasamos en Coruña, así que no me tuve que desplazar, porque ya me quedé allí. Y Fin de Año, después de media vida protestando por no querer ir a casa de mis tíos, conseguimos hacerlo en casa (con la excusa de que después mi hermano sale). Nada de coche estas Navidades :)
En mi casa no somos de darnos regalos en Nochebuena, cuando era pequeña como mucho me regalaban un libro, pero ahora que cenamos con unos amigos, aprovechamos para intercambiar regalos. Exactamente no es así, sino que se les da el dinero a quien organiza la cena y ellos compran para todos, en plan sorpresa. Este año cayeron pijamas para todos, preciosos, kawaii del todo (ni que lo hicieran aposta ahora que estoy con el amigurumi) de Women’Secret. El mío es gris con un dibujo de un esquimal en la camiseta *-*
Por Reyes la cosa cambió un poco. Mi regalo fue la réflex, aunque ya la llevo usando desde que la compré. Para no estar vacía ese día mi padre me regaló también unos pendientes preciosos, aunque un poco más formales de lo que normalmente los suelos llevar (oro y una piedra lila que creo que es cristal de svaroski). Además, todos los Reyes una tía mía de Barcelona manda regalos. A veces acierta más, otras veces menos, pero este año estoy sin palabras. Sacando cuando, con 15 años, me regaló un pack de braguitas con princesas Disney talle 8 años, que no pude ni probar porque no me subían por las piernas. Supongo que no lo habrá hecho con la intención que le veo, pero sus regalos fueron un abridor de botellas y botes universal (¿?) y otro aparato para afilar cuchillos. Vale, tengo piso propio, uso la cocina, pero también hay más partes de la casa que uso que la cocina. Y mi hermano, que también tiene piso y usa la cocina, le regaló un pen drive. No sé, me dio la sensación de un poco de “las niñas a la cocina y los niños no”, y aunque supongo que no habrá sido con esa intención, tuve una sensación como rara el resto del día. De desencanto, supongo, también un poco de indignación. Agradezco mucho que se acuerde de nosotros y se moleste en enviar los regalos, pero sigo un poco desconcertada.
Y en un par de horas se habrá acabado lo de que no hicimos quilómetros estas Navidades. Todos los fines de semana siguiente a Reyes hacemos comida familiar, y este año toca mañana. Supuse que iba a ser en sábado, pero no, es domingo. Y me jode. Creo que mis protestas son las mismas que las del año pasado o el anterior, no me acuerdo bien. Básicamente, que ya llevo mucho protestado estos últimos días, lo que me molesta no es comer con la familia, eso no me cuesta. Lo que me jode es tener que ir el sábado y quedarse a dormir para el domingo. Si normalmente no quiero hacer eso (la casa en la que me quedo a dormir es de la parte de la familia que peor me cae) este año, además, tengo a Sally. Tengo a Sally, no tengo jaula, me estoy quedando sin heno para ella, y paso de tenerla viviendo dos días en el trasportín, acercándole el bebedero a mano y poniéndole la comida de poco en poco porque mis tíos quieran ser amables y nos inviten a quedarnos a dormir. Otros años protesto porque no me gustan los planes, pero esta vez, con la cobaya, es que no quiero ni pensar en ellos. No creo que mi tía sepa que tengo la cobaya, y no creo que le haga gracia que haya una rata corriendo por su sofá, así que creo que también me puedo olvidar de sacarla para que corra un poco.
Si la comida hubiese sido el sábado en vez del domingo, como tengo tíos de Coruña que también se van a desplazar para la comida, siendo un poco pesada con el tema de la cobaya y tal, supongo que podría haberme escaqueado a Coruña el sábado por la noche. Pero si vamos a estar solos hasta el domingo, no hay liberación posible.
Y como me estoy enfadando por momentos, voy dejando de escribir. Quedan pendientes las fotos de los amigurumi para la siguiente entrada, y supongo que la crónica del fin de semana, cómo fue con la cobaya, la familia y así.
Nos vemos en Coruña :D

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