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5 de julio de 2009

En obras

Durante un tiempo (no sé si minutos, una hora, dos...) puede que el blog tenga una pinta extraña.
Voy a experimentar con la plantilla, quiero un cambio de aires.

Nos vemos a la vuelta ^^

2 de julio de 2009

^-^

Quién me iba a decir que después de cinco años podría decirte “feliz cumpleaños” en persona y sonriendo…



…feliz cumpleaños mi vida.

25 de junio de 2009

Cueva Inmunda III - Cocina y habitación del pringao

Aquí volvemos, de nuevo mostrando al mundo dónde no se puede vivir.
Para empezar, considero necesario explicar qué es eso de "la habitación del pringao". Veamos: el piso ruinoso este tiene tres habitaciones. Lo alquilamos entre dos, para luego encontrar a un tercero para completar el piso. Como veréis dentro de nada en las fotos, en esa habitación no se puede vivir. Encontrar, encontramos a gente que estaba interesada en el piso... pero al llegar y verlo, nadie quería quedarse.
Lo de pringao es por el nombre de quien estaría en esa habitación (nada más que un pringao se quedaría ahí dentro).

Así que 9 meses después de haber hecho el contrato del piso, aún no encontramos quien quiera estar dentro.

Y ahora, la fotos. Empezaremos por la cocina, en una vista general:

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En principio no es grande, pero tiene el espacio suficente. Además normalmente no comemos ahí, por lo menos no cuando somos más de dos, así que por tamaño está perfecta.
El primero de los defectos no sale en la foto: la nevera. Creo que tiene más años que yo, y, además de no enfriar todo lo que debiera (en conservar la comida no se nota, lo que jode es con las bebidas frías, que si no llevan una semana están poco frías) no sé qué tiene que por la parte de abajo no cierra bien. Así que para cerrar bien la puerta, hay que darle un golpe arriba y un golpe abajo; por supuesto, si te la dejas medio abierta se pierde todo el frío y empieza a gotear. Y no solo al suelo de la cocina, sino también por dentro, y forma charco y todo xD

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Lo único bueno que hizo el dueño por nosotros: el microondas. Se lo pedimos al firmar el contrato y al día de entrar al piso ya estaba. Es normalito, pero funciona decentemente. Una pena que la cocina sea anterior a la invención de los microondas y no haya un lugar específico para él y cuando queremos comer dos haya que apartarlo.

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Os presento el suelo. El cachito levantado no sería relevante si no fuese porque deja al descubierto la placa de hormigón sobre la que se asienta el piso. Sí, el suelo no es baldosa, es apenas un plástico gomoso que imita la baldosa. Además, se pone negro y pegajoso en seguida y las manchas que le aparecen son complícadísimas de quitar. Hace un par de meses de cayó un huevo al sacarlo de la nevera, y ya le he dado con lejía, con lo del suelo, ya probé a dejarlo a remojo y volver a darle luego con la fregona, probé a rascarlo... no sale. Chupa la mierda y se la queda toda para él.

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Aquí otras de las sopresas que nos llevamos cuando cocinamos por primera vez. La encimera aparenta piedra, pero no es piedra. Es contrachapado de madera.
Obviamente, para una cocina, una encimera de contrachapado no es demasiado recomendable. Sobre todo porque se anda mucho con agua y eso hincha y se pudre fácilmente. No sé si en la foto se aprecia, pero está al lado del fregadero, y está todo hinchado.

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Un secreto del piso que me da miedo hasta mirar. Lo tenemos tapado con el escurridor de los platos, y es una especie de zócalo que une la encimera a la pared. Como la encimera es de contrachapado, esta especie de cosa no sé exactamente qué es, pero tiene los bordes afilados y creo que puede llegar a cortar.

Y bueno, para acabar con la cocina (me olvidé de hacerle fotos a los estantes que por un lado están más altos que otros, por ejemplo) una foto de la ventana.

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Esas son las "cortinas", aunque "papel de adorno para tartas" sería más adecuado. Tienen el tacto del papel y es lo que parecen. No sé si se ve bien en la foto... pero la "barra" que sujeta las "cortinas" es un cordón.


Y pasamos a la habitación del pringao, una de las habitaciones más horripilantes de la casa, junto a mi propia habitación.

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Porque, para empezar, cuando entras te encuentras con esto. Nada más llegar al piso y posar mi maleta sobre la cama que había en mi habitación el armazón de la cama cedió. Son los hierros que se ven al lado de la puerta. Para que unos amigos se pudiesen quedar a dormir estiramos el colchón grande, y desmontamos el ya roto armazón. El somier lo aprovecho yo para colgar la ropa cuando no puedo hacerlo en el tendedero de la calle.
Nótese el tamaño de la habitación, hay un colchón de matrimonio en el suelo (normalito, no es grande ni nada) y ya casi da contra la otra pared.

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El único e inservible enchufe de toda la habitación. Está la caja, pero el enchufe está desconectado. Sin más, no funciona. Es un agujero en la pared que está por estar.

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Detalle del estado del suelo, aunque prácticamente todo está cubierto por el colchón. Hay tablas del parqué levantadas, las que no están para pudrirse.

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La habitación esa, al estar vacía, la usamos más o menos como almacén. En las noches de invierno en las que yo tiritaba bajo dos mantas, con pijama de franela y guantes, le pedimos al dueño un radiador para no morir congelados.
Y nos llegó al piso con esto. Por supuesto, no tuvimos el valor suficiente como para acercar eso a la corriente. Tras examinar atentamente esa "cosa" decidimos que no solo está oxidado (bueno, que un borne es más grande que el otro lo vimos desde el primer momento), sino que antes de oxidarse se había quemado.
No quiero saber cómo.



Y bueno, creo que con esto acabo por hoy. Para la próxima entrada creo que solo me queda mi habitación, por lo que será la última. Y para aquella espero ya no vivir ahí... que me quedan menos de 24 horas!

20 de junio de 2009

Libre - Diario 7

El comportamiento humano todavía me sorprende. Es imprevisible.
Desde finales de mayo no le hablo de a mi compañero de piso. Por cosas que hacía decidí que era mejor no hablarle, porque si no acabaría a gritos y no soy de esas.
La primera semana de junio, reclamando atención, hizo algo que no pude perdonarle. Simplemente se pasó, dentro de todo lo que había estado tirando de la cuerda durante el curso, la rompió. Eso se juntó con que tuve que arreglar un desastre que él solito había estado construyendo en la cocina durante una semana, y exploté. Decidí que semejante ser no merecía mi atención.
Después de la noche en la que rompió la cuerda me fui del piso durante una semana. Me fui con David a su casa, para tranquilizarme yo y para ver cómo arreglaba lo que me había enfadado tanto durante una semana.
Me fui un viernes por la mañana y volví el jueves al mediodía. Más o menos había arreglado el desastre aquel, aunque decidí que era mejor pasar de él, hacer como si no existiese. No estaba premeditado, solamente venía enfadada pensando en lo que me podía encontrar al entrar al piso, y cuando intenté abrir la puerta, estaba cerrada por dentro. Él escuchó que intentaba entrar y me la abrió, y se escondió, de manera que yo interpreté que quería jugar a las tonterías.
No, niño, no funciona así.
Me encerré en mi habitación, a recoger, estudiar, o a mirar para el techo, pero, desde luego, no a hacerle caso. Desde ese momento hice que vivía sola.

Hasta el viernes 19 yo iba y volvía de casa de David como él había entrado y salido del piso cuando simplemente le daba la gana. De todas maneras, en el piso no había nadie más, a nadie debía importarle si estaba o no estaba. Ese viernes, al volver yo de la Facultad, bajando en el bus vi cómo subía con su madre y todas sus cosas (televisión incluida) al coche del padre.
Pasé de ellos, que ni me saludaron, y entré en el portal. Efectivamente, al llegar al piso no había nada suyo.


Pero cuando digo nada, me refiero a nada. Se llevó la televisión, la cafetera, los platos suyos, sus cubiertos, la freidora, los restos de comida que él había traído para el congelador hacía tiempo… Tanto, hasta el cenicero que compró hace meses para David y para Tenshi, o en general para quien fumase en el piso (porque ni él ni yo fumamos) por 0,50€ en los chinos.
Bueno, no todo: quedó su cama perfectamente hecha. El edredón, la almohada, una manta, y las sábanas. Supongo que tiene intención de subir algún fin de semana de aquí a que se nos acabe el contrato (a final de mes), intuyo que San Juan, y ahí es cuando me voy a reír yo, porque estamos haciendo planes y como poco vamos a ser 5 la mañana del 24.
Y ahora, otro dato: uno de estos días pasados una chica de mi clase de 2º de Bachillerato que tengo agregada al msn desde hace años y con la que nunca había hablado por ahí, me abrió conversación. Directamente me preguntó si él había “vuelto a casa”, y, sincera, le dique que no lo sabía ni me importaba. Y ya pasó a preguntarme si estaba enfadada con él y por qué.
Como le dije, no estoy enfadada. Sino que, simplemente, el respeto que hacía que pudiésemos convivir se acabó. Es decir, lo acabó. Pero eso no significa que vaya a contar el motivo de por qué se rompió, de por qué decidí que era mejor ignorar su existencia, cuando es algo que hace tiempo que me hizo prometer que no diría. Y no lo dije. La chica estuvo presionándome una media hora para que se lo dijese, y no se lo dije. (Cosa aparte: supongo que él le dijo que me preguntase a ver por qué no le hacía caso; dejé de hacer esas cosas en Primaria, si quieres saber algo, lo preguntas)
Y ahora, volvemos a lo de antes: me parece muy infantil y muy egoísta por su parte ese gesto de llevarse todo lo suyo. Mío, mío, mío, no me hablas, entonces me lo llevo todo. La freidora, la cafetera, la televisión, etc. es comprensible, son cosas que querrá tener en casa, y que a lo mejor necesita, o que cuando venga ese fin de semana no se lo puede llevar a casa. Pero el cenicero, joder. Sabiendo que él no lo necesita, ni él ni sus padres fuman; que no es nada de valor, joder, 0,50€; y que sabe que nosotros sí lo usamos, porque mi novio y mis amigos fuman, me parece un gesto totalmente desconsiderado. Y estoy prácticamente segura de que no fue algo inconsciente: vio el cenicero, y, sabiendo todo esto que acabo de decir, lo cogió y se lo llevó.
Me parece genial la estima se me tiene. Me habría sido muy fácil contar a cualquiera –a la de mi clase del año pasado, aquí en el blog, gritándolo por la calle- todo lo que hizo durante el curso para que la convivencia se complicase, tirando y aflojando de la cuerda, probando hasta donde podía llegar. Pero no lo hice.
Y él se lleva el cenicero. Y los cuchillos. Y el escurridor de los cubiertos. Y hasta la alfombrilla de la bañera.

Y siento haber intercalado esto con las entradas sobre las fotos del piso, no tenía intención, pero tampoco contaba con que pasase esto.