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12 de junio de 2013
La primera boda entre primos
Hace unos meses me dijo mi padre: “por cierto, tu primo Marcos se casa”, a lo que yo respondí: “pero es que tiene novia?”. Pero tenía razón, se casaba. Un par de meses después nos llegaba la invitación con la fecha, y este fin de semana pasado tuvimos que ir hasta Pontevedra para ir a su boda.
La ocasión era inédita, porque de 20 primos que somos, era el primero que se casaba. Y echando cuentas, no es el mayor, si no el séptimo empezando por los mayores, y con el que marcamos la diferencia entre mayores y pequeños (la siguiente por debajo soy yo, sí, me meten en el grupo de primos pequeños). Hablando al salir de la iglesia, en realidad es raro que ninguno otro se haya casado antes, aunque echando cuentas, pocos tienen pareja. Y por lo visto, ninguno tiene muchas ganas de casarse xD
La boda fue el sábado al mediodía (hasta la medianoche), así que salimos temprano de casa, sobre las 10 y media. Llegamos justitos a la iglesia, tanto que entre la gente que había y el poco tiempo, apenas pudimos saludar a la familia que había por allí. Pensé que me quedaba mucha más gente por saludar, pero más tarde comprobé que más de la mitad no pudieron venir, por diferentes razones. Yo acepté ir a la boda pensando en que vería a gente que normalmente no veo... pero no vinieron (y en parte me dieron envidia, porque si hubiera sabido que podía escaquearme lo hubiera hecho).
Yo iba un poco incómoda. Las reuniones sociales tan protocolarias como esta no me gustan y no acabo de entenderlas. A mí me da igual si no me comporto o presento como debería, pero a otra gente no. En este caso, al ser parte de la familia, y ser él parte de la familia con la que más estoy en contacto, tenía un poco menos de presión. Aún así, no me acaba de fiar de que el vestido que elegí no fuese demasiado estridente o llamativo (negro con lunares grandes blancos)... pero se me pasó incluso antes de entrar en al iglesia. Al ver al resto de invitadas, incluso me sentí discreta de más. Madre mía qué de vestidos feos y cosas extravagantes y locas se pone la gente.
Entre los vestidos y cosas que tengo que destacar, lo primero en lo que me fijé fue en los tocados de las chicas. Aquello parecía una carrera benéfica de caballos en Inglaterra. Entre flores, plumas, hilos y cosas alguna tenía más cosas fuera de la cabeza que dentro. Una chica, por ejemplo, con un vestido en tonos pastel, se cascó en la cabeza una rosa de un color fucsia brillante más grande que su propia cabeza. La primera invitada que vimos tenía un tocado con plumas y cosas que salían disparadas de unos 15cm de alto. Y no eran las únicas, solo las que más me llamaron la atención.
Por suerte, hubo otros vestidos que llamaron más la atención que el mío, que al final fue de los discretos. Una de las chicas se las que más se habló (para mal) escogió un vestido color azul-verde claro; la parte de arriba tenía la forma de un bañador completo, y la parte de abajo era una pequeñita falda de plumas. Todo del mismo color. El escándalo vino cuando en la iglesia tuvo que salir a leer, paseando el culo, los hombros, los brazos, piernas y escote delante del cura. La gente habló más de lo desnuda que iba que de lo feo que era el vestido, que es en lo que me fijé yo xD
El otro vestido, también feo, es del que hablé en twitter como “lazo de regalo”. Es que veamos. Era como un lazo gigante de regalo más o menos envuelto en el cuerpo de la que lo llevaba. El vestido tenía escote palabra de honor, y la falda, con bastante vuelo, salía de las caderas. Pero el escote no era ceñido, si no que estaba algo abultado. Tenía diferentes tonos marrones y detalles en dorado. La tela alternaba unas partes brillantes, como raso, con otras partes tipo tul, transparente. Con detallitos en dorado. Es decir, es como un lazo de regalo en grande. Si a eso le sumamos que tenía un chal de la misma tela en el que iba envuelta...
El resto de la boda fue más o menos bien, dentro de lo bien que puede ir para mí una cosa así. Me sentaron en la mesa con mi abuela, dos señoras más que no conocía, dos de mis tías mayores, otra chica que no conocía y mi prima pequeña (a la que saco 10 años). La mesa reina de la fiesta. Fue todo muy tranquilo, hasta que entre platos nos sirvieron un sorbete de mojito y a mi abuela le chifló y quiso repetir. Fue el único momento un poco divertido.
La chica-señora que se me sentó al lado no podía estar más jodida de la cabeza. Mientras estábamos esperando a los novios con los aperitivos y estaba hablando con mi hermano se nos acercó (sin conocerla de nada) y nos dijo: “yo soy de Cee y vosotros de Corcubión, así que somos enemigos”. Así, como presentación. Y luego resulta que se me sienta al lado en la mesa. Chachi.
La comida, como siempre, se eternizó. Llegamos más tarde de las 2 y media a comer, nos dieron los entrantes (qué buenos estaban, prácticamente comí solo eso), casi a las 4 subimos a comer, dos platos de marisco, a las 6 servían el pescado, luego el sorbete de mojito, la carne, dos postres (qué buenos estaban), y ya me pude levantar y escaquearme. Pasé la tarde hablando con mi padre, con mi hermano, con más gente... intentando no aburrirme todo lo que podía aburrirme.
De nuevo, el camarero pensó que yo era menor de edad, porque rechacé el vino al empezar la comida. Luego, cada vez que pasaba con algo de alcohol (el sorbete de mojito, champán con el postre) nos miraba a mi prima y a mí y hacía amago de servirnos como si fuese una travesura. Mi padre se partía cuando se lo contaba xD
Sobre las 8 la gente empezó a bailar, sobre las 10 sacaron la mesa de merienda-cena (como si no hubiera habido suficiente) y ahí empecé a ir en picado, de cansancio y aburrimiento. De que los borrachos me cargan cada vez más, aunque no me hablen, solamente de verlos, y la barra libre empezaba a notarse.
Aunque de toda la boda destacaría solamente un momento sobre el resto. El que pinchaba la música estaba poniendo cosas muy variadas (Michael Jackson y luego reguetón y luego Extremoduro, en ese plan) y tocó una canción de Marea, que no reconocí, pero que pusieron a posta, porque por su reacción, es una canción importante para mi primo. Mientras empezaba a sonar se arrancó el chaleco y la corbata, y se podía ver que perdía el control (ayudado del alcohol, claro). Durante el solo la novia agarró el micrófono, y cuando volvió la letra empezó a cantársela. Y terminaron la canción cantando los dos, con sus amigos a su alrededor en círculo, sin bailar ni nada. Sé qué es lo que una canción te llene y te haga perder el control, y no me imagino lo que es que tu novia te la cante en tu boda, con toda la gente alrededor.
Salimos de allí pasadas las 12 y media de la noche. Mi padre, mi hermano y yo dormimos en una finca que tienen mis tíos, junto a dos tíos más. Al día siguiente comimos junto a mi abuela, las dos señoras que no conocía y la chica-señora con la que me senté a la boda. Nos fuimos sobre las 5 y media de la tarde, y a las 8 estábamos en casa.
Prueba superada, y primer primo casado. Parece que pasará un tiempo antes de que otro se case. Pero también parece que mis amigas empiezan a casarse. Con lo poco que me gustan estas cosas.
Los poquitos que fuimos:
8 de abril de 2013
Los 23 llegaron con Skunk
Pues he cumplido años y casi ni me he dado cuenta. Y va a hacer una semana de eso. Nunca me hizo especial ilusión el día de mi cumpleaños, pero este año casi ni me di cuenta de que era ese día xD
La mitad del 3 de abril la pasé viajando, volviendo de Castellón hasta mi casa. Empecé mi cumpleaños al lado de Gerardo, mirando las (pocas) estrellas en la playa, con un poco de frío por primera vez en todo el tiempo que estuve por allí. Luego pasé la noche en blanco esperando a que diese la hora de salir para el aeropuerto, y una vez fuera del avión, la odisea (en el sentido de viaje difícil y largo) de coger el tren, esperar al coche y llegar a casa. Una vez en casa, pasé la tarde en modo zombie, sin ser consciente de que era mi cumpleaños salvo por los mensajes de Facebook que tuve que contestar.
Como dije, mi cumpleaños hace mucho que no es un día especial, en el que no tengo ganas de hacer celebración ni nada especial. Y este, dentro del viaje de vuelta y todo el cansancio que tenía, lo empecé con quien quería y cómo quería. Es más de lo que hubiera pedido. Fue un día raro por la sensación de sueño y pesadez constante y todos los kilómetros, pero no me estoy quejando.
Aunque un poco de celebración sí que he tenido, aunque con retraso. Skunk DF y Somas Cure iban a tocar en Vigo la noche del 6, y al participar en el proyecto de crowdfunding me habían dado una entrada. Y ahí que me fui a Vigo. Si tuviera más compañía, transporte y tiempo para preparar el viaje hubiera hecho una parada el día anterior en Santiago para ver a Riot Propaganda, pero ya me costó llegar a Vigo como para quedarme una noche en Santiago.
Salí a las 10 y pico de casa con un compañero de mi padre en coche a Coruña. Acompañé a Iris durante un rato en el Soho del Orzán (muy mala la organización, o mejora en unos meses o se va a apuntar Rita la Cantaora, porque yo no), comí con ella, y cogí un tren a las 5 para Vigo. Llegamos a las 7 y pico, y hasta las 8 no encontré la pensión en la que iba a pasar la noche, aunque estuviera a 10 minutos a pie de la estación de tren. Digamos que cuando digo que no me fío de las indicaciones de Google, me refiero a que siempre me mete en líos. Después de indicarme desde la estación de tren que no era, para llegar a la pensión me hacía dar una vuelta increíble para algo que en estaba a cuatro pasos. Caí, después de una hora de dar vueltas por ahí, en la calle de la pensión, no es que la haya encontrado de verdad. Y por encima, con el móvil en batería baja y a punto de apagarse.
El concierto empezó con un poco de retraso y fueron casi unas 5 horas en total. Menos de una hora de Super Diablo Machine (a los que no conocía, pero que tocan bien y fueron una sorpresa), cerca de una hora Somas Cure, y más de dos horas y media de los bestias de Skunk. Somas Cure en disco me gustan, me gustan bastante, pero en directo me decepcionaron un poco. No por ellos, sino por el sonido “pelota de ruido” que había en la sala. He visto un vídeo de una canción grabada allí y en el vídeo se escucha mejor. En directo era como una gran bola de sonido embotado, donde no se distinguía la letra (la voz apenas) y las guitarras, ni de broma. Y también me faltaron todas las canciones que más me gustaban, que no sonaron. Me dio algo de rabia, aunque estoy acostumbrada a que me gusten las canciones que al resto de la gente no, y al revés. Ellos tocaron bien aunque esa impresión fue un poco mala, y dejamos paso a Skunk.
Qué voy a decir del grupo del que más reproducciones tengo, según Lastfm. Los vi por primera vez en directo en el Brincadeira y no hicieron nada que no me esperaba, aunque no por eso me gustaron menos. Como anunciaban, tocaron Perseidas entero, más las más míticas: Supernova, Himen, Anestesia, El cuarto oscuro, Carpe Diem, Muerte y destrucción, En noches como esta... muchas. El concierto fue largo y se hizo un poco largo, sobre todo porque yo notaba el cansancio de haberme despertado sobre las 8 de la mañana y haberme recorrido Galicia de norte a sur.
Además, voy a empezar que soy gafe para los conciertos. De los últimos a los que he ido, auqnue no son muchos, ya son dos los grupos que tienen problemas técnicos grandes a lo largo del concierto. El año pasado, a Gritando en Silencio le pasó de todo (hasta caérsele el charles de la batería durante una canción completa), y este sábado a Skunk también le pasó de todo. Las pantallas no les daban sonido, el bajo dejó de sonar durante una canción, se pasaron con el humo, tuvieron problemas con una guitarra, además de (aunque ya es algo habitual y esperado) todas las veces que Germán pisa el cable del micro y se le desconecta. No estuvieron tocando demasiado cómodos, pero salvaron el concierto. Lo que hace la experiencia en los escenarios. Los que los conocen más personalmente, decían que a uno de los guitarras se le veía claramente enfadado e incómodo, pero musicalmente pudieron tirar bien con el concierto.
En total, estuvieron más de dos horas y media de concierto, acabaron alrededor de las 3 de la mañana. Entonces entendí lo que decían los de Somas Cure de “no nos da tiempo a más”.
Al llegar a la pensión sí recuerdo meterme en cama, y recuerdo la sensación de alivio y de descanso. Dormí apenas 5 horas, y salí cerca de las 9 para llegar al tren de las 9:40 hacia Coruña. La ciudad y la gente no me estaban gustando demasiado, y en Coruña iba a estar más entretenida y a gusto.
Aunque el mercadillo del Soho tenía que hacerse también el domingo, por mal tiempo, Iris decidió no bajar, y por la tarde pasé por allí y no había nadie, por lo que imagino que todos pensaron lo mismo. Así que fui a casa de Iris, estuvimos allí con sus compañeras de piso y a las 6 y media cogí un bus para llegar a casa. Me lleva tanto tiempo el bus Coruña-Corcubión que el tren Coruña-Vigo. Cuando llegué era ya de noche, merendé algo y mi estado de cansancio fue aumentando y aumentando hasta que poco más tarde de las 10 y media decidí que era momento de irse a dormir.
Y fue cuando me di cuenta de que me había puesto el concierto de Skunk como un pequeño autorregalo de cumpleaños, ya que no había otra cosa que fuese a hacer “especial”. Y me di cuenta de que mi cumpleaños había pasado.
Y que mi padre me debe una tarta.
9 de febrero de 2013
Las redes sociales molan
Como en la línea de las entradas anteriores, no tengo muchas cosas que contar. Sigo en casa, preparando algunos cursos por mi cuenta (con lo mala autodidacta que soy a ver si soy capaz de sacarlos adelante) mientras sigo tejiendo y haciendo esas cosas que me limpian la cabeza y la mantienen en su sitio.
Estos cursos son un tipo nuevo que he descubierto y que estoy siguiendo a través del portal MiríadaX, sostenido por la red Universia y la parte de Telefónica comprometida con las universidades y la formación. Lo que tienen de “especial” estos cursos es que son MOOC: massive online open couses. Cursos masivos abiertos online. No tienen límite de plazas, son muy flexibles porque los puedes hacer en tu casa en el momento o momentos que puedas o quieras, y son gratuitos. Yo me he apuntado a 3. Quería apuntarme a menos, para probar cuánto tiempo me consumían y para aprender a organizarme, pero había 3 cursos que no podía dejar pasar. Uno de inglés enfocado al mundo profesional, uno de técnicas de creatividad y otro de educación digital.
Y ese último curso me ha llevado a la reflexión de hoy: la gente que piensa que las redes sociales molan y hay que usarlas todas y mucho para parecer ser importante.
Este último curso, en concreto, se llama Educación digital para el futuro y está impartida por varios profesores de la universidad Carlos III de Madrid. Por lo que he entendido, en el curso nos van a ayudar a entender cómo se pueden aplicar las “nuevas tecnologías” (odio ese nombre) a la educación y a la formación. Digo que odio lo de “nuevas tecnologías” porque de nuevas ya no tienen mucho. Los ordenadores, internet, los móviles y todas estas cosas ya no son nuevos, no con la velocidad a la que están evolucionando. Acepto que durante el 2013 se le llame a las tablets “nuevas”, pero no ya durante 2014, o así como salga un aparato parecido o que las supere.
Los señores que dan este curso son gente que, para lo que es normal en su edad, están muy en contacto con internet y la tecnología en general. Tienen entre 50 y 60 años, han hecho los vídeos, han diseñado el curso, han abierto un perfil de facebook, una wiki para el curso, etc. Pero porque su trabajo se trata de eso. Sin embargo, por lo que he estado viendo, los alumnos son gente joven, en contacto permanente con las redes sociales, y creo que podría asociar a la mayor parte de ellos con esta clase de gente que aspiran a ser community manager y que quieren estar siempre a la última en las redes sociales; incluso en páginas que no son redes sociales y que tratan como tales.
Y me he dado cuenta de que esta clase de gente se está reproduciendo, y me llama la atención. Es gente de diferentes edades, de entre... 25-40 años, obsesionados por compartir. Compartir, conocer, o parecer que se conoce “desde dentro”. Todos sabemos usar Facebook, ellos saben (estadísticamente, no a niveles de programación) cómo funciona Facebook. Qué hacer para ser más visible, cómo “triunfar”. Cuando casi nadie conocía Pinterest, todos estaban a la última, todos lo usaban, todos sabían manejar esa “nueva red social” (para mí, Pinterest no es una red social puesto que la interacción entre usuarios es mínima, blogger permite muchísima más interacción y a nadie se le ocurre decir que los blogs son redes sociales). De hecho, en España, creo que, con pocas excepciones, los que manejamos Pinterest somos los que hacemos cosas a mano y esta otra clase de gente, que lo usan porque es nuevo y porque se sienten en la obligación de conocerlo.
Todas las mañanas, cuando despierto, entre los TT de Twitter siempre se cuela el de #socialmedia. No es que haya pasado nada interesante en el tema, llega hasta ahí por el cúmulo de twits de gente que durante la noche tuitea y retuitea compulsivamente cosas sobre el tema. Las citas les encantan. Los enlaces a blogs que hablen del tema, aunque sea de una manera superficial y abstracta, les encantan. O los artículos sobre estadísticas. Oh, y las infografías, ese cúmulo de información dispersa, que mezcla titulares con números y dibujos, ese atentado a todas las reglas habituales de estudio y comprensión de la información; las infografías les encantan.
Ensalzan el trabajo de community manager como si fuese un trabajo con glamour, moderno, actual, etc. Como un trabajo ideal, de personas eso, modernas y actuales, inteligentes, y sobre todo, imprescindibles.
Yo lo que veo es un montón de gente en su casa, aparentando muchísimo, que aprenden a aparentar y quieren aparentar; porque en el fondo es de lo que se trata. Tener más presencia, más visibilidad, no ser en esencia. He visto consejos para colarse de community manager en una empresa que decían cosas del estilo de cómo convencer a los jefes/responsables de la empresa que es algo importantísimo hoy en día, que una empresa sin actividad en internet no es una empresa con futuro, cómo les prometerían más ventas o actividad, etc; sin darle importancia a si la empresa hacía bien las cosas o no. Ellos quieren que la empresa sea visible, da igual que merezca tener público o no. Por ejemplo, intentar que MediaMarkt tenga todos los días un TT, o unas campañas de promociones y de recomendaciones en Facebook brutales. Da igual si los productos de MediaMarkt son buenos, tienen un buen sistema de posventa o es todo un timo. La empresa tiene que verse y “estar presente” en las redes sociales.
He entrado un par de veces al hashtag que se ha creado para este curso, #edfuc3m, y todos los comentarios que hay son de ese estilo. La importancia de la interacción, de la tecnología, citas de los profesores como si fuesen citas de personajes célebres, y lo importantísimo que es el curso. Son educadores? No. Son fans de la tecnología. Acumulan ese saber por acumular, porque el contenido real del curso no lo van a aprovechar en la vida.
PD: En Guerra Mundial Z formarían parte de todos esos millones de personas sin conocimientos prácticos, que en medio de la guerra, en el período de aislamiento humano tuvieron que hacer algo de verdad por primera vez.
3 de septiembre de 2012
Drácula, de Bram Stoker
Hoy, como plan de mañana de domingo, fui a la exposición de Drácula que lleva ya unos meses abierta en la Fundación Luis Seoane de Coruña.
Había quedado con una chica de Coruña, pero sus planes de fin de semana eran muy completos, según dijo, el sábado se le fue de las manos y le fue físicamente imposible llegar despierta al domingo. Tiene toda la pinta de que volveremos juntas, pero quería estar tranquilamente también por la exposición.
Lo primero, en Google está mal indicada la Fundación. La señala en una iglesia, que a esas horas, además, estaba llena de señoras yendo a misa y pocos vampiros podía haber ahí dentro. La Fundación queda bastante más abajo, y tras rodear 3 de sus 4 paredes y se llega a la 4ª, donde está la entrada.
Sin entrar en el contenido, la ambientación de la exposición está currada. Está en la segunda planta del edificio, y para llegar allí hay que subir unas escaleras, tapadas con unas cortinas negras. Se atraviesan las cortinas, y al terminar la escalera, lo primero que se ve es una estructura rectangular, blanca, con la silueta de un vampiro y manchas de sangre en rojo. Soy bastante impresionable, pero me parece un buen inicio de exposición xD
Dentro, hay un poco de todo. Primero, el mito del vampiro antes de Drácula, las fuentes de Drácula, ediciones modernas y no tan modernas del libro, cómo se fue formando visualmente la imagen que tenemos del Conde, películas en las que aparece el personaje, y esas cosas. Además, tienen una pantalla pequeña con una película o algo así cómico sobre vampiros, y en una sala oscura tipo cine una proyección más larga y creo que más seria sobre la figura del vampiro. Aprovechando la temática tienen un pasillito dedicado al vampiro en Galicia (que hay poquito, la verdad), y una sala con un Bestiario con una colección que creo que pertenece a la propia Fundación.
En cuanto a material, están bastante surtidos. Tienen un montón de volúmenes expuestos, sobre todo sobre las fuentes de Stoker para escribir Drácula, y bastantes postales, cartas y demás manuscritos de Stoker a sus amigos o de sus amigos a Stoker. Facsímiles, claro, pero igualmente interesantes. Incluso tienen el fácsimil de la tabla temporal y la línea cronológica que hizo Stoker para usar de guía al escribir la historia.
No lo esperaba, y tienen muchos pósters de películas e ilustraciones de cómics, y algunos gravados/acuarelas sobre vampiros muy chulos. También hay una serie de fotografías muy bonitas de Bella Lugosi como Drácula durante el rodaje. Ya como máximo, tienen una réplica del traje que le pusieron al personaje en la película Drácula de Bram Stoker. Y algo que, cosas de filóloga, o fanática, o todo junto, me puso los pelos de punta: una editio princeps de la obra.
Una editio princeps es una primera edición. Pero primera primerísima. No es la primera edición de una editorial, o la primera edición con un estidio preliminar o unas ilustraciones. Es el formato en el que salió por primera vez a la calle ese libro. Y Drácula es de 1897, si no me equivoco. Es decir, por encima de ser un libro histórico, como objeto en sí tiene como un porrón de años.
La editio princeps, la tabla cronológica y el traje están en un pequeño apartado. No es que sea una sala aparte, porque no está cerrada, pero la propia arquitectura del lugar la cierra un poco. En un lado de esa sala sale un pasillo estrecho, oscuro, que tras un par de recodos da a la sala oscura-de cine donde estaban proyectando lo que me pareció un documental sobre vampiros. Soy impresionable. A estas alturas, de estudio del mito vampírico, de disfrute de vampiros, y de haber visitado la exposición, tengo que admitir que no me acabé el libro. Lo empecé, pero llegó un momento en el que estaba tan acojonada de lo que me estaba imaginando que tuve que dejarlo. La sala de cine me estaba poniendo muy nerviosa. Sobre todo, porque cuando llegas de la claridad del resto del edificio y entras, es un agujero negro en el que solamente ves una pantalla. No sabes si hay gente, si no la hay, qué profundidad tiene la sala, y todo eso. Estaba esperando en que cualquier momento saliese alguien de entre las sombras y me agarrase.
Pero lo peor es al salir. No sé si lo habrán planeado así, pero si lo hicieron es un detalle muy grande. Cuando sales de la sala oscura te da la claridad de frente, y te quedas medio tonto por medio segundo. Entonces, a tu derecha, dentro de tu campo de visión, pero no del claro, entra el traje de Drácula. Que, por ese medio segundo en el que estás tonto, te da la sensación de que hay alguien, de que el puto Drácula está ahí. Dos veces entré en la sala, las dos veces salí acojonada, y las dos veces pensé que había alguien. Y en la segunda ya sabía lo que me iba a encontrar.
Para buscarle pegas, mi curiosidad de filóloga se quedó con ganas de saber un poquito más. Sobre todo, sobre la primera recepción de la obra (si gustó, cuántas reimpresiones hubo en cuántos años, si se vendió mucho o pasaron de ella los primeros años, etc.) y la genealogía de la obra, tanto de todos los Dráculas salidos a partir del primero (como las películas La novia de Drácula y así), como si aparecieron más vampiros y libros de vampiros a partir del de Stoker, o si siguiendo haciéndose los que estaban haciéndose antes de publicarse. Pero está compensado porque me llevo un par de títulos de estudios sobre vampiros además de tener más o menos claro qué edición quiero para mi biblioteca.
Y como estaba sola en la exposición, no es que solamente no llevase amigos, me harté a sacar fotos.
Ahora voy a redactarlo todo un poco más bonito, a ver si le hago un hueco a esta exposición también en Canal Nostalgia :)
*Decálogo del vampiro:
1.No proyecta sombra ni se refleja en los espejos.
2.Tiene la fuerza de varios hombres.
3.Puede transformarse en lobo y en murciélago, reptar por las paredes, ve en la oscuridad y domina a las bestias y animales inferiores como las ratas y los insectos.
4.Es capaz de controlar las fuerzas de las tormentas y otros fenómenos naturales y de crear masas de niebla para ampararse en ellas.
5.Su aliento, pese a que es fétido, y su voz poseen poderes hipnóticos.
6.La luz del sol lo destruye. Solo puede salir de noche.
7.No soporta los ajos, ni en cabezas, ni en ristras ni en flor.
8.Le ahuyenta la cruz, el agua bendita y la hostia consagrada.
9.No puede ingerir alimentos. Únicamente se nutre con sangre que chupa de la yugular de sus víctimas.
10.Un vampiro no entra jamás en un lugar donde no ha sido invitado previamente.
12 de mayo de 2012
Una carrera no es una carrera
A raíz de la portada famosa de la Razón con los currículums de los “líderes” estudiantiles, del nuevo baremo de porcentaje de aprobados para las becas generales, y de muchas cosas que estoy leyendo, me pongo a escribir esto. Es tarde, no he tenido el día más tranquilo y no tengo la mente para darle muchas vueltas a las cosas, pero quiero escribirlo, y espero que así sea breve.
Una de las cosas que más criticaba la portada de la Razón es la cantidad de años que llevaban esos alumnos en las carreras, o la edad que tenían. Recuerdo que había un chico con 27 años en 5º, y una chica que, pese a llevar 10 años en veterinaria y no haber acabado, también decía que daba conferencias. Había más, pero no me llamaron tanto la atención.
Hasta ahora, para las becas generales, era necesario aprobar un 80% de los créditos matriculados en el curso anterior. Pronto, no sé cuándo, será necesario aprobar el 90% (en los grados no-ingenierías).
Esto me hizo plantearme algo que no vi que nadie más de planteara, o por lo menos no parecía que nadie lo hiciese. Y es que, ¿qué es una carrera? A mí por lo menos, me pintaron la universidad como un sitio al que ir a formarse, pero no solo académicamente, también de manera personal. Conocer gente, tener experiencias nuevas, desarrollarte como nuevo adulto, adquirir responsabilidades, aprender a luchar por lo tuyo, etc. Claro que estamos para estudiar y para tener una formación especializada y avanzada sobre un campo de conocimiento, pero siempre me la vendieron como algo más.
Entonces, llegan estos dos “hechos” que plantean una carrera universitaria como una carrera de fondo. Como si una carrera cuyo plan de estudios está programado en 5 años, en 5 años tiene que estar completada. Como si fuese prácticamente un delito no conseguir sacar año por año, o como si fuese una obligación hacerlo así. Sin permitir un error, sin dar un margen, como si fuese un trámite que haya que pasar pronto para poder hacer tu vida de verdad, como la ESO, que es un puro trámite.
Una carrera es mucho más que estudiar. Lo veo ahora que llevo intentando hacer esa carrera de fondo durante 4 años y no he sido capaz. En una carrera, sobre todo los que tenemos que vivir fuera de casa, te enfrentas a muchas cosas nuevas, a un montón de problemas (algunos pequeños, pero problemas de todas maneras) que viviendo en casa de tus padres no hubieses afrontado y solucionado. Además de vivir fuera de casa con lo que todo eso conlleva, dentro de la universidad se hace convivencia. Se aprende compañerismo, se aprende a comprender a los demás, a reclamar lo que es justo, y en el caso de los que llegamos solos, a abrirnos a un montón de gente nueva. Leí en un cartel de Pinterest que decía “vida es todo lo que está fuera de tu círculo de comodidad”, y en un lugar extraño, y solo como se está al empezar una carrera, todo está fuera de ese círculo de comodidad. Tienes que aprender a adaptarte, a convivir, a conocer gente nueva, y a buscar posturas que puedan beneficiar a todas las personas.
Esto último se está viendo muy claramente en todos los problemas que se están teniendo para poder organizar la graduación. La cena, el sitio donde cenar, las fotos, la ceremonia, etc. En 1º las personas que lo están moviendo no hubiesen podido organizarlo por faltarles todas estas experiencias.
Lo que me choca es que se esté diciendo que la carrera hay que solventarla pronto. Un 90% de créditos matriculados aprobados por año, e intentar castigar a alguien de 27 años que está en 5º (si entró en la carrera con 22, tras hacer una FP o algo así no sería raro: he compartido clase con adultos que la compaginaban con el trabajo de unos 50 años), como si lo importante fuese sacársela, y sacársela pronto. Porque parece que quien no saca año por año es tachado de vago, de rascarla, de aprovecharse de la universidad pública y del sistema de becas.
Entonces, yo me pregunto muchas cosas. La principal, es si es más importante la cantidad de años que pase en una carrera una persona que la media de sus notas. Había un TDQ hace unos días que se quejaba de que él había sacado la carrera año por año, mientras que sus compañeros habían ido más relajados, tenían mayor media que él y no le parecía justo. Me refiero a que la carrera está para darnos unos conocimientos avanzados. ¿No se supone que debería ser más importante la cantidad o calidad de conocimientos que adquirimos, a la del tiempo que pasamos adquiriéndolos? ¿Por qué parece que está mal si tardamos 7 años en sacar una carrera de 5, aunque se pueda hacer con una media de 9? A mi modo de ver, sería casi preferible. El tiempo, dentro de lo razonable, no debería ser lo importante, si no lo que se sabe, y la capacidad de aplicarlo después.
Me revienta lo fácil que se tacha a los alumnos de vagos así como no aprueban todos los cursos a la primera, lo fácil que es castigar a las segundas matrículas. Señores, la ESO e incluso el Bachillerato nos quedan lejos, y la universidad es muy diferente. No todos pueden seguir el ritmo de estudio establecido por los planes de estudio. Hay gente que tendrá que trabajar por lo que sea, hay carreras que no se pueden sacar año por año (Arquitectura tiene una media de 8 años, creo), y siempre está la posibilidad de, por cualquier cosa, tener un error y no cumplir con los objetivos. Vivir fuera de casa es difícil, se pueden torcer muchas cosas, y parece que se están castigando los errores. Un mal examen, una asignatura atragantada, una mala semana, incluso una mala convocatoria la puede tener cualquiera sin que signifique que no le importan sus estudios y que pasó el cuatrimestre borracho siendo un despojo social. Personalmente, tengo un trastorno de ansiedad que me ha impedido cumplir con la mitad de los exámenes del junio pasado, y por eso se me ha metido en el saco de alumnos vagos; al Ministerio le ha dado exactamente igual el informe firmado por el psicólogo de la universidad. Y como yo hay más gente. Y alguna otra que tiene que trabajar, o que tiene que atender a hermanos pequeños. U otra que, desde arriba está mal vista, pero a los alumnos nos hacen un favor increíble; prefiere sacrificar los estudios e ir a unas pocas asignaturas por año a cambio de dedicarse a las asociaciones estudiantiles, que no solamente organizan protestas, sino que informan a los alumnos de becas, convocatorias, del funcionamiento de los departamentos, de nuestros derechos y obligaciones como alumnos, y toda clase de información en general (y que nadie más nos va a dar).
Si alguien tiene la oportunidad de pasar algunos años “de más” estudiando, pero sacándole más rendimiento a su experiencia o a la enseñanza que le van a dar, yo creo que debería aprovecharla. Yo me he pasado estos 4 años forzada a sacarlos año por año, corriendo, porque me cogía Bolonia. Y lo único que tengo ahora es una presión increíble para sacar tantas asignaturas como pueda en junio (da igual que sea con un 10 que con un 5 mientras estén aprobadas), y un año de incertidumbre por tener que sacar las asignaturas que me queden como sea, porque ya no hay docencia.
Y todo esto sin beca. Porque soy una malísima alumna pese a la media de estos años (no la tengo calculada exactamente, pero anda entre un 7,5-8), o de tener que matricularme de 100 créditos en 3º y 4º (concretamente 96 en 3º y 102 en 4º) y no llegar a aprobar el 90% (me gustaría saber quién puede aprobar 100 créditos por año).
No todo, como siempre, es blanco o negro. Y algunas cosas hay que pensarlas bien. ¿Rapidez, o nota media? ¿Qué prefiere un país para sus estudiantes?
9 de mayo de 2012
Por qué el arte vanguardista no es basura
Hoy ha salido la noticia de que se ha vendido un cuadro de Rothko (Naranja, rojo, amarillo) por 66 millones de euros. Como cada vez que pasa algo así, ha saltado un montón de gente a opinar del tema. De hecho, yo me enteré porque Rothko era TT en Twitter (y sabía que no era por el doodle de Google, otra cosa que a la gente le encanta comentar aunque hacía unas horas no supieran quién era el señor a quien se lo dedican). Como esperaba, al entrar a leer encontré un repetidas un montón de veces y alguna opinión suelta. Todas ellas, también como esperaba, decían que eso no era arte, y era una estafa.
Entonces, mi conciencia, la alarma de mi alma artística (qué poético eso), saltó. No llevo estudiando el arte, tanto en cuanto a Historia como a Filosofía desde que tenía 15 años para que un idiota con una cuenta de Twitter diga que su hijo puede hacer eso y se quede tan pancho. No por el honor de Rothko, ni de Picasso, ni de Juan Gris, ni de Torres García, ni Dalí, Huidobro, Breton, Apollinaire y amigos (y Duchamp, oh, Duchamp). Porque los vanguardistas han hecho algo muy importante, y aunque la gente se niegue a entenderlo, ahí están, y sus nombres están escritos en la Historia.
Entonces, y como me veo ya preparada para explicar un poco la base de la vanguardia, por qué ese cuadro vale 66 millones de euros (más allá de las palabras de Steve Jobs -vil ladrón- de que algo cuesta lo que la gente está dispuesta a pagar) y qué hay que ver cuando se mira una obra vanguardista, me lanzo a escribir esta entrada.
Aviso de que no es la única explicación, y que se pueden dar tantas visiones y se puede hablar tanto de las vanguardias que me voy a quedar corta, y otra gente podrá decir otras cosas. Solamente quiero hacer una aproximación.
Para la versión corta, saltar directamente a los párrafos de las negritas.
Hay que empezar diciendo que no hay una definición aceptada de arte. El arte es, pero no se sabe qué hace que sea arte. El arte existe, de eso no duda nada. Pero arte son obras tan diferentes como un cuadro, una canción, o un edificio. Se acepta comúnmente que es arte aquello que los expertos en el tema aceptan como tal; los expertos, no la gente de la calle. Ellos tienen sus razones, ellos conocen las obras de arte en profundidad, y lo que ellos aceptan es lo que nosotros aceptamos como arte. Que alguien del 2012 venga a decir que el cuadro de Rothko, de alrededor de 1930 no es arte es una chorrada.
Desde el principio de los tiempos, el arte siempre ha querido reflejar la Naturaleza, el mundo conocido por el hombre. Primero, las pinturas fenicias y griegas de muchos siglos antes de Cristo (no sé si las prehistóricas cuentan como expresión artística), que representaban hombres, animales y el mundo que ellos conocían. Con los siglos las técnicas de dibujo o expresión en general fueron mejorando. Las esculturas griegas son perfectas anatómicamente, los edificios se fueron estilizando y complicando con el paso de los años.
En el Renacimiento se consigue dar profundidad a las pinturas. Nacen las líneas de fuga (mi obsesión particular a la hora de componer una foto), la profundidad y la perspectiva. Se lucha por conseguir cada vez pinturas más realistas, por conseguir congelar momentos históricos en los lienzos, inmortalizarlos.
En esta pintura griega vemos representado un hombre a caballo. Es una figura plana, sin profundidad ni movimiento, está congelada. Interpretamos que es un hombre, porque el dibujo tampoco está perfeccionado, y el caballo tampoco es muy realista.
Siglos después, en el cuadro de Leonardo da Vinci, La última cena, ya hay líneas de fuga. Se puede ver cómo la mesa está en primer plano, tras ella están Jesús y los Apóstoles, luego hay un espacio vacío en la habitación, más atrás están las ventanas, y mucho más atrás se intuye un paisaje. Las líneas de fuga que dibuja el techo y las paredes crean profundidad. Se juntan hipotéticamente en el horizonte según la posición del espectador, que se sitúa frente a la acción pintada, en el centro, y mira de frente.
Pero al final del siglo XIX los avances técnicos y científicos le dan un palo a esta ansia de representar fielmente la realidad. Nace la fotografía, algo que haciendo click (y bueno, en ese tiempo esperando un rato, luego revelándolo y esperando algo más) copia la realidad tal y como era en ese momento. La pintura ya no es necesaria, que cuesta más esfuerzo y nunca será tan perfecta.
Entre otros avances científicos, leía el otro día en un artículo que nació una teoría que desprendía la ciencia de la perspectiva. El hombre podía prescindir de un punto de vista, y mirar desde el infinito. No sé qué aplicaciones científicas tiene esto, aunque hubo avances y sirvió mucho para algunas ciencias. Sin embargo, lo que importa es que esta posibilidad de “desprendimiento” llegó al arte. ¿Por qué el arte tiene que estar sujeto a una perspectiva, a ser una copia de la realidad? El arte puede hacer mucho más que eso.
Entonces nacieron las vanguardias.
La gran diferencia que hay entre una obra de arte vanguardista y una previa es la representación de la naturaleza. Una obra vanguardista vale por sí misma, tiene vida dentro de sí misma. No representa la realidad externa que nosotros conocemos porque el artista está creando una realidad propia para ese cuadro, y en nada se parece a la nuestra. Consecuentemente, se rompen las reglas de la lógica de este mundo, porque esa realidad nueva tiene las propias, aunque el hombre todavía no las conozca.
No se explican situaciones, no se representan situaciones, momentos o sentimientos. Se dan elementos que puedan transmitir esas sensaciones al espectador, pero no por empatía, si no apelando a la experiencia propia. Las ideas son procesadas y rehechas por la mente del autor. Como dijo Huidobro “Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!/ Hacedla florecer en el poema”.
Desaparece la conciencia de lo bello o lo bonito. Hasta el Romanticismo, un cuadro era bueno porque representaba algo bonito (un paisaje, un retrato de una persona guapa), cuando se sustituyó lo bello por lo sublime. Es decir, el valor del cuadro no se daba tanto por bello si no por sobrecogedor, por la capacidad de hacer sentir algo al espectador. Una tormenta que le hiciese sentir débil, una playa inmensa que le hiciese sentir pequeño... el poder de la Naturaleza frente al hombre. Las vanguardias van un poco más allá. El cuadro es bello porque es. No hay ninguna otra razón. Las leyes estéticas son únicas y propias para sí mismo. No depende de representar una flor bonita para poder ser bonito, porque no se busca que sea bonito, ni que esté equilibrado, ni que tenga una buena gama cromática (en las vanguardias posteriores hasta se consigue romper con el color), si no que tenga sentido en sí mismo. Cada obra tiene sus propias leyes y su propio mundo interno.
Las vanguardias rompen el tiempo, el espacio y el punto de vista. Pero para explicar esto es más fácil verlo mientras. El Guernica de Picasso, cuadro que todos conocemos:
Este cuadro pertenece al cubismo, una de las ramas más conocidas e importantes dentro de las vanguardias. Los cubistas de adentraron mucho en la pérdida del punto de vista, en la desaparición del espacio y en la fragmentación y simultaneidad del tiempo.
Por partes: primero, la ruptura del punto de vista. En el arte anterior se dibujaban los objetos en relación a su distancia y posición dentro del espacio que se formaba dentro del cuadro según donde estuviese situado el espectador. Cuánto más lejos estuviese el objeto, más pequeño. Si estaba situado en un plano superior a donde se supone que los ojos del espectador iban a estar situados, se representaba visto desde abajo, y si estaba en un plano inferior, se representaba desde arriba. Perder el punto de vista es hacer desaparecer esta relación: los objetos pueden aparecer en diferentes posiciones y perspectivas independientemente de su situación en el cuadro. Por ejemplo, el caballo que está hacia la mitad de la pintura, bajo la lámpara. Los ojos están en una posición diferente a la que correspondería en la realidad según la posición de la boca. Está “girado”, porque se ha perdido el punto de vista.
Los autores vanguardistas miran desde el infinito. No miran desde un punto concreto y crean a partir de él. Miran desde todos los lados y ninguno a la vez. Los objetos pueden aparecer representados desde diferentes posiciones sin que el espectador tenga que moverse, porque los autores están situándolo desde ese punto infinito, o indeterminado, desde el que pueden ir viendo la realidad interna del cuadro (más o menos próxima a la realidad conocida por el hombre) simultáneamente.
También se ve que se rompe el espacio. No hay un solo referente en todo el cuadro que dé una pista de dónde están situados los objetos representados. No hay profundidad, como pasaba en la última cena, donde se podían ordenar los objetos o personas en un espacio. Es plano. Estos autores consiguieron prescindir en sus obras de uno de los temas que más problemas les había traído a los pintores previos de cabeza. Se dieron cuenta de que no era necesario. Ahí está su gran revolución en este tema.
Unido al espacio, está el tiempo. En el caso concreto de este cuadro se sabe qué representa, que es un momento concreto en el tiempo, que situamos por un hecho histórico (que podemos conocer por el título del cuadro). Pero en el cuadro de Las señoritas de Avignon, por ejemplo... ¿qué época refleja? ¿Cuándo y dónde estaban esas señoritas que pintó Picasso? También se pierden esas referencias. En La última cena, también tenemos un momento concreto representado, como en La rendición de Breda (Velázquez) o Los fusilamientos del 2 de mayo (Goya). Son momentos reconocibles, puntuales. Los vanguardistas consiguen desconectar del tiempo, volverlo infinito. Vuelven a situarse en ese punto del infinito, independiente del punto de vista, de la posición, y del espacio, donde tampoco hay tiempo. El momento que representan con sus cuadros es eterno.
Con estas bases, la experimentación vanguardista fue a más. El cubismo es una de las primera manifestaciones y aún se van haciendo más extremas y más experimentales con el tiempo. Hay muchas ramas diferentes de las vanguardias, pero en general todas tienen esto en común. Cada una tiene su manifiesto, sus características propias que la diferencian del resto, pero en general se asientan en estas bases.
Intentan romper todos los moldes tradicionales constantemente, hasta intentar ir superándose a ellos mismos a cada momento. Las vanguardias son muy efímeras, han dado muchas obras y manifestaciones, pero en realidad comprenden a una sola generación de artistas.
Al ir superándose a sí mismas, algunas llegan a romper el dibujo e invadir los lienzos de color, con el que se hacen formas que sustituyen al dibujo. Otras reducen sus cuadros a una acumulación de dibujos esquemáticos sobre conceptos universales (ver los cuadros de Torres García). En el primer caso está Rothko, por quien estoy escribiendo todo esto. Es un poco tardío dentro de las vanguardias (según Wikipedia estaba acabando de estudiar en 1923, cuando Picasso ya llevaba mucho pintando, por ejemplo), pero la reflexión es la misma: Rothko es capaz de superar a toda la pintura anterior. Es capaz de romper todas las reglas que se creían imprescindibles para el arte, y hacer arte sin seguir estas reglas. Consiguen superar todos los preceptos que se creían instintivos dentro del arte (cuando un niño dibuja un paisaje lo hace siguiendo el modelo de la Naturaleza que crea, no se le ocurre intentar hacer un paisaje de un mundo procesado por su razón, que tenga vida dentro de sí mismo), darle un varapalo a todas las teorías sobre el arte que existían. Y aún así, conseguir hacer arte, y ser reconocidos como artistas. Destrozaron todas las teorías filosóficas o teóricas sobre el arte, demostraron que el hombre siempre puede ir más allá, y que el arte no tiene límites. Porque cuando los teóricos y críticos empezaron a aceptar que esas cosas raras que hacían era arte, que tenían mucho mérito, volvieron a desafiarlos. Y así es cómo Duchamp metió un urinario en un museo, y tuvieron que darle la razón. Y luego metió una pala de quitar la nieve, y tuvieron que volver a darle la razón.
Dicho así, con la perspectiva histórica, no parece tan difícil. Todos podemos coger un lienzo en blanco, darle cuatro brochazos y seguir desafiando a toda la tradición. Pero ¿alguien anterior a ellos lo hizo? ¿Da Vinci, ese genio en todos los campos de conocimiento del hombre, pintó un cuadro así?
Y luego, otra cosa importante que no se tiene en cuenta. Los vanguardistas con rebeldes, destrozan todos los prejuicios que se tienen sobre el arte. Juegan con el público. Lo vacilan. Lo engañan. Quizás no todas las obras tengan un carácter irónico o de juego, pero muchas de ellas sí. Muchas obras no pasaron a la Historia porque se referían al momento actual, pero Picasso tiene collages criticando de manera irónica a disputas comerciales/publicitarias de su época.
No os creáis lo que os dicen los vanguardistas. Si os ponen un cuadro como este que acaban de vender de Rothko y en vez de llamarle Naranja, rojo, amarillo se llama Duda existencial no os lo creáis. Rothko quería pintar un cuadro a tres colores, sin más. No tenía una duda existencial ni quiere expresar eso. Si le pone ese título es para que os quedéis pensando delante del cuadro, intentando ver esa duda existencial, y que muchos, por no querer parecer idiotas, elucubren sobre la gran duda existencial del hombre y la magnificencia con la que el autor es capaz de plasmarla con solamente tres colores y un cuadrado. En 1900 ya había snobs, y a os autores también les gustaba reírse de ellos. Los autores vacilan al público, por primera vez en la Historia.
Pero esta última reflexión no os la va a decir nadie. Muy poca gente es capaz de leer en el arte más allá de lo que dicen literalmente los manifiestos. El otro día salí enfadada de la clase de literatura francesa porque nos hicieron una introducción a las vanguardias (ni introducción ni nada, se limitó la profesora a decir cuatro nombres, dos movimientos y dio la clase por acabada), y yo sabía más que la profesora. Nos puso delante del Manifiesto Dadá, el gran vacile dentro de la vanguardia, y la tía no lo había sabido interpretar.
El Dadaísmo busca liberar el subconsciente del autor y plasmarlo sin restricciones en la obra. En la literatura (poesía sobre todo) se traduce en hacer relaciones extrañas de palabras, en romper con la sintaxis y con todo lo lógico. Si el autor quiere hablar de un olor colorido, hablará sobre eso. Si quiere decir que las nubes estaban tristes, lo dice. Destrozan la lógica, hacen relaciones de conceptos que no hay por dónde cogerlas. Pues bien, su manifiesto cuenta, a modo de receta cómo crear un poema dadá. Resumiendo, dice que con unas tijeras se recorte un artículo de un periódico. Cualquiera. Luego, que se recorten todas las palabras, y se metan en una bolsa. Tras agitar la bolsa se extienden las palabras en una mesa, se ponen formando líneas, al azar, y se escribe lo que ha salido. Y se tiene un poema de gran profundidad moral y estética.
Es mentira. ¿Quién puede creerse eso? Los dadaístas cuando escribieron eso se estaban riendo de los que no entendían su poesía y creían que componían así. Pero la realidad es que cada una de las palabras de sus poemas están medidas, están colocadas cada una donde debe estar. No queda nada al azar.
Por eso, que nadie se fíe de los vanguardistas. No os fiéis de un cuadro vanguardista, o, aunque no sé de qué va el arte contemporáneo, como son descendientes suyos, ni siquiera del arte contemporáneo. El mérito de las vanguardias está en conseguir hacer esa ruptura, el poder crear algo completamente nuevo. Los cuadros no transmiten ideas profundas, porque el autor está jugando con vosotros.
Ha sido un poco largo, seguro. Pero sabiendo esto, espero que el mérito y la importancia del arte vanguardista empiece a ser real para alguna gente. Tras esos cuadros abstractos, las líneas incoherentes, los hombres mal dibujados, hay una profunda reflexión y acción. Por eso el cuadro de Rothko vale 66 millones de euros. No porque el cuadro represente un esfuerzo técnico, ni porque esté muy cuidado. Ese cuadro vale 66 millones de euros porque supuso, junto a su autor, un cambio impresionante, impredecible e irrepetible en la Historia del Arte. Es un pedazo de Historia, el resultado de la rebeldía artística para conseguir deshacerse de la tradición conocida, y el mérito de haberlo conseguido.
No es bonito. Pero no tiene que ser bonito. Rothko a lo mejor ni siquiera dibujaba bien. Pero no lo necesitaba. Porque lo que importa no es el cuadro como objeto físico. Lo que importa es el cuadro como elemento simbólico.
Tras todo esto, y aunque vaya en una línea diferente, quiero resaltar un comentario que leí en la noticia que puse arriba, del usuario Joseluis_76:
"Bueno, ya tenemos la catarata de ilustrados que repiten su "mi hijo podría hacerlo","hay que ser imbécil"... Lo primero, un señor que gestiona pagos de 66 millones no creo que sea un imbécil. Sabemos lo sólido que resulta el mercado del arte, al contrario que la casa que más de un enterao está pagado de una manera algo menos rentable, en este mismo foro. Me equivoco? Y por otro lado, la repetición hasta la saciedad de lo simple -técnicamente- del arte contemporáneo. Hemos oído lo mismo de Mondrian, Miró, Matisse, y en su momento se oyó de Van Gogh, Goya y tantos otros que hicieron algo por primera vez. Entiendo que les puedan gustar las horteradas de Dalí (aquí opinamos todos), pero no entienden la época en la que fue creado, la revolución gráfica que supuso (hoy no entenderíamos cualquier diseño sin estos visionarios), y por supuesto la violencia de los detractores que encontraron por el camino, como todos vosotros: gente que insultó lo novedoso, como se insultó a Darwin, el voto femenino, o la abolición de la esclavitud: conservadores. Los imbéciles de la historia".
Bibliografía que usamos a lo largo de este curso en la asignatura dedicada a las vanguardias:
Apollinaire, Los pintores cubistas
Juan Gris: De las posibilidades de la pintura
Ortega y Gasset, La deshumanización del arte
T. Tzara, Manifiesto Dadá
André Breton, Manifiesto del surrealismo
J. Metzinger, Cubismo y tradición
F. T Marinetti, Manifiesto técnico de la literatura futurista
Vicente Huidobro, La poesía
Fernando Agrasar, Huidobro y la axonometría. La clave visual de la vanguardia.
1 de mayo de 2012
Tomar la calle
Digamos que, Dios no lo quiera, un día te despiertas con un dolor malísimo en la barriga. Vas a Urgencias, te examinan y te mandan a quirófano. Apendicitis. Te toca un médico idiota y un poco inútil que no te trata como debiera.
¿Qué haces? ¿Dejas que te opere y te salve, y ya le pondrás una reclamación, una denuncia, o lo que sea, cuando estés vivo y en casa? ¿O como es un idiota ya no quieres que te opere él, y te quedas pataleando en la sala de espera, mientras no hay nadie más que te salve?
Entonces, por qué:
y en 30 segundos he leído a 3 que se dejarían morir.
Nada más.
15 de marzo de 2012
Que si recortes, que si inútiles
Me acabo de encontrar con esta noticia, que, junto a otras y experiencia personal, me acaba de hacer explotar.
La sanidad catalana deberá pagar 300.000 euros a una mujer que acudió 150 veces a urgencias (link)
La noticia, en resumen, dice que a una mujer se le hizo en 1984 (casi 30 años) una ligadura de trompas, y desde aquella ha estado quejándose, con dolores y tal. Durante este tiempo acudió 150 veces a urgencias, y tras, entre otros, un diagnóstico de “hipocondríaca con cancerofobia”, fue a una clínica privada, donde le descubrieron un pólipo y más cosas que realmente le causaban dolores. Y ahora un juez acaba de decir que tienen que pagarle un pastizal por no saber usar el servicio sanitario.
Hace un tiempo leí una noticia de una niña pequeña que había muerto en un hospital de Coruña por un mal tratamiento, tras diferentes ingresos y rutas por urgencias, por una neumonía (o pulmonía, algo así).
Veamos.
Las urgencias son, tal y como su nombre indica, para urgencias. Un ataque al corazón, una apendicitis, un ataque de asma, un accidente de tráfico, un hueso roto, etc. Cosas graves, urgentes, que no pueden esperar a ser tratadas. Unos dolores continuados durante más de 20 años no son motivo de urgencia, una niña que empieza con un catarro no es para ir a urgencias. Y más en el caso de un niño, que necesita un especialista propio (llamados pediatras).
Mi padre trabaja en urgencias. No es médico, pero tiene que hacer turnos de noche, está con los médicos y hablan entre ellos. Cuando le pregunto qué tal las guardias, me suele contestar “mucha gente, ni un solo enfermo”. Actualmente, y desde hace unos años, pasan el día y la noche trabajando atendiendo a tonterías que no son de urgencia. A lo mejor durante la noche viene una embarazada pariendo, o un señor mayor con una insuficiencia respiratoria. Pero si atienden a unas 70 personas en 17 horas (es un servicio rural, no está en una ciudad, en las ciudades hay más gente), a veces, con suerte, 4 fueron enfermos.
Las gripes, los esguinces, la tos, los catarros, las gastroenteritis, etc., pueden esperar. No son urgencias. Para esas cosas existe un servicio, llamada Atención Primaria, en la que un médico, siempre uno y siempre el mismo para cada persona, te atiende. Un médico que te hace un seguimiento, que tiene un historial en el que va apuntando todo lo que te va pasando para poder mejorar los diagnósticos. Yendo a urgencias solamente consiguen aliviarse ese problemón puntual que tienes. Ahora creo que están empezando a pasar los datos a un historial general, pero salvo que luego vayas al médico de cabecera y se lo digas, a él no le consta que te ha pasado eso.
Por eso, si esta señora durante 30 años tuvo dolores, pudo ir la primera vez a urgencias. Pudo ir la segunda. Incluso, si tiende realmente a la hipocondría, la tercera. Y luego, aunque no le duela en ese momento, debería haberse pasado por el médico de cabecera, y comentarle “oye, que me han hecho un ligamiento de trompas, y hace X tiempo que me duele, en urgencias me dicen que no es nada, pero a mí me duele”. Entonces, aunque el médico de cabecera tiene un tiempo limitado por paciente, puede hacer las exploraciones necesarias, dar un tratamiento, o derivar a un especialista, y luego hacer un seguimiento. Si tras X tiempo los dolores siguen, como sabe que ese paciente tiene ese problema desde hace tiempo, se plantearía más cosas que es solamente para llamar la atención.
Si la niña que murió en Coruña (y siendo una niña y estando muerta es duro decirlo) en vez de ir a urgencias a las 10 de la noche espera a las 8 de la mañana y va al pediatra, éste le hubiera suministrado el tratamiento adecuado (no el incorrecto como hicieron en urgencias), o la hubiese derivado a un sitio donde sí pudieran tratarla bien. Lo que no pueden hacer los padres es esperar a que la niña esté jodida y luego andar llevándola de punto de urgencias a punto de urgencias, donde la verán médicos sin especialidad en niños y actuarán instintivamente, no científicamente. Porque si además alguno de ellos le dice a los padres que no es su competencia, que la lleven a un pediatra, aún posiblemente tengan la cara de plantarle una reclamación o una denuncia. ¿Resultado? Niña muerta.
Porque además, hay tantísima gente acudiendo a urgencias, ya no solamente sin ser urgencias, si no sin estar enfermos (crisis de ansiedad, cortecitos, picaduras de mosquito, narices que sangran un poco, y he visto movilizar una ambulancia por una conjuntivitis) que los médicos están empezando a pasar de los que vienen con cuentitis. O es urgente, o como personas, cansadas de que se abuse de ellas, hacen un control rutinario, sin darle importancia porque el paciente normalmente va exagerando, y los despachan rápido, porque a la cola tienen a otros 10 con más cuentitis.
Quien está para esas cosas no urgentes, que aunque duelan y molesten pueden esperar (repito: gripes, tos, gastroenteritis, dolores varios, etc.) está el médico de cabecera. Tiene más tiempo para atender, tiene un historial, y está para eso. Los de urgencias no. Los de urgencias no están para darte un antigripal, los de urgencias están para sacarte de una parada cardíaca.
Pongamos, por ejemplo, mi alergia primaveral. Yo tengo alergia tipo primaveral (me pican los ojos, tengo mocos, estornudo mucho) durante todo el año. Cuando me da más fuerte tomo medicamentos para ayudarme a pasarla, pero se puede dar el caso de que un mes venga más fuerte que de costumbre, y las pastillas que normalmente tengo no me hagan nada. Es muy fácil ir a un punto de urgencias, hacer cola durante un tiempo, y contarle a un médico de urgencias (sin ser mis ojos llorosos y mocos una urgencia) que mis pastillas no me hacen nada. Entonces, me preguntará qué tomo y me dará algo más fuerte. Si esas pastillas que me dio no me hacen nada, puedo volver a urgencias. Me atenderá otro médico, le contaré que las otras pastillas no me hacen nada, y me va a dar otras. Que a lo mejor son las primeras que tomaba que no me hacían efecto.
Si me aguanto durante unas 12 horas más (que somos humanos y los malestares son parte de la vida, por una alergia, por una gripe o por algo así no nos vamos a morir, podemos aguantarlos durante un tiempo más) voy al médico de cabecera, que fue quien me diagnosticó la alergia en noviembre de hace 7 años y sabe más o menos cómo funciona la mía. Las pastillas que me dio no funcionan, me dará otras más fuertes. Y si no funcionan, sabrá que fui, que no funcionaron, y no me dará las mismas de antes porque sabe que no le estoy mintiendo, que realmente las primeras no me hacen nada. Y como en poco tiempo las medicaciones no me han funcionado, a lo mejor se plantea un tratamiento un poco más gordo, al que le hará seguimiento.
Aún vi el otro día en Cuatro un Callejeros sobre urgencias colapsadas. Estos días estoy viendo en Twitter noticias de las urgencias de Coruña con pacientes en camillas en los pasillos (no tengo tele para comprobarlas). Es cierto que falta personal, pero siempre ha faltado. En las urgencias donde trabaja mi padre se queda, toda la noche, para un cupo de 10.000 personas, un enfermero y un médico. Es insuficiente a todas luces (¿y si tienen que hacer un desplazamiento y viene otro enfermo?), y hay toda carencia de refuerzos en fechas clave (fiestas, fines de semana, verano y demás vacaciones). Pero lo que en ningún sitio se ha comentado es el abuso del servicio por parte de los pacientes. Sí, están colapsadas. Hay un montón de gente, no hay médicos o enfermeros suficientes para atender a toda esa gente, y tampoco hay sitio donde atenderlos. Lo que no dicen es que a lo mejor el 70% (y creo que más, pero por no escandalizar demasiado) no deberían estar ahí. Que ese 70% de pacientes hacinados no necesitan un servicio de urgencias y que pueden esperar y hacer cola para un médico de cabecera. Entonces, el problema se trasladaría a la atención primaria, pero allí no hay gente a la que le está dando un infarto que tiene que esperar a que te pongan una tirita o te den un antigripal.
La gente no sabe usar el servicio sanitario. Y a base de esta clase de abusos, de desconocimiento, y en casos, de egoísmo, se está estropeando el sistema.
Es muy fácil criticar que hay poco personal, que no hay espacio o que no hay material. Es más difícil decirle a la gente que están actuando mal y en masa, y así es normal que haya estos problemas. Es muy fácil decir que los médicos son unos inútiles, que cómo después de más de 20 años esa mujer seguía con dolores. Es más difícil decirle a la señora que durante todo este tiempo actuó mal y acudió a quien no tenía que acudir, y que si tuvo dolores, no tienen que indemnizarle nada, porque actuó mal.
La sanidad catalana deberá pagar 300.000 euros a una mujer que acudió 150 veces a urgencias (link)
La noticia, en resumen, dice que a una mujer se le hizo en 1984 (casi 30 años) una ligadura de trompas, y desde aquella ha estado quejándose, con dolores y tal. Durante este tiempo acudió 150 veces a urgencias, y tras, entre otros, un diagnóstico de “hipocondríaca con cancerofobia”, fue a una clínica privada, donde le descubrieron un pólipo y más cosas que realmente le causaban dolores. Y ahora un juez acaba de decir que tienen que pagarle un pastizal por no saber usar el servicio sanitario.
Hace un tiempo leí una noticia de una niña pequeña que había muerto en un hospital de Coruña por un mal tratamiento, tras diferentes ingresos y rutas por urgencias, por una neumonía (o pulmonía, algo así).
Veamos.
Las urgencias son, tal y como su nombre indica, para urgencias. Un ataque al corazón, una apendicitis, un ataque de asma, un accidente de tráfico, un hueso roto, etc. Cosas graves, urgentes, que no pueden esperar a ser tratadas. Unos dolores continuados durante más de 20 años no son motivo de urgencia, una niña que empieza con un catarro no es para ir a urgencias. Y más en el caso de un niño, que necesita un especialista propio (llamados pediatras).
Mi padre trabaja en urgencias. No es médico, pero tiene que hacer turnos de noche, está con los médicos y hablan entre ellos. Cuando le pregunto qué tal las guardias, me suele contestar “mucha gente, ni un solo enfermo”. Actualmente, y desde hace unos años, pasan el día y la noche trabajando atendiendo a tonterías que no son de urgencia. A lo mejor durante la noche viene una embarazada pariendo, o un señor mayor con una insuficiencia respiratoria. Pero si atienden a unas 70 personas en 17 horas (es un servicio rural, no está en una ciudad, en las ciudades hay más gente), a veces, con suerte, 4 fueron enfermos.
Las gripes, los esguinces, la tos, los catarros, las gastroenteritis, etc., pueden esperar. No son urgencias. Para esas cosas existe un servicio, llamada Atención Primaria, en la que un médico, siempre uno y siempre el mismo para cada persona, te atiende. Un médico que te hace un seguimiento, que tiene un historial en el que va apuntando todo lo que te va pasando para poder mejorar los diagnósticos. Yendo a urgencias solamente consiguen aliviarse ese problemón puntual que tienes. Ahora creo que están empezando a pasar los datos a un historial general, pero salvo que luego vayas al médico de cabecera y se lo digas, a él no le consta que te ha pasado eso.
Por eso, si esta señora durante 30 años tuvo dolores, pudo ir la primera vez a urgencias. Pudo ir la segunda. Incluso, si tiende realmente a la hipocondría, la tercera. Y luego, aunque no le duela en ese momento, debería haberse pasado por el médico de cabecera, y comentarle “oye, que me han hecho un ligamiento de trompas, y hace X tiempo que me duele, en urgencias me dicen que no es nada, pero a mí me duele”. Entonces, aunque el médico de cabecera tiene un tiempo limitado por paciente, puede hacer las exploraciones necesarias, dar un tratamiento, o derivar a un especialista, y luego hacer un seguimiento. Si tras X tiempo los dolores siguen, como sabe que ese paciente tiene ese problema desde hace tiempo, se plantearía más cosas que es solamente para llamar la atención.
Si la niña que murió en Coruña (y siendo una niña y estando muerta es duro decirlo) en vez de ir a urgencias a las 10 de la noche espera a las 8 de la mañana y va al pediatra, éste le hubiera suministrado el tratamiento adecuado (no el incorrecto como hicieron en urgencias), o la hubiese derivado a un sitio donde sí pudieran tratarla bien. Lo que no pueden hacer los padres es esperar a que la niña esté jodida y luego andar llevándola de punto de urgencias a punto de urgencias, donde la verán médicos sin especialidad en niños y actuarán instintivamente, no científicamente. Porque si además alguno de ellos le dice a los padres que no es su competencia, que la lleven a un pediatra, aún posiblemente tengan la cara de plantarle una reclamación o una denuncia. ¿Resultado? Niña muerta.
Porque además, hay tantísima gente acudiendo a urgencias, ya no solamente sin ser urgencias, si no sin estar enfermos (crisis de ansiedad, cortecitos, picaduras de mosquito, narices que sangran un poco, y he visto movilizar una ambulancia por una conjuntivitis) que los médicos están empezando a pasar de los que vienen con cuentitis. O es urgente, o como personas, cansadas de que se abuse de ellas, hacen un control rutinario, sin darle importancia porque el paciente normalmente va exagerando, y los despachan rápido, porque a la cola tienen a otros 10 con más cuentitis.
Quien está para esas cosas no urgentes, que aunque duelan y molesten pueden esperar (repito: gripes, tos, gastroenteritis, dolores varios, etc.) está el médico de cabecera. Tiene más tiempo para atender, tiene un historial, y está para eso. Los de urgencias no. Los de urgencias no están para darte un antigripal, los de urgencias están para sacarte de una parada cardíaca.
Pongamos, por ejemplo, mi alergia primaveral. Yo tengo alergia tipo primaveral (me pican los ojos, tengo mocos, estornudo mucho) durante todo el año. Cuando me da más fuerte tomo medicamentos para ayudarme a pasarla, pero se puede dar el caso de que un mes venga más fuerte que de costumbre, y las pastillas que normalmente tengo no me hagan nada. Es muy fácil ir a un punto de urgencias, hacer cola durante un tiempo, y contarle a un médico de urgencias (sin ser mis ojos llorosos y mocos una urgencia) que mis pastillas no me hacen nada. Entonces, me preguntará qué tomo y me dará algo más fuerte. Si esas pastillas que me dio no me hacen nada, puedo volver a urgencias. Me atenderá otro médico, le contaré que las otras pastillas no me hacen nada, y me va a dar otras. Que a lo mejor son las primeras que tomaba que no me hacían efecto.
Si me aguanto durante unas 12 horas más (que somos humanos y los malestares son parte de la vida, por una alergia, por una gripe o por algo así no nos vamos a morir, podemos aguantarlos durante un tiempo más) voy al médico de cabecera, que fue quien me diagnosticó la alergia en noviembre de hace 7 años y sabe más o menos cómo funciona la mía. Las pastillas que me dio no funcionan, me dará otras más fuertes. Y si no funcionan, sabrá que fui, que no funcionaron, y no me dará las mismas de antes porque sabe que no le estoy mintiendo, que realmente las primeras no me hacen nada. Y como en poco tiempo las medicaciones no me han funcionado, a lo mejor se plantea un tratamiento un poco más gordo, al que le hará seguimiento.
Aún vi el otro día en Cuatro un Callejeros sobre urgencias colapsadas. Estos días estoy viendo en Twitter noticias de las urgencias de Coruña con pacientes en camillas en los pasillos (no tengo tele para comprobarlas). Es cierto que falta personal, pero siempre ha faltado. En las urgencias donde trabaja mi padre se queda, toda la noche, para un cupo de 10.000 personas, un enfermero y un médico. Es insuficiente a todas luces (¿y si tienen que hacer un desplazamiento y viene otro enfermo?), y hay toda carencia de refuerzos en fechas clave (fiestas, fines de semana, verano y demás vacaciones). Pero lo que en ningún sitio se ha comentado es el abuso del servicio por parte de los pacientes. Sí, están colapsadas. Hay un montón de gente, no hay médicos o enfermeros suficientes para atender a toda esa gente, y tampoco hay sitio donde atenderlos. Lo que no dicen es que a lo mejor el 70% (y creo que más, pero por no escandalizar demasiado) no deberían estar ahí. Que ese 70% de pacientes hacinados no necesitan un servicio de urgencias y que pueden esperar y hacer cola para un médico de cabecera. Entonces, el problema se trasladaría a la atención primaria, pero allí no hay gente a la que le está dando un infarto que tiene que esperar a que te pongan una tirita o te den un antigripal.
La gente no sabe usar el servicio sanitario. Y a base de esta clase de abusos, de desconocimiento, y en casos, de egoísmo, se está estropeando el sistema.
Es muy fácil criticar que hay poco personal, que no hay espacio o que no hay material. Es más difícil decirle a la gente que están actuando mal y en masa, y así es normal que haya estos problemas. Es muy fácil decir que los médicos son unos inútiles, que cómo después de más de 20 años esa mujer seguía con dolores. Es más difícil decirle a la señora que durante todo este tiempo actuó mal y acudió a quien no tenía que acudir, y que si tuvo dolores, no tienen que indemnizarle nada, porque actuó mal.
24 de mayo de 2011
A segunda, y a la mierda.
Cuando yo era pequeña jugaba al fútbol. Lo dejé porque me cansé de ser tan buena o mejor que algunos chicos y que nunca contasen conmigo para los partidos. Lo hiciese bien o mal, nunca me convocaban y me cansé. Años después, hablando con el padre de uno de los chavales de mi edad, pero de otro equipo, me dijo que me había visto jugar un par de veces y que era bastante buena, no entendía por qué lo había dejado.
Cuando era pequeña era bastante futbolera. Cuando dejé de jugar me dediqué más a mirar. Además, coincidió con la gran época del Depor: una liga, una Copa del Rey que en realidad fue un Centenariazo, semifinales de Champios, 0-4 al Milán... me gustaba verlos jugar.
Dejé de seguir el fútbol todos los fines de semana cuando dejé de disfrutarlo. Cuando recibía más disgustos que alegrías ya no me compensó verlos jugar. Cuando los partidos se hacían eternos y en todo el rato solamente tiraban dos veces a puerta, cuando el Mallorca cogió la costumbre de meterles los goles de 8 en 8... dejé de seguirlos. Preguntaba de vez en cuando cómo iban las cosas, y me desvinculé.
Irureta se fue de la peor manera posible, un poco por la puerta de atrás, y llegó Caparrós. Más o menos aguantó el tipo, y tras un par de temporadas, llegó Lotina. Recuerdo el comentario de mi padre: “Éste me da miedo. En la primera temporada mantiene al equipo, en la segunda lo desciende y luego se va”.
Y bueno, en vez de una temporada manteniendo al equipo, son dos.
Yo no estoy decepcionada con el equipo. Yo estoy cabreada e indignada. Llevan la mitad de la temporada haciendo el imbécil, perdiendo por no correr y no esforzarse. Saben que tienen a una ciudad entera detrás de ellos. Una ciudad que cuando el equipo empezaba a estar en serios problemas de descenso, se juntó masivamente a la entrada de un entrenamiento para animarlos. No se han parado a pensar en que hay un montón de gente que sacrifica su tiempo libre todas las semanas para ir a verlos, para ilusionarse, y luego ver cómo no les da la gana de trabajar.
Recuerdo cuando a más o menos mitad de temporada iban muy bien en puntos, en victorias y en la clasificación general. Me parece demasiado sospechoso que cuando llegaron a los 43/45 puntos que en teoría aseguran la permanencia empezasen a perder como animales. Porque si el Depor está ahora mismo en segunda es porque han querido. Porque llevan la mitad de la temporada tirados a la bartola, sin querer correr y sin querer esforzarse. No están descendidos, como dice el simpático del Lotina porque “ha habido arbitrajes difíciles de entender y resultados rarísimos”, si no porque no les ha dado la gana de ganar. Quizás no tenían equipo para entrar en Champions o UEFA, pero sí para mantenerse con dignidad en Primera. Pero no han querido, y ahora les queda un año de de ser de Segunda.
Y tú, Lotina, listo do carallo. No deberías irte. No vale de nada que sigas poniendo cara de triste, de ser una víctima de los árbitros y de las circunstancias. No has trabajado para suplir los errores y las carencias del equipo, no has hecho nada por él. Pensarás que queda muy bonito con la prensa decir que asumes la responsabilidad (que solo jodería que le echases la culpa a otro), pero lo que de verdad tendrías que hacer es quedarte hasta volver a subir. Tú hundes el equipo, tú lo levantas. Aceptar que es culpa tuya no soluciona nada, tienes que arreglar el problema.
Ahora lo que tienes que hacer es tener los huevos de pasar una temporada en Segunda cobrando 500€ al mes, lo que mereces es ir paseando por la calle y la gente te mire mal, te grite, y te escupa en la cara. Por hundir a un equipo que podía dar mucho más de sí, por decepcionar a una ciudad entera. No huyas de la ciudad, queremos verte la cara y decirte lo que pensamos cara a cara.
Pero no, es más fácil decir que lo sientes mucho, e irte a joder a otro equipo el próximo año.
No lo siento por Lotina. No lo siento por los jugadores, o por lo menos la mayor parte de ellos. Yo lo siento por toda la gente que ahora mismo tiene banderas colgadas de los balcones, el señor de mi calle que llenó el escaparate vacío de camisetas, fotos, bufandas y banderas. Lo siento por los que nos visitaron en el Expotaku con las camisetas puestas, pensando que una hora después de cerrar se jugaría el último partido. Lo siento por toda la gente que en los bares salía a gritar a la calle cuando le marcaban a otro de los equipos que luchaban por la plaza de Segunda.
Y lo siento sobre todo por Valerón y por Manuel Pablo. Porque gracias a ellos llegamos a semifinales de Champions, ganamos una Liga, y le dimos el Centenariazo al Madrid en su casa.
Pronto fotos y cosas del Expotaku. Quería reventar un poco antes.
Cuando era pequeña era bastante futbolera. Cuando dejé de jugar me dediqué más a mirar. Además, coincidió con la gran época del Depor: una liga, una Copa del Rey que en realidad fue un Centenariazo, semifinales de Champios, 0-4 al Milán... me gustaba verlos jugar.
Dejé de seguir el fútbol todos los fines de semana cuando dejé de disfrutarlo. Cuando recibía más disgustos que alegrías ya no me compensó verlos jugar. Cuando los partidos se hacían eternos y en todo el rato solamente tiraban dos veces a puerta, cuando el Mallorca cogió la costumbre de meterles los goles de 8 en 8... dejé de seguirlos. Preguntaba de vez en cuando cómo iban las cosas, y me desvinculé.
Irureta se fue de la peor manera posible, un poco por la puerta de atrás, y llegó Caparrós. Más o menos aguantó el tipo, y tras un par de temporadas, llegó Lotina. Recuerdo el comentario de mi padre: “Éste me da miedo. En la primera temporada mantiene al equipo, en la segunda lo desciende y luego se va”.
Y bueno, en vez de una temporada manteniendo al equipo, son dos.
Yo no estoy decepcionada con el equipo. Yo estoy cabreada e indignada. Llevan la mitad de la temporada haciendo el imbécil, perdiendo por no correr y no esforzarse. Saben que tienen a una ciudad entera detrás de ellos. Una ciudad que cuando el equipo empezaba a estar en serios problemas de descenso, se juntó masivamente a la entrada de un entrenamiento para animarlos. No se han parado a pensar en que hay un montón de gente que sacrifica su tiempo libre todas las semanas para ir a verlos, para ilusionarse, y luego ver cómo no les da la gana de trabajar.
Recuerdo cuando a más o menos mitad de temporada iban muy bien en puntos, en victorias y en la clasificación general. Me parece demasiado sospechoso que cuando llegaron a los 43/45 puntos que en teoría aseguran la permanencia empezasen a perder como animales. Porque si el Depor está ahora mismo en segunda es porque han querido. Porque llevan la mitad de la temporada tirados a la bartola, sin querer correr y sin querer esforzarse. No están descendidos, como dice el simpático del Lotina porque “ha habido arbitrajes difíciles de entender y resultados rarísimos”, si no porque no les ha dado la gana de ganar. Quizás no tenían equipo para entrar en Champions o UEFA, pero sí para mantenerse con dignidad en Primera. Pero no han querido, y ahora les queda un año de de ser de Segunda.
Y tú, Lotina, listo do carallo. No deberías irte. No vale de nada que sigas poniendo cara de triste, de ser una víctima de los árbitros y de las circunstancias. No has trabajado para suplir los errores y las carencias del equipo, no has hecho nada por él. Pensarás que queda muy bonito con la prensa decir que asumes la responsabilidad (que solo jodería que le echases la culpa a otro), pero lo que de verdad tendrías que hacer es quedarte hasta volver a subir. Tú hundes el equipo, tú lo levantas. Aceptar que es culpa tuya no soluciona nada, tienes que arreglar el problema.
Ahora lo que tienes que hacer es tener los huevos de pasar una temporada en Segunda cobrando 500€ al mes, lo que mereces es ir paseando por la calle y la gente te mire mal, te grite, y te escupa en la cara. Por hundir a un equipo que podía dar mucho más de sí, por decepcionar a una ciudad entera. No huyas de la ciudad, queremos verte la cara y decirte lo que pensamos cara a cara.
Pero no, es más fácil decir que lo sientes mucho, e irte a joder a otro equipo el próximo año.
No lo siento por Lotina. No lo siento por los jugadores, o por lo menos la mayor parte de ellos. Yo lo siento por toda la gente que ahora mismo tiene banderas colgadas de los balcones, el señor de mi calle que llenó el escaparate vacío de camisetas, fotos, bufandas y banderas. Lo siento por los que nos visitaron en el Expotaku con las camisetas puestas, pensando que una hora después de cerrar se jugaría el último partido. Lo siento por toda la gente que en los bares salía a gritar a la calle cuando le marcaban a otro de los equipos que luchaban por la plaza de Segunda.
Y lo siento sobre todo por Valerón y por Manuel Pablo. Porque gracias a ellos llegamos a semifinales de Champions, ganamos una Liga, y le dimos el Centenariazo al Madrid en su casa.
Pronto fotos y cosas del Expotaku. Quería reventar un poco antes.
4 de mayo de 2011
Ahora sí, Superbia.
En las estadísticas del blog va a aparecer que hice estas dos últimas entradas en días consecutivos, pero es mentira. En realidad estoy empezando a escribir esta entrada apenas unas horas después de la anterior, pero creo que me pasaré de las 12 de la noche cuando la publique (son menos 10 casi).
Y es que tras mil escuchas a Superbia, no me puedo aguantar el hablar del disco. Siento que todavía haya gente que no lo haya podido escuchar. A mí me fastidia hacerme ilusiones y que luego no me guste tanto como me decían, así que, cual espoiler, que nadie que no lo haya escuchado siga leyendo. El disco contiene un par de sorpresas (a mí me gustaron mucho, no me las esperaba pero me encanta cómo quedan), y no quiero destriparle nada a nadie. Ni mucho menos quiero crear expectativas sobre algo que es totalmente objetivo, y luego a lo mejor puede no cumplirle. Ojalá a todo el mundo le gustase el disco como me gusta a mí, aunque me temo que nunca llueve a gusto de todos, aunque de momento todo lo que escucho es para bien.
Así en líneas generales, para resumir un poco, sí veo los componentes de Morfología y de Reddo en este disco. Es un disco muy intenso, que da quizás la potencia que tenía Morfología, pero con todos los años de experiencia que resultaron en Reddo. Las guitarras graves y pesadas, que casi dan golpes y no notas se mezclan con las letras y la elegancia de Reddo. Aunque más que Reddo, ahora que lo pienso, quizás se asemeje más a Paradÿsso. Pero eso es casi irrelevante, y hace ya bastantes años de esos discos. El caso es que tenemos delante uno de los discos que más fuertes de Sôber, con una calidad homogénea en las 11 canciones que casi se hace difícil de escuchar.
(Aunque vaya a hablar de Reddo a veces de manera que pueda parecer un poco despectiva, no lo es. Es un disco que me encanta y al que le tengo muchísimo cariño. Me parece un disco tremendo, pero para los que buscamos música fuerte y contundente a veces se queda un poco corto. Para lo que buscaba yo con 15 años, que fue cuando lo conocí, era todo lo que buscaba, necesitaba y podía entender. No quiero desmerecer a Reddo, quiero dejarlo claro.)
No exagerando demasiado, la primera escucha cuesta. Sobre todo porque es un disco muy intenso, contundente desde los primeros momentos de “Superbia” hasta el final apoteósico de batería con “Fortuna, fama o placer”. Una vez que lo escuchas una vez, quieres otra y otra, hasta que le coges el ritmo y empiezas a profundizar en él. No vale escucharlo una vez, tienes que conocer un poquito cada canción para poder sumergirte de verdad.
El disco empieza con una de las sorpresas, así de entrada. Pero lo que pasa en las dos primeras estrofas de la primera canción no me importa. Me llama la atención y me hace estremecer de una manera especial la fuerza de las guitarras, ese toque bruto de Morfología (iba a decir morfo, deformaciones profesionales xD). También me llamó la atención la fuerza y el esfuerzo vocal de Carlos. Al estar al principio del disco, de manera un poco simbólica, la primera vez que lo escuché me dio como la sensación de que estaba descargando la tensión de todos estos días de espera, también de la adrenalina de haber vuelto a sacar disco juntos después de tantos años. En algunos momentos me dieron ganas de decirle que se relajase, que se iba a hacer daño del esfuerzo.
En conjunto es una canción que me da sensaciones contradictorias. Tanto el principio como el final me llevan a un palacio de la ópera gigante, gritándole a las butacas, llenando todo el espacio vacío de voces cantando. Sin embargo, entre las estrofas y los finales de los estribillos me imagino perfectamente cómo se podría cantar al oído, suave. Casi puedo imaginarme a un tío trepando por una cama mientras se acerca susurrando la canción. Son imágenes completamente antagónicas, pero que pueden convivir juntas dentro de la misma canción.
La segunda canción se llama Araña y creo que han conseguido plasmar bastante bien la sensación de una araña caminando. Sigue en la línea de las guitarras y batería duras, aunque por suerte para todos, la garganta de Carlos no sufre tanto. Quizás, ahora que la vuelvo a escuchar, la batería es un poco más fuerte y está más presente que en la canción anterior. Sin complicarme mucho, me encanta la canción en general. Es enérgica y te transmite la sensación de agresividad, de victoria, de poder. En principio creo que la letra invoca lo contrario, pero como estoy replanteándome todas sus letras, posiblemente profundizando en ella esconda un sentido que le vuelva a dar la vuelta a todo.
Con la tercera canción todavía me siento más contradictoria. La primera frase de la canción no me gusta, pero luego va aumentando y aumentando hasta motivarme a lo máximo. La sensación de no gustarme dura apenas un momento, el resto de la canción me gusta hasta casi niveles de entusiasmarme. La letra me vuelve loca, y el sentido de vencerte a ti mismo vuelve a estar presente. También vuelve a estar presente la imagen de los ángeles, las alas, el volar… todo otra vez unido.
Tras estas tres canciones fuertes seguidas, llegamos a Tic Tac. Creo que ya hablé de ella en el blog, pero no recuerdo exactamente qué. Me reitero en todo lo que dije o pude haber dicho. Me gusta cada vez más la canción, y escucharla a buena calidad (y no a como queda bajada de Youtube) no tiene precio. Espero que la toquen en directo, porque tiene que poner los pelos de punta. La letra, el aumento progresivo de la intensidad de la canción, el optimismo y las ganas de comerte el mundo que transmite tienen que ser brutales sabiendo que no está grabado, que eso se está tocando en directo, frente a ti.
Luego le sigue Fantasma, el primer adelanto del disco, y que tengo taaan sobada que no sé por dónde cogerla. Para tener una referencia por si alguien se ha saltado lo que dije en los primeros párrafos, es de las fuertes, pero las “fuertes de verdad” dentro del disco lo son mucho más. Fantasma deja como huecos de sonido, cosa que otras canciones no, es todo guitarra, guitarra, batería, guitarra. Todo un disco hecho de canciones tipo Fantasma sería asequible en el sentido que decía antes, pero el disco en sí es más fuerte que eso.
La letra me sigue chiflando, y la canción se me mete dentro hasta ganas de casi no poder aguantarme el cantar la letra. Me motiva como pocas canciones pueden hacerlo, y ya casi es un clásico dentro de Sôber. Me adelanto muchísimo, lo sé, pero la siento así. Además, creo que tiene novedades en la letra que no habíamos escuchado en discos anteriores, en las que no puedo parar de pensar. Pero cuando haga el “estudio” completo de las letras veré si son novedades o hay precursoras y no caigo ahora mismo. De momento no adelanto nada. Además, son detalles de los que solamente nos preocupamos los filólogos xD
Tras Fantasma, llega Nuestro final. Una canción que a la primera escucha me pasó un poco desapercibida, entre el barullo mental que me estaba montando con las otras canciones que acababa de escuchar; pero que a cada vez que la escucho, como me pasó con La última llamada, me gustan más y más. Voy a tener un problema serio cuando quiera empezar a borrar canciones y dejar solamente unas pocas para el recopilatorio general.
Quizás es una de las canciones más Reddo del disco. La letra se sale un poco de la temática habitual de Sôber, aunque la formalización es prácticamente la misma. Y aunque sigue teniendo esa fuerza que quizás se pierde un poco en Reddo, la sensación que da es que casi podría pertenecer a ese disco por sonido general. También tengo que analizar la letra de esta canción, porque creo que vuelve a dar ese mensaje de “me pasan cosas malas, pero en realidad es bueno para mí” que tanto me llama la atención.
Destacar a estas alturas de disco el tute de brazos que solamente con estas 6 canciones se hizo Manu Reyes. El pobre chaval va a acabar muerto tras los conciertos –acabo inciso.
Le sigue otra canción ya conocida: Umbilical. De los adelantos, es quizás la que más se acerca al sonido general del disco, aunque es más rápida que el resto y eso la diferencia un poco. El esfuerzo vocal tampoco es tan grande como en otras canciones, pero eso no le resta que sea genial y también se me meta dentro y quiera echar a correr. Como ya la tengo tan sobada no sé realmente qué decir de esta canción que no haya dicho antes. Quizás, que cada vez que la escucho me imagino a Jorge disfrutando como un enano componiendo el solo.
Llegamos a un momento en el que me da miedo hablar. No sé qué decir de Náufrago realmente. Es la gran sorpresa que me llevé de este disco, cómo una canción tan tierna puede encajar entre otras más fuertes y enérgicas. Náufrago se acerca a ser una balada, es tierna, es cercana, con una letra muy clara que parece que te habla personalmente. Es potente e intensa en el sentido que dije que lo era Tic Tac. Es una canción que yo creo que cualquiera podría desear que se la dedicasen. Habla de lucha, de esperas, de supervivencia frente a fuerzas mayores… No sé por qué, pero cada vez que la escucho me imagino escenas sueltas de Jack Shepard con Kate Austen. Sé que es más metafórico que eso. Oh, joder, la estoy escuchando de fondo para poder hablar de ella y se me pone la piel de gallina y no sé qué decir. Por las manos me corren mini impulsos eléctricos que me complican escribir.
Es una canción para llorar en directo. Claramente. Si consigo ir a un directo y no hacer el estúpido es que ese día estoy más estúpida de lo normal. Es una de esas canciones que quieres tener lejos cuando sufres de desamor, pero que no puedes parar de escuchar porque tiene cierto efecto catártico. Amorosamente yo me encuentro estupenda ahora, e incluso a mí me está poniendo melancólica.
Cambiamos de tercio para recuperar la cordura. La batería anuncia que se acabaron las melindrosidades (salvo que le des a “repetir”) para empezar con La última llamada, de la que hablé un poquito antes. Con una base de percusión en la que también colaboran las guitarras esta canción crece dentro de ti con una mezcla de rabia con optimismo y decisión, como otras canciones. Es otra de las canciones que me hacen pensar en que Jorge lo tuvo que pasar genial, mientras Manu sufre de calambres. Me encanta la configuración de las guitarras que golpean junto a la batería, esa sensación persecutoria, con los tiros y las campanas de fondo.
Nos acercamos al final de disco. También rápida y grave, aparece Guarida. Me llamó mucho la atención a la primera escucha, y es de las canciones a las que les estoy dando a repetir cada vez que la escucho. Es rápida y fuerte, pero el estribillo da la impresión de ralentizarse para remarcar la letra, muy de veneno y venganza. Sin embargo, también tiene ese componente que me marcó hace años gracias a las letras de Sôber en los discos anteriores: el paso imparable del tiempo, y la edad. Hacia el final de la canción se me vuelve a la mente cómo será el momento de vivirla en directo, con el esfuerzo vocal de algunos pasajes, y el último estribillo, con la fuerza de las guitarras de fondo, me hacen pensar en que no puedo esperar mucho más por los conciertos. Ojalá pronto confirmen fechas por Galicia :(
Y si pensábamos que la batería a estas alturas ya debía estar reventada, es que no habíamos llegado a la última canción, Fortuna, fama o placer. Con un inicio un poco blues, se incorpora la batería para repartir muy segura. Esta canción en directo va a ser un poco el consuelo de no volver a sentir cómo Ocaso nos había temblar la caja torácica. El ritmo de percusión no disminuye a lo largo de toda la canción, aunque las guitarras vienen y van. Me recuerda a ciertos momentos de Paradÿsso en los que parece que se pierde un poco la sobriedad del grupo para caer en un pequeño caos, para luego volver a ser los que eran. De esta canción destacaría la importancia de la batería (obviamente), el volver a las letras tan abstractas como Lejos o el mismo Paradÿsso, y el estribillo tan “fuera de lugar” pero tan pedido por la propia canción. En la letra, como en el resto, todavía tengo que profundizar, escucharla muchas veces y pensar sobre ella, pero estoy casi segura que roza los niveles de abstracción de Paradÿsso.
Estoy también casi segura de que es una canción pensada para los conciertos. Contiene ese caos que se agradece en los directos, ese dejarse volver loco por el momento mientras la música que estabas escuchando se va volviendo ruido hasta que te da igual todo y acabas mareado, pero con una sonrisa. Desde luego, espero que la incluyan dentro de los conciertos, porque le pega muchísimo.
Y así como Superbia abría de una manera operística el disco, Fortuna, fama o placer lo cierra con un final digno de un directo. Y piensas que el disco se ha hecho corto, y que quieres más. Que 11 canciones son demasiadas pocas.
Por si no se había notado, estoy entusiasmada con este disco. Todavía no he decidido si es el mejor que sacaron hasta ahora, pero desde luego es algo que hay que pensar. Candidato por lo menos lo es, y muy digno.
Me han sorprendido, además de Náufrago y el principio de Superbia, la calidad y esfuerzo vocal de Carlos a lo largo de todo el disco. También me preocupo por el estado físico en el que puede acabar Manu tras los conciertos, porque la paliza que se mete a lo largo de las 11 canciones no es una broma. Me encanta cómo están encajados los solos, la base instrumental en general. Me encantan las letras, aunque todavía me tengo que acostumbrar a ellas y conocerlas en profundidad. Me encanta la combinación de canciones, la inclusión de un tema tan sensible como Náufrago, que convive con Umbilical, por decir uno, y que por encima encajen ambos. Me encanta que las letras que me hablaban de pequeña (bueno, no tanto, pero casi) sigan manteniendo su esencia, pero sin agotarse. Y me encanta que vaya a haber una gira para poder sentir todo esto en directo.
Me encanta el disco y no sé si alguna vez podré llegar a cansarme de él.
Y es que tras mil escuchas a Superbia, no me puedo aguantar el hablar del disco. Siento que todavía haya gente que no lo haya podido escuchar. A mí me fastidia hacerme ilusiones y que luego no me guste tanto como me decían, así que, cual espoiler, que nadie que no lo haya escuchado siga leyendo. El disco contiene un par de sorpresas (a mí me gustaron mucho, no me las esperaba pero me encanta cómo quedan), y no quiero destriparle nada a nadie. Ni mucho menos quiero crear expectativas sobre algo que es totalmente objetivo, y luego a lo mejor puede no cumplirle. Ojalá a todo el mundo le gustase el disco como me gusta a mí, aunque me temo que nunca llueve a gusto de todos, aunque de momento todo lo que escucho es para bien.
Así en líneas generales, para resumir un poco, sí veo los componentes de Morfología y de Reddo en este disco. Es un disco muy intenso, que da quizás la potencia que tenía Morfología, pero con todos los años de experiencia que resultaron en Reddo. Las guitarras graves y pesadas, que casi dan golpes y no notas se mezclan con las letras y la elegancia de Reddo. Aunque más que Reddo, ahora que lo pienso, quizás se asemeje más a Paradÿsso. Pero eso es casi irrelevante, y hace ya bastantes años de esos discos. El caso es que tenemos delante uno de los discos que más fuertes de Sôber, con una calidad homogénea en las 11 canciones que casi se hace difícil de escuchar.
(Aunque vaya a hablar de Reddo a veces de manera que pueda parecer un poco despectiva, no lo es. Es un disco que me encanta y al que le tengo muchísimo cariño. Me parece un disco tremendo, pero para los que buscamos música fuerte y contundente a veces se queda un poco corto. Para lo que buscaba yo con 15 años, que fue cuando lo conocí, era todo lo que buscaba, necesitaba y podía entender. No quiero desmerecer a Reddo, quiero dejarlo claro.)
No exagerando demasiado, la primera escucha cuesta. Sobre todo porque es un disco muy intenso, contundente desde los primeros momentos de “Superbia” hasta el final apoteósico de batería con “Fortuna, fama o placer”. Una vez que lo escuchas una vez, quieres otra y otra, hasta que le coges el ritmo y empiezas a profundizar en él. No vale escucharlo una vez, tienes que conocer un poquito cada canción para poder sumergirte de verdad.
El disco empieza con una de las sorpresas, así de entrada. Pero lo que pasa en las dos primeras estrofas de la primera canción no me importa. Me llama la atención y me hace estremecer de una manera especial la fuerza de las guitarras, ese toque bruto de Morfología (iba a decir morfo, deformaciones profesionales xD). También me llamó la atención la fuerza y el esfuerzo vocal de Carlos. Al estar al principio del disco, de manera un poco simbólica, la primera vez que lo escuché me dio como la sensación de que estaba descargando la tensión de todos estos días de espera, también de la adrenalina de haber vuelto a sacar disco juntos después de tantos años. En algunos momentos me dieron ganas de decirle que se relajase, que se iba a hacer daño del esfuerzo.
En conjunto es una canción que me da sensaciones contradictorias. Tanto el principio como el final me llevan a un palacio de la ópera gigante, gritándole a las butacas, llenando todo el espacio vacío de voces cantando. Sin embargo, entre las estrofas y los finales de los estribillos me imagino perfectamente cómo se podría cantar al oído, suave. Casi puedo imaginarme a un tío trepando por una cama mientras se acerca susurrando la canción. Son imágenes completamente antagónicas, pero que pueden convivir juntas dentro de la misma canción.
La segunda canción se llama Araña y creo que han conseguido plasmar bastante bien la sensación de una araña caminando. Sigue en la línea de las guitarras y batería duras, aunque por suerte para todos, la garganta de Carlos no sufre tanto. Quizás, ahora que la vuelvo a escuchar, la batería es un poco más fuerte y está más presente que en la canción anterior. Sin complicarme mucho, me encanta la canción en general. Es enérgica y te transmite la sensación de agresividad, de victoria, de poder. En principio creo que la letra invoca lo contrario, pero como estoy replanteándome todas sus letras, posiblemente profundizando en ella esconda un sentido que le vuelva a dar la vuelta a todo.
Con la tercera canción todavía me siento más contradictoria. La primera frase de la canción no me gusta, pero luego va aumentando y aumentando hasta motivarme a lo máximo. La sensación de no gustarme dura apenas un momento, el resto de la canción me gusta hasta casi niveles de entusiasmarme. La letra me vuelve loca, y el sentido de vencerte a ti mismo vuelve a estar presente. También vuelve a estar presente la imagen de los ángeles, las alas, el volar… todo otra vez unido.
Tras estas tres canciones fuertes seguidas, llegamos a Tic Tac. Creo que ya hablé de ella en el blog, pero no recuerdo exactamente qué. Me reitero en todo lo que dije o pude haber dicho. Me gusta cada vez más la canción, y escucharla a buena calidad (y no a como queda bajada de Youtube) no tiene precio. Espero que la toquen en directo, porque tiene que poner los pelos de punta. La letra, el aumento progresivo de la intensidad de la canción, el optimismo y las ganas de comerte el mundo que transmite tienen que ser brutales sabiendo que no está grabado, que eso se está tocando en directo, frente a ti.
Luego le sigue Fantasma, el primer adelanto del disco, y que tengo taaan sobada que no sé por dónde cogerla. Para tener una referencia por si alguien se ha saltado lo que dije en los primeros párrafos, es de las fuertes, pero las “fuertes de verdad” dentro del disco lo son mucho más. Fantasma deja como huecos de sonido, cosa que otras canciones no, es todo guitarra, guitarra, batería, guitarra. Todo un disco hecho de canciones tipo Fantasma sería asequible en el sentido que decía antes, pero el disco en sí es más fuerte que eso.
La letra me sigue chiflando, y la canción se me mete dentro hasta ganas de casi no poder aguantarme el cantar la letra. Me motiva como pocas canciones pueden hacerlo, y ya casi es un clásico dentro de Sôber. Me adelanto muchísimo, lo sé, pero la siento así. Además, creo que tiene novedades en la letra que no habíamos escuchado en discos anteriores, en las que no puedo parar de pensar. Pero cuando haga el “estudio” completo de las letras veré si son novedades o hay precursoras y no caigo ahora mismo. De momento no adelanto nada. Además, son detalles de los que solamente nos preocupamos los filólogos xD
Tras Fantasma, llega Nuestro final. Una canción que a la primera escucha me pasó un poco desapercibida, entre el barullo mental que me estaba montando con las otras canciones que acababa de escuchar; pero que a cada vez que la escucho, como me pasó con La última llamada, me gustan más y más. Voy a tener un problema serio cuando quiera empezar a borrar canciones y dejar solamente unas pocas para el recopilatorio general.
Quizás es una de las canciones más Reddo del disco. La letra se sale un poco de la temática habitual de Sôber, aunque la formalización es prácticamente la misma. Y aunque sigue teniendo esa fuerza que quizás se pierde un poco en Reddo, la sensación que da es que casi podría pertenecer a ese disco por sonido general. También tengo que analizar la letra de esta canción, porque creo que vuelve a dar ese mensaje de “me pasan cosas malas, pero en realidad es bueno para mí” que tanto me llama la atención.
Destacar a estas alturas de disco el tute de brazos que solamente con estas 6 canciones se hizo Manu Reyes. El pobre chaval va a acabar muerto tras los conciertos –acabo inciso.
Le sigue otra canción ya conocida: Umbilical. De los adelantos, es quizás la que más se acerca al sonido general del disco, aunque es más rápida que el resto y eso la diferencia un poco. El esfuerzo vocal tampoco es tan grande como en otras canciones, pero eso no le resta que sea genial y también se me meta dentro y quiera echar a correr. Como ya la tengo tan sobada no sé realmente qué decir de esta canción que no haya dicho antes. Quizás, que cada vez que la escucho me imagino a Jorge disfrutando como un enano componiendo el solo.
Llegamos a un momento en el que me da miedo hablar. No sé qué decir de Náufrago realmente. Es la gran sorpresa que me llevé de este disco, cómo una canción tan tierna puede encajar entre otras más fuertes y enérgicas. Náufrago se acerca a ser una balada, es tierna, es cercana, con una letra muy clara que parece que te habla personalmente. Es potente e intensa en el sentido que dije que lo era Tic Tac. Es una canción que yo creo que cualquiera podría desear que se la dedicasen. Habla de lucha, de esperas, de supervivencia frente a fuerzas mayores… No sé por qué, pero cada vez que la escucho me imagino escenas sueltas de Jack Shepard con Kate Austen. Sé que es más metafórico que eso. Oh, joder, la estoy escuchando de fondo para poder hablar de ella y se me pone la piel de gallina y no sé qué decir. Por las manos me corren mini impulsos eléctricos que me complican escribir.
Es una canción para llorar en directo. Claramente. Si consigo ir a un directo y no hacer el estúpido es que ese día estoy más estúpida de lo normal. Es una de esas canciones que quieres tener lejos cuando sufres de desamor, pero que no puedes parar de escuchar porque tiene cierto efecto catártico. Amorosamente yo me encuentro estupenda ahora, e incluso a mí me está poniendo melancólica.
Cambiamos de tercio para recuperar la cordura. La batería anuncia que se acabaron las melindrosidades (salvo que le des a “repetir”) para empezar con La última llamada, de la que hablé un poquito antes. Con una base de percusión en la que también colaboran las guitarras esta canción crece dentro de ti con una mezcla de rabia con optimismo y decisión, como otras canciones. Es otra de las canciones que me hacen pensar en que Jorge lo tuvo que pasar genial, mientras Manu sufre de calambres. Me encanta la configuración de las guitarras que golpean junto a la batería, esa sensación persecutoria, con los tiros y las campanas de fondo.
Nos acercamos al final de disco. También rápida y grave, aparece Guarida. Me llamó mucho la atención a la primera escucha, y es de las canciones a las que les estoy dando a repetir cada vez que la escucho. Es rápida y fuerte, pero el estribillo da la impresión de ralentizarse para remarcar la letra, muy de veneno y venganza. Sin embargo, también tiene ese componente que me marcó hace años gracias a las letras de Sôber en los discos anteriores: el paso imparable del tiempo, y la edad. Hacia el final de la canción se me vuelve a la mente cómo será el momento de vivirla en directo, con el esfuerzo vocal de algunos pasajes, y el último estribillo, con la fuerza de las guitarras de fondo, me hacen pensar en que no puedo esperar mucho más por los conciertos. Ojalá pronto confirmen fechas por Galicia :(
Y si pensábamos que la batería a estas alturas ya debía estar reventada, es que no habíamos llegado a la última canción, Fortuna, fama o placer. Con un inicio un poco blues, se incorpora la batería para repartir muy segura. Esta canción en directo va a ser un poco el consuelo de no volver a sentir cómo Ocaso nos había temblar la caja torácica. El ritmo de percusión no disminuye a lo largo de toda la canción, aunque las guitarras vienen y van. Me recuerda a ciertos momentos de Paradÿsso en los que parece que se pierde un poco la sobriedad del grupo para caer en un pequeño caos, para luego volver a ser los que eran. De esta canción destacaría la importancia de la batería (obviamente), el volver a las letras tan abstractas como Lejos o el mismo Paradÿsso, y el estribillo tan “fuera de lugar” pero tan pedido por la propia canción. En la letra, como en el resto, todavía tengo que profundizar, escucharla muchas veces y pensar sobre ella, pero estoy casi segura que roza los niveles de abstracción de Paradÿsso.
Estoy también casi segura de que es una canción pensada para los conciertos. Contiene ese caos que se agradece en los directos, ese dejarse volver loco por el momento mientras la música que estabas escuchando se va volviendo ruido hasta que te da igual todo y acabas mareado, pero con una sonrisa. Desde luego, espero que la incluyan dentro de los conciertos, porque le pega muchísimo.
Y así como Superbia abría de una manera operística el disco, Fortuna, fama o placer lo cierra con un final digno de un directo. Y piensas que el disco se ha hecho corto, y que quieres más. Que 11 canciones son demasiadas pocas.
Por si no se había notado, estoy entusiasmada con este disco. Todavía no he decidido si es el mejor que sacaron hasta ahora, pero desde luego es algo que hay que pensar. Candidato por lo menos lo es, y muy digno.
Me han sorprendido, además de Náufrago y el principio de Superbia, la calidad y esfuerzo vocal de Carlos a lo largo de todo el disco. También me preocupo por el estado físico en el que puede acabar Manu tras los conciertos, porque la paliza que se mete a lo largo de las 11 canciones no es una broma. Me encanta cómo están encajados los solos, la base instrumental en general. Me encantan las letras, aunque todavía me tengo que acostumbrar a ellas y conocerlas en profundidad. Me encanta la combinación de canciones, la inclusión de un tema tan sensible como Náufrago, que convive con Umbilical, por decir uno, y que por encima encajen ambos. Me encanta que las letras que me hablaban de pequeña (bueno, no tanto, pero casi) sigan manteniendo su esencia, pero sin agotarse. Y me encanta que vaya a haber una gira para poder sentir todo esto en directo.
Me encanta el disco y no sé si alguna vez podré llegar a cansarme de él.
15 de abril de 2011
Ay, Spotify...
Hace unas semanas me di cuenta de que hacía mucho que no me ponía a bajar música. Formateé el ordenador en septiembre de 2010, y mi carpeta de música ocupa unos 7gb, de los cuales unos 5 tranquilamente ya estaban descargados antes de formatear. Hace meses que no me ponía bajar música, a buscar blogs con discos, a buscar discografías… porque tuve la suerte de encontrar a un amigo con una cuenta de Spotify Premium y me pasó una invitación.
Casi por arte de magia, y solo a cambio de tener que soportar un anuncio cada más o menos cinco canciones, tenía a mi alcance (casi) toda la música que quisiera escuchar (faltaban Metallica o Rammstein, por ejemplo, pero estaba muy completo). Pasé mis tardes creando mis listas de reproducción, explorando las listas de otras personas… hasta crearme una biblioteca un poco ajustada, pero suficiente.
Estaba bastante encantada, salvo el detalle de la publicidad poco seleccionada. Cualquier aplicación que pueda calcular correspondencias (que le llamamos en Lingüística computacional xD) se va a dar cuenta de que solamente escucho metal y derivados. No escucho Melendi, es muy poco probable que me guste Mabu, o el disco de EuropaFM. Jode que me interrumpiesen metal con anuncios que no me interesan cuando quizás le podrían sacar más rendimiento eligiendo anuncios que sí, como conciertos, revistas de metal, discos nuevos… ahora que estoy dentro del mundo de la “prensa” veo que hay muchas cosas que apenas se llegan a anunciar y a las que se les podría sacar mucho provecho. Last Tour Internacional (discográfica que va a sacar ahora el nuevo disco de Sôber) tiene pasta suficiente como para emitir anuncios por Spotify, y anda que no nos iba a motivar escuchar anuncios sobre él. Por poner un ejemplo, ya que estoy con la canción de Umbilical de fondo, y lleva un rato así xD
Salvo quizás eso, el programa estaba muy bien. Me jodía bastante, también, por ejemplo, que no hubiese listas de reproducción ya creadas a mano, como con otros programas (Pandora tenía listas creadas por “expertos” que estaban muy a mano y muy bien construidas, incluso el reproductor de videoclips de Yahoo en su momento también las tenía). Pero son detalles.
Y todo esto está escrito en pasado aposta. Porque creo que se acabó Spotify para mí. Como a estas alturas ya todos sabemos, las cuentas gratuitas (que suponen beneficios igualmente para la empresa, a mí no me cuesta dinero pero ellos sí lo reciben) pasan a ser algo peor que un churro reseso. Según su blog ahora solamente tendré 10 horas de música mensuales para escuchar (escucho cerca de 3 cada noche…) y no podré escuchar más de 5 veces una canción. Todo aderezado con inspiradores momentos remix-anuncio, “hola, soy Spotify” y demás lindezas. No me interesa. Soy de costumbres fijas, quiero mis canciones y mi música, no quiero tener esas limitaciones.
Podría pagar una cuenta Premium, quizás, sí. Son 5€. Pero con 10€ como y me pago el transporte a la universidad durante una semana. Si se hubiese mantenido la cuenta gratuita tal cual este verano, para poder irme de vacaciones con música en el móvil, iba a pillarme una cuenta Premium. Un mes, Spotify en el móvil, me compensaba.
Pero me pasó con Msn cuando me obligó a actualizar, y estoy temiendo el momento de instalar Mozilla 4, que no me gusta nada. No me gusta que me obliguen a hacer las cosas. Estaba bien así, déjalo así. Si quiero cambiar, ya lo haré yo. Pero no me obligues a hacerlo porque me reboto, me enfado durante horas, no se puede razonar conmigo, y luego acabo odiándote. Siendo una empresa de la que soy cliente y quien les da beneficios, no me parece muy inteligente hacerlo. Pero ellos sabrán.
Si Spotify me manda cambiar mi manera de usar el programa, o prácticamente me obliga a pagar para poder seguir usándolo, desinstalo y le petan to’ lo verde.
He escuchado comentarios sobre que hablábamos hace unos meses de que pagaríamos por usar programas de streaming, como música o cine, pero ahora que Spotify se hace de pago, nadie quiere pagar.
Lo primero, Netflix no nos iba a poner la miel en los labios y luego cerrarnos el grifo. O por lo menos no es la idea que tengo de cómo funciona. Si pagas, ves, si no pagas, no ves. Y cuando quiera ver, pagaré. Si me dan un año de películas gratis y luego me obligan a pagar, no lo voy a hacer. Voy a pasar del servicio.
Desinstalaré Spotify no porque haya que pagar, sino por obligarme a pagar después de haberlo tenido gratis. Si desde un principio fuese de pago quizás lo hubiera hecho, o si me ofreciesen algo más interesante que lo que estaban ofreciendo antes. Pero obligarme a hacerme Premium o escuchar un máximo de 5 veces una canción me parece un robo.
Lo segundo, yo creo que hay una diferencia importante de la que todavía nadie, o casi nadie, se ha dado cuenta, y que lleva estando presente en todo el problema de la piratería, internet, descargas y demás desde el primer momento. Hay dos puntos que se están mezclando:
1.El artista/cantante/Alejandro Sanz y SGAE cobra
2.Yo pago
Son cosas diferentes. De la misma manera que yo puedo pagar y ellos no recibir nada (el top manta, por ejemplo) yo puedo no pagar y ellos cobrar. Porque para eso estaba la publicidad.
Alguien paga al programa para poner sus anuncios. Yo escucho los anuncios. El programa paga a las discográficas, entidades de gestión, quien sea, a la gente que yo escucho. Yo no doy dinero, pero ellos cobran. Y si el programa no funciona así que alguien me explique por qué estuve meses tragándome el anuncio repetitivo de Melendi, o aguantando la voz de la de Mabu. Las cuentas Premium no escuchan anuncios porque ya pagan directamente. Yo tengo una cuenta gratuita (además de invitada por un usuario Premium) y me financio la cuenta escuchando publicidad. La tele también funciona así.
Pero parece que hay gente a la que eso no le importa, lo que quieren es que los usuarios paguen. No hay vías de financiación alternativas, yo tengo que pagar y tengo que joderme. No tengo otra posibilidad. Parece a veces que lo importante es que yo pague, no que ellos reciban el dinero de su trabajo. Que yo lo obtenga gratis (oh, el malísimo y terrible internet del “todo gratis!!”) no significa que quien toca no reciba su dinero. Y creo que es más importante lo segundo que lo primero. Si puedo tenerlo gratis (o a cambio de publicidad, ciertas limitaciones –razonables, no lo que Spotify acaba de poner- o lo que sea) y ellos estar pagados, por qué voy a tener que pagar también por eso? Pago por autobuses, por piso, por luz, por agua, por las clases, por la comida, por la lana, por los ganchillos, por el fieltro, por las agujas… quizás no me llegue para todo.
Ya dijimos cuando salió la Ley Sinde… seguiremos escuchando música, nos corten lo que nos corten. En este caso ¿que me quitan Spotify? Pues vuelvo a descargar.
Y no se me puede decir que sea un usuario que va escuchando música gratis. Yo pago mis deudas con los grupos que me gustan yendo a los conciertos y pagándoles a ellos, no a una discográfica con el disco. Ahora que estoy en The Drink Tim les hago publicidad además.
Y gente que se lo merece, también le compro los discos, ahora que más o menos tengo trabajo y puedo “permitírmelo” (ajustando las cuentas puedo hacerlo). Tengo un pedido de Victory Records que debe estar a medio camino entre EEUU y España con el nuevo disco, y así que me haya recuperado un poco de ese paquete, va a caer Superbia.
Pero hay gente a la que no puedo pagar directamente, o todavía no he podido. Pero quiero escucharlos, y más o menos legalmente, o más o menos moralmente para alguna gente, voy a hacerlo.
Voy a acabar de copiar las listas de reproducción de Spotify para volver a reunirlas una vez descargadas y a desinstalarlo. Fue bonito mientras duró.
Casi por arte de magia, y solo a cambio de tener que soportar un anuncio cada más o menos cinco canciones, tenía a mi alcance (casi) toda la música que quisiera escuchar (faltaban Metallica o Rammstein, por ejemplo, pero estaba muy completo). Pasé mis tardes creando mis listas de reproducción, explorando las listas de otras personas… hasta crearme una biblioteca un poco ajustada, pero suficiente.
Estaba bastante encantada, salvo el detalle de la publicidad poco seleccionada. Cualquier aplicación que pueda calcular correspondencias (que le llamamos en Lingüística computacional xD) se va a dar cuenta de que solamente escucho metal y derivados. No escucho Melendi, es muy poco probable que me guste Mabu, o el disco de EuropaFM. Jode que me interrumpiesen metal con anuncios que no me interesan cuando quizás le podrían sacar más rendimiento eligiendo anuncios que sí, como conciertos, revistas de metal, discos nuevos… ahora que estoy dentro del mundo de la “prensa” veo que hay muchas cosas que apenas se llegan a anunciar y a las que se les podría sacar mucho provecho. Last Tour Internacional (discográfica que va a sacar ahora el nuevo disco de Sôber) tiene pasta suficiente como para emitir anuncios por Spotify, y anda que no nos iba a motivar escuchar anuncios sobre él. Por poner un ejemplo, ya que estoy con la canción de Umbilical de fondo, y lleva un rato así xD
Salvo quizás eso, el programa estaba muy bien. Me jodía bastante, también, por ejemplo, que no hubiese listas de reproducción ya creadas a mano, como con otros programas (Pandora tenía listas creadas por “expertos” que estaban muy a mano y muy bien construidas, incluso el reproductor de videoclips de Yahoo en su momento también las tenía). Pero son detalles.
Y todo esto está escrito en pasado aposta. Porque creo que se acabó Spotify para mí. Como a estas alturas ya todos sabemos, las cuentas gratuitas (que suponen beneficios igualmente para la empresa, a mí no me cuesta dinero pero ellos sí lo reciben) pasan a ser algo peor que un churro reseso. Según su blog ahora solamente tendré 10 horas de música mensuales para escuchar (escucho cerca de 3 cada noche…) y no podré escuchar más de 5 veces una canción. Todo aderezado con inspiradores momentos remix-anuncio, “hola, soy Spotify” y demás lindezas. No me interesa. Soy de costumbres fijas, quiero mis canciones y mi música, no quiero tener esas limitaciones.
Podría pagar una cuenta Premium, quizás, sí. Son 5€. Pero con 10€ como y me pago el transporte a la universidad durante una semana. Si se hubiese mantenido la cuenta gratuita tal cual este verano, para poder irme de vacaciones con música en el móvil, iba a pillarme una cuenta Premium. Un mes, Spotify en el móvil, me compensaba.
Pero me pasó con Msn cuando me obligó a actualizar, y estoy temiendo el momento de instalar Mozilla 4, que no me gusta nada. No me gusta que me obliguen a hacer las cosas. Estaba bien así, déjalo así. Si quiero cambiar, ya lo haré yo. Pero no me obligues a hacerlo porque me reboto, me enfado durante horas, no se puede razonar conmigo, y luego acabo odiándote. Siendo una empresa de la que soy cliente y quien les da beneficios, no me parece muy inteligente hacerlo. Pero ellos sabrán.
Si Spotify me manda cambiar mi manera de usar el programa, o prácticamente me obliga a pagar para poder seguir usándolo, desinstalo y le petan to’ lo verde.
He escuchado comentarios sobre que hablábamos hace unos meses de que pagaríamos por usar programas de streaming, como música o cine, pero ahora que Spotify se hace de pago, nadie quiere pagar.
Lo primero, Netflix no nos iba a poner la miel en los labios y luego cerrarnos el grifo. O por lo menos no es la idea que tengo de cómo funciona. Si pagas, ves, si no pagas, no ves. Y cuando quiera ver, pagaré. Si me dan un año de películas gratis y luego me obligan a pagar, no lo voy a hacer. Voy a pasar del servicio.
Desinstalaré Spotify no porque haya que pagar, sino por obligarme a pagar después de haberlo tenido gratis. Si desde un principio fuese de pago quizás lo hubiera hecho, o si me ofreciesen algo más interesante que lo que estaban ofreciendo antes. Pero obligarme a hacerme Premium o escuchar un máximo de 5 veces una canción me parece un robo.
Lo segundo, yo creo que hay una diferencia importante de la que todavía nadie, o casi nadie, se ha dado cuenta, y que lleva estando presente en todo el problema de la piratería, internet, descargas y demás desde el primer momento. Hay dos puntos que se están mezclando:
1.El artista/cantante/Alejandro Sanz y SGAE cobra
2.Yo pago
Son cosas diferentes. De la misma manera que yo puedo pagar y ellos no recibir nada (el top manta, por ejemplo) yo puedo no pagar y ellos cobrar. Porque para eso estaba la publicidad.
Alguien paga al programa para poner sus anuncios. Yo escucho los anuncios. El programa paga a las discográficas, entidades de gestión, quien sea, a la gente que yo escucho. Yo no doy dinero, pero ellos cobran. Y si el programa no funciona así que alguien me explique por qué estuve meses tragándome el anuncio repetitivo de Melendi, o aguantando la voz de la de Mabu. Las cuentas Premium no escuchan anuncios porque ya pagan directamente. Yo tengo una cuenta gratuita (además de invitada por un usuario Premium) y me financio la cuenta escuchando publicidad. La tele también funciona así.
Pero parece que hay gente a la que eso no le importa, lo que quieren es que los usuarios paguen. No hay vías de financiación alternativas, yo tengo que pagar y tengo que joderme. No tengo otra posibilidad. Parece a veces que lo importante es que yo pague, no que ellos reciban el dinero de su trabajo. Que yo lo obtenga gratis (oh, el malísimo y terrible internet del “todo gratis!!”) no significa que quien toca no reciba su dinero. Y creo que es más importante lo segundo que lo primero. Si puedo tenerlo gratis (o a cambio de publicidad, ciertas limitaciones –razonables, no lo que Spotify acaba de poner- o lo que sea) y ellos estar pagados, por qué voy a tener que pagar también por eso? Pago por autobuses, por piso, por luz, por agua, por las clases, por la comida, por la lana, por los ganchillos, por el fieltro, por las agujas… quizás no me llegue para todo.
Ya dijimos cuando salió la Ley Sinde… seguiremos escuchando música, nos corten lo que nos corten. En este caso ¿que me quitan Spotify? Pues vuelvo a descargar.
Y no se me puede decir que sea un usuario que va escuchando música gratis. Yo pago mis deudas con los grupos que me gustan yendo a los conciertos y pagándoles a ellos, no a una discográfica con el disco. Ahora que estoy en The Drink Tim les hago publicidad además.
Y gente que se lo merece, también le compro los discos, ahora que más o menos tengo trabajo y puedo “permitírmelo” (ajustando las cuentas puedo hacerlo). Tengo un pedido de Victory Records que debe estar a medio camino entre EEUU y España con el nuevo disco, y así que me haya recuperado un poco de ese paquete, va a caer Superbia.
Pero hay gente a la que no puedo pagar directamente, o todavía no he podido. Pero quiero escucharlos, y más o menos legalmente, o más o menos moralmente para alguna gente, voy a hacerlo.
Voy a acabar de copiar las listas de reproducción de Spotify para volver a reunirlas una vez descargadas y a desinstalarlo. Fue bonito mientras duró.
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