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22 de julio de 2013
Segundo plan chafado
Basta que diga que tengo planes que van a salir adelante para que se me vuelvan a chafar.
Después de la plantada de Hobbycon, el curso de ELE salió bien (mejor de lo que esperaba), y luego, se me chafó el Mercado Medieval.
El domingo por la noche llegué a Coruña, y pasé la semana allí haciendo el curso. De 9 de la mañana a 2 de la tarde teníamos curso, y nos moríamos de calor. Nos pusieron en el segundo piso, justo bajo el tejado, cercados por el monte de manera que no corría ni una brisa... y nos asamos. Se concentraba el calor y no había manera de refrescar aquel sitio.
Entre el calor, el comer como un estudiante muy, muy cutre, el miércoles me acosté un poco rara, el jueves me desperté con la garganta hinchadísima y sin voz, y durante la tarde debí tener fiebre. El viernes fui a clase con la maleta y completamente dolorida, pasé las horas derrotada, agonizante encima de la mesa y ausente. A las 11 y pico, cuando hicimos el descanso fui yendo a la estación de autobuses para volver a casa y supe que tenía fiebre. No mucha, pero lo suficiente como para sufrir en el autobús y desear llegar a casa.
Cuando llegó el autobús, el mercado estaba todo montado. A mí aún me quedaría comer, montar mi puesto y luego poner los amigurumis, y dije que mejor esperábamos a otro día. Comí tranquilamente, me tiré en el sofá con un vaso de ibuprofeno, y el termómetro decía que tenía décimas.
A lo largo de la tarde del viernes salí a dar un par de paseos por el mercado, casi más motivados por el remordimiento de conciencia de estar en casa y no en la calle en vez de las ganas de bajar. Por la noche ya me encontraba bien, sin fiebre, pero con la garganta tocada.
Si tengo que destacar algo de este mercado, además de la cantidad de gente que hubo y de lo bien que lo pasé en general, fue el domingo por la noche y el grupo de música de vikingos (no escribo el nombre por miedo a que se encuentren en un buscador, además de porque es complicado de escribir y tengo miedo a cagarla). El grupo de música era demasiado estético para ser verdad. Iban demasiado bien vestidos, demasiado acondicionados, y llevaban fiesta por donde iban. Me harté a hacerles fotos (y me quedaron un par de ellas pendientes) y de escucharlos tocar. Y tras tantas horas, yo estaba con la mosca bajo la oreja porque me daba la impresión de que uno de ellos siempre me pillaba cuando quería sacarles fotos. Y a mí, que soy fotógrafa de paisajes y de flores, me cuesta hacer un retrato. Los que más me gustan son los espontáneos y no me gusta que me miren, por eso cada vez que fotografío gente aparece normalmente de espaldas o de lado. Y este chaval, en más de una foto, aparece mirando al objetivo. No le di muchas vueltas (podía ser que a pesar de todo no estuviesen acostumbrados a los fotógrafos acosadores) y seguí a lo mío, hasta el domingo por la noche.
El sábado volví a despertarme sin voz (Gerardo por el Skype se reía comparándome con El Padrino o Blas) y sin ganas de montar puesto. Y decidí que disfrutaría el mercado como público y como fotógrafa, y que este año, aunque me daba mucha pena, no montaría puesto. Y así hice. Se me chafaron los planes por segunda vez en lo que va de verano, pero por lo menos disfruté del fin de semana. No me dio mucha pena porque esta vez no me echaron ni me habían prometido nada. Me puse mala y no tenía cuerpo para aguantar en un puesto el fin de semana. Además, me encontré con un par de la asociación y me preguntaron solamente “pero no ibas a montar?” y me dieron la razón: si no estaba cómoda, que no montase nada.
El sábado aproveché para pasear hasta que me dolieron los pies, y para desquitarme de lo que me pasó hace un par de años y comer un helado en condiciones. Volvió el tío de los helados artesanos, y esta vez no se me escapó. A media tarde del sábado, para merendar, fui a buscar uno. Mientras daba vueltas comiéndolo, me encontré con mi padre, y nos fuimos a dar vueltas los dos. Y al poco, nos encontramos con mis dos tíos de Coruña y sus hijos. Y los acompañamos, ya puestos. Entre que estuvimos dando vueltas, que fuimos al parque infantil porque tenían allí juegos, luego fuimos a cenar, y tal, acabé volviendo casi a las 2 a mi casa. Y yo había salido a por un helado.
El domingo fue uno de los mejores finales de mercado medieval que he tenido. Por la mañana fui a Cee a comprar fruta, y volví cargadísima. Y aunque en principio no iba a salir nada, cuando escuché al grupo de vikingos que estaban tocando y recordé que no había conseguido fotos chulas de ellos, salí corriendo de casa (literalmente) y eché un par de carreras para conseguir las fotos que quería. Y cuando me refiero a carreras, me refiero a salir de casa con la cámara en la mano, sin funda ni nada, y echar a correr a la Plazoleta. Sacar fotos por allí, y al ver que iban hacia la cuesta del parque, bajar por la cuesta de mi casa, subir la cuesta y encontrármelos empezando a bajarla. Y para cuando me volvieron a pasar, acabar de subir corriendo la cuesta, bajar por el Dados y encontrármelos delante del Pazo de nuevo. Un par de carreras que me dieron el retrato que hice que más me gusta de todos, y alguna que otra foto buena del dragón y de algún otro músico. No conseguí todas las fotos que quería, pero me llevé otras muy chulas a cambio. Salí a dar otra vuelta con mi padre antes de comer y volví a salir por la tarde para otro helado.
La tarde en sí estuvo algo parada. Lo bueno vino por la noche. Aproveché la tarde para sacar algunas fotos más, a pensar en si quería hacer alguna compra que no fuese comida (iba a hacerme una trenza de cuero en el pelo pero pensé que era mejor un bolso xD) y a dar un par de vueltas más. A las 12 me despedí de Gerardo, que se iba a dormir, y coincidió con que empezó lo grande.
Silvia había llegado de Suiza el día anterior, y después de descansar de las casi 24 horas de coche y tal, se vino al mercado. Quedamos en encontrarnos, y como mis indicaciones son muy precisas, tardamos un poco. Mientras esperaba a que me localizasen, al lado del edificio donde los grupos de música y teatro se cambiaban y tal, no me di cuenta de que había varios del grupo de los vikingos sentados en la acera. Estaba esperando y veía cómo me miraba el vikingo que había pillado mirando al objetivo durante el fin de semana. Y yo esquivándolo. Hasta que se levantó y vino a hablar conmigo.
Era más que obvio que me había reconocido a lo largo del mercado sacándoles fotos, entre otras cosas. Me preguntó qué tal las fotos y me dijo que “normalmente” invitan a quien les saca muchas fotos a sacarse una foto con ellos. Me sonó a mentira, más bien a “necesito una excusa para hablar contigo”, y bueno, como no tenía la cámara, tampoco me saqué ninguna foto (aunque se ofreció a sacarla con su móvil...). Pero dio pie a que siguiéramos hablando, que si fotografía, que qué tal en el mercado, agréganos en Facebook, ahora te tiro un poco la caña, yo me hago la loca y esas cosas. Hasta que llegó Silvia, me despedí brevemente (contaba con volver a encontrármelo más tarde) y me fui con ella. Dimos un par de vueltas y terminamos en una terraza de una tasca con un par de amigos. Durante largo rato xD
A los vikingos les dio tiempo a volver a tocar, a terminar, a cambiarse y a ponerse a cenar detrás de nosotros. Cuando nos levantamos intenté despedirme de él (mi intención era irme para casa, que eran cerca de las 2 de la mañana), pero no me hizo caso y me quedé con la espinita de ser un poco más educada xD
Silvia y su novio se fueron, y yo pasé por la tasca de mi hermano a saludar, y aprovechar que estaba allí mi padre. Pero me absorbieron. Cuando me di cuenta, estaba hablando con gente que me estaba diciendo que habían echado de menos mi puesto este año, que les diese una tarjeta para poder contactar conmigo igualmente, y nos liamos a hablar de otras cosas. Creo que es cuando se dice “yo iba a saludar y me liaron”. Bueno, el lío llegó hasta las 4 de la mañana, hablando de literatura, series y cosas similares como el esquí. Nos fuimos cuando mi hermano cerró la tasca, recogió todo, y al llegar a casa dijo “me falta algo por recoger en el puesto... mi hermana!” y vino a buscarme.
Me fui a dormir nada más llegar a casa, aunque estaba completamente despejada. Pero al día siguiente tenía que despertarme temprano, porque empezaba a trabajar... dando clase... pero eso lo contaré otro día, cuando hayan pasado más cosas.
Me quedo con que el mercado medieval, aun a no ser nada de lo que esperaba, lo pasé en grande, tanto en grupo, como sola, como con desconocidos o como con la cámara. Y no todos los mercados pueden decir lo mismo.
Las fotos se pueden ver en este álbum público de facebook: XIII Mercado Medieval, aunque me faltan unas pocas que editar y añadir.
5 días para que Gerardo aterrice en Galicia :D
15 de abril de 2013
6 meses
El tiempo pasa diferente desde que está a mi lado.
Por un lado, el tiempo pasa volando, los fines de semana en los que compartir todo el tiempo con él llegan a cada pocas horas. Aún tenía fresca la despedida en Madrid cuando el avión estaba despegando hacia Valencia.
Por otro lado, el tiempo se ha ralentizado. Parece que lo conozco de hace muchos años y que llevamos casi todas nuestras vidas juntos. Ya no me acuerdo de cómo es no conocerlo, cómo terminar las noches sin despedirme y cómo era un sábado sin pasar horas y horas delante de la cam maullando.
Tal es el paso del tiempo que han pasado 6 meses desde que tuvimos nuestro primer contacto, y donde empezó todo. Y se nos ha pasado. Como los 5, 4, y en general todas las fechas. Si en realidad parece que hace apenas unos días volví de Castellón. Si parece que hace un par de días más le estaba diciendo a Isi “he conocido a un chico que...”.
6 meses son muchos y pocos. Son muchos porque hemos tenido tiempo a conocernos y complementarnos como si hubiesen pasado años. También son muchos porque hemos compartido muchos días, malos y buenos, enfadados y contentos. Días de pereza y de tener ganas de comerse el mundo. Son pocos porque han pasado rápido y son solo los primeros de muchos más. Apenas acabamos de empezar, nos quedan muchos años por delante, y aún tenemos muchos planes que poder realizar.
Son pocos porque aún nos queda mucho por andar. Y lo andaremos.
6 de abril de 2013
Castellón, primera visita. Segunda parte.
En la anterior entrada empecé a contar cómo lo había pasado en Castellón esta semana pasada que estuve allí con Gerardo. En realidad, he contado ya casi toda la visita, pero aún quedan algunas cosas que contar.
Para el martes, mi último día real en Castellón, repetimos plan de mañana de vagancia y levantarnos para comer. Cogimos unos bocatas y fuimos a comerlos al parque Ribalta. Dimos una vuelta extensa por él y por Castellón, y no sé por qué razón acabamos de nuevo en su casa. En su cama, tuvimos la siguiente panzada a reír, más grande incluso que la anterior. Empezó porque queríamos ir a un sex shop, pero a mí me daba cosa llevarlo, por que se podía portar mal y echarnos a los dos. Y seguimos riéndonos con usos extraños de objetos que podríamos encontrarnos y con la impactante historia del Loro Paquito, que ha visto cosas. Tras conseguir hacer que el dolor de barriga se acabase, nos levantamos y fuimos a buscar (a pesar del riesgo de risas pero en público) el sex shop. Estaba cerrado, así que nos dimos un paseo para nada. Aprovechó para enseñarme una parte de Castellón que no conocía y que no sé cómo no se le ocurrió antes (la concatedral y el Fadrí), donde surgió la frase, mientras le hacía una foto a la concatedral “espera, que no me cabe entera”, que fuera de contexto es muy rara. Y volvieron las risas.
Como desde hacía tiempo que decíamos que teníamos que ir a ver estrellas juntos, y durante el viaje no habíamos encontrado una noche para hacerlo, decidimos que tenía que ser esa noche. Así que volvimos a coger el coche y fuimos hasta la playa. Encontramos un lugar más o menos oscuro, comparado con el resto de Castellón y toda la costa (pero cuántas farolas tienen) y algunas estrellas vimos. Él ya reconocía a Orión, y apenas pude enseñarle a la Osa Mayor, porque había tanta claridad que podíamos ver muy pocas. Nos levantamos al poco, y quedamos en que cuando él viniera a Galicia buscaríamos un sitio a oscuras, de verdad, para verlas mejor. Ahora tenemos que acertar con una noche sin nubes xD
Era mi última noche en Castellón y mi avión salía a las 7 de la mañana desde Valencia, por lo que tendríamos que embarcar como tarde a las 6 y media, estar a las 6 en el aeropuerto... decidimos levantarnos a las 3. Yo no me encontraba muy bien, y se juntó con la ansiedad, que no había sentido en el resto del viaje, y no pude dormir. Él se durmió a las 12 y poco, pero yo fui aguantando hasta casi la 1 y media. Conseguí dormir apenas hora y media antes de que sonase el despertador.
Recogimos todo, dejamos el hotel y salimos para Valencia. La vuelta se me hizo mucho más larga que la ida. Me negué a dormir durante el viaje, e intenté ir dándole charla durante todo el camino. Llegamos al aeropuerto a las 5 de la mañana, y nos agarramos mucho el uno al otro hasta que a las 6 menos cuarto me asignaron puerta de embarque y decidí ir entrando en la terminal.
Nos costó mucho separarnos, como en Madrid, pero la despedida fue más llevadera. Volveremos a vernos, y estaba tan contenta por lo bien que lo había pasado los últimos días que no quería ponerme triste en el último momento. Dejé que se fuese para el coche mientras yo hacía cola para pasar por el control de metales y me encontraba con los gilipollas del día.
Primero, no me dejaron pasar la botella de agua (33cl) que llevaba encima. Pero dentro había máquinas expendedoras con agua, y un bar con agua (botellas de medio litro). Y si alguien es capaz de explotar un avión con agua, creo que merece poder hacerlo. Luego, al pasar por el detector de metales, me olvidé de quitarme el cinturón, y me pitó. Me lo saqué y esperé a que las maletas que estaban puestas en la cinta pasaran un poco, para no dejarlo encima de ellas. Pues el señor dueño de las maletas se puso todo borde, “pero ponlo y pásalo”, como si le estuviera interrumpiendo el paso o algo. Le dije que pasara él, cojones, que no me esperase.
Y cuando llegué a la puerta de embarque ya había una cola montada que ni que regalasen algo con el vuelo. Un rato después subimos al avión, y todo normal hasta llegar a Santiago. No conseguí ventanilla esta vez, pero me senté al lado de una chica que estuvo todo el viaje durmiendo y me dediqué a espiar las nubes (porque no hubo otra cosa) que había tras la ventanilla. Llegamos a Santiago con 10 minutos de adelanto. El tiempo perfecto para salir del aeropuerto, que fuesen y media y ver que el autobús estaba aún esperando a la gente. Subí al bus, y después de una media hora de menos, nos dejó dentro de la estación de tren.
Aunque Santiago y Coruña están a la misma distancia de mi casa, Coruña está mejor comunicada. Desde Santiago tenía pocos buses y no me dejan en mi casa (tendría que ir mi padre a buscarme a unos 15km) o son unas 3h para recorrer 80km, y desde Coruña salía de trabajar a la hora de comer un vecino mío que dijo que podía llevarme. Así que cogería un tren, iría hasta Coruña, quedaría un rato con Iris y estaría a la hora de comer en casa.
Pero contaba con que hubiera más trenes Santiago-Coruña un miércoles a las 9 de la mañana. Tuve que esperar una hora a que apareciese el primero. Una hora de lucha contra el sueño y el cansancio, que usé en seguir leyendo por dónde lo había dejado en Santiago, poco antes de salir para Valencia (un par de capítulos más adelante, leímos un poco en el hotel). Cuando me subí al tren, el traqueteo me hacía quedarme dormida por medio segundo, como me pasaba en clase de latín. Y me despertaba con un sobresalto, como en clase. En una de las dos veces que me pasó el Kindle salió por los aires y aterrizó debajo de mi asiento. Entre el susto y que tardé en recuperarlo, me despejé un poco.
Salí de la estación de tren y se notaba que había llegado a Galicia. Lluvia, viento y un frío de morir. Tuve que volver adentro de la estación para abrir la maleta, sacar la chupa, los guantes y el gorro de lana para poder enfrentarme al tiempo. De nuevo, tuve suerte y nada más acercarme a la parada del bus que iba a coger para ir a casa Iris vi que estaba llegando. Un ratito más tarde cargaba con mi maleta, de unos 6kg más o menos, durante los 5 pisos sin ascensor para llegar a su piso.
Allí pusimos un rato a caldo a las locas de sus vecinas, cotilleamos sobre otras cosas, me contó los planes un poco descabellados que tiene para su futuro laboral, y me dio la hora de irme. Mientras hablábamos, aunque me mantuve de pie todo el rato, tuve que volver a desayunar, porque lo que había tomado en Santiago ya no me daba energía y me iba a quedar dormida de pie.
Durante el viaje en coche a la vuelta creo que me quedé dormida. Mi vecino me dijo que durmiese tranquila, pero yo prefería llegar a casa cansada, comer y luego dormir a gusto. Aún así, no recuerdo tramos de la carretera, y a veces tenía la sensación como de apagar el cerebro con los ojos aún abiertos y tener que forzar que volviese a funcionar.
Llegué a casa cuando mi padre estaba terminando de hacer la comida (de total casualidad, porque ya no tenía batería en el móvil para decirle que estaba saliendo hacia allí), y comimos juntos. Luego me fui al sofá, donde se me fue el sueño y me puse a revisar correos, blogs, y más cosas. El sueño fue entrando muy poco a poco, y sobre las 7 de la tarde me eché a dormir.
Apenas fue una hora, y me desperté desorientada y mareadísima. Estuve como media hora sentada en el sofá sin moverme mucho porque tenía miedo a caerme si me levantaba, y cuando me levanté aún no tenía la seguridad de que no pasaría. Supuse que sería por el cansancio y por no estar acostumbrada a dormir de hora en hora. Cené un poco, se me pasó, y pasadas las 12, por fin, me fui a dormir.
Lo he pasado genial este viaje. He disfrutado de Gerardo todo lo que he podido, más de lo que imaginaba, y tras todo lo malo que me había contado de Castellón, la ciudad me gustó. No creo que sea humanamente posible darse más cariño y mimos del que nos dimos durante estos días, porque no desaprovechamos un minuto. Era una de las cosas de las que tenía más ganas: agarrarme a él, darle muchísimo cariño para compensar los meses que hemos pasado separados y que para él no están siendo muy buenos, y recargarnos las pilas. Y en eso me he quedado completamente satisfecha. No le he dado todos los mimos que quería, pero le he dado todos los que he podido en el tiempo que estuvimos juntos. Además, he conocido a su familia y nos caemos bien; y he conocido al grupo y a parte de sus amigos y también parece que nos caemos bien.
Este viaje, además de ser divertidísimo y de ayudarme a conocer más su mundo y a él, es, como él mismo dijo, la confirmación de que queremos que esto dure muchos años más. Queremos estar juntos, funcionamos juntos, y cada vez nos necesitamos más el uno al otro. Aunque no es tanto una necesidad como un futuro que no existe sin el otro. Encajamos en todo perfectamente, y queremos estar muchos años más juntos. Y lo vamos a conseguir.
Hay planes, y cada vez más serios, de irnos pronto a vivir juntos. Uno de los planes dice que en Coruña, otro dice que en Castellón, pero se decidirá cómo, dónde y cuándo cuando vaya pasando el tiempo y algunas cosas se vayan concretando. Pero acabaremos juntos, y antes de que acabe el año.
Tras tenerlo lejos todo este tiempo, quiero tenerlo cerca, y no veo el momento de poder convivir con él día a día. No necesito más, estos 6 meses y este viaje han confirmado que saldrá bien, y que vamos a estar mucho tiempo juntos. No hay que esperar más, estamos preparados para hacerlo. Ahora solo hay que buscar el momento.
Y va a llegar pronto.
De momento, tenemos que esperar un poco más. Hay cosas importantes que hacer antes. Tengo que aprobar la asignatura en junio, y tenemos que sobrevivir al Resurrection, que con las últimas confirmaciones cada vez lo vemos más difícil.
5 de abril de 2013
Castellón, primera visita. Primera parte.
Creo que ya estoy despejada como para ponerme a hablar de esta semana que pasé en Castellón. Despejada solamente, porque, como con todo lo bueno, tengo secuelas físicas que tardarán unos días en irse del todo. Pero ya no soy un zombie que tiene el automático puesto, pienso fluidamente y esas cosas que se hacen cuando estás descansado. Así que empezaré a contar mis aventuras por Castellón, en mi primera visita a la ciudad.
Como siempre, me las apañé para empezar el viaje mucho antes de que empezase de verdad. Esta vez viajé en avión desde Santiago a Valencia, y los únicos vuelos que hay en esa línea salen a las 8 de la mañana. Como no iba a hacer que nadie en mi casa madrugase lo suficiente como para llevarme, mi hermano me acercó a Santiago la tarde anterior, “dormí” en su piso, madrugué sola y me fui al aeropuerto con tiempo. O eso era la teoría. Porque dormir... no dormí. Tenía miedo de no despertarme y perder el avión, y no me dormí ni cuando decidí rendirme al cansancio y dormir aunque fuesen, unas 3 horas. Para no ponerme demasiado cómoda, no fui a ninguna cama, sino que me quedé en el sofá. Pasé la tarde leyendo, y por la noche ya tenía el cuerpo destrozado del sofá duro y viejo, y en total conseguí dormir como media hora.
Y a las 6 de la mañana recogí todo, me abrigué bien y fui a esperar al autobús del aeropuerto. Tardó un poco en venir, pero pronto estábamos en Lavacolla. Ya tenía puerta de embarque asignada, aunque estaban aún embarcando los del vuelo anterior. A menos de media hora de salir para Valencia estaba yo sola esperando, y pensé que quién sabía, a lo mejor tenía todo el avión para mí. Pero no. Solamente era demasiado temprano y la gente empezó a llegar 5 minutos antes de que empezáramos a embarcar.
El vuelo fue normal. Destaco que el piloto fue suavísimo y no tuvimos choque apenas contra la pista al aterrizar en Valencia, y no sé cómo, llegamos con 20 minutos de adelanto. Tenía miedo de que Gerardo no hubiera llegado todavía al aeropuerto, pero allí estaba.
Y salimos para Castellón en coche. Tardamos un ratito en llegar, dejamos el coche en el garaje de su casa (con miedo a sufrir una emboscada de sus padres, aunque no pasó nada) y fuimos al hotel.
Creo que nadie que no haya tenido una relación a distancia puede entender la sensación de por fin estar juntos. La sensación de llegar al hotel, dejarlo todo tirado y empezar a ahogarse entre abrazos. Las ganas de quitarse la ropa, solamente para poder abrazarse y sentir, por fin, el calor y el tacto de la otra persona. Parece cursi y sentimentaloide, pero tras varios meses sin verlo, yo solo tenía ganas de tumbarme con él, pegarme mucho y abrazarlo hasta quedarme sin aire.
No batimos el récord de Madrid de estar 24h metidos en cama, aunque tampoco nos quedamos cortos. Conseguimos salir a cenar, y cenamos en un 100Montaditos, al que poco a poco le voy cogiendo más confianza y empiezo a probar cosas nuevas. Es que los nombres y las mezclas de lo que tienen no me acaban de llamar, tengo que ir poco a poco xD Aunque otra vez, me olvidé de probar los de chocolate.
Dimos una vuelta por la calle (en Castellón se puede estar tranquilamente por la calle en marzo sin miedo de que te salga escarcha en el pelo) y volvimos al hotel. Antes, Gerardo pasó por su casa a coger un portátil y el cargador del móvil, y antes de dormir vimos Metal: A headbanger's journey (que no había visto, tiene delito ¬¬) y Rompe Ralph, película que tenía muchas ganas de ver con él, y que en Madrid no encontramos tiempo para ir al cine a verla.
La mañana siguiente, el sábado, la hicimos para compensar el no haber batido el récord de 24h, y aunque nos despertamos temprano, no hubo manera de levantarse a desayunar. Cuando nos levantamos fue para salir a comer. Antes de salir, creo, la madre de Gerardo le llamó y le dijo que habían ingresado a su hermano. Parece ser que volvió de fiesta por la noche encontrándose mal, empezó a devolver y lo llevaron a urgencias. Después de no encontrarle una causa evidente, y como seguía doliéndole el estómago, decidieron quedárselo para seguirlo de cerca.
De todas maneras, salimos a comer. Fuimos a un Muerde la Pasta, bastante más pequeño que los que hay en Coruña, pero que estaba igual de lleno, y en el que las cosas estaban igual de ricas :~~ Al acabar de ponernos finos, fuimos a por un helado artesano de chocolate negro (sugerencia de Gerardo) que MADRE MÍA cómo estaba aquéllo. Y al acabarlo, fuimos a su casa a ver una película y a bajar la pasta.
Su casa es peor que un laberinto, con esquinas, puertas que dan a habitaciones y más habitaciones, pero me guió hasta el salón y no me perdí ninguna vez. De entre todas las películas que no he visto porque apenas he visto cine en mi vida, escogimos El show de Truman. Me gustó. Esperaba otra cosa, a raíz de todo lo que había escuchado de la película, pero me gustó igualmente.
Luego vino su madre, y la conocí. Preocupada por el hermano de Gerardo y cansada de llevar tanto tiempo en el hospital, merendamos juntos una mona de Pascua que tenían en casa y algo de helado (no recuerdo haber llevado helado a casa... pero comimos helado xD). Y luego fuimos a hacerle una visita a su hermano, por lo que también conocí, aunque brevemente, a su padre y a su hermano. Y a un tío suyo que estaba de visita xD
Su hermano, todo contento “Gerardo, llevo todo el día vomitando! He contado las veces! Van unas 15!!” xDD
El día siguiente el plan fue parecido. Nos despertamos temprano, pero nos quedamos en cama hasta casi la hora de comer. Pero fuimos a comer al Wok más aberrante que he visto en mi vida. Era una nave industrial solo para el restaurante. No sé, como 200 mesas de gente. Enorme.
Tras eso, dimos otro pequeño paseo por Castellón y terminamos en su casa viendo otra película. Escogimos Looper, que Gerardo tampoco había visto, y no era tan buena como pintaba. Es más, me dejé llevar y me comí unos minutos del final porque me quedé dormida. Tampoco es que la película hubiera ganado en sentido si la hubiera visto entera xD
Luego nos echamos la primera de las panzadas de reír del viaje. No recuerdo cómo (posiblemente con Gerardo diciendo lo de “en el mío país”), pero terminamos invocando a la ira vegana, porque queríamos usar las gallinas para pintar las paredes, ni siquiera para comerlas. De estas panzadas a reír que te acaba doliendo la barriga y no sabes cómo empezó aquéllo.
Mientras estábamos en su casa nos dijeron desde el hospital que a su hermano le había empezado a doler el costado derecho y que, efectivamente, era apendicitis y lo operarían esa tarde. Al día siguiente, antes de comer, nos pasamos por el hospital, con su hermano ya operado y bien, imagino que bastante aburrido además, pero estaba bien. Intentábamos decirle que ahora con la cicatriz iba a ligar un montón, pero nos dijo que lo operaron de manera que no le quedará cicatriz. Se han cargado la parte divertida de tener apendicitis.
Por la noche volvimos pronto al hotel porque Gerardo se notaba raro y muy cansado. Nosotros acabamos descubriendo por qué era, pero no es decente hacerlo público. Solamente diré que en los días sucesivos más o menos conseguimos solucionarlo y nos acabamos riendo bastante xD
El lunes fuimos hasta la playa a Benicasim. Conseguimos levantarnos un poquito antes, y dimos un paseo por allí antes de ir a comer. Siguiendo su recomendación, esquivamos los sitios de guiris (especialmente uno donde servían “fideguá”) y fuimos a una pollería que, pese a lo que suena, sirve pollo. Y más cosas, pero fundamentalmente pollo asado. Pedimos medio pollo para los dos, una ensalada mediana y un plato mediano de patatas. Suerte que fuimos comedidos y no pedimos patatas grandes, porque tendrían que quitarle una mesa a otra gente para poder apoyar el enormísimo plato de patatas que nos hubieran servido.
Luego seguimos dando vueltas por Benicasim. Acabando la playa de arena nos metimos en un espigón hacia el mar, toqué el Mediterráneo para ver que, efectivamente, está más caliente que el Atlántico (la prueba es que aún tengo todos los dedos de la mano), vimos un par de lapas y una caramuja, y luego dimos un paseo por una playa de cantos.
Al acabar, hicimos algo más que no recuerdo, y fuimos al local de ensayo. Yo iba con la cámara de fotos preparada, porque habían dicho hace tiempo que querían alguna foto, y tengo un poco de mono de sacar fotos en directo (aunque fuese solo un ensayo). Pero no pudo ser. Ellos llegaron a ensayar, y ensayaron, pero es que con ellos vino tal tropa de gente que allí no me podía mover cómoda. Tocaron una vez el setlist que tienen listo para un concierto en un festival en el que participarán a finales de mes y dieron el ensayo por terminado.
Cogimos a un par de ellos y a un amigo y nos fuimos a cenar. Acabamos en un Burger King con más gente que se apuntó más tarde. Nos dividimos en un par de coches y quedamos en salir por la noche con más gente. Pero teníamos que pasar por el hotel, Gerardo quería ducharse, y cuando salió de la ducha ya no nos apetecía bajar. Para otra vez será.
Aquí lo dejo, para no alagar demasiado la entrada. Aún tengo más fotos (aunque todas están ya en Facebook), y más cosas que contar, como el peregrinaje que hice para volver a casa en modo zombie, y que aún no sé cómo conseguí completar sana y salva.
4 de febrero de 2013
Excursión a Ézaro
Ézaro, concretamente la cascada, es uno de los sitios de esta zona que más me gustan, y a mi padre, para ir a pasear. Durante épocas más apacibles vamos en moto, porque además de que la carretera está bien conservada, es ancha y tiene unas vistas increíbles, queda a unos 15 minutos, e ir y volver se hace en nada.
Es un sitio precioso (también el pueblo, pero la cascada es un lugar especial), pero pese a tenerlo cuidado nunca había visto mucha gente. Alrededor de la cascada hay jardines cuidados, una cancha de baloncesto (creo), mesas de merendero y un paseo desde el aparcamiento hasta bien cerca de la cascada con madera y así.
Pero este verano fue allí un final de etapa de la Vuelta ciclista. En realidad, los ciclistas fueron desde abajo, subieron una cuesta mortal y el final fue en la parte de arriba de la cascada. Salieron imágenes impresionantes en la tele, se puso a Ézaro en el mapa, la gente flipó con la cuesta... Además, estos días, con todo lo que llovió y los temporales, tuvieron que abrir la presa a unas 100 veces el caudal habitual que tiene, y salió también en el periódico, físico y digital, sobre lo impresionante que estaba estos días.
Y ayer fue la primera vez que fui con mi padre desde entonces. La anterior vez fui con una concentración motera, antes de que terminasen de arreglar la carretera que baja de la cascada, y esta vez fuimos en coche (estamos en enero y esto es Galicia, no somos tan chulos como para ir en la moto). Y no pudimos ir de toda la gente que había allí.
Según me dijo mi padre, desde la Vuelta, todos los fines de semana se junta bastante gente. Los coches dejan de caber en el aparcamiento y los van aparcando como pueden a lo largo de la carretera y la gente va caminando hasta la cascada desde donde pueden dejar el coche. Va a veces con la moto, y dice que se nota que hay más gente. Pero ayer, domingo, había tantísima gente que no pudimos aparcar. Directamente. Así que dijimos de ir a otro sitio, ya que había cogido la cámara y no será por paisajes. A medio camino pensé que podíamos ir a la parte alta de la cascada, porque podría haber aparcamiento. Y allí fuimos.
No había mucho sitio donde aparcar, pero encontramos espacio. Desde pequeña que no iba allí, y después de sacar un par de fotos saqué a un par de amigurumis que llevé para sacarles fotos. Estoy cansada de la fotos con la cartulina blanca y estoy haciendo unas fotos diferentes. Saqué a Totoro, lo colgué de un árbol, luego lo puse encima de unas rocas... y luego a Wooper, en unas rocas en las que había un charco. Por eso de que es un Pokemon de agua.
Mi padre casi lo pasó mejor que yo sacando fotos o colocando a los amigurumis para sacárselas. Creo que a partir de ahora iré con amigurumis en el bolso y les sacaremos fotos xD
Cuando nos cansamos, bajamos a otra carretera y fuimos a la propia presa, de donde sale el agua que va para la cascada. Estuvimos paseando por encima, buscando un par de fotos que no salieron y sacando otras que quedaron mejor. La sensación de estar allí encima era rara. A un lado, el agua hasta casi arriba de todo, reflejando las montañas de alrededor, en calma. Por el otro lado, a apenas 4 metros, un vacío inmenso, con un chorro de agua que salía con una presión brutal, formando una nube de agua pulverizada.
De nuevo, cuando nos cansamos, y por seguir con la presa y el embalse, dijo mi padre de ir hasta Baíñas para ver la cola del embalse, que debía estar a tope. Después de kilómetros sin saber si íbamos por la carretera correcta (al final íbamos), llegamos a la primera. Efectivamente, estaba de agua hasta arriba a pesar de tener tantísimos kilómetros, y estaba ya anocheciendo. Saqué un par de fotos de una puesta de sol decente (por fin!) y con el frío que hacía, nos volvimos a casa.
Y ya que empecé a escribir para hablar de fotos, las fotos que saqué y que más me gustan:
Por géneros:
Álbum,
Diario,
Manualidades
3 de septiembre de 2012
Drácula, de Bram Stoker
Hoy, como plan de mañana de domingo, fui a la exposición de Drácula que lleva ya unos meses abierta en la Fundación Luis Seoane de Coruña.
Había quedado con una chica de Coruña, pero sus planes de fin de semana eran muy completos, según dijo, el sábado se le fue de las manos y le fue físicamente imposible llegar despierta al domingo. Tiene toda la pinta de que volveremos juntas, pero quería estar tranquilamente también por la exposición.
Lo primero, en Google está mal indicada la Fundación. La señala en una iglesia, que a esas horas, además, estaba llena de señoras yendo a misa y pocos vampiros podía haber ahí dentro. La Fundación queda bastante más abajo, y tras rodear 3 de sus 4 paredes y se llega a la 4ª, donde está la entrada.
Sin entrar en el contenido, la ambientación de la exposición está currada. Está en la segunda planta del edificio, y para llegar allí hay que subir unas escaleras, tapadas con unas cortinas negras. Se atraviesan las cortinas, y al terminar la escalera, lo primero que se ve es una estructura rectangular, blanca, con la silueta de un vampiro y manchas de sangre en rojo. Soy bastante impresionable, pero me parece un buen inicio de exposición xD
Dentro, hay un poco de todo. Primero, el mito del vampiro antes de Drácula, las fuentes de Drácula, ediciones modernas y no tan modernas del libro, cómo se fue formando visualmente la imagen que tenemos del Conde, películas en las que aparece el personaje, y esas cosas. Además, tienen una pantalla pequeña con una película o algo así cómico sobre vampiros, y en una sala oscura tipo cine una proyección más larga y creo que más seria sobre la figura del vampiro. Aprovechando la temática tienen un pasillito dedicado al vampiro en Galicia (que hay poquito, la verdad), y una sala con un Bestiario con una colección que creo que pertenece a la propia Fundación.
En cuanto a material, están bastante surtidos. Tienen un montón de volúmenes expuestos, sobre todo sobre las fuentes de Stoker para escribir Drácula, y bastantes postales, cartas y demás manuscritos de Stoker a sus amigos o de sus amigos a Stoker. Facsímiles, claro, pero igualmente interesantes. Incluso tienen el fácsimil de la tabla temporal y la línea cronológica que hizo Stoker para usar de guía al escribir la historia.
No lo esperaba, y tienen muchos pósters de películas e ilustraciones de cómics, y algunos gravados/acuarelas sobre vampiros muy chulos. También hay una serie de fotografías muy bonitas de Bella Lugosi como Drácula durante el rodaje. Ya como máximo, tienen una réplica del traje que le pusieron al personaje en la película Drácula de Bram Stoker. Y algo que, cosas de filóloga, o fanática, o todo junto, me puso los pelos de punta: una editio princeps de la obra.
Una editio princeps es una primera edición. Pero primera primerísima. No es la primera edición de una editorial, o la primera edición con un estidio preliminar o unas ilustraciones. Es el formato en el que salió por primera vez a la calle ese libro. Y Drácula es de 1897, si no me equivoco. Es decir, por encima de ser un libro histórico, como objeto en sí tiene como un porrón de años.
La editio princeps, la tabla cronológica y el traje están en un pequeño apartado. No es que sea una sala aparte, porque no está cerrada, pero la propia arquitectura del lugar la cierra un poco. En un lado de esa sala sale un pasillo estrecho, oscuro, que tras un par de recodos da a la sala oscura-de cine donde estaban proyectando lo que me pareció un documental sobre vampiros. Soy impresionable. A estas alturas, de estudio del mito vampírico, de disfrute de vampiros, y de haber visitado la exposición, tengo que admitir que no me acabé el libro. Lo empecé, pero llegó un momento en el que estaba tan acojonada de lo que me estaba imaginando que tuve que dejarlo. La sala de cine me estaba poniendo muy nerviosa. Sobre todo, porque cuando llegas de la claridad del resto del edificio y entras, es un agujero negro en el que solamente ves una pantalla. No sabes si hay gente, si no la hay, qué profundidad tiene la sala, y todo eso. Estaba esperando en que cualquier momento saliese alguien de entre las sombras y me agarrase.
Pero lo peor es al salir. No sé si lo habrán planeado así, pero si lo hicieron es un detalle muy grande. Cuando sales de la sala oscura te da la claridad de frente, y te quedas medio tonto por medio segundo. Entonces, a tu derecha, dentro de tu campo de visión, pero no del claro, entra el traje de Drácula. Que, por ese medio segundo en el que estás tonto, te da la sensación de que hay alguien, de que el puto Drácula está ahí. Dos veces entré en la sala, las dos veces salí acojonada, y las dos veces pensé que había alguien. Y en la segunda ya sabía lo que me iba a encontrar.
Para buscarle pegas, mi curiosidad de filóloga se quedó con ganas de saber un poquito más. Sobre todo, sobre la primera recepción de la obra (si gustó, cuántas reimpresiones hubo en cuántos años, si se vendió mucho o pasaron de ella los primeros años, etc.) y la genealogía de la obra, tanto de todos los Dráculas salidos a partir del primero (como las películas La novia de Drácula y así), como si aparecieron más vampiros y libros de vampiros a partir del de Stoker, o si siguiendo haciéndose los que estaban haciéndose antes de publicarse. Pero está compensado porque me llevo un par de títulos de estudios sobre vampiros además de tener más o menos claro qué edición quiero para mi biblioteca.
Y como estaba sola en la exposición, no es que solamente no llevase amigos, me harté a sacar fotos.
Ahora voy a redactarlo todo un poco más bonito, a ver si le hago un hueco a esta exposición también en Canal Nostalgia :)
*Decálogo del vampiro:
1.No proyecta sombra ni se refleja en los espejos.
2.Tiene la fuerza de varios hombres.
3.Puede transformarse en lobo y en murciélago, reptar por las paredes, ve en la oscuridad y domina a las bestias y animales inferiores como las ratas y los insectos.
4.Es capaz de controlar las fuerzas de las tormentas y otros fenómenos naturales y de crear masas de niebla para ampararse en ellas.
5.Su aliento, pese a que es fétido, y su voz poseen poderes hipnóticos.
6.La luz del sol lo destruye. Solo puede salir de noche.
7.No soporta los ajos, ni en cabezas, ni en ristras ni en flor.
8.Le ahuyenta la cruz, el agua bendita y la hostia consagrada.
9.No puede ingerir alimentos. Únicamente se nutre con sangre que chupa de la yugular de sus víctimas.
10.Un vampiro no entra jamás en un lugar donde no ha sido invitado previamente.
18 de agosto de 2012
Fotos de la zona de Sanabria
Como dije hace unos cuantos días, estuve una semana de vacaciones con mi familia en Sanabria (Puebla de Sanabria, Puente de Sanabria, Ribadelago, etc.), y me harté a hacer fotos. Voy a compensar las entradas largas-larguísimas que he estado haciendo, y voy a soltar una de fotos. Y qué fotos, aunque renuncio a todo el mérito que puedan tener, puesto que estas fotos se hacen solas. Semejantes ambientes, semejantes paisajes. Una pasada, era espectacular. Pero todo, no solamente un pueblo, o un monte, o un camino. Fueras adónde fueras.
Sin mucho más, las fotos.
De camino, a la altura de Ourense, sacadas desde el coche, el principio de los Ancares.
Puebla de Sanabria, vista desde la entrada del pueblo.
Calles de dentro de Puebla de Sanabria.
El castillo de Puebla de Sanabria desde la carretera que baja al río. La segunda, al anochecer.
Iglesia de Puebla de Sanabria.
Lago de Sanabria.
El monasterio de San Martín de Castañera desde la entrada del pueblo.
Castillo (ahora museo militar) de Bragança (Portugal).
Puebla de Sanabria y el río desde la carretera que va a la estación de tren.
Laguna de los Peces (a más de 1700m sobre el nivel del mar).
Brezo alrededor de la laguna de los Peces.
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